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Full text of "El estado de Yucatán: Su pasado, su presente, su porvenir"

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EL 
ESTADO DE YUCATÁN 



su PASADO 
SU PRESENTE SU PORVENIR 



POR 



RAFAEL DE ZAYAS ENRÍQUEZ 

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{Propiedad del Autor) 



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IMPRESO PARA EL AUTOR 

POK 
J. J. LITTLE & IVÉS CO. 

NEW YORK 

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THE NEW YORK 

PUBLIC LIBP.AnV 

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AÍTOR, LENOX ANO 

TILDEN FOUNDA.TIONS 

H 1928 L 



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Copyright, 1908, by 
RAFAEL DE ZAYAS ENRÍQUEZ. 

E« propiedad exclusiva de Rafael de Zayas Enríquez, quien se reserva cuantos derechos le 

corresponden con arreglo á la ley de Propiedad Literaria de los Estados Unidos y á 

loa convenios sobre la materia celebrados por este país con otras naciones. 



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índice. 

PÁGINA 

Introducción 9 

Capítulo I. — El nombre de Yucatán. — El nombre Maya 13 

Capítulo II. — Geografía : Situación y limites. — Configuración y aspecto 
físico. — Orografía. — Hidrografía. — Las costas. — Las islas. — Faros. 
— Superficie del Estado de Yucatán. — Posiciones geográficas 22 

Capítulo III. — ^Apuntes sobre Geología. — Apuntes sobre Geogenia.... 32 

Capítulo IV. — Climatología: El clima. — ^La Península pertenece á la 

* 

zona caliente. — Habitabilidad. — Geografía médica. — Las aguas. — 
Principales alimentos. — Consumo de carne. — Enfermedades que 
causan mayor mortalidad 48 

Capítulo V. — Meteorología : Las estaciones. — La temperatura. — Hidro- 
meteoros 67 

Capítulo VI. — Botánica: Caracteres distintivos. — Principales clases, 
familias, géneros y especies de la ñora de la Península de Yucatán. 74 

Capítulo VIL — ^Zoología : Fauna indígena. — ^Animales exóticos domés- 
ticos 87 

Capítulo VIII. — Antropología: Algunas consideraciones generales, — 
% Por qué no creo que la América haya sido cuna de la humanidad. — 
Por qué no creo que haya nacido el hombre al mismo tiempo en 
ambos continentes 99 

Capítulo IX. — Etnografía : La Raza Maya. — Opiniones sobre su origen 
y sus emigraciones 120 

Capítulo X. — Usos y costumbres de los Mayas: Indumentaria. — Carác- 
ter. — Costumbres domésticas. — Costumbres públicas. — La milicia. — 
Religión. — Las deidades. — El sacerdocio. — Ritos funerarios 141 



6 índice. 

PÁGINA 

Capítulo XI. — Ciencias y artes: Ideas generales. — La lengua. — ^La 
escritura I55 

Capítulo XII. — Ciencias y artes (continúa) : La arquitectura. — La 
escultura. — La pintura. — Ruinas famosas. — La aritmética. — El ca- 
lendario. — Literatura. — Música y baile 171 

Capítulo XIII. — Apuntes sobre Historia: Época precolombina. — La 
conquista. — Época colonial. — ^La independencia. — Incorporación de 
Yucatán á México. — Las revoluciones. — Las escisiones. — Reincor- 
poración. — Una página negra 197 

Capítulo XIV. — ^Apuntes históricos (continúa) : La Misión de Dn. José 
Rovira. — La suble\'ación de los Ma3ras. — Yucatán pide auxilio á las 
potencias extranjeras. — Papel que desempeñó el Dr. Sierra. — 
México fué quien impartió protección y ayuda. — Reincorporación 
deñnitiva de Yucatán á México. — La reacción. — El Imperio. — La 
Restauración. — Reflexiones 219 

Capítvjjo XV. — Cronología de los Gobernantes de Yucatán, desde la 
conquista hasta nuestros días. — Yucatecos más notables. — Algunos 
rasgos biográficos 231 

Capítulo XVI. — El Sr. Lie Don Olegario Molina : Rasgos biográficos. 
— Su administración 243 

Capítulo XVII. — Estadística: Organización política y judicial. — El 
censo. — Datos demográficos. — ^Valor de la propiedad raíz 254 

Capítulo XVIII. — Vías de comunicación: Ferrocarriles generales. — 
Ferrocarriles urbanos. — Ferrocarriles de uso particular. — Ferro- 
carriles portátiles. — Relación de las carreteras, caminos comunes y 
de herradura. — Lineas telefónicas. — Líneas de vapores 273 

Capítulo XIX. — Comercio: Comercio de importación. — Comercio de 
exportación. — Los bancos 284 

Capítulo XX. — Instrucción: Esfuerzos que se han hecho en su favor 
en los últimos años. — Establecimientos de instrucción. — Población, 
que sabe leer. — Población que sabe leer y escribir. — Bibliotecas. — 
Museo. — Asociaciones. — Observatorio. — La prensa 289 



índice. 7 

PÁGINA 

Capítulo XXI. — Criminología: Estadística criminal. — Delitos más fre- 
cuentes. — La policía y la seguridad pública. — La Penitenciaría 296 

Cafítilo XXIL — Beneficencia pública. — Mejoras materiales 301 

Capítulo XXIII. — Industrias: La agricultura. — Consideraciones gene- 
rales. — Cultivos útiles. — Henequén. — Caña de azúcar. — Maíz. — 
Algodón. — Chicle. — Maderas. — Frutas tropicales. — Apicultura. — Ga- 
nadería. — Industrias fabriles 308 

Caí^ítilo XXIV. — Mérida, capital del Estado: Descripción. — Edificios 
notables. — Paseos. — Teatros. — Casinos. — Poblaciones suburbanas. — 
La sociedad. — Refinamiento social. — Servicios de coches, autoni'- 
viles y tranvías. — Las fiestas de Mérida 315 

Capítulo XXV. — La visita presidencial : El motivo de la visita. — La 
razón del entusiasmo que despertó en el pueblo yucateco. — Pre- 
parativos para la recepción. — El viaje. — Recepción entusiasta. — Las 
tiestas del día 5. — El banquete oficial. — El Paseo de las Antorch?-s. 
— I^s fiestas del día 6. — La inauguración del ** Hospital O'Horán " 
y del "Asilo Ayala." — El banquete en la casa del Sr. Gobernador. 
— La fiesta religiosa en honor de la Señora Romero Rubio de Diaz. 324 

Capítulo XXVI. — Las fiestas presidenciales (cotititiúa) : Las fiestas c!el 
día 7. — En la Hacienda de Chunchucmil. — La inauguración de San 
Cosme. — El Paseo histórico. — El banquete t^tí7 

Cm'Ítilo XXVn. — Las fiestas presidenciales (concluye) : Las fiestas 
del día 8. — El banquete ofrecido por los hacendados y los comer- 
ciantes. — El broche de oro: la Velada de Dzodzil. — La placa c-)n- 
memorativa. — El viaje á Progreso. — El embarque. — El banquete á 
bordo del Fürst Bismarck. — El regreso 346 

Capí TI LO XXVIII. — El porvenir de Yucatán: Los grandes problemas. 
— La pretendida esclavitud del peón. — Yucatán destinado á ser un 
centro principal. — El Estado de Campeche como granero de Yu- 
catán. — El Territorio de Quintana Roo. Conclusión 356 



INTRODUCCIÓN 

Emprendo el presente estudio sin ánimo preconcebido. 

\'ine al Estado de Yucatán, atraído por la curiosidad provocada 
por lo que conocía (Je su historia y del desenvolvimiento que lo 
ha elevado á la categoría que hoy ocupa entre los Estados de la 
República Mexicana, y aprovechando un punto de respiro en las 
penosas labores á que vivo consagrado. 

El conocimiento más intimo que he adquirido de sus hombres 
y de sus cosas, me inspiró el deseo de consagrar un libro á Yuca- 
tán, para consignar mis impresiones y el resultado del estudio 
que vengo haciendo, sin tener la vanidosa pretensión de decir 
nada nuevo, y mucho menos aún la de resolver los problemas 
intrincados que presenta al arqueólogo y al etnógrafo la historia 
precolombina de la Península, y que más que problemas antó- 
janseme arcanos, envueltos en los múltiples é impenetrables velos 
de una Tanit menos accesible que la de los cartagineses. Las 
opiniones que sobre tales puntos emito, apenas tienen el carác- 
ter de hipótesis que me atrevo á exponer con restricciones men- 
tales y por lo que valgan, que sería presumir de mucho pretender 
salir victorioso de hazaña acometida con tan dudoso éxito por 
hombres eminentes, que hicieron de semejantes estudios una espe- 
cialidad y á ellos dedicaron la labor intensa de una larga vida. 

En los demás respectos, mis opiniones son enteramente perso- 
nales, y yo soy el único responsable de ellas, y no les concedo más 
mérito que el de la sinceridad y la franqueza con que las emito, 
diciendo, si no la verdad absoluta, porque esta no es posible que 
la alcance el hombre, al menos lo que por verdadero tengo, según 
mi leal saber y entender, sin la intención de causar agravio á 
nadie, ni tampoco de halagar la pasión y vanidad de ninguno. 

Alejado de la política en general, y ajeno por completo de las 
diferencias locales que dividen á la sociedad yucateca, me en- 
cuentro colocado en el punto más favorable para poder considerar 
las cosas tales como son, para sorprender vicios y virtudes, para 



lo Introducción. 

juzgar desapasionadamente y dar distributivamente á cada uno 
lo que le corresponde ; y si en mis juicios me equivoco, motéjeseme 
de miope ó ignorante, pero no se me condene por apasionado ni 
falso. A mi parecer tan falso, hipócrita y nocivo es el hombre 
que no señala al amigo sus defectos, para que los enmiende, como 
el que calla y finge ignorar las virtudes del enemigo, para que 
los demás no las reconozcan, admiren é imiten. 

Mi carácter me impide concretarme á representar el papel mera- 
mente pasivo de la cámara obscura, reproduciendo con exactitud é 
indiferencia el cuadro hacia al que afoca la lente. Reproduzco, 
sí, con la mayor exactitud el objeto ; pero lo hago pasar á través 
de mi temperamento, y lo juzgo y elaboro conforme á mis prin- 
cipios fundamentales, añadiendo, si no en las líneas ni en el colo- 
rido, sí en la impresión que experimento, el reflejo de mi yo pen- 
sante. De allí mi responsabilidad para ante el tribunal de mis 
lectores, cuyo fallo no quiero prevenir para que me sea favorable. 

Al emprender mi estudio he tropezado con grandes dificultades, 
pues sus elementos constitutivos estaban sumamente dispersos, y 
otros ha sido preciso crearlos, porque no estaban estudiados por 
autor alguno, y no he gozado del tiempo necesario para poder 
profundizarlos, suponiendo, lo que es mucho suponer, que tuviere 
yo la competencia indispensable para el caso. 

Pero, como quiera que sea, entiendo que mi libro presenta por 
primera vez un estudio homogéneo sobre el Estado de Yucatán, 
en el que el curioso lector encontrará datos bastantes para for- 
marse un juicio aproximativo, ya que no exacto, sobre cuanto se 
relaciona con esta región ; y tanto el hombre de ciencia, como el de 
negocios, y el desocupado turista hallarán que su lectura, sin 
ser sabrosa, es útil y quizás entretenida, con lo que habré llenado 
el objeto que me propuse. 

Es muy general la creencia de que el yucateco adolece de un 
espíritu de provincialismo que llega, hasta la intolerancia ; que sólo 
encuentra bueno lo que es suyo, y que todo lo suyo, por ese mero 
hecho, es superior. Mi experiencia me demuestra que tal juicio 
es, por lo menos, exagerado. Cierto es que el yucateco tiene gran 
amor á su suelo, y arraigado el espíritu del regionalismo; pero 
al mismo tiempo hallo en él muy desarrollado el sentimiento de 
la hospitalidad, lo que revela aprecio para forasteros y extran- 
jeros; es progresista, y acepta y se asimila prontamente ideas, 
modas y costumbres extrañas, cuando ias considera buenas, sin 



Introducción. ii 

preocuparse de su origen ; profesa el culto hacia la patria común, 
México, que sus antepasados adoptaron espontáneamente, después 
de haber hecho por si mismos su independencia, en 1821 ; y, por 
otra parte, me atrevo á hacerles cargo formal por no haberse ocu- 
pado todo lo que debieran en glorificar á sus hombres notables, 
que son muchos y figuran en todos los ramos del saber humano, 
y por no haber mostrado mayor devoción hacia su magnífica an- 
tigüedad, pasmo de los extraños y asombro de las edades. 

\'erdad que ha habido hombres muy notables que se consa- 
graron á estudios filológicos, de historia y de arqueología, y basta 
citar, entre otros, los nombres de Don Estanislao Carrillo, de 
Juan J. Hernández, de Juan Pío Pérez, de Fray Carlos de Mena, 
del obispo Carrillo y Ancona, del Lie. Juan Francisco Molina y 
Solís, del Lie. Eligió Ancona, del Doctor Justo Sierra, &. para 
demostrar que tales estudios no han sido vistos con indiferencia, 
y que ha habido quienes presten notorios servicios á las ciencias 
mencionadas, produciendo obras que viven y perdurarán. Pero 
lo realizado no basta ; pues necesaria se hace la formación de una 
Academia Yucateca, que se consagre al estudio constante de la 
filología en su rama indígena, á la arqueología, la historia, la 
geografía, la botánica, la geología y la zoología de la Península, 
siendo de notar que las cuatro últimas parece haber sido harto 
descuidadas. 

El conocimiento científico del subsuelo nos podría proporcionar 
la clave para resolver algunos problemas de la prehistoria. Los 
estudios sobre la flora indígena nos revelarían varios secretos que 
poseyeron los mayas y que han desaparecido, sobre la virtud medi- 
cinal de muchas plantas, algunas de ellas seguro antídoto para los 
venenos de serpientes é insectos, que tanto abundan en estas re- 
giones. El estudio zoológico sorprendería con no pocas nove- 
dades ; desde luego en las ramas de la entomología y de la ornito- 
logía se encuentra aquí una riqueza admirable, que no me explico 
como es que no ha tentado la curiosidad de los naturalistas. 

La creación de una Academia semejante es cosa que se impone, 
y seguro estoy de que esta indicación que me aventuro á hacer, ha 
de prosperar, con el tiempo. 

Yucatán es una región excepcional del Nuevo Continente, por 
su formación, por su aspecto, por su raza, por sus monu- 
mentos, y por su historia, y merece que se le estudie también 
de un modo especial, bajo todos sus diferentes aspectos; y eso na 



13 Introducción. 

por un solo individuo, sino por una sociedad en la que figuren 
especialistas en cada ramo de la ciencia; y si ese estudio se hace 
como es debido, como se hará seguramente algún día, quienes 
lo realicen alcanzarán notoriedad y bien de la patria y de la 
humanidad. 

Cuando sus tradiciones sean mejor conocidas, Yucatán será 
fuente inexhausta para poetas y novelistas, que pocos pueblos 
precolombinos, quizás ninguno, ofrece tan ancho campo para la 
fantasia de los cultivadores de las bellas letras. 

Mi visita á la Península fué demasiado breve para mis propósi- 
tos, pues apenas duró mi permanencia en ella tres meses, y la 
recorrí de oriente á poniente y de norte á sur en la parte en que 
el transporte es fácil y cómodo, ya por ferrocarril, ya en volanta. 
Conocí sus poblaciones principales, sus ruinas más importantes, 
sus haciendas más ricas, y tuve oportunidad de enterarme de las 
costumbres y hábitos de todas sus clases sociales, de apreciar el 
carácter de sus habitantes y de medir la alta intelectualidad que 
los distingue, principalmente á los de la culta Mérida. 

Guardo en el alma un inmenso sentimiento de gratitud hacia 
la sociedad yucateca por las distinciones con que me favoreció; 
pero esa gratitud no me obligará á faltar á los deberes que me 
impone mi conciencia de escritor, disfrazando la verdad, ni atenu- 
ando aquello que de inconveniente pueda haber sorprendido al 
estudiar los hombres y las cosas, las ideas y las costumbres, sin 
erigirme por eso en moralista, ni pretender aplicar remedio á lo 
que por malo tenga, que bien pudiera ser que yo estuviese en 
el error. 

De todos modos, allá va mi libro, por lo que valga, y téngase 
lo dicho en él como la expresión de mi pensamiento, emitida sin 
ambajes ni rodeos, sin ánimo de adular á quien exalte, ni la pre- 
concepción de deprimir lo que mal se compadezca con mis opi- 
niones y con mi modo de ser. 

Esta no es una historia, ni un estudio científico en la acepción 
rigurosa de la palabra, sino más bien el relato, franco de una serie 
de impresiones personales, que pongo bajo el amparo del bené- 
volo lector. 




EL ESTADO DE YUCATÁN 



CAPITULO I. 



EL NOUBRE DE YUCATAX. — EL NOMBRE : 



La etimología de los nombres geográficos ofrece siempre 
grandes, dificultades, y estas son mayores cuando se trata de 
la América. 

En América los Españoles aplicaron los nombres que les pare- 
cieron derivarse de las primeras palabras que oyeron á los Indios 
de cada lugar, en respuesta á las preguntas que les hicieron, sia 
tomar en cuenta que los indígenas no entendían una sola palabra 
de la lengua castellana. 

Yo no creo que la Península yucateca tuviese un nombre 
general, y me fundo para creerlo así en que no constituía una 
ución homc^énea, desde el punto de vista político, sino varios 
tenorios y cacicazgos, independientes unos de otros y aún rivales, 
lo mismo que aconteció en todo lo que es hoy la República 
Mexicana, y aún en el mismo Valle de México. 

Según el Sr, Dn. Eligió Ancona {" Historia de Yucatán," tom. 



14 El Estado de Yucatán, 

I. pag. 40) cada una de las razas invasoras dio al país probable- 
mente un nombre diferente; porque no es posible explicarse de 
otra manera las diversas denominaciones con que, según la his- 
toria y la tradición, fué designada antiguamente la Península. 
Preténdese que se llamó sucesiva ó simultáneamente Ulumil ceh, 
Ulumil cutz, Onohualco, Cfiacnovitán, Yucalpefén, Zipatán y 
Maya. Pero un conocimiento de nuestra historia antigua, tal 
al menos como puede tenerse en la actualidad, y un examen 
atento de las fuentes que han proporcionado esas diversas de- 
nominaciones, hace presumir que la Península fué comprendida 
tal vez bajo un nombre genérico, si se exceptúa el último que 
hemos citado, y que al prinicipio no comprendió, sin embargo, 
más que el territorio de Mayapán. 

Seg^n el citado autor, los nombres de Ulumil ceh y de Ulumil 
cutz, que cuentan con la autoridad de Landa (" Relación de las 
cosas de Yucatán ") y de Lizama (" Historia de Nuestra Señora 
de Izamal," §10 del extracto de esta obra publicado por el abate 
Brasseur de Bourbourg) sólo se aplicaron probablemente á la 
región de la Península en que abundan el venado {ceh) y el pavo 
montes {cutz) 6 en que la carne de estos animales constituyó el 
principal alimento de las tribus salvajes que en los tiempos primi- 
tivos la habitaron. 

De cualquier modo que sea, no es aceptable que la Península 
toda llevase el nombre de Ulumil ceh, ni de Ulumil cutz, y, sobre 
todo, de ellos no pudo derivarse la palabra Yucatán. 

Debemos descartar también la voz Onohualco, que tiene mar- 
cado carácter nahoa, y no pertenece á la lengua maya, m tiene 
analogía con ella. Verdad es que ese nombre se debe á Clavijero, 
y que con él designó, no precisamente á Yucatán, sino á los países 
situados al mediodía de México que nunca llegaron á ser domi- 
nados por los emperadores del Anáhuac. Según el abate Bras- 
seur de Bourbourg, por Onohualco sólo se entendía la porción 
de tierra situado entre Xicalango y Champotón. 

La palabra Chacnoiñtán ó Chacnouitán apareció por primera vez 
en el manuscrito maya intitulado Lelo lai u tsolan katunil ti mayab, 
ó sea serie de épocas mayas, salvado del olvido por el benemérito 
mayista Don Juan Pío Pérez, y que fué publicado sucesivamente 
por Stephens, por Brasseur de Bourbourg y por Don Crescendo 
Carrillo, y que está considerado como una de las principales 
fuentes de la historia de esta región. Por varias razones que 



El Nombre de Yucatán. 15 

expone el Sr. Ancona, queda probado que tal nombre sólo fué 
aplicado á una región meridional de la Península, la que, en con- 
cepto de Brasseur, estaba situada entre Bakhalal y el reino de 
Acallan, al sureste de la Laguna de Términos. La palabra Chac- 
nozntan no pertenece á la lengua maya, por más que la radical 
C/ioc signifique en ella " gigante." 

Yucalpctén fué un nombre descubierto por el Sr. Don Crescen- 
cio Carrillo en un manuscrito maya, al que dio el nombre de 
Códice Chumayel, en memoria del pueblo en que fué encontrado. 
Pretende el Sr. Carrillo que de la contracción ó síncopa de esta 
palabra se formó Yucatán y que sirvió antiguamente para designar 
toda la Península. En concepto del mismo Sr. Carrillo, esa palabra 
parece significar " garganta ó perla del continente." Para el Sr. 
Ancona bastaría esa sola significación para considerar que se 
trata de una provincia situada entre la Laguna de Términos y la 
Bahía del Espíritu Santo. Además, sigue diciendo, no autorizan 
esa traducción ni el Diccionario de Don Juan Pío Pérez, ni el 
Vocabulario del abate Brasseur, á pesar de que este último se toma 
muchas libertades para interpretar las palabras mayas. Cal, según 
el primero, significa " garganta," y según el segundo " garganta, 
hoyo, profundidad " ; pero ninguno la traduce por " perla." 
Peten, según el lexicógrafo yucateco, significa " isla " ; el francés 
lleva su complacencia hasta la palabra " península," pero no se 
atreve á extenderla hasta el continente. 

Brinton, en sus " Crónicas Mayas," refuta también esa opinión 
del limo. Sr. Carrillo; para él las voces Yucalpctén y Yucatán son 
completamente disímiles, y apenas tienen analogía en la primera 
sílaba, y las posteriores son distintas entre sí. — Esta razón es 
pobre, y para ello me bastará un ejemplo, pues menos analogía hay 
entre Zaragoza y Caesarea-augusta, que entre Yucatán y Yucal- 
petén. 

Lo que me llama la atención es que en ese manuscrito se en- 
cuentra, á páginas 30, lo siguiente : " Milcinnientos treinta y nueve 
años: baila: 1539 años, likin bail u hol yotoch Don Juan Monte jo 
occs cristianoil uay ti petenlae YUCALPETEN YUCATAN- 
LAE " ; esto es, según la traducción que encuentro en la Historia 
del descubrimento y conquista de Yucatán, escrita por mi sabio 
amigo Don Juan Francisco Molina y Solís : " Por los mismos 
años de mil quinientos trienta y nueve, se levantó la puerta de 
la casa de Don Juan Montejo, el que metió el cristianismo aquí 



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i6 E ¡ Es tad o d e Y uc a t á n . 

en la provincia, en la garganta de la tierra esta de Yucatán," 

Ocúrreseme desde luego que, según esa traducción, que por 
buena tengo, no son sinónimos Yucalpetén y Yucatán, ni hay nada 
que autorice á deducir que Yucalpetén fuese jamás el nombre de 
la Península, y lo único que se desprende es que el hecho se veri- 
ficó en un lugar situado en la garganta de la tierra, ó de la región, 
ó del país llamado Yucatán." 

Hay que tener en cuenta, además, que el documento de que se 
trata, como lo indica su fecha y su misma redacción, no es de 
origen anterior á la conquista, y, según el Sr. Molina Solís, tam- 
poco es contemporáneo de la conquista de Yucatán, ni siquiera 
pertenece al siglo XVI, y debió escribirse á mediados del X\'IL 

Hace notar nuestro autor, y eso es de gran importancia, que 
mientras en el manuscrito " Yucatán " está escrito en una palabra, 
Yu cal peten aparece dividida en tres separadas : yu, equivalente 
de u, cal y peten, " la garganta de la provincia ó de la tierra," 
que él considera como figura poética, y no como nombre 
geográfico. 

La palabra Zipatán con la adición de Yacatán y Yucatán, 
aparece en un manuscrito de los tiempos posteriores á la conquista 
española, el cual fué redactado por dos individuos de la familia 
Pech, que dominó en otra tiempo la región nordeste de la Penín- 
sula. Esta región, que comprendía una faja de seis ú ocho leguas 
á lo largo de la costa, fué en nuestro concepto la que se llamó 
Zipatán. (" Eligió Ancona," ob. cít.) 

La mayor parte de los historiadores concuerda en que la palabra 
Yucatán viene de nombres mayas mal entendidos y peor aplicados 
por los españoles ; pero ninguno está de acuerdo sobre el origen 
de la palabra, y cada cual presenta hipótesis que tienen más de 
curioso que de convincente. 

Tengo á la vista un pequeño libro intitulado " Los Mayas 
primitivos," por Don Manuel Rejón García, en el que leo á 
páginas lo que Yucatán es una voz formada en la conquista (lo 
cual para mi es evidente) y se descompone Yucatán, que quiere 
decir Y, suyo, posesivo llamado por Beltrán de Santa Rosa pro- 
nombre cuarto mixto ; u gargantilla, en la antigüedad, y que hoy 
se aplica á cuentas de rosario, avalorios, &. ; c nuestro ; atan, 
esposa, mujer ; resultando Yucatán una expresión maya correcta, 
expresiva, y que significa "gargantillas de nuestras mujeres"; 
pues aunque parece que atan en plural debe ser atanoob, para 



E I N ombre de Yucatán. 17 

traducir esposas ó mujeres, está autorizado en maya el empleo 
del singular por el plural, como in pedal, mis muchachos, por m 
palaloob; ichil chehuplal por ichil chehuplaloob, entre las mujeres 
(del Ave María). 

El Sr. Rejón García funda su etimología en la gran importancia 
que tuvieron las cuentas de vidrio en las primeras transacciones 
celebradas entre los españoles y los indios de América, y al afecto 
hace varias citas tomadas de Cogolludo y concluye así : 

" Con lo dicho anteriormente, no es fuera de razón suponer, que 
los indios se aficionaran á las cuentas verdes y como les servían 
para gargantillas de sus esposas, es de suponer que acosasen á los 
Conquistadores en demanda de las mismas, preguntándoles con 
insistencia: jTa fas hex an yu c'atanf ¿Trajeron Vds. garganti- 
llas para nuestras mujeres? Contoon yu c'atan. Vendemos 
gargantillas para nuestras mujeres. Sitoon yu c'atan. Obse- 
quiamos Sl 

" Los españoles oían repetidas veces la expresión ; tantas, cuan- 
tas salían á luz las cuentas verdes, nombradas siempre como 
adornos de sus esposas, por cuyo motivo y hábito de escuchar la 
frase, con ella designaron la península, conocida desde entonces 
con el nombre de Yucatán, que ha llegado hasta nosotros." 

Declaro que es curiosa la etimología y que no es más anto- 
jadiza que cualquiera de las otras muchas que se nos presentan. 
Pero sin dármelas de conocedor de la lengua maya, ni mucho 
menos, encuentro en el Diccionario de Dn. Juan Pío Pérez : '' Y 
vigésima tercera letra del alfabeto maya. Consonante afija que 
se una (supongo que es errata de imprenta y debió decir se une) 
al principio de los verbos y nombres que empiezan con vocal y se 
suponen en la tercera persona, estando siempre regido del pro- 
nombre tú, cu, u, tácito ó expreso, dejando de usarse cuando su 
composición trae consigo equivocación por hacer homónima la 
expresión ó dicción con otra de diverso significado." 

Según esta definición autorizada, la traducción literal de Y 
sería suyo, u gargantilla, c nuestro, atan esposa, lo que unido dice : 
suyo gargantilla nosotros esposa, lo que será muy maya, pero 
nada correcto y poco inteligible en castellano. Verdad es que la 
C, según Pérez, es el signo de la primera persona del plural, y por 
lo tanto pronombre personal equivalente á nos nosotros; pero 
parece que es también pronombre posesivo equivalente á nuestro, 
como se ve en c yum, padre nuestro, y entonces tendríamos " suyo 



i8 El Estado de Yucatán. 

gargantilla nuestra esposa ó nuestras esposas/' con lo que no 
quedamos más adelantados. 

Xakuk Pech, en su " Crónica de Chicxulub," escrita en 1562, 
cuenta que al llegar las primeras naves españolas á Campeche, y 
al desembarcar los expedicionarios, preguntaron á los mayas si 
estaban bautizados, y que estos contestaron : ''Matan c uhah than/' 
lo que significa : *' Xo entendemos las palabras/' y que de esta 
cláusula mal interi)retada, dedujeron los españoles que *'se llamaba 
Yucatán esta tierra de los pavos y de los venados." — Un poco 
forzada me parece la anécdota, pues no concibo que la primera 
pregimta de los españoles fuese sobre si estaban ó no bautizados 
los indígenas, y que de su respuesta á esa pregunta dedujesen el 
nombre de la tierra. 

El Padre Diego de Landa, bajo la fe de un conquistador viejo 
llamado Blas Hernández, asienta que, cuando Francisco Hernán- 
dez de Córdoba saltó á tierra en Cabo Catoche, encontró unos 
indios pescadores, quienes, preguntados por señas de cómo poseían 
esta tierra, respondieron : '* Ci u than/' que, á juicio del historia- 
dor, significa " dícenlo " ; pero que más exactamente significaría 
*' bien hablan," porque la palabra ci significa sabroso, agradable, 
perfectamente bien, y este sentido de la frase conviene con el 
estado de ánimo de los indígenas en el instante en que por primera 
vez vieron v overon á los castellanos. La novedad del suceso v 
la armonía del lenguaje no pudo menos que producirles una sen- 
sación de agradable sorpresa, que expresaron ingenuamente di- 
ciendo: " Ci u thanoh." (" Relación de las cosas de Yucatán," de 
Diego de Landa, pag. 8.) 

Tan forzada me parece esta etimología como las anteriores y 
como las que pongo á continuación. 

Gomara ( Biblioteca de autores españoles, tomo XX U. pag. 
185) refiere que navegando las naves por costa del Xordeste de 
la Península, cerca del Cabo Catoche, se encontraron con unas 
canoas de pescadores, y preguntándoles cómo se llamaba la pobla- 
ción que no lejos se distinguía, emprendieron la fuga gritando: — 
" Tec te than, tec te than" que es tanto como " no te entiendo!' 
y de aquí sacaron los españoles la palabra Yucatán. 

Bernal Díaz del Castillo confirma que la palabra no es maya, 
sino de formación española, y que el nombre fué formado en Cuba 
por Melchor, uno do los indios mayas que llevó de su viaje Her- 
nández de Córdoba. En una conversación que tuvo Diego \"elás- 



El Nombre de Yucatán. 19 

quez con Melchor, preguntó aquel si en su tierra había yuca, 
raíz de mandioca de que se hacía el pan de cazabe, y el indio le 
contestó: " Ilatli" y que de yuca unido con ilatli se empezó á 
decir Yucatla y de allí Yucatán. A esto se objeta que si el cuento 
es cierto, es más probable que el indio hubiese contestado : " Yan," 
que significa /kiy, presente de indicativo del verbo maya yanhal, 
que significa haber ó existir, y entonces de yuca y yan podía 
haberse formado Yucatán. La palabra ilatli no es maya ni tiene 
analogía con la formación de las palabras mayas (Molina Solís, 
** Hist del Descubrimiento y Conquista de Yucatán"). 

Herrera en sus " Décadas " afirma que la Península tomó el 
nombre de Yucatán cuando fué descubierta por Hernández de 
Córdoba, en 151 7; y vacila entre las varias anécdotas corrientes 
sobre la etimología, y parece decidirse por la que se refiere á que 
cuando los descubridores dirigieron la palabra á los indios de la 
costa, estos contestaron : " Tolo cin than" esto es : allí en aquel 
lugar digo, pensando que les preguntaban por alguna población, 
y que los castellanos creyeron oir Yucatán, y que este era el nom- 
bre del país. 

Martín de Palomar, uno de los primeros pobladores de Mérida, 
refiere la misma anécdota. Según él, habiendo desembarcado 
Grijalva en Cabo Catoche, los españoles toparon con unos indios 
del cacicazgo de Ekab, y habiéndoles dirigido la palabra, como 
no entendían la lengua española, y sospechando que les pregunta- 
ban de dónde eran, contestaron en lengua maya : — " Ekab c oto- 
che," que quiere decir " nuestra casa está en Ekab," ó " somos 
de Ekab," y, en efecto, el cacicazgo de Ekab se extendía hasta 
Cabo Catoche. Replicaron los españoles, y los indios volvieron 
á contestar, señalando con la mano : — '' Tolo cin than,'* que quiere 
decir : — ** Allá adelante decimos ; " y de aquí los españoles dedu- 
jeron que el país se llamaba Yucatán. 

Lo único que se saca en limpio de esta larga disquisición, es 
que la palabra Yucatán fué inventada por los españoles, por con- 
fusión de sonidos de palabras mayas, y no cabe duda alguna de 
que jamás, antes de la conquista, fuese usada; y tengo por muy 
probable la opinión de que la Península, ó casi toda, se conocía 
entre los indígenas con el nombre de Maya, lo que tiene á su 
favor el testimonio de Colón, en la relación de su segundo viaje, 
cuando refiere su llegada á la isla Guana ja y su encuentro con 
una canoa procedente del oeste, y afirma que los indígenas que 



20 El Estado de Y ucatán . 

la tripulaban expresaron que eran originarios de una tierra 
llamada Maya; Jerónimo de Ag^ilar también la llama Maya, y 
el mismo Pedro Mártir le da ese nombre (" De orbe novo," dec. 
III. lib. IV. cap. L). Cogolludo, Villagutierre, Nakuk Pech, y 
otros autores y muchos manuscritos mayas confirman esta opinión. 

" Así como ahora se dice la raza yucateca, la península yuca- 
teca, la civilización yucateca, el gobierno yucateco, la patria yuca- 
teca, así también se decía antiguamente maya than la lengua maya ; 
mayab than, la lengua vulgar maya ; maya uincoob, la raza maya ; 
maya pan, la bandera maya; maya.chuplal, la mujer maya; maya 
cimil, la mortandad de los mayas; y la capital del antiguo im- 
perio maya se llamaba Mayapán" (Molina SoHs, obra citada). 

Y ahora conviene preguntar cuál es el origen de la palabra 
Maya, y nos encontraremos con multitud de explicaciones tan 
peregrinas como las que preceden. 

El nombre Maya, que sin duda comprendió una extensión más 
considerable, cuando los Señores de Mayalpán llegaron á dominar 
casi toda la Península, merece llamar particularmente nuestra 
atención. . Ordoñez, recordando la aridez de nuestro suelo, ha 
supuesto que la palabra maya se compone de los monosílabos ma 
y ya, tierra sin agua. (Brasseur de Bourbourg, " Relación de las 
cosas de Yucatán," tom. III. en una de sus notas.) Melgar repro- 
duce esta etimología, haciendo observar de paso que niayin sig- 
nifica agua, en hebreo (Boletín de la Sociedad de Geografía y 
Estadística, época II. tomo III. pag. 115), porque, según hemos 
observado ya, no hay pueblo del antiguo continente á que no se 
haya apelado para hacer descender de grado ó por fuerza á los 
americanos. Brasseur de Bourbourg no se conforma con la 
opinión de Ordóñez ; niega que Yucatán sea una tierra árida, 
puesto que sus entrañas están surcadas de una red de estanques 
subterráneos, y se apodera de este fenómeno geológico para dar 
pábulo á su teoría favorita. Supone que ma puede significar á 
la vez madre, braco, mano y rama; observa que este monosílabo 
parece denotar en los documentos antiguos las cosías de Yucatán 
tragadas por el mar, y concluye traduciendo la palabra maya, 
bien por madre de las aguas, cuyos senos son los cenotes, bien 
por rama ó braco de la tierra, denominación que perfectamente 
podía aplicarse á la Península respecto del continente. ('* Manu- 
scrito Troano," vocabulario, palabra Maya.) Para los que duden 
de la primera interpretación, el erudito abate recuerda que Maya 



El Nombre de Yucatán. 21 

es uno de los nombres de la madre de los dioses, de la nodriza 
del género humano, tipo de la tierra madre, escapada del cata- 
clismo, y esparciendo en tomo suyo el beneficio de sus aluviones 
y de sus aguas (ídem, idem, segunda acepción de Maya). Da 
fin á sus observaciones recordando que Maya en la mitología 
griega es el nombre de la madre de Kermes, el civilizador de 
Egipto, y en la azteca, la inventora del pulque (Mayavel es su 
verdadero nombre), que nutre á sus adeptos con este vino rege- 
nerador. 

Don Eligió Ancona, á quien acabo de copiar, agrega : " j Cuánto 
trabajo se habrían ahorrado nuestros etimologistas, si hubiesen 
querido recordar que la palabra Maya es una corrupción española 
de Mayab, verdadero nombre que los yucatecos daban á su país I 
A propósito de la rectificación y á riesgo de aumentar el número 
de las etimologías inverosímiles, nos ocurre una pregunta: si es 
cierto que Yucatán debe su población á dos inmigraciones desi- 
guales, la palabra mayab compuesta de los monosílabos tna (no) 
y yal (abundante) ¿no serviría para designar á la tribu menos 
numerosa que arribó al país ? " 

En honor de la verdad, esta es la explicación más admisible de 
todas las que encuentro sobre el particular. 




CAPITULO II. 



geografía: situación y límites.— configuración y aspecto 

FÍSICO. — orografía. — HIDROGRAFÍA. — LAS COSTAS. — LAS ISLAS. 

— FABOS, SUPERFICIE DE LA PENÍNSULA. — SUPERFICIE DEL 

ESTADO DE YUCATÁN. — POSICIONES GE0GR.\F1CAS. 

Conviene á los propósitos de esta obra considerar en esta 
primera parte del estudio toda la Península de Yucatán, haciendo 
por ahora punto omiso de las desmenbraciones que snfrió en 1858, 
al erigirse el Estado de Campeche, y en 1902 al erigirse el Terri- 
torio de Quintana Roo. Sin embargo, y para la mejor inteli- 
gencia de mis lectores, cuidaré de especificar, cuando necesario 
sea, qué datos son exclusivos del Estado de Yucatán propiamente 
dicho. 

Dije en la Introducción que todo es excepcional en la Península 
yucateca, y en comprobación de lo allí asentado empezaré por 
llamar la atención de mis lectores sobre el fenómeno casi constante 
en nuestro planeta, que consiste en que las peninsulas arranquen 
del norte y se extiendan hacia el sur, como la Escandinavia, 
España, Italia, Florida, &. Conocemos pocas excepciones á esa 
regla, y Yucatán es una de ellas. 

¿ A qué leyes obedece el fenómeno ? Declaro ingenuamenle que 



Geografía, 23 

lo ignoro, y como no es este el lugar apropiado para entrar en 
semejantes disquisiciones y formular hipótesis, cosas que me 
podrían llevar demasiado lejos, me limito á señalar el hecho, y 
entro en materia. 

Situación Geográfica. — La Península de Yucatán forma el 
extremo S. E. del territorio mexicano, y con la Península de la 
Florida forma la puerta por donde entran las aguas del Océano 
Atlántico para llenar la inmensa cuenca del Golfo de México. 

Está situada entre los 17° 50' y 21° 38' de latitud Norte, y 
entre los S° 38' y 12° 36' de longitud Oriental del meridiano de 
México, comprendiéndose en la latitud la isla de Polbox, y en 
la longitud la isla de Mujeres. 

Límites. — Está situada entre el Mar Caribe ó Mar de las An- 
tillas, al oriente, y el Golfo de México, cuyas aguas bañan sus 
costas al Norte y al Oeste ; y por el Sur se une al Continente. 
Sus verdaderos límites son : al Norte el Golfo de México ; al Este 
el Mar Caribe ; al Sur la República de Guatemala y la Hondura 
británica, ó sea Belice ; y al Oeste el mismo Golfo de México. 

El 2y de Septiembre de 1882 fueron rectificados los límites 
australes, en virtud del tratado respectivo celebrado entre México 
y Guatemala, y al fijar los correspondientes al Estado de Yucatán, 
señalóse el paralelo de latitud Norte de 17° 49', indefinidamente 
al Este. 

El 27 de Abril de 1897 se rectificaron los límites de Yucatán 
con Belice, quedando definitivamente establecidos del modo sigui- 
ente: comenzando en la Boca de Bacalar Chica, estrecho que se- 
para al Estado de Yucatán del Cayo Ambergris y sus islas anexas, 
la línea divisoria corre en el centro del canal, entre el referido 
Cayo y el Continente, con dirección al Sudoeste, hasta el paralelo 
18° Norte, y luego al Noroeste á igual distancia de dos Cayos 
hasta el paralelo 18°. Torciendo entonces hacia el Poniente, con- 
tinúa por la bahía vecina (la de Chetumal) en la misma dirección 
hasta el meridiano 88"* Oeste del meridiano de Greenwich ; de allí • 
sube hacia el Norte hasta el paralelo 18° 25' de latitud N., de 
donde se dirige hacia el Poniente hasta encontrar el meridiano 
88"" 18', siguiendo el mismo hasta la latitud 18° 28' 30", donde se 
encuentra la desembocadura del Río Hondo, al que se sigue por 
su canal más profundo, remontando el arroyo Azul hasta donde 
éste cruza el meridiano del Salto de Garbut en un punto al Norte 
de las lineas divisorias de México, Guatemala v Honduras britá- 



34 El Estado de Yucatán. 



nicas ; finalmente, desde este punto sigue la línea limítrofe hacia el 
Sur hasta la latitud 17° 49' N., que es la divisoria entre México 
y Guatemala, dejando al Norte, en territorio mexicano, el llamado 
Río Xnohá. 

Bueno es advertir á nuestros lectores, para el cálculo geográfico, 
la diferencia que existe entre las distintas longitudes referidas: 

La ciudad de México, al O. de Greenwich. .6h. 36m. 31S. 57. 

El observatorio actual, Tacubaya, al O.Mxco..o„oo„ 14,, 99. 

Configuración, Aspecto Físico y Orografía. — Como se ve la 
Península está bañada por dos grandes mares, formados por el 
Océano Atlántico, tiene costas muy dilatadas, bajas y arenosas, 
que miden una extensión de 1,350 kilómetros, ó sea algo más de 
la mitad del litoral oriental de la República Mexicana (2,580 
kilómetros). 

Su aspecto general es el de una vasta planicie, cortada por una 
serie de colinas, de muy poca elevación, la que consta de dos 
ramas principales, que se conocen con los nombres de Sierra- 
Baja y de Sierra-Alta, denotando el último solamente una rela- 
tividad. La primera se inicia en el Partido de Peto (Yucatán) 
hacia el S. E. de la Península, como á los 19° de latitud N., cerca 
de un punto llamado Kambul, se dirige, elevándose gradualmente, 
hacia el N. O., por una distancia de 125 kilómetros, poco más ó 
menos, hasta la villa de Maxcanú. Allí comienza la Sierra-Alta, 
que no es más que la continuación de la anterior, aunque, para 
hablar con más propiedad, diré que la Sierra-Baja es la continua- 
ción y fin de la Alta. Esta se dirige al S. O. hacia Campeche, 
acercándose más y más á la costa, y una vez en ella la sigue, 
forma una especie de anfiteatro en el puerto mencionado, continúa 
hasta Seibaplaya y después se interna de nuevo hasta encontrar 
las montañas guatemaltecas, según afirman. Como se ve, la cor- 
dillera de colinas forma en la Península un ángulo, cuyo vértice 
se encuentra entre Kapomá y Maxcanú. 

Al Sur de la Península, en tierras de Belice. se levanta otra cor- 
dillera de cerros, conocida con el nombre inglés de Cockscomb, 
que se supone sean los últimos contrafuertes de las montañas de 
Guatemala. 

En casi todas las cartas geográficas aparece Yucatán adornado 
con un vasto sistema orográfico, generalmente de N. á S. No 
hay nada de eso, y tales montañas son fantasía de los cartó- 
grafos ignorantes. 



Geografía. 25 

La llanura que se extiende desde la costa septentrional hasta 
la Sierra-Baja, es una vasta formación calcárea, cuya superficie 
presenta ondulaciones semejantes á las de un mar ligeramente 
agitado. ** A la vista de este inmenso llano, tan singularmente 
ondulado, se creería reconocer el resultado de un trabajo volcánico 
interior, que en el momento de hacer su erupción habría levantado 
la superficie de la Península en la forma que el mar levanta sus 
olas." Tal es la pintoresca expresión del fantaseoso abate Bras- 
seur de Bourbourg (" Essai historique sur le Yucatán "), quien á 
todo trance quiere encontrar volcanismos y diluvios en la región 
yuca teca. A mi juicio el aspecto es simple y sencillamente el de 
una llanura calcárea, común y corriente, semejante á todas las de 
su especie. 

La costa de esa llanura es arenosa, árida, con muy pocos méda- 
nos ; pero á poca distancia se inicia la floresta baja y al principio 
escasa, que se va espesando á medida que se penetra en la región. 
Más adelante se ve desaparecer en parte la superficie calcárea, 
cubierta por una capa de tierra vegetal más ó menos profunda, 
pero nunca notable, y la vegetación va siendo menos pobre, alcan- 
zando su mayor desarrollo al Sur de la Península y en la ancha 
faja que existe al Oriente desde las inmediaciones de Yalahau, 
hasta los pantanos de Bacalar, en lo que constituye actualmente 
el territorio de Quintana Roo, donde la selva ostenta esplendores 
tropicales. Estos bosques se encuentran á las veces cortados por 
grandes sabanas, y abundan en ellos las maderas tintóreas y de 
ebanistería v los árboles frutales. 

En la parte occidental de la Península, ó sea el Estado de Cam- 
peche, el aspecto es más pintoresco, por ser el suelo más fértil. 
En verdad la costa está cubierta por la misma floresta baja ; pero 
la región boscosa se inicia más pronto, y las grandes selvas ad- 
quieren, sobre todo hacia el Sur y Sudoeste, las admirables pro- 
porciones que tienen las de Tabasco y las de Chiapas, de las que 
constituyen la continuación. 

Las diferencias de nivel en esta región son insignificantes. 

Hidrografía. — Poco favorecida por la naturaleza ha sido la 
Península de Yucatán en lo que respecta á la hidrografía, pues 
no se encuentra ninguna cuenca de mediana importancia si- 
quiera. La falta de montañas, el estar dirigidos todos los thal- 
wcgs de los ríos que nacen en Guatemala y desembocan en el 
Golfo de México, en una dirección casi constante de Sur á 



26 El Estado de Yucatán, 



Norte, son las causas principales de la dicha carencia de corri- 
entes fluviales. 

Sin embargo, hacia el Sur de la Península, y principalmente 
en la región Campechana, hay algunos ríos de relativa importancia. 

Puede establecerse la línea de repartición de esas aguas trazando 
una que partiendo de Guatemala á los 89°, poco más ó menos, de 
longitud al O. de Greenwich, se prolongue hacia el Norte, y tal 
vez sería propio decir que la línea divisoria entre Campeche y 
Yucatán, constituye también la de la repartición de las aguas. En 
efecto, al Oriente de dicha línea nacen los ríos de la Hondura 
británica, entre otros el Río Hondo, que arranca de Peten- Itzá 
corre de S. á N. para desembocar en la bahía de Chetumal ; el Río 
Nuevo, el Viejo ó de Belice, el Mullins, el Yalbac, el Stann-Creek 
y el Sastun. En el Territorio de Quintana Roo : el de Manatí, que 
sale de la laguna de Ocón y desemboca en la bahía de la Ascen- 
ción ; el San José, que nace en la lagima de Bacalar y desemboca 
en la bahía de Chetumal. 

Al Occidente de la repetida linea, y en el Estado de Campeche, 
corriendo en una dirección casi constante de S. E. á N. O. y al- 
gunas veces de Oriente á Poniente, tenemos el Río de Champotón, 
que nace en la laguna de Nohá, con un curso de poco más de cien 
kilómetros, y desemboca en el Golfo de México ; el Chiuohá mayor 
y el Chiuohá menor; el Mamantel, con sus tributarios Pakaytun, 
Nohbecán y San Antonio ; el Candelaria, con sus tributarios Con- 
cepción y San Juan ; el Balchacah ó Chumpán, el San Miguel, el 
San José, y el Palizada que es un brazo del Usumacinta, todos 
los cuales desaguan en la Laguna de Términos. El Candelaria 
forma en su trayecto algunas cascadas, que se utilizan como 
fuerza motriz. Todos estos ríos puede decirse que están com- 
prendidos entre los 17° y los 19° de latitud Norte; desde allí 
para adelante no hay una sola corriente perenne. 

Hay varias lagunas, siendo las más notables las de Coba, en el 
partido de Valladolid; la de Bacalar y la de Mariscal, que se 
unen en la parte meridional; las de Chancanab, Concepción, 
Xnohá, Ocón, y Nohbec, en el Territorio de Quintana Roo; la 
de Términos, en el Estado de Campeche, que es la mayor de todas, 
pues mide 306 leguas cuadradas, y se comunica con el Golfo de 
México; y otras pequeñas en la región Sudoeste, en los límites 
con Tabasco, como son la del Este, la de las Cruces, &. 

Entre los esteros de la Península debemos citar el del Rio 



Geografía. 27 

Lagartos, en la costa del Nordeste ; el de Celestíin, cuya prolonga- 
ción forma la ciénega de la costa septentrional, siendo ambos 
navegables por embarcaciones pequeñas ; el de Sabancuy, en Cam- 
peche, que desagua en la Laguna de Términos. 

Pero si faltan ríos, en cambio la naturaleza ha provisto á la 
Península con gran número de Cenotes que la surten de agua 
potable. — Cenote, según los autores, es una corrupción española 
de la palabra maya " ^onot " con que los naturales designan unos 
estanques subterráneos, en los que me ocuparé al hablar de la 
geogenia. Son unos depósitos de agua á alguna profundidad de 
la tierra, generalmente en el centro de una caverna. 

" Muchas de esta tienen una extensión considerable, cuyos lí- 
mites no ha podido conocer el hombre, y cuya belleza ruda y sal- 
vaje conmueve profundamente al que las visita. Cuando sus ojos 
se han acostumbrado á la obscuridad que generalmente reina en 
ellas, no puede contemplar sin admiración las caprichosas figuras 
estalactíticas que las infiltraciones han producido en el recinto, la 
bóveda de granito ( i ) que se eleva sobre su cabeza y las paredes 
que se ensanchan, se deprimen ó se rompen allá á lo lejos para dar 
entrada á nuevos departamentos. El agua se encuentra en uno 
ó varios receptáculos; es siempre limpia y fresca; tiene un sabor 
más agradable que la de los pozos, y suele subir de su nivel ordi- 
nario en la estación de las lluvias. Nadie conoce con certidumbre 
el origen de estas aguas ; el grado de calor que se observa en al^ 
gunos depósitos, ha hecho suponer que sean termales (?) y la 
corriente más ó menos suave de que casi todos están dotados, ha 
hecho nacer la opinión de que sean ríos subterráneos." (" Eligió 
Ancona," obra citada.) 

Remito de nuevo al lector al capítulo que consagro á la 
Geogenia, para el estudio de los cenotes. 

Las Costas. — Tengo dicho que las costas de la Península de 
Yucatán alcanzan un desarrollo de 1,350 kilómetros; que son muy 
bajas é inhospitalarias. En efecto, en todo ese extenso litoral no 
se cuenta con un buen puerto, ni siquiera con una ensenada acep- 
table, lo que causa graves perjuicios á su comercio. — De sus puer- 
tos el principal es el de Progreso, situado sobre el Golfo de 
México, á los 21° 1/ de latitud N. y 80° 30' de longitud O. de 
Greenwich ; su fondeadero es poco profundo, y los buques de gran 
calado tienen que anclar cuando menos á 5 ó 6 kilómetros fuera 

(i) Supongo que de roca caliza. [Nota del autor. "] 



28 El Es tado de Yucatán. 



de él. El antiguo puerto de Sisal, hoy cerrado al comercio de 
altura, no es mejor; quizás el de Celestún ofrezca más favorable 
perspectiva, porque el fondeadero es algo más profundo, pero tiene 
la desventaja de encontrarse más apartado de Mérida, que es el 
gran centro mercantil de la Península. 

En el Estado de Campeche se encuentra el puerto de ese 
nombre, á los 30° 50' de latitud N. y 90"* 28' de longitud O. de 
Greenvvich, ofreciendo mayores inconvenientes que los mencio- 
nados, pues el fondeadero se halla á mayor distancia ; en cambio, 
como está protegido por el rompe-olas natural que le forma la 
Sonda de Campeche, aunque está en mar abierto, los buques 
tienen más seguridad que en los otros puertos referidos. El Car- 
men, en la Laguna de Términos, es de seguro el puerto natural 
menos malo de todo el Golfo de México, por contar con un fon- 
deadero bastante bueno, y por ser bastante amplio. 

La Península cuenta con muchos cabos, como son Caracol, 
Coloradas, Arenas y Punta de Piedras, en la costa del Norte del 
Estado de Yucatán; y Molas Celarain en la Isla de Cozumel. 
En el Estado de Campeche: Punta desconocida. Punta de los 
Morros, y Punta de Jalacingo. En el Territorio de Quintana Roo 
se encuentran : el Cabo Catoche, que es el más notable de la Pe- 
nínsula ; los de Pájaro y Nichabín, á la entrada de la Bahía de la 
Ascención ; Cabo Kuché, en la de Espíritu Santo ; el de la Calen- 
tura, en la de Chetumal, y Punta Flor y Punta Herrero en la 
misma costa. 

Las Islas. — A corta distancia de la costa se encuentran al- 
gunas islas, cayos y bajos. Entre las primeras hay que mencionar 
la de Cozumel, que mide 61 kilómetros de Nordeste á Sudoeste, 
por unos veinte de ancho, y se halla en el Mar Caribe ; la de Cam- 
cum, que es pequeña, al Norte de la anterior; la Isla Mujeres, 
también pequeña, al Norte de la Camcum ; la Blanca, que en reali- 
dad no es más que un banco de arena ; las de Contoy y Homhom, 
cerca del Cabo Catoche. En el Golfo de México están las de 
Holbox, Bancos de Coral, las Arenas, y arrecifes de los Alacranes, 
de Madagascar y Banco de Sisal. Pertenecen al Estado de Cam- 
peche la Isla del Carmen, que mide 30 kilómetros de largo por 4 
de anchura ; la de Puerto Real, la del Padre y la de los Coyoles, 
en la Laguna de Términos ; los islotes denominados El Triángulo, 
Las Arcas, El Obispo, Bermeja, Cayo Nuevo, Cayo Inglés, Banco 
Nuevo y Cabeza, los que, así como el de Alacranes, ofrecen mucho 



Geografía. 



29 



peligro para la navegación y han sido causa de multitud de nau- 
fragios. En el Territorio de Quintana Roo abundan los Cayos: 
Cayos del Norte, Cayo Chinchorro y Cayos del Sur, en la Bahía 
del Espíritu Santo; Cayo Culebro, en la de la Ascención; Cayo 
Sucio, Cayo Alcatraz y Cayo Ratones en el Canal de Yucatán. 

Faros. — Esa extensa costa estuvo pésimamente alumbrada 
hasta hace pocos años. La actual administración federal ha to- 
mado gran empeño en reparar ese descuido, y hoy se cuenta con 
los siguientes faros : 



NoMHRR Y LlT.AR 



Lonfi^. o. 
de G. 



SOND.A DE CAM- 

1»ECHE 
I. del CARMEN— Xi- 

calango 91' 53 

Atalaya del Vigía. ... 91^ 50 

CiiAMi'OTÓN, fanal .... 90* 43 
.Morros de Seiba- 

Pi AYA 00" 41 

Campeche. 90"* 32 

Arcas 91* 58 

Triánc.ülo o 92*19 

Cayo .Arenas 91'' 42 

Alacranes — I. de Pé- 
rez 89' 41 

Cei.ksti'n, fanal 90' 24 

SiSAi 90° 02 

I'roíireso 89** 39 



MAR DE LAS AN- 
TILLAS 

Cabo Catoche 87' 04' 10 

L Contó Y 86* 48' 00 

L .Mi'jERES 86" 42' 50 

Fi/erto Morei.os .... 86® 56' 35' 
L i»E Cozí'MEi. — Punta 

Molas 86" 43' 45' 

l^unta de Celarain, fa- 
nal. 

HahÍa i>e la .\scen- 

t i6n— l*ta Alien... . 87 
Bahía del Espíritu 

Santo — Pía. Herrero 87** 26' 50' 
Chlnchorro — Cayo N. 87^ 18' 55' 



86' 59 04 



28' 



30 



CWO LíiBOS 87 

Xcalak 87 



23 25 
" 48 00 



Latitud 
N. 



'14" 


18' 


37' 


45" 


' 12" 


18° 


38' 


50" 


' 00" 


19° 


21' 


04" 


' 54" 


19^ 


41' 


1 f 

15 


37' 


'< 


50 


45 


' 16' 


20" 


II 


54" 


' 00 " 


20' 


58' 


30 ■ 


' 20 " 


22" 


07 


10" 


'45" 


22" 


23' 


36' ■ 


2ü 


20' 


51 


Oü 


' 37" 


21" 


10' 


06" 


30 


21® 


17 


00 



2r 
21 

21* 

30* 
20' 

20' 

19* 



3í>' 45' 
33 00' 
11' 50 

48' 00' 

35* SO 
16' 20' 



47' 02 



19 17 

iS^ 45' 



I^ 



22 



18* 15' 



40 

55 

40 
30 



Carácter distintivo -p 

O 



ce 
cE 



Un destello cada 
30 sgs 2 

Fija, blanca, sector 
rojo 6 

Luz fija 6 

Tres destellos .... 3I 

Luz lija 5 

Dos destellos 4 

Cuatro destellos . . 6 
Dos destellos rojos 6 

Dos destellos 4 

Fija, blanca, con 

ocultación 6 

Un destello rojo . . — 
Un destello cada 

60 sgs 2 



Cuatro destellos. . . 4 

Un destello 4 

Dos destellos rojos 4 
Fija, blanca, 2 

ocultaciones. ... 6 

Tres destellos 4 

Luz tija, una ocul- 
tación 6 

Luz tija, blanca, 2 

ocultaciones ... 6 

Cuatro destellos. . . 6 
Un destello cada 

30 sgs 4 

Tres destellos .... 4 

Fija, una ocultación 6 



4 
3 

20 
6 

5 
5 
5 



'•J 3 

U. e 



16 i966 



904 

897 

896 

859 
898 

903 
903 

900 

8q8 
906 

S92 



QOO 

iyoo 
S99 

904 
900 

900 



905 
908 

900 
900 
904 



StfKKFiciB.— Iji Península de Yucatán mide una superficie de z38,o<;6 miriáreas, de las que 
corresponden 46,855 al Estado de Campeche. En ese total no va incluido Hélice, cuya área 
no está bien determinada. En las gi,aoi miriáreas que corresponden al Estado de Yucatán 
está incluido el Territorio de Quintana Roo. 



3© El Estado de Yucatán 



COORDENADAS GEOGRÁFICAS Y ALTURAS 



Ligares Clasificack^n Municipai,idai>es Partidos 



Acanceh Villa Acanceh Acancch... 

Akil Pueblo Tekax Tekax 

Baca Villa Baca Motul 

Cacalchén Pueblo Cacalchén — 

Calocmul — Calotmul Tiziraín 

Cansahcab — Cansahcab Temax 

Celestún Puerto Celestún Maxcanü .. 

Cclestún Faro — — 

Cenoiillo Pueblo Cenotillo Espita 

Ditas - Ditas - 

Jioantún — qiDantún Temax 

Conkal — C'onkal Tixkokob.. 

Chapab — Chapab Ticul 

Chilul — Ménda Mérida 

EspUH Villa Espita t-spita 

Euaii Pueblo Tixkokob Tixkokob.. 

Halachó Villa Halachú Maxcanü . . 

Hocaoá — Hocabá Soluta 

Hoctün Pueblo Hoctún Izamal 

Homún Villa Homün Acanceh . . , 

Huhí Pueblo Huhí Soluta 

Hunabchén Hacienda Ticul Ticul 

Hunucmá Villa Hunucraá Hunucmá.. 

Ixil Pueblo Ixil Tixkokob.. 

Izamal Ciudad Izamal Izamal 

Kanazin Pueblo Kanazin Mérida 

Kantunil — Kantunil Izamal 

Kinchil — Kinchil Hunucmá.. 

Kophomá — Maxcanü Maxcanü.. 

Lepan Hacienda ' ecoh .Acanceh... 

Mama Pueblo Mama Ticul 

Maní — ..Maní — 

Maxcanü Villa Maxcanü Maxcanü . , 

Mérida. Ciudad Mérida Mérida 

Mérida — — — ... 

Mérida — — — ... 

Mocochá Pueblo Mocochá Tixkokob. 

Muña Villa Muña Ticul 

Opichén Pueblo Opichén Maxcanü . 

Oxkutzcab — Oxkutzcab Tekax .. . 

Panabá — Panabá Tizimín... 

Peto Villa Peto Peto 

Progreso Ciudad Progreso Progreso.. 

Progreso Faro — — 

Sac-Akal Hacienda Santa Elena Ticul , 

San Bernardo — Maxcanü Maxcanü., 

San Ignacio — .. Mérida Mérida 

Seyé Pueblo Seye Acanceh . . 

Sisal Puerto Hunucmá Hunucmá. 

Sisal — — — 

Sisal — — — 

Sisal Faro — — 

Soluta Villa Soluta Soluta .... 

Tabí Cumbre Ticul Ticul 

Teabo Villa Teabo Tekax 

Tecoh — Tecoh Acanceh . . 

Tekanió Pueblo Tekanió Izamal 

Tekax Ciudad Tekax Tekax 

Telchac Pueblo Telchac Motul 

Temax Villa Temax Temax 

Tepakán Pueblo Tepakán Izamal..,. 

Ticul ('iudad Ticul Ticul 

Tixkokob Villa Tixkokob Tixkokob. 

Tixpenal Villa Tizimín Tizimín .. 

Tunkús Pueblo Tunkás Izamal 

Umán Villa Umán Hunucmá. 

Valladolid Ciudad Valladolid Valladolid 

Xul Cerro Tekax Tekax 



Geografía. 31 



DE ALGUNOS LUGARES DEL ESTADO 



LvTiTVD Longitud Autoridad •«^ií-í?^ Autoridad 
^ en metros 

30 ;7 zo 9 45 04 E. Carta General de la República. 

20 ^6 04 9 IQ 00 E. — — — 

21 46 ^ 9 07 40 E. — — — 

30 í; 3 08 9 58 02 E. — — — 

¿^o 01 50 II 56 30 E. — — — 

ai «j4 05 10 07 28 E. — — — 

20 40 15 8 44 10 E. — — — 

2-:> 51 00 8 4a 25 E. Datos del Mínist. de Comunicaciones. 

aj 34 40 10 48 38 E. Carta General de la República. 

20 4a 08 10 40 06 E. — — — 

21 04 03 10 13 28 B. — — — 
ai 31 30 9 03 40 E. — — — 

20 32 06 9 a8 ao E. — — — 

21 50 00 9 29 00 E. — — — 
20 47 28 10 50 32 E. — — — 
20 47 00 9 57 40 E. — — — 
2^ 01 00 9 33 00 E. — — — 

JO 43 04 9 47 30 E- — — — 

^ 47 03 9 52 ao E. — — ■ — 

2-3 4^ 00 9 41 ao E. — — — 

20 4Ó 30 9 36 04 E. — — — 
2'J -;> 00 9 31 15 E. — — — 
2ic>6o69oaoa.E. — — — 

21 36 36 9 08 00 E. — — — 

20 07 30 10 51 36 E. — — — 80 Sapper. 

20 28 30 9 49 00 E. — — — 

20 07 31 10 27 50 E. — — — 

20 02 00 9 44 08 E. — — — 

20 10 04 9 45 08 E. — — — 

2025009 38 laE. — — — 

20 42 15 9 30 04 E. — — — 

a-.-' 3^ 40 9 34 06 E. — — — 

20 03 40 9 39 36 E. — — — 

20 SU4 00 9 27 39 E. García Cubas 8 I. Gómez. 

2-i 2d 52 9 31 ¿2 E. Peón y Refi^il 9 rleilprin. 

15 J. Gómez. 

ao 3s; 40 9 05 06 E. Carta General de la República. 

20 2>:> ao 9 34 00 E. — — — 
ao 12 08 9 38 00 E. — — — 
z-j 32 20 9 27 50 E. — — — 
a-j 40 10 10 15 ao E. — — — 
a:- 07 52 10 07 13 E. — — — 

21 77 36 9 36 18 E. — — — 

¿i 17 00 9 a7 15 E. Datos del Minist. de Comunicaciones. 

80 Sapper. 

2c 7 20 9 44 00 K. Carta General de la República. 

21 26 04 9 08 04 h. — — — 5 Heilprin. 

20 40 00 9 47 oa E. — — — 

21 10 06 9 03 34 E. Rarnett. 

21 10 00 9 07 10 E. Ccvallos y Herrero. 

ai 10 00 9 07 32 E. Peón y Resfil. 

2t 10 u6 g 04 08 E. Datos del Minist. de Comunicaciones. 

20 07 25 10 25 18 E. Carta General de la República. 
120 Heilprin. 

23 50 10 9 17 30 E. Carta General de la República. 

2, ;8 08 9 42 10 E. — — — 

2-.^ O} 10 10 57 40 E. — — — 13 John W. Elen. 

2" 4a 03 9 17 00 E. — — — 

21 21 cx> 9 a9 3a E. — — — 
2t i; 40 10 10 06 E. — — — 
2 1 oé 30 10 ot 50 E. — — — 

20 25 08 9 27 15 E. — — — 25 Heilprin. 

20 42 00 9 50 38 E. Carta General de la República. 

20 ;<) 00 9 56 30 R. — — — 

20 07 04 1 1 07 40 E. — — — 

20 I ^ 08 10 45 30 E. — — — 

20 i3 25 09 41 30 E. — — — 

20 27 00 10 12 3a E. — — — 253 Ed. H. Thompson. 




CAPITULO III. 

APUNTES SOBRE GEOLOGÍA.— APUNTES SOBRE GEOCENIA. 

Geográficamente considerada, la Peninsida de Yucatán se ex- 
tiende hasta el Istmo de Tehnantepec, el que constituye la gar- 
ganta que la une á los Estados Unidos Mexicanos, y ajarece 
como la continuación y fin de la llamada América Central, la 
que arranca desde ei Istmo de Panamá. Basta arrojar una rápida 
ojeada sobre una carta geográfica de nuestro Continente para 
cerciorarse de ello. 

Pero desde el punto de vista geológico y geogénico. la cosa 
varia, y aparece lo que politicamente es la región yucateca, con 
nna formación geológica que en mucho difiere de la de las regiones 
limitrofes, como son Tabasco, Chiapas y Guatemala, 

En un libro que publiqué en 1893, intitulado " Los Estados 
I.'nidos Mexicanos, sus condiciones naturales y sus elementos de 
prosperidad," al ocuparme en la geología, asenté que éste es uno 
(le los estudios que con mayor empeño é interés deben hacerse, 
por la gran importancia que reviste, ya como medio de conocer 
la naturaleza y relaciones de los fósiles y el yacimiento, la consti- 
tución y origen de los criaderos metálicos y la hidrología ; ya como 



Geología. ' 33 

necesario para poder apreciar el valor de los terrenos en su apli- 
cación á la agricultura. 

Por desgracia ese estudio, que en todas partes ofrece grandes 
dificultades, las opone mayores aún en países como México, que 
á su gran extensión reúne poca densidad de población, inmensos 
bosques vírgenes, grandes regiones desiertas, y que, hasta hace 
poQOS años, se encontró embargado casi completamente por las 
coestíones politicas, luchando con las armas en la mano para al- 
canzar su independencia y para afianzarla, para constituirse, para 
rediazar invasiones extranjeras, para mantener su forma de 
gobierno y para organizar la paz. 

Muchas de las naciones extranjeras se han consagrado con 
ahinco á deslindar la estructura de su suelo, alcanzando mara- 
vfllosa precisión, merced á minuciosas y pacientes observaciones, 
debidas á gentes de profundo saber, y empleando cuantiosas sumas 
en labor tan importante. Entre nosotros los estudios geológicos 
se deben, con muy raras excepciones, á esfuerzos individuales 
aislados, sin unidad,- realizados en medio de las mayores dificul- 
tades, y sólo contamos con algunas curiosas monografías, más 
ó menos extensas, referentes á determinadas localidades, y el 
" Bosquejo de una Carta Geológica de la República Mexicana," 
formada por disposición del Sr. General Pacheco, en la época que 
desempeñó la Secretaría de Fomento, obra de una Comisión es- 
pecial de ingenieros dirigida por el sabio Don Antonio del Cas- 
tillo. 

Después el Gobierno ha consagrado más atención á asunto de 
tanto interés, y hoy se trabaja con empeño en estudiar la estructura 
de nuestro subsuelo y ya contamos con un Instituto Nacional 
Geológico. 

Y si se tropieza hoy aún con grandes dificultades para obtener 
datos sobre geología de los lugares más céntricos de la República, 
mayores son con las que tenemos que tropezar al tratarse de la 
Península Yucateca, quizás donde ha habido más descuido en 
este respecto. 

Yo creo con Dollfus y Montserrat, que mientras un país no 
haya sido estudiado hasta en sus mínimos detalles, será necesario, 
para considerar las cosas desde cierta altura, dejar espacio á la 
hipótesis, aunque no sea más que para acumular ideas más ó 
menos teóricas, destinadas á orientar los trabajos y las inquisi- 
ciones de los observadores y de los sabios que vengan en seguida 



34 El Estado d e Y uc atan 



á confirmarlas ó para destruirlas. Importa menos, á juicio de 
esos Señores, decir algo que sea de una verdad absoluta (¿y 
dónde se encuentra hoy por hoy esa verdad absoluta?) que 
decir algo que pueda despertar la atención y llevarla hacia cierto 
orden de ideas, provocar las indagaciones, suscitar trabajos y de- 
terminar una corriente de opiniones en el mismo sentido, ó en 
sentido contrario. El peligro, después de todo, no consiste tanto 
en la generalización en sí misma, como en la generalización ab- 
soluta, llevada hasta sus últimos límites, con afirmaciones edifi- 
cadas sobre bases insuficientes. 

Virlet d'Aoust, en su " Coup d*oeil general sur la topographie 
et la géologie du Méxique et de TAmérique Central," dice que la 
parte de la América que se extiende en la forma de un triángulo 
desde el Istmo de Panamá hasta los Montes Rocollasos, forma 
una región geográfica bien caracterizada, cuyo levantamiento, de 
fecha relativamente muy reciente, ha venido á servir de lazo entre 
la América del Sur y la América del Norte propiamente dicha. 

No estoy completamente de acuerdo con esa afirmación, y desde 
luego veo que es un error considerar como un país homogéneo 
el que constituye esa inmensa región, ó, mejor dicho, que toda 
ella corresponde á la misma época geológica y fué comprendida 
en el mismo movimiento geogénico. 

Es muy probable, casi seguro, que el levantamiento de los Andes 
propiamente dichos, fué anterior á la formación de la América 
Central, comprendiendo en esta denominación á México, pues 
existen razones poderosas para creer que esta vasta región surgió 
después que el resto del Continente que se extiende tanto al Sur 
como al Xorte de ella. 

Según el Professor Dana, en el período arcaico no aparece 
emergida más que una pequeña porción del territorio mexicano, 
que entiendo corresponde á lo que hoy es el Estado de Guerrero. 
En esa época tuvo lugar la emergencia del N. E. de los Estados 
Unidos y del Canadá, pues las rocas arcaicas se presentan allí en 
forma de una inmensa V al norte de los grandes lagos, cuyo 
brazo mayor se extiende hacia el Océano Ártico. Una pequeña 
parte del Estado de Nueva York, algo de Virginia, parte del Lago 
Superior y algunos puntos al Este de los Montes Rocallosos per- 
tenecen también á esta época primitiva. 

En la edad carbonífera nuestro Continente del Norte era bajo 
y con pocas montañas. 



Geología. 35 

La posición de las capas cretáceas en Norte América, á lo largo 
del litoral del Atlántico, al Sur de N. York, cerca del Golfo de 
México, y también sobre una gran área de la región de los Montes 
Rocallosos, indica que esas regiones del litoral y gran parte del 
interior del Oeste, estaban sumergidas en el agua cuando comenzó 
la edad mesozoica. 

Preciso es llegar hasta la edad terciaria para encontrar la gran 
época geológica de la formación orográfica de la América del 
Norte, y principalmente de México. 

Por lo que respecta á la América Central propiamente dicha, 
tengo que referirme á los ya citados Dollfus y Montserrat, que 
son los que, á mi juicio, mejor la han estudiado. En su geología 
de dicha región asientan que, al parecer de ellos, el primer levanta- 
miento ó emergencia de aquella parte de nuestro Continente, tuvo 
lugar en una época excesivamente remota, que debe ser la de los 
granitos, que formaron una cadena de montañas, ó quizás varias 
cadenas paralelas, compuestas de dicha roca, arrastrando en su 
movimiento ciertos vacimientos metamórficos ó sedimientarios 
muy antiguos, como las mica-pizarras y las pizarras talcosas cam- 
brianas, formadas ya en aquella época. El primer rudimento de 
Guatemala, quizás aislada todavía del resto de la América Central, 
en todo caso hacia el Sur, debió ser, pues, una isla de cadenas 
salientes, graníticas, con contrafuertes de mica-pizarra y de pi- 
zarras cambrianas, lo que hará remontar el origen de este Con- 
tinente á una antigüedad muy remota en la serie de los tiempos 
geológicos. — Creen estos geólogos que la dirección de ese levan- 
tamiento fué Oeste 22® Sur, Este 22° Norte, y que correspondería 
sensiblemente á uno de los grandes círculos más importantes de 
la red pentagonal de M. Elie de Beaumont. Esto destruye en 
parte lo asentado por Virlet d'Aoust. 

Resulta del estudio hecho por estos Señores, que el rudimento 
del suelo de la América Central corresponde casi á las primeras 
edades y á las primeras transformaciones del globo, pues lo cons- 
tituye una notable proporción de rocas y de yacimientos de que 
está formada la costra terrestre. 

El Sr. ingeniero Dn. Augustín Barroso cree que el Istmo de 
Tehuantepec presenta en su constitución geológica circunstan- 
cias particulares que sirven para distinguirlo del resto del terri- 
torio mexicano. La gran cordillera que forma la Sierra Madre 
y que se extiende á lo largo de toda la América, no sufre una in- 



3^ El Estado de Yucatán. 



terrupción en el Istmo de Tehuantepec; solamente se deprime 
hasta el grado de no tener sino 250 metros de altura sobre el nivel 
del mar, en lugar de 1,800 y de 3,000 que alcanza á la distancia 
de unos cuantos kilómetros, ya al Poniente ya al Oriente de la 
zona de mayor depresión. 

" La ausencia de ciertos pisos geológicos en el Istmo de Tehuan- 
tepec, parece indicar que las aguas no han invadido esta parte 
durante los períodos comprendidos entre el paleozoico inferior y 
el terciario ó la parte superior del cretáceo : tal vez lo poca eleva- 
ción y la pequeña anchura de aquella parte se opongan á que 
asomen á la superficie actualmente descubierta algunos de los 
pisos que aparecen y se desarrollan á medida que se ensanchan 
y eleva el Continente. En efecto, los pisos pertenecientes á los 
terrenos intermedios, y que abrazan desde el devoniano hasta el 
sucsoniano, no se hallan en el Istmo, y, sin embargo, se presentan 
sucesivamente conforme se adelanta hacia el Nordeste del Estado 
de Oaxaca y el centro del país." 

Al examinar la geología del Perú y de Qiile, encuentro que 
toda esa parte occidental de la América del Sur tiene, en lo gene- 
ral, una formación muy distinta de la de nuestro país, y me 
atreveré á aventurar la hipótesis de que corresponde á la misma 
época de Guatemala, Chiapas y el Istmo de Tehuantepec hasta el 
paralelo 17** de latitud Norte. 

No por esto se piense que pretendo que la formación de las 
cordilleras que existen en estas regiones son una continuación de 
los Andes propiamente dichos, pues, por lo contrario, abrigo la 
creencia de que, aunque aparecen hoy unidas las primeras con 
las segundas, no lo estuvieron siempre, y quizás la unión fué muy 
posterior, en virtud de la emergencia del Istmo de Panamá, que 
sirvió de guión. 

En efecto, examinando atentamente una buena carta orográfica 
del Continente, puede establecerse, a priori, la teoría de que los 
Andes constituyen una formación especial que se extiende desde 
la Tierra del Fuego, hacia el Norte, á lo largo de Chile; se in- 
clina al N. O. en el Perú, y después hacia el N. E., en el Ecuador, 
más aún en Colombia, y mucho más en Venezuela ; sin que me 
parezca demasiado atrevimiento pretender que las Pequeñas An- 
tillas, y aún las Grandes, son una prolongación de ese levanta- 
miento, y me inclino á pensar así porque la configuración de esas 
pequeñas islas y la dirección de las aristas de sus montañas, que 



Geología, 37 

semejan continuación unas de otras, parecen comprobarlo. Las 
islas Vírgenes y las Lucayos pertenecen á otro orden ; son archi- 
piélagos calcáreos. — A mayor abundamiento, puede citarse el 
hecho de que desde el Estrecho de Davis hasta el de Magallanes, 
en toda la costa del Atlántico, no se encuentra un volcán, á no ser 
en las Antillas, en las que son frecuentes erupciones, terremotos, 
sulfataras, fuentes de agua en ebullición y otros fenómenos que 
revelan la energía del fuego subterráneo; y si nos fijamos bien, 
vemos que en la América del Sur tales fenómenos parecen circun- 
scritos á la inmensa cadena de los Andes. 

He entrado en tan larga disquisición para llegar á estas con- 
clusiones provisionales : 

I. La región que comprende la América Central, principal- 
mente á Guatemala, al Estado de Chiapas y al Istmo de Tehuan- 
tepec, pertenece á la misma época, 

II. La formación de esta región corresponde en tiempo á la 
de los Andes propiamente dichos, pero es independiente una de 
otra. 

III. La formación del resto de la región mexicana es posterior, 
salvo una porción del Estado de Guerrero. 

I\'. La Península de Yucatán, el Estado de Tabasco y la costa 
de \'eracruz son de época menos remota, y quizás constituyen la 
formación más reciente de nuestro territorio. 

\'. Sospecho que la Península de Yucatán es la formación más 
reciente en nuestro territorio. 

Desde luego desecho la teoría de que Cuba estuviese unida al- 
guna vez con Yucatán, lo que se funda en la falaz indicación que 
ofrecen las direcciones encontradas del Cabo Catoche y del Cabo 
San Antonio, separados por el Canal de Yucatán. 

Cierto es que sabios y viajeros célebres han creído que todas 
las Antillas formaron en otra época parte del Continente, del cual 
fueron arrancadas violentamente por algún cataclismo, y Hum- 
boldt, á quien debe la ciencia tantos servicios, pero que también 
cayó involuntariamente en varios errores que se han convertido 
por la rutina y la ignorancia en dogmas científicos, patrocina la 
hipótesis de la unión de Cuba con Yucatán (" Ensayo Político de 
la Xueva España"). Brasseur de Bourbourg, hombre de mucha 
erudición y de mayor fantasía, supone, en la introducción que 
escribió para la " Relación de las cosas de Yucatán," de Landa, 
que las referidas Antillas serían las cimas de otras tantas mon- 



3» 



El Estado de Yucatán 



tañas cuya base sepultaría el mar bajo sus ondas, en tanto qu 
Yucatán, ó al menos una parte de él, saldría del fondo de la 
aguas. El erudito Don Eligió Ancona asienta con este motivi 
(" Historia de Yucatán ") que la región nordeste de la Península 
que cubre un gran número de cavernas y que en opinión d 
Stephens revelan una vasta formación fósil, parece autorizar est 
última suposición. 

Que las Antillas {con excepción de las Lucayos y de las Vír 
genes) sean cimas de montañas, me parece cosa evidente, y ya h 
indicado que las tengo por continuación de los Andes ; pero m 
debe seguirse de allí que forzosamente hayan formado un conti 
nente ni que hayan estado unidas en tiempo alguno con el Conti 
nente americano. En realidad constituyen algo así como lo 
contrafuertes de los Andes, es donde concluye la inmensa cadena 
exactamente como acontece en la Tierra del Fuego separada d 
la Patagonia por el Estrecho de Magallanes, y cuyas islas quizá 
tampoco estuvieron nunca unidas al Continente. Los canales 
estrechos que se notan entre todas las Antillas, equivalen á la 
puertos que encontramos en todas las cordilleras, aún en le 
grandes macisos del Himalaya, pues, como todos sabemos, un 
cordillera no está formada por una muralla unida, presentand 
el mismo nivel de altura, sino por eminencias distintas, entre la 
cuales hay depresiones más ó menos profundas. De alli precís: 
mente viene el nombre de Sierra que se le da. 



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:> de Dsehkabtún. 



Geología. 39 

Ahora bien, al hacerse el levantamiento del suelo, no es indis- 
pensable y forzoso que se hag^ de un modo igual, y bien puede 
surgir un peñón, ó un farallón ó una gran montaña aislada. Mas 
aún : generalmente á una emergencia elevada, corresponde una de- 
presión profunda, lo que es fácil de comprender y eso explica la 
formación de los archipiélagos debidos al plutonismo. 

Supongamos por un momento que los Andes se hundiesen, 
veríamos entonces que sus altas cimas aparecerían como otras 
tantas islas, y no por eso podríamos pretender que habían sido 
desgarradas y segregadas del resto del continente por la acción 
de las aguas, sino sencillamente que había habido el hundimiento 
de una cordillera. 

Pero en el caso de las Antillas no ha habido inmersión sino 
emergencia, como asentado queda ; y en lo que respecta á la pre- 
tendida unión de Cuba con Yucatán, el mero hecho de la inte- 
rrupción de la serranía cubana, que ni siquiera se encuentra inici- 
ada en la costa de Yucatán y la diferencia de formación geológica, 
perceptible á primera vista, convencen á cualquiera de que cons- 
tituye una hipótesis inadmisible. Por otro lado, nótese que ni 
en Cuba ni en ninguna otra de las Antillas se encuentra la fauna 
característica de Yucatán. 

En efecto, las Grandes Antillas están constituidas por rocas 
graníticas, recubiertas de terrenos de transición calcáreos y esquis- 
tosos. En la Isla de Cuba se encuentra manifiesto el terreno 
Paleozoico, y aun se supone que en la Sierra de Cumanayagua 
existen rocas que se refieren al terreno anterior, Azoico ó estrato- 
cristalino. Las rocas demuestran la acción plutónica, acción que 
00 ha terminado por completo aún, por lo que de vez en cuando 
se sienten temblores de tierra, pareciendo que Santiago de Cuba 
es d punto en que se concentran de preferencia los fenómenos sis- 
nucos, aunque estos han llegado á sentirse aún en la Vuelta Abajo. 

£n cuanto á la fauna, faltan en Cuba muchos de los reptiles y 
casi todos los mamíferos que se encuentran en el Yucatán pre- 
histórico, y no se tiene noticia de que haya habido allí jamás es- 
pecie alguna de mono. 

Todos estos datos me obligan á desechar la hipótesis de Hum- 
boldty en honor de quien debo añadir que jamás estuvo en Yuca- 
tán, y se guió simplemente por apariencias geográfica, que á 
primera vista seducen á cualquiera. 

Asienta Don Eligió Ancona, en su obra ya citada, que la opinión 



40 El Estado de Y uc atan. 

del abate Brasseur de Bourbourg ha pasado á la categoría 4e 
hecho indudable desde que el Manuscrito Troano ha podido ser, 
no ya interpretado, sino leído, con el auxilio del afabeto y del 
idioma de los mayas. Este manuscrito, del cual sólo se atrevió 
á descifrar las primeras páginas, es, en concepto del abate, la his- 
toria del cataclismo ; y Yucatán, esta tierra privilegiada de la an- 
tigua América, el país que guardó los mejores recuerdos de él, 
en su lenguaje, en su calendario, en sus fiestas religiosas y en la 
nomenclatura de sus pueblos, de sus héroes y de sus dioses. El 
abate cree encontrar entre los caracteres y geroglíficos de su 
manuscrito, montañas que se levantan del seno de las aguas, tierras 
que se inundan, mares que se secan, volcanes cuyo cráter se apaga 
y se enciende alternativamente, amontonamiento de lava, torrentes 
de fuego, superficies heladas y hasta ríos de oro fundido que la 
tierra en convulsión deja escapar de su seno. (" Manuscrito 
Troano," tomo I. núm. XVIII. XIX. y XX. y tomo II. introduc- 
ción, núm. X. y XI.) Aventura algunas opiniones sobre el lugar 
de la catástrofe; cree descifrar los nombres de Jamaica, Haití, 
Puerto Rico, Cuba y Yucatán; imagina que no se trata de una, 
sino de varias convulsiones de la naturaleza; les da una fecha 
que no excede de diez mil años ni baja de seis mil, y las cree, sin 
embargo, posterior á la aparición de la raza humana sobre la 
tierra. El intérprete se exalta á medida que avanza en su trabajo : 
ve á los primeros americanos vagando de abismo en abismo, entre 
el combate de todos los elementos; observa que sus facultades 
físicas y morales se desarrollan entre estas escenas conmovedoras, 
y aun cree escuchar el lejano rumor del hundimiento de la Atlán- 
tida, que separa á estos hombres de sus hermanos del mundo 
oriental. 

Esa Atlántida ha servido muy á menudo de pie forzado á los 
americanistas para rimar sus lucubraciones fantásticas y un tanto 
macabras. 

El Sr. Ancona, con sobrado buen juicio, después de extractar 
los fantaseos del inspirado abate, á quien, por más que lucho, no 
me resuelvo á tomar completamente á lo serio, nos dice : 

" El Manuscrito Troano es un analté ó libro maya, escrito en 
corteza de árbol, que Brasseur de Bourbourg encontró en una 
visita que hizo á Madrid, y que le facilitó el Sr. TRO Y ORTO- 
LANO, de cuyos nombres compuso el que dio al manuscrito. El 
abate, que hacía mucho tiempo deseaba ardientemente poseer un 



Geología, 41 

documento de esta naturaleza, se lo llevó á París, y sorprendido 
de la semejanza que había entre sus caracteres y los del alfabeto 
maya, conservado imperfectamente por Landa, se propuso inter- 
pretarlo con el auxilio de este alfabeto y de la antigua lengua de 
Yucatán. Intentó primero dar á cada carácter y á cada figura el 
sentido literal con que Landa los explica ; pero no habiéndole dado 
este género de lectura el resultado que esperaba, se arrojó al 
campo de las interpretaciones, en el que la imaginación desem- 
peña e! papel principal. Daremos una idea de este trabajo con dos 
ejemplos. La figura con que en el calendario maya se designa 
el primer día del mes, que se llama Kan, y cuya palabra significa 
literalmente hamaca, hilo de henequén ó amarillo, el abate la in- 
terpreta así: tierra levantada, tierra que crece. El carácter de 
Pop, primer mes del año, y que literalmente significa estera, sig- 
nifica, según Brasseur, suelo ó superficie baja, tan pronto cuar- 
teada por el sol como anegada por las aguas. {Manuscrito Troano, 
tomo L capítulos XII. y XIII.) No cabe en los límites de una 
nota hacer el análisis del trabajo emprendido por el intérprete del 
Manuscrito Troano. En nuestro humilde concepto, el abate no 
contuvo siempre á su imaginación dentro de los límites de la 
verosimilitud; pero, en cambio, su obra está sembrada de una 
erudición tan profunda, que merece ser estudiada por todos los 
amantes de las antigüedades americanas." 

El final del párrafo transcrito no es más que un anestésico 
aplicado después de un termo-cauterio. 

Me resisto á admitir la remota antigüedad del suelo yucateco, 
tanto .por lo que revela su formación geológica, cuanto porque no 
tengo noticias de que se haya descubierto ninguno de los fósiles 
correspondientes al fin de la época terciaria, ni aun de principios 
de la cuaternaria; mientras que en ambas costas de México, y en 
la Mesa central, hacia la frontera del Norte, son relativamente 
abundantes los restos del Elephos primigenius y de algunas de 
sus variedades, como el Elephos columbi, y también se han encon- 
trado el Mastodon andium, Cav. ; varios Perisodáctilos, Artio- 
dáctilos, y un Edentado, el Glyptodon (clavipes?) & &. 

El Profesor E. D. Cope refiere los terrenos en que se encuentran 
esos restos al período plioceno, mejor que al cuaternario ; pero el 
Profesor Don Mariano Barcena considera provisionalmente di- 
chos terrenos como del período cuaternario. 

El Profesor Dana, en su mapa correspondiente al período ere- 



42 El E s t ad o d e Y u c at án . 

táceo de la América del Norte (*' Manual of Geology ") presenta 
el núcleo de la Península Yucateca y nada de las Antillas. En el 
período terciario ya aparece Yucatán con una forma bastante 
semejante á la que tiene hoy, y en el mapa correspondiente faltan 
también las Antillas, Tamaulipas, Veracruz y gran parte de Ta- 
basco. En la carta fisiográfica del mismo autor encuentro repre- 
sentada la Península por un núcleo central coniforme, rodeado 
de una periferia que afecta la forma geográfica actual de la misma 
Península, y según nuestro autor ese núcleo representa una altura 
de más de 800 pies, y la periferia una altura de menos de 800 pies. 

Creo que el dato es falso, pues en ningún punto de la Península 
alcanza el suelo la altura de 800 pies. 

El núcleo de la Península ¿ está formado de rocas ? No lo creo,, 
y no hay razón para suponerlo. Nótese que está en la zona de la 
formación de los arrecifes de coral, confinada en las más calientes 
latitudes del globo, y que concurren aquí todas las circunstancias 
favorables, indispensables, debo decir, para esa formación, á saber : 
alta temperatura ambiente, corrientes marinas cálidas (el Gulf- 
stream), ausencia de lodo en las playas, por falta de ríos que lo 
arrastren; ausencia de acción volcánica; poca profundidad del 
mar, pues está probado que no hay arrecifes coralinos donde la 
profundidad del mar excede de 100 pies. 

Sabido es que la roca que forma la plataforma de coral y otras 
partes del sólido arrecife, es una cal blanca, hecha de coral y de 
conchas, y su composición es semejante á la de la cal común. 
Algimas veces contiene en capas los corales; pero otras veces es 
perfectamente compacta, sin fósil de ninguna clase, á no ser acci- 
dentalmente alguna concha. 

Entre las principales rocas de coral, hay una variedad, que es 
la más común, y que consiste en una caliza de grano fino, com- 
pacta, tan sólida y parecida al pedernal en su fractura como 
cualquiera caliza silúrica, conteniendo rara vez conchas ó frag- 
mentos de coral. Esta roca es justamente la que encuentro en el 
suelo de Yucatán. El coral originario de esta formación, es del 
grupo de las Madréporas. Sin embargo, no escasean en ella las 
conchas. 

¿Cómo se formó? Favorecidos por la poca profundidad del 
mar, se juntaron en esta región los corales, de una ó de varias 
especies, y crecieron y se multiplicaron juntos, en una inmensa 
superficie que fué uniéndose y compactándose más y más á medida 



Geología. 43 

que avanzaban los tiempos, porque no había nada que perturbara 
su quietud, su estabilidad y su multiplicación. Crecieron hacia 
fuera, al mismo tiempo que se extendían, constituyendo una estruc- 
tura débil y abierta, y no una roca sólida. Allí se fueron acumu- 
lando los restos que arrojaba la marea ascendente, hasta que el 
banco alcanzó el nivel de la baja marea, época en que pereció 
la vida de esos zoófitos; pero las olas continuaron aportando su 
contingente de arena, de guijarros, de conchas y de corales rotos 
( algunas masas de estos últimos alcanzan á veces dos ó trescientos 
pies cúbicos) y así comenzó á aparecer sobre las olas un campo 
de rocas toscas y ásperas. Después se formó una playa, y las are- 
nas, que en su mayor parte quedaron ya sobre el nivel del agua 
salada, recibieron las semillas que arrastraban las olas, y se inició 
una vegetación de plantas rastreras, que fueron formando, en su 
transformación, la tierra vegetal, cada vez más espesa en sus 
capas, y más rica en especies de plantas, hasta concluir en verda- 
deros bosques, en algunas partes. 

Esta formación, como fácil es de comprender, dejó entre sus 
partes oquedades, intersticios y cavernas más ó menos espaciosas. 
Esas cavernas son los Cenotes, que tanto abundan en la Península 
y de los que hablé en el Capítulo que consagro á la Geografía. 

Mucho se han preocupado los autores sobre la formación de 
tales cenotes y sobre el origen del agua que en ellos hay. Algunos 
dicen que el agua tiene corriente, otros lo niegan. Los primeros 
tienen razón, en cierto modo, ó mejor dicho, hasta cierto punto. 

Lo de la formación ya queda explicado ; lo del agua no es más 
que corrientes subterráneas, pequeñas, con declive insignificante, 
como lo tiene este suelo sin montañas. 

Los ríos que corren en la superficie de la tierra, se forman en 
los cerros y montañas, y se alimentan con las lluvias y los deshie- 
los de las altas cimas. Su corriente depende de la inclinación del 
suelo, como es natural ; su caudal, de la riqueza de los elementos 
constituyentes. Las corrientes subterráneas tienen el mismo 
origen. 

Pero en Yucatán el origen no es de los deshielos, sino simple- 
mente de las lluvias. Algunos han creído que el agua de los ce- 
notes se debe á filtraciones del mar, cuyas aguas pierden lo salo- 
bre al pasar por las rocas. No es así. 

Se sabe que una parte del agua lluvia penetra en el subsuelo; 
pues bien, esas aguas se convierten en corrientes subterráneas. 



46 El E stad o de Y uc at án. 

Esta hipótesis fué la que más me sedujo al principio; pero en 
el viaje que hice al Estado de Campeche, pude examinar de cerca 
las serranías y estudiar con detenimiento su estructura, y sirvié- 
ronme de datos convincentes los tajos que se han practicado en 
varios cerros para la construcción del ferrocarril de Campeche á 
los Chenes, y en los que se ve que la roca caliza es la única que 
constituye la formación de las colinas, desde la base á la cumbre. 
Esto me obliga á desechar la hipótesis antes dicha, y á creer que 
el levantamiento de las colinas tuvo lugar después de formado el 
suelo, lo que también demuestra que estas serranías son de una 
formación muy posterior á las de Chiapas y Guatemala, y viene 
á destruir de un modo absoluto todas las teorías presentadas por 
Brasseur de Bourbourg y otros arqueólogos, que no pudieron ó 
no quisieron darse cuenta de la conformación geológica de la 
Península, ni consideraron su geogenia, para dar con más libertad 
rienda suelta á sus fantaseos. 

Después de escrito lo anterior y en un viaje que acabo de hacer 
á Yucatán (Diciembre de 1906 á Enero de 1907) he recogido CB 
el Museo de Mérida los siguientes datos sobre las capas ge(dó|^ 
cas del subsuelo, ministrados por la perforación de un pozo ea 
ex-ciudadela de dicha capital. 

Desde la superficie del suelo hasta una profundidad de 13 
7 pulgadas (medida inglesa) hay conchas y arena. 

De allí hasta los 21 p. 3 pgs. la piedra caliza llamada en él 1 
Sascah, 

Hasta los 23.8, una capa de caliza y arena. 

Siguen una pequeña capa de 2.6 de piedra arenisca; otra, 
2.1 de caliza y guijarros cuartzosos; otra de 2.9 de cal, giiijaíij|l 
y arena; otra de 3.1 de piedra arenisca porosa; otra de 4«5 iíSf 
piedra arenisca, dura. 

Desde los 39.6 hasta los 58.5 hay una capa de piedra arenisca 
y caliza. 

Hasta los 63.1 una capa de arcilla azulada, guijarros y alguna 
caliza. 

Hasta los 65.2 una capa de arcilla azulosa. 

De allí hasta los 86.5 una capa de arcilla gris. 

Hasta los 90 un manto de caliza y de arena. 

Hasta los 95.5 un manto de piedra arenisca, seguido por otro 
de 3.2 de arcilla gris. 



Geología. 45 

de agua dulce, que los llaman Bocas de Conil. Es probable que 
alguna fuerte presión hidrostática haga que estas aguas dulces 
se levanten sobre las saladas, después de haber roto los bancos de 
rocas calcáreas, por cuyas hendiduras han corrido hasta allí." 

Esas fuentes brotantes no son, en efecto, más que el desagüe 
de los cenotes, y esos cenotes no son más que lagunas subterrá- 
neas, más ó menos extensas, formadas por las corrientes subte- 
rráneas. 

Algunos autores creen que la Península de Yucatán emergió- 
en una época remota, y que después se sumergió, á causa de una 
terrible convulsión volcánica, la que suponen destruyó parte del 
pretendido Continente Antillano, ó la que hizo desaparecer la 
Atlántida, ú otra cualquiera ; y que después volvió á surgir. Así 
es como se explican la formación de la roca caliza que constituye 
el suelo, y que se encuentren conchas marítimas, no sólo en el 
fondo de los cenotes y en las excavaciones que en la tierra se prac- 
tican, sino hasta en la cima de algún adoratorio antiguo. El 
mismo Stejrfiens cree, por esos datos, que si no toda la Península^ 
al menos gran parte de ella, estuvo sumergida por el mar en una 
^x>ca no muy remota. Nada hay de eso, y la explicación cientí- 
fica es la que he dado al hablar de la formación del suelo, forma- 
din en la que no hubo emergencia propriamente dicha, ni hundi- 
miento de ninguna especie. 

¿Y las cadenas de pequeñas colinas de que hice mención en la 
pMte geográfica? A mi juicio son de formación posterior al 
suelo de la Península. Aquí podían caber dos hipótesis. 

En la primera época de la formación de la roca caliza de que 
he hablado, y quizás mucho antes de que la madrépora hubiese 
crecido hasta salir á la superficie del mar, hubo una convulsión 
plutónica en nuestro territorio, y en ella emergieron esas cordi- 
lleras de colinas que se prolongan hasta la cordillera de Guate- 
mala, y le sirven de contrafuertes. 

Esas colinas pudieron aparecer como unas islas, pues es de 
advertir que las cordilleras, según dije en la parte geográfica, 
no forman una sierra unida, sino que hay entre ellas muchas solu- 
ciones de continuidad, sabanas más ó menos extensas que separan 
los distintos grupos. Al rededor de cada grupo pudo aglomerarse 
la formación madrepórica, constituyendo atolls, que después se 
convirtieron en tierra firme, compactándose poco á poco la super- 
ficie, hasta formar la gran llanura homogénea. 







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CAPITULO IV. 



CUHATOLOGÍ A : EL CLIMA. — LA PENÍNSULA PERTENECE A LA 
ZONA CALIENTE, — HABITABILIDAD. — GEOGRAFÍA UÉDICA ; L.^S 
AGUAS. — PRINCIPALES ALIMENTOS. CONSUMO DE CARNE. EN- 
FERMEDADES QUE CAUSAN MAYOR MORTALIDAD. 



Gran parte de los Estados de la República Mexicana han sido 
favorecidos por la naturaleza con una variedad de climas tal, que 
se encuentra en ellos desde el ardiente de los trópicos hasta el 
glacial, principalmente en aquellos que, como Veracruz, se ex- 
tienden entre la costa y las altas planicies donde hay elevadas 
cumbres con eternas nieves. Pero, en términos generales, puede 
decirse que no hay un solo Estado que no posea variedad de 
climas, con excepción de la Peninsula de Yucatán, en la que 
faltan las montañas, pues bien sabido es que en nuestro país la 
altimetría reemplaza á la latitud. 

Toda la Península Yucateca pertenece, pues, i lo que llamamos 
tierra caliente, con cuyo nombre designamos las regiones de alta 
temperatura media, caracterizadas principalmente por la pre- 
sencia de las palmas, sobre todo la del cocotero, la que se propaga 
desde el nivel del mar hasta una altura de 400 metros. 



Climatología, 49 

Reina en la Península un clima ardiente que, á las veces y en 
algunas localidades, hace subir el termómetro hasta los 40** C. 
Por fortuna el rigor del verano es mitigado por las frecuentes y 
abundantes lluvias tropicales, que más generalmente caen en las 
noches, asi como por la brisa del mar que baña las playas en el 
peso del día, y que aquí penetran bastante en lo interior, por no 
encontrar médanos ni cerros que le estorben el paso. 

Se ha creído y lo repiten hoy aún autores nacionales y extran- 
jeros, que la Península es una vasta planicie árida é inproductiva, 
que sólo se muestra propicia al cultivo del agave que produce el 
henequén. Pero tal aseveración es errónea, ó, por lo menos, 
exagerada, pues quien visita estas regiones encuentra que hay 
localidades en que la vegetación reviste la pompa de la caracte- 
rística de los trópicos, como lo demostraré más adelante, y que, 
aún en las mismas playas, entre Progreso y Mérida, por ejemplo, 
se levanta una vegetación bastante notable, en un terreno que á 
primera vista parece estéril é impropio para todo cultivo. Desde 
luego puedo asegurar que Mérida, considerada desde una de sus 
alturas, aparece como un vergel, y que por donde quiera que se 
dirigen los ojos, se ve perderse en el horizonte una sábana de 
verdura. 

En las playas, formadas por arenas de algunos metros de pro- 
fundidad, finas y movedizas, se encuentra una vegetación herbá- 
cea y arbustos y aún árboles de no mezquino tamaño. Esto 
consiste en que esas arenas poseen, entre otras propiedades, la de 
absorber el vapor de agua que generalmente existe en gran canti- 
dad en el aire ambiente, de tal manera que á unos cuantos centí- 
metros de profundidad se conserva cierto grado de humedad, la 
que es muy favorable á la germinación y crecimiento de esa flora 
peculiar. En esas arenas se nota la presencia de restos orgánicos 
de pólipos, moluscos, y foraminíferas en sus diversas formas, y 
el fosfato de cal, lo que acaba de explicarnos el fenómeno. 

Más al interior, en lo que podemos llamar el centro de la 
Península, se encuentran grandes yermos, pues la roca caliza 
está al descubierto, ó contiene una capa de humus tan insignifi- 
cante que apenas puede servir de arraigo á una vegetación incipi- 
ente é insignificante. 

Habitabilidad. — Nuestra tierra caliente tiene la reputación 
más desfavorable que puede concebirse entre los extranjeros, á 
causa de la fiebre amarilla, la que, hasta hace poco, tenia el 



50 El E s tad o d e Y uc atan. 

carácter de endémica en el puerto de Veracruz, y que de pocos 
años á esta parte ha tomado el de epidémico, habiendo algunos 
en que no se ha dado un solo caso. Ese azote, como se ha dado 
en llamarla, y no sin razón, es propio de toda la costa del Golfo, 
desde Yucatán á Florida, aunque se consideraba constante sola- 
mente en la Habana y Veracruz. 

En los Estados del extremo Sur de la Unión Americana van 
siendo las apariciones cada vez más raras, gracias á las precau- 
ciones que se toman todos los años y al mejoramiento de la hi- 
giene. En la Isla de Cuba se ha logrado desterrarla casi de un 
modo absoluto, por los mismos medios, y de seguro que se ob- 
tendrá otro tanto en Yucatán y en Veracruz. 

Antaño se creía que el vómito no se cebaba en los hijos de la 
costa oriental de México, como tampoco en los naturales de la 
Antillas, y aún llegó á creerse que bastaba nacer en esas regiones 
par adquirir la inmunidad, aunque se abandonasen á los pocos 
meses. 

La teoría actual modifica notablemente esa creencia empírica, 
y se sostiene que todos están expuestos, más ó menos, á adquirir 
la enfermedad; sólo que los nacidos en los puntos donde esta 
es endémica, la padecen en una forma atenuada, justamente du- 
rante la primera infancia, y por eso aparecen como inmunes. 

Pero de cualquier modo que sea, la fiebre amarilla no causa 
una mortalidad mayor, ni tan grande, como otras enfermedades 
que reinan en varios lugares del país, por ejemplo: el tifo y las 
enfermedades del aparato respiratorio, en la capital de la Re- 
pública, y la tuberculosis pulmonar, verdadera plaga, no sola- 
mente de la costa del Golfo de México, sino del mundo entero. 

Pero á pesar de ello y del poco cuidado con que se había visto la 
higiene en toda la región cálida, de las malas condiciones de vida 
que lleva la gente del campo y aún la de los poblados, véase 
cómo se han connaturalizado los descendientes de las razas que 
pueblan toda esa vasta región, y el vigor y fecundidad de los re- 
sultantes originados por el cruzamiento. Por último, se da mayor 
número de casos de longevidad en la zona caliente que en la fría, 
y el extranjero que llega á aclimatarse, bien porque se haya sobre- 
puesto á la fiebre amarilla, ó bien porque no le haya dado, goza 
de salud envidiable en estas costas tan temidas por los extranjeros 
y forasteros. 

Estoy muy lejos de pretender que el Estado de Yucatán sea 



Climatología, 51 

precisamente sano, pues como veremos al entrar en el estudio de la 
demografía, el promedio de las defunciones pasa de 41 por mil, 
lo que es exorbitante ; y es de tenerse en cuenta que casi la mitad 
de las defunciones son proporcionadas por la primera infancia. 
Si tomamos como ejemplo el año de 1901, vemos que de las 16,979 
defunciones en él registradas, 8,904 corresponden á niños menores 
de cinco años; y de esa suma 6,259 corresponden á menores de 
un año. Así, pues, puede decirse que el 50% de las defunciones 
lo proporcionan los niños menores de cinco años. Y el hecho es 
constante. 

En cambio vemos en el censo de 1,900 que sobre una población 
de 309,652 habitantes, había 4,171 de más de sesenta y cinco años, 
cantidad que se descompone de la manera siguiente: 

Hombres. Mujeres. Total. 

De 66 á 70 años 1,090 1,168 2,258 

De 71 á 75 años 351 331 682 

De 76 á 80 años 334 471 805 

De 81 á 85 años 89 105 194 

De 86 á 90 años 52 92 144 

De 91 á 95 años 25 26 51 

De 96 á 100 años 16 20 36 

De más de 100 años o i i 



1,957 2,214 4*171 

\'emos por el mismo censo que la población se divide por 

edades de la siguiente manera : 

De I dia á I año 16,276 

De 2 años 8,978 

De 3 años 8,559 

De 4 años 8,625 

De 5 años 8,861 

De 6 á 10 años 40^78 

De 1 1 á 15 años 30,509- 

De 16 á 20 años 32,560 

De 21 á 25 años 30^22 

De 26 á 30 años 34*695 

De 31 á 35 años 19*858 

De 36 á 40 años 24,317 

De 41 á 45 años 10420 

De 46 á 50 años 13,631 

De 51 á 55 años 5,603 

De 56 á 60 años 8,141 

De 61 á 65 años 2,438 



5^ El Estado de Yucatán. 

Estos datos vienen á confirmar lo que se dijo antes sobre la 
mortalidad de los niños, pues vemos que figuran en la primera 
partida, que corresponde á los que cuentan de i día á un año, la 
cifra de 16,276, y que en la segunda partida, que corresponde á 
los que cuentan 2 años, sólo aparecen 8,978. 

El mayor contingente del censo lo prestan los individuos que 
cuentan de 6 á 10 años (40,878) y vuelve á haber una depresión 
en el segundo septenario (30,509) y otra también muy notable 
en el quinto septenario (19,858). 

GEOGRAFÍA MEDICA. 

Pantanos. — En la Península abundan los pantanos. Los en- 
contramos por donde quiera en el Estado de Campeche. En el 
de Yucatán son más frecuentes en los partidos de Hunucmá, 
Ticul, Tekax, Muña, y Espita. En Quintana Roo también 
abundan. 

Aguas Potables. — Como los manantiales de agua son escasísi- 
mos en la Peninsula, se hace muy poco uso de ese liquido ; la de 
río también es escasa; y generalmente se bebe la de los cenotes, 
la lluvia que se recoge y conserva en cisternas, y más general- 
mente la de pozo. No existen pozos artesianos. 

Me atreveré á indicar una sospecha respecto al agua de esos 
pozos. Estos están abiertos en el suelo, sin revestidura alguna, 
y como faltan en todas las poblaciones de la Peninsula sistemas 
de cloacas con desagüe y drenage, todos los detritos y aguas 
sucias van á fosas que quedan cercanas á los referidos pozos, ó 
se derraman sobre el suelo. 

Es cierto que el suelo y el subsuelo son de roca caliza y que 
las aguas pasan por ella filtrándose. Pero ¿es esa filtración tan 
perfecta, que quede purificado el liquido? Con el transcurso del 
tiempo y la constancia de la filtración de esos líquidos en descom- 
posición, ¿no se irá impregnando la roca de las materias en 
suspensión ? 

Así parece á primera vista. Sin embargo, de los datos que me 
ha ministrado mi excelente amigo el Sr. Dr. Dn. Alonso Avila, 
resulta que en ninguna de las agrias potables se encuentra trazas 
de amoniaco, y que abundan en todas ellas el carbonato de cal, que 
si no es precisamente útil para la economía animal, como muchos 
lo pretenden, tampoco es nocivo. 



Climatología, 53 

El agua lluvia, depositada en algibes, es la que más se usa en 
Yucatán, sobre todo en Mérida. He aquí el análisis de las aguas 
de seis de dichos algibes, designados al acaso : 

Algibes. 

I» Algibe— casa del Sr. Dn. J. F. 

Grado hidrotimétrico 5.3 

Contiene por Litro: 

Carbonato de cal o. gr. 02884 

Qoruro de calcio o. gr. 00912 

Magnesia o. gr. 00714 

2» Caja de hierro— casa del Sñor F. Y. O. 

Grado hidrotimétrico 5.4 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 00500 

Carbonato de cal o. gr. 02884 

Cloruro de calcio o. gr. 00798 

Magnesia o. gr. 00378 

Hierro o. gr. 00700 

3* Algibe— casa de la Sra. Dña. G. H. de G. 

Grado hidrotimétrico 5.5 

Contiene por Litro: 

Carbonato de cal o. gr. 03502 

Goruro de calcio o. gr. 00798 

Magnesia o. gr. 00588 

4». . . .Algibe— casa del señor D. D. G. 
Grado hidrotimétrico 7 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. gr. 00300 

Carbonato de cal o. gr. 02781 

Cloruro de calcio o. gr. 02964 

Magnesia o. gr. 00462 

5* Algibe— casa de la Sra. Y. Z. 

Grado hidrotimétrico 7.3 

Contiene por Litro: 

Carbonato de cal o. gr. 05459 

Magnesia o. gr. 00840 



54 El Estado de Y ucat án. 

6» Algibe — casa de la Sra. Dña. C C. de C. 

Grado hidrotimétrico 11.5 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 04250 

Carbonato de cal o. gr. 00618 

Cloruro de calcio o. gr. 01596 

Magnesia o. gr. 00420 



Pozos. 

I*. .. .Pozo— casa de D. M. A. R. 

Grado hidrotimétrico 40.8 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 02500 

Carbonato de cal o. gr. 23072 

Cloruro de calcio o. gr. 08208 

Magnesia a gr. 02604 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 



2* Pozo — casa de D. J. M. P. 

Grado hidrotimétrico 40.8 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 02000 

Carbonato de cal o. gr. 26274 

Cloruro de calcio o. gr. 05700 

Magnesia o. gr. 10274 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 



3». . . . Pozo— Esquina del " Puente." 

Grado hidrotimétrico 4^ 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 00500 

Carbonato de cal o. gr. 30900 

Cloruro de calcio o. gr. 06840 

Magnesia o. gr. 02100 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 



Climatología. 55 

4» Poio— casa del Sr. D. A. C. 

Grado hidrotimétrieo 468 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico a. lit. oigoo 

Carbonato de cal O. gr, 03780 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 

Materia orgánica o. gr. 1700 

5> Pozo — B. de D. casa principal. 

Grado hidrotin 



Contiene por Litro: 

Acido carbónico O. lil. otooo 

Carbonato de cal o. gr. 33866 

Qoruro de calcio o. gr. 19153 

Magnesia o. gr. 05460 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 

>» Pozo— casa de! Sr. D. J. F. 

Grado hidrotimétrieo 54 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit. 01900 

Carbonato de cal a gr. 38323 

Cloruro de calcio o. gr. 04333 

Magnesia o. gr. 07980 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 

'». . . .Pozo — B. de D.— Laboratorio. 

Grado hidrotimétrieo S&8 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit. 04400 

Carbonato de cal o. gr. 17510 

Cloruro de calcio o. gr. 26220 

Magnesia o. gr 03360 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 

t». . . .Noria— casa del Sr. D. J. F. 

Grado hidrotimétrieo 63.8 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit. 03400 

Carbonato de cal o. gr. 12978 

Ooruro de calcio o. gr. 17556 

Magnesia o. gr. 11760 

Acido sulfúrico, indicios poco sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 



56 ElEstadodeYucatán. 

9» Pozo— casa del Sr. D. J. B. M. 

Grado hidrotimétrico 68^ 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit ojooo 

Carbonato de cal o. gr. 26574 

Cloruro de calcio o. gr. 28000 

Magnesia o. gr. 05040 

Acido sulfúrico, indicios bastante sensibles. 

Materia orgánica o. gr. 02400 



10» Pozo— costado de Sta. Lucía. 

Grado hidrotimétrico 74 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit. 00400 

Carbonato de cal o. gr. 20806 

Cloruro de calcio o. gr. 21660 

Magnesia o. gr. 14280 

Acido sulfúrico, indicios bastante sensibles. 
Materia orgánica, inapreciable. 



Cenotes. 



Sambulá de Motul. 
Grado hidrotimétrico SO 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit. 03000 

Carbonato de cal o. gr. 15450 

Cloruro de calcio o. gr. 14820 

Magnesia o. gr. 06720 

Acido sulfúrico, indicios. 
Materia orgánica, inapreciable. 

Sambulá de Mérida. 
Grado hidrotimétrico 58 

Contiene por Litro: 

Acido carbónico o. lit 07000 

Carbonato de cal o. gr. 20600 

Cloruro de calcio o. gr. 13680 

Magnesia o. gr. 05040 

Acido sulfúrico, indicios. 
Materia orgánica, inapreciable. 



Climatología. 57 

Agua de Chichan-Kanab. 

Contiene por Litro: 

Sulfato de magnesia i. gr. 36809 

Cloruro de magnesia o. gr. 34160 

Sulfato de cal 2. gr. 80480 

Sulfato de potasa o. gr. 03476 

Carbonato de magnesia o. gr. 40420 

Materia orgánica o. gr. 04655 

Hierro, indicios. 

Agua de la Hacienda UxmaL 

Contiene por Litro: 

Cloruro de magnesia o. gr. 5295 

Sulfato de magnesia o. gr. 1700 

Sulfato de potasa. o. gr. 2131 

Carbonato de magnesia o. gr. 1028 

Carbonato de cal o. gr. 1395 

Sulfato de cal o. gr. 3413 

Materia orgánica o. gr. 5038 

Gomo se ve por los datos que acabo de presentar, la cantidad 
de principios salinos contenida por litro en las aguas de algibe 
varía entre o. gr. 04510 y o. gr. 06507, siendo, por consiguiente, 
buenas para beber y para todos los usos domésticos é industriales. 

Las aguas de los pozos son más ricas en principios salinos, 
principalmente en carbonato de cal, y no resultan tan buenas, 
sobre todo para los usos domésticos. 

Las aguas de los cenotes resultan en condiciones casi iguales 
á las de los pozos, con excepción de las de Chichan-Kanab, que 
no deben ser consideradas como potables. 

Pero ^bastará este análisis químico para concluir que tales 
aguas son sanas? De seguro que no, y falta hacer el examen 
bacteriológico para asentar una conclusión definitiva, y tengo 
sospechas fundadas de que dicho examen revelaría la existencia 
de microorganismos patógenos en abundancia, sobre todo en los 
pozos. 

Tengo que limitarme á apuntar esas sospechas por lo que valgan, 
dejando á los especialistas el cuidado de resolver el punto. 

Principales Alimentos. — Los indios de pura raza y los mesti- 
zos de la clase pobre usan una alimentación restringida en calidad, 
aunque no escasa en cantidad. El atole, el chile, la tortilla, ó 
pan de maíz y la sal forman su alimentación ordinaria ; pero lo 



58 El Estado de Yucatán. 

suficiente de la cantidad constituye la parte importante, y suple 
la falta de carne y de substancias albuminoides. Los pobres 
comen alguna vez carne de cerdo. Usan también frijoles, casi 
nunca la leche ni los huevos. 

Sin embargo, la gente que vive en el campo come más carne 
de lo que se cree, pues todos los indios son muy afectos á la caza, 
y casi á diario se ejercitan en ella, durante la tarde, matando 
venados, pavos monteses y muchas otras aves de que tanto abunda 
la Península, y que les sirve de alimento. 

Pero en las poblaciones no pasa lo mismo, y para demostrar 
cuan limitado es el consumo de la carne (la que tiene precio muy 
elevado en Yucatán), véase el siguiente cuadro que tomo de la 
estadística del año de 1903 : 

Partidos. Población. 

Acanceh 22^61 

Espita 10,174 

Hunucmá 19,360 

Izamal 22,094 

Maxcanú 20,595 

Mérida 5^493 

Motul 18,371 

Peto 9,530 

Progreso 8,395 

Sotuta 10,295 

Tekax I9,i53 

Temax 17,090 

Ticul 25»343 

Tixkokob 13.964 

Tizimín 9,5i6 

Valladolid 25,094 

48»277 3^,307 

Por este cuadro se ve que allí donde la gente es más acomodada^ 
abundan los extranjeros y los jornales son más altos, como en 
Mérida y Progreso, es mayor el consumo de carne, y, sin embargo, 
se matan unas 68 reses diarias, en números redondos, para más 
de 58,000 habitantes, en Mérida ; y en Peto apenas se mata más 
de una diaria para 9,530 personas. 

En algunas regiones (las costas) el pueblo come pescado y 
mariscos, que tanto abundan en los mares adyacentes. 



Ganado 


Ganado 


vacuno. 


de cerdo. 


1,635 


1,092 


770 


1,172 


2,736 


1,680 


2,593 


1,741 


1^33 


1468 


22,690 


16422 


2,950 


1,173 


388 


665 


2,298 


2,266 


639 


388 


1,710 


1,878 


1,684 


828 


2426 


2,146 


2,235 


1,121 


418 


579 


1,172 


1,670 



Climatología, 59- 

En lo que respecta á bebidas, sólo las personas acomodadas usan 
el vino; las demás toman aguardiente de caña, que allí llaman 
Habanero, y, entre el pueblo bajo, la popular mistela, que es una 
especie de rom con menta. 

El uso del café es reducido; el del te, casi nulo. El chocolate 
está más generalizado, aunque no llega hasta las clases bajas. 

El consumo de legumbres se va generalizando, gracias al cultivo- 
que de ellas hacen los chinos, lo que las ha abaratado. En cambio- 
comen algunas yerbas, que no tengo por muy nutritivas. 

Conveniente me ha parecido colocar estos datos como introduc- 
ción á la Geografía médica, por la relación que existe entre la 
salud y los pantanos, el agua que se bebe y la base de la alimenta- 
ción del pueblo. 

Elefantiasis. — Mucho se ha debatido el punto de si el llamado 
Mal de San Lázaro, ó sea la Lepra, fué importado del Viejo Conti- 
nente, ó si existía en la América precolombina. La opinión más^ 
generalizada es que ya se conocía en el Nuevo Mundo cuando 
llegaron los españoles, y se fundan los que tal opinan en el hecho 
de haber establecido Cortés, á raíz de la conquista, un hospital 
para lazarinos, pues, alegan, no es de admitirse científicamente 
que en tan poco tiempo se propagase enfermedad que de ordinario- 
tiene una incubación lenta. 

El Doctor Alberto S. Ashmead sustenta la teoría contraria; 
sostiene que la lepra fué importada á América por los mercaderes 
de esclavos de España y de Portugal ; y que, en cambio, no lo fué 
la sífilis, contra lo que generalmente se cree. 

No soy yo el llamado á resolver esta cuestión, pero sospecho 
que la lepra fué importada, y que el mal venéreo también nos vina 
del Viejo Continente. Don Francisco Gutiérrez Delgado, secre- 
tario del Archivo de Indias, en Sevilla, asegura que las bubas 
(mal venéreo) fueron conocidas en México algunos años despíiés 
de la conquista, lo que motivó la fundación de hospitales dedicados 
especialmente á esta enfermedad, la que ve mencionada casi al 
mismo tiempo en Perú y el Río de la Plata, y á la que se atribuyó- 
el fallecimiento del primer conquistador y colonizador del dicho 
Rio de la Plata. 

Algunos autores pretenden que la sífilis, ó mal francés (gálico), 
fué importado por los franceses á Italia, que allí se contagiaron 
los españoles y después infestaron la América. 

De lo expuesto puede deducirse que el hospital fundado ea 



6o El Estado de Yucatán. 

México por Cortés, y de que antes hice mención, no fué para 
leprosos, sino para sifilíticos. 

Entre los escritores antiguos que han tratado este punto, se 
encuentra Torquemada ("Monarquía Indiana," tom. 11. ), quien 
dice que los antiguos mexicanos sacrificaban leprosos al dios Itac- 
centeotli. Brinton pretende que esto se refiere al albinismo pro- 
gresivo. 

Herrera ("Historia General de las Indias") asienta que no 
apareció la lepra sino setenta años después del descubrimiento. 

Juan Pío Pérez ("Diccionario de la Lengua Maya") traduce 
por lepra la voz Nex-Teococolizti; pero Brinton asegura que esta 
era otra enfermedad, y que la antigua palabra española lepra no se 
refiere á la elefantiasis, sino á otra dolencia (probablemente la 
sífilis), porque entonces existía una confusión en los asilos de 
leprosos de Europa entre ambas enfermedades. El mismo Juan 
Pío Pérez da á la palabra Neez las acepciones de empeine ó lepra; 
de especie de sarna ó lepra. 

Fray Alonso de Molina, en su " Vocabulario hispano-mexicano" 
(México, 1 571), da á la voz Teococolitstli la misma significación 
de lepra. 

Sahagún, en su " Historia General de las cosas de Nueva 
España," hace mención de la enfermedad de las almorranas, ó de 
las bubas, ó del mal de las ingles. 

Juan de Torquemada, en su "Monarquía Indiana" (Madrid, 
1723) consigna el modo de curar la lepra, la que, como es bien 
sabido, se ha tenido y tiene aún por incurable. 

Pero ni Gabriel de Chávez (" Documentos inéditos del Archivo 
de Indias ") ; ni Fernando Colón (Vita di Christopher Colombo) ; 
ni Bayer (" Reise in Perú ") ; ni Llórente, ni Mendieta, ni Men- 
doza, ni Clavigero hablan de la lepra precolombina, aunque algu- 
nos mencionan la sífilis. 

Brinton dice : " Ashmead arguye que la sífilis era autóctona 
entre los Aymarás de Bolivia, y toma de Forbes la idea de que 
su origen posible previene de la alpaca, animal que la padece en 
forma maligna. El Dr. Ed. Seler, en el Verhandlungen de la 
Sociedad Antropológica de Berlín, año de 1895, publica un erudito 
artículo sosteniendo el principio de que prevalecía en América 
antes de la conquista. Por otro lado, y en el mismo volumen, el 
Prof. Virchow declara que nunca había visto un hueso sifilítico 
proviniente de sepulcro americano ; que tal enfermedad fué cono- 



Climatología. 6i 

cida seguramente en Europa en 1472, y prevalecía en el Japón 
en el siglo IX." 

El Dr. Ashmead combate esas declaraciones y asienta que 
puede mostrar al Prof. Virchow miles de huesos sifilíticos en el 
Museo Americano, procedentes del Condado de Leich, Kentucky, 
y el cráneo sifilítico de Pachacamac, exhumado de un sepulcro 
precolombino. 

Pero hay más: Ashmead asegura que los indios de hoy son 
inmunes á la lepra, y agrega : " Este hecho probaría de un modo 
casi concluyente que cuando los monarcas españoles promulgaron 
decretos ordenando que se estableciese hospitales de leprosos, 
tanto para los indios como para los españoles, y cuando expresaron 
el deseo ferviente de que ninguna población, indígena ó española, 
careciera de hospital, confundíanse bubas y sífilis con la lepra. Si 
los indios en esa época eran tan leprosos que había necesidad de 
crear un hospital en cada aldea, ¿cómo es que hoy no se nota 
tal extensión en las tribus Sudamericanas? El hecho de que la 
lepra no existe en la actualidad entre ellos, á no ser esporádica, ó 
entre las que han sido civilizadas, prueba de un modo concluyente 
que esta enfermedad no fué precolombina entre los pieles rojas 
de Sud América." 

La verdad es que la lepra es una enfermedad constitucional 
análoga á la sífilis y que varía en sus manifestaciones mórbidas 
según ataca la piel, los nervios ó los tejidos, y que fácilmente 
pudieron ser confundidas ambas afecciones en una época en que 
la medicina se hallaba tan atrasada, como fué la del siglo XVI. 

En cuanto á que los indios tengan la inmunidad que pretende 
Ashmead, me parece que no está suficientemente probado. 

En la América española tres centros aparecen como más casti- 
gados por la elefantiasis ; el primero y más importante es Colom- 
bia; el segundo, Cuba; y México el tercero. 

Los puntos de nuestro país en que la enfermedad está más desa- 
rrollada, son : los distritos del Estado de Sinaloa, menos Cozalá, 
Mazatlán y el Fuerte; Juchipila, en Zacatecas; Teocaltiche en 
Jalisco; Guanajuato y Allende, en Guanajuato; Jiquílpan, en 
Michoacán. 

En los Estados del centro y del Pacífico hay muchos distritos 
importantes, llamando la atención tres zonas principales: la pri- 
mera formada por Sinaloa y la parte Sur de Durango ; la segunda 
por gran parte de los Estados de Guanajuato, Jalisco, N. de 



•62 El E stad o d e Y u c atan , 

Michoacán, S. de Zacatecas y Oeste de San Luis Potosí; y la 
tercera por toda la parte central de Guerrero. Fuera de estas hay 
otras pequeñas zonas, en Oaxaca, Chiapas y el Distrito Federal 
(Xochimilco). En los Estados del Golfo parece circunscrita á 
los Estados de Campeche y de Yucatán. Hecelchacán, en el pri- 
mero, y Mérida, en el segundo, son considerados como los focos 
principales. 

Las noticias que he podido adquirir sobre el número de leprosos 
que existen en la Península son muy contradictorias, pues mien- 
tras que algunos me aseguran que apenas llegarán á cien los 
casos, lo que me parece demasiado poco, otros los hacen ascender 
á algunos miles, lo que me parece exagerado. 

Fiebres Intermitentes (ó fríos, calenturas palúdicas &.). — 
Son generales en el Estado, como en casi toda nuestra tierra cali- 
ente. Por lo general alcanzan su máximo desarrollo al fin de la 
•estación de las lluvias, de Septiembre á Enero. Existe entre el 
vulgo la creencia de que ciertas frutas, como el Polbox (la ilama 
ó cabeza de negro) y el Zaramullo ocasionan estas calentuots; 
creencia que no tiene más fundamento que la coincidencia de la 
época en que maduran esas frutas y la de la cesación de las aguas, 
que es la propicia para el desarrollo de la enfermedad. Estas fie- 
bres dan un gran contingente á la mortalidad. De los 12,989 casos 
de defunción registrados en el año de 1902, uno de los más be- 
nignos, correspondieron 2,149 á las fiebres intermitentes y las 
caquexias palustres. Los partidos en que abundan los pantanos 
son los que dan mayor contingente. 

La Malaria, como todo el mundo sabe, es producida por los 
efluvios de las comarcas cuya posición, declive del suelo, &., favore- 
cen la acumulación y estancamiento de las aguas ó de la humedad, 
en las que se verifican la generación y desarrollo de vegetales acuá- 
ticos, que al morir entran en descomposiciones sucesivas, dando 
origen á las emanaciones llamadas palúdicas. Hoy está en bog^ 
la teoría de que un mosquito es el que inocula en el hombre el 
paludismo : pero no será como productor, sino como vehículo. El 
hecho es que las calenturas palúdicas son comunes en todos 
aquellos puntos en que se generan los miasmas cenagosos y 
pantanosos. 

Casi todas las poblaciones situadas en la costa del Golfo de 
México, se encuentran rodeadas de pantanos, ó de aguas estanca- 
das, sujetas á descomposiciones periódicas, que se infectan al 



Climatología, 63 

terminar la estación de lluvias, cuando se establece la evaporación, 
dando origen á las intermitentes simples, y á las fiebres perniciosas. 

En esas regiones la constitución palúdica es endémica, y en 
períodos determinados produce los efectos de una epidemia. 

Me atreveré á apuntar una sospecha. Los desperdicios de la 
enorme cantidad de henequén que se beneficia en Yucatán, y que 
se arrojan al aire libre y entran en rápida descomposición, ¿no 
ejercerán una influencia perniciosa, siendo foco de infección ? En- 
tiendo que este punto merece estudiarse. 

Fiebre Amarilla (ó vómito prieto, vómito negro, tifo ama- 
rillo, pestilencia hemorrágica). — Esta terrible enfermedad, de la 
que ya he hablado en otro lugar, abarca la zonas de Campeche y 
de la Isla del Carmen (E. de Campeche) y la de Mérida, Progreso, 
Hunucmá, Temax, Tizimín y Valladolid (E. de Yucatán). En 
Mérida aparece en la forma endémica y se extiende á los partidos 
en forma de epidemia, atacando entonces aún á los hijos de la 
localidad, á quienes les da de un modo más benigno que á los 
procedentes de climas fríos, siendo la mortalidad entre los pri- 
meros de un 13 á un 20% de los atacados. 

Las mayores epidemias registradas desde 1850 hasta la fecha, 
tuvieron lugar en los años de 1855, 1857, 1881, 1882, 1883 y 1901. 

Es muy general entre los hombres científicos la creencia de 
que la fiebre amarilla, así como las fiebres biliosas remitentes, 
son producidas por los miasmas de las materias animales y vege- 
tales ; y que así como para la producción de la malaria se requieren 
ciertas condiciones meteorológicas y telúricas que den lugar á esa 
materia miasmática, para el paludismo marítimo tienen que con- 
currir las mismas condiciones y algunas más, tal vez. 

Este paludismo marítimo de los litorales del Golfo queda limi- 
tado á sus comarcas geográficas y topográficas, sin tendencia á 
formar focos en el interior. No obstante, hemos visto llegar el 
mal hasta Córdoba y Orizaba, en el Estado de Veracruz, en la 
forma epidémica y muy transitoria. En Yucatán, donde toda la 
tierra es baja, la extensión de la zona expuesta es mucho mayor : 
y. sin embargo, cuando penetra en el interior, es también bajo 
la forma de epidemia. 

\'iRUELA. — Esta enfermedad era desconocida en México; la 
importaron, como es bien sabido, los soldados que vinieron con 
Panfilo de Narváez. No es frecuente en la Península, pero 
cuando la ha invadido ha causado muchos extragos. Desde 1850 



64 E I Es fado de Y uc atan. 

hasta la fecha se registran allí las siguientes epidemias: años de 
1853-54; 1875; 1884; 1890-91 y 1901-1902. La vacuna se ha 
propagado enérgicamente, sobre todo desde principios del pre- 
sente siglo, y se cuida mucho de la vacunación y de la revacuna- 
ción. 

Sarampión. — Es poco frecuente en la Península, sobre todo 
en la forma grave. Sin embargo, se registran algunas epidemias 
que han sido funestas, como las de los años de 1875, ^900 y 1906. 

Neumonía. — Es más frecuente de lo que por lo general se cree, 
principalmente en los Partidos de Valladolid, Mérida, Tizimín 
y Acanceh. 

En el año de 1902 se registraron 585 defunciones causadas 
por esta enfermedad, en todo el Estado. 

Esa afección, los catarros nasales y bronquiales, son más fre- 
cuentes en el invierno, cuando soplan los vientos del Oeste, los 
que en lengua maya designan con el nombre de Chikinich. 

Afecciones de los Órganos Digestivos. — Generales en todo 
el Estado, dando el mayor contingente á la mortalidad. En el año 
de 1902, que, como he dicho, es un año relativamente benigno, 
pues sólo se registraron 12,989 defunciones contra 16,979 en el 
año anterior, hubo las siguientes debidas á estas afecciones : 

Por Diarrea y Enteritis 2,355 

" Disentería 771 — 3,126 

Como he dicho, estas afecciones son generales en el Estado, 
pero principalmente en los partidos de Mérida, Acanceh, Hu- 
nucmá, Izamal, Tixkokob y Temax. 

Tuberculosis Pulmonar. — También es una afección que causa 
grandes extragos en todo el Estado, principalmente en los par- 
tidos de Mérida y Acanceh ; el menor contingente lo dan los par- 
tidos de Las Islas, Espita, Progreso y Tizimín. En 1902 se re- 
gistraron 1,130 defunciones ocasionadas por la tuberculosis sobre 
un total de 12,989. 

Las Enfermedades que Causan Mayor Mortalidad. — Como 
se ve por lo expuesto hasta aquí, son, por orden de importancia: 
las de los órganos digestivos ; las fiebres intermitentes y caquexias 
palustres; la tuberculosis pulmonar, la neumonía, y, por último, 
la pelagra. 

Los partidos que dan el mayor contingente á la mortalidad, en 



Climatología. 6$ 

relación á su censo, son: Acanceh, Tixkokob y Las Islas. — Los 
que dan el menor contingente, son: Progreso y ValladoHd. 

Parece que hay contradicción entre los datos demográficos que 
presento adelante, lo que llevo asentado sobre la mortalidad en 
el Estado, y mi aseveración de que la tierra caliente no es tan 
mortífera como generalmente se dice. Pero hay que hacer una 
distinción entre las enfermedades reinantes en un lugar por obra 
de su propia naturaleza, y las que tienen por origen la incuria, 
las costumbres y la falta de higiene de los habitantes. 

Desde luego hay que advertir que los )aicatecos, ricos y pobres ; 
blancos, mestizos é indios; habitantes de la ciudad ó del campo, 
son la gente más limpia que hay en el mundo, en sus cuerpos, 
en sus ropas, en sus hogares y en todo. 

Nótese que la gran mortalidad la encontramos entre los in- 
fantes y allí se debe estudiar el mal y poner el remedio. Tengo 
la sospecha de que el período de la lactancia de los niños pobres 
es muy corto, que se les da de comer en edad demasiado temprana, 
y los alimentos son indigestos, de donde provienen graves com- 
plicaciones en los órganos digestivos, que acarrean la muerte. Por 
otro lado, esas gentes pobres no acuden al médico sino en caso 
extremo, cuando ya no hay sujeto; generalmente usan remedios 
empíricos ; no pueden, no quieren decir la verdad ; todo diagnóstico 
es difícil por su propia naturaleza, y tratándose de un infante es 
casi imposible. Esas son las causas principales de la gran mor- 
talidad de niños. 

£1 paludismo es otra de las causas. En Yucatán, como en todas 
nuestras costas de ambos océanos, el paludismo predomina de tal 
manera, que puede decirse que apenas hay epidemia que no se 
complique con él. Esto también tiene remedio: la desecación de 
los pantanos, la destrucción de todos los focos palúdicos. 

La ciudad de Mérida, que hasta hoy ha figurado de un modo 
tan desfavorable, era una de las poblaciones más sucias del mundo. 
Sus calles, en tiempo de lluvias, eran grandes lodazales pestíferos. 
Gracias á los enérgicos esfuerzos del actual Gobierno y de los 
habitantes, desde hace algunos meses ha sido pavimentada casi 
toda la ciudad, y en breve estará completada esa obra que, más 
que de ornato, es de filantropía, y tal vez veremos disminuir 
grandemente la mortalidad en esa capital. 

Al mismo actual Gobernador se debe la difusión de la vacuna 



66 El Estado de Yucatán. 

en inmensa escala. Desde antes que el Sr. Dn. Ol^farío Molina 
ascendiese al poder, y según me han informado, emprendió esa 
campaña de la propagación de la vacuna, con lo que en mucho 
ha disminuido el extrago que hacia la viruela. 

Enérgica campaña se ha venido haciendo también en los últímos 
años contra la fiebre amarilla, y se ha logrado redudria, y de 
seguro acabará por desaparecer de aquellas comarcas. 




CAPITULO V. 

meteorología: las estaciones. — la temperatura. — HIDROME- 



En el Estado de Yucatán no hay en verdad más que dos esta- 
ciones en el año: la de las agfuas, y la de la seca, que vienen á 
constituir el verano y el invierno, y, por lo tanto, los fenómenos 
acuosos son alli los factores principales de las estaciones, lo 
mismo que en el resto de toda la nación, siendo las intermedias, 
de primavera y otoño, meros datos astronómicos. 

Generalmente en las costas del Golfo la estación de las aguas 
sufre una interrupción, hacia la mitad del período, por la Caní- 
cula, que son veinte ó veinticinco días de seca, después de los 
cuales siguen las lluvias del equinoccio, á veces más copiosas que 
las del verano. Pero no pasa lo mismo en Yucatán, donde ese 
mes de Agosto aparece generalmente con mayor número de días 
de lluvia y mayor precipitación de agua. 

N'o es posible presentar datos muy completos sobre la meteoro- 
logía en Yucatán, porque no hay más observación que las que 
sobre algunas materias se hacían en el Observatorio del Instituto 
Literario del Estado, en Mérida. En el año próximo pasado 
(1905) establecieron un Observatorio Meteorológico en Mérida, 



El Estado de Yucatán. 



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Enero 

Febrero .... 

Marto 

Abril 

Mayo 

Agosto 

Septiembre. . 

Octubre 

Noviembre. . 
Diciembre . . 



Meteorología. 69 

y cinco estaciones en diferentes partes del Estado, enlazados con 
la red nacional, y en ellos las observaciones son generales, fre- 
cuentes, contando el de Mérida con instrumentos de precisión. 
He aquí la situación de esos establecimientos : 

Altura en Altura en 

Observatorio y Metrosdela Metros del 

Estaciones t arifnH V Lonflritud O. de Lonfdtud de Cubeta del Pluvióme- 

Mcicorolóífi- ^a"v"a "- Greenwich. Mfexico. Barómetro tro sobre 

cas. sobre el Ni- el Piso de 

vel del Mar. la Calle. 

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Valladolid 20° ^i' "16" í^° 54' 43" 9 io° 55' 2?" 8 í j. „ 

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Maxcanü 20° -í^' 16" í K ^^' ^^" 3 9° 08' 09" 2 [ 

.Maxcanu.... 20 35 lO ^ 5»» se- 29» 7 o»» 36"» 32» 6 ) * " 

L.\ Temperatura. — Toda la Península es excesivamente cálida, 
y aun en los meses de Enero y Febrero la máxima absoluta pasa 
de 30° cent., y en el verano con frecuencia asciende á 39 ** y á 
veces, aunque pocas, á 40**. 

El mes más cálido es Mayo; el menos cálido es Febrero. 

En la página 68 presento un estado de las observaciones practi- 
cadas de 1894 á 1901 en el Instituto Literario del Estado (Mé- 
rida). Termómetro Centígrado, á la sombra. 

Las Lluvias. — Por el cuadro que presento á continuación, en 
e! que constan las observaciones practicadas en los años compren- 
didos del 1894 al 1901, sobre la lluvia precipitada en Mérida, se 
verá que, por término medio, hay 99 días de lluvia al año, to- 
mando como término de comparación el año de 1899, con 75 días 
de lluvia, y el de 1898, con 124; siendo de notarse que á pesar 
de esa diferencia de 49 días á favor del último mencionado, 
la diferencia del agua caída apenas excede de m.m. 77.4 en 
favor del dicho último año, y es superior á la cantidad precipitada 
en todos los demás años del cómputo. 

En México hay, por término medio, 149 días de lluvia en el año, 
y el promedio del agua asciende á unos 658 m.m. Se calcula que 
en Tepic, costa del Pacífico, la media anual es de i m. 090; en 
Córdoba, Estado de Veracruz, 2 m. 732; en Veracruz, i m. 319; 
y en Ixtacomitán (Chiapas) 4 m. 718. 



El Estado de Yucatán 



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Meteorología. 



Observaciones Barométricas. — He aquí los cuadros de las 
observaciones hechas durante el mismo período de ocho años : 






Abril 

Septiembre. . 
Octubre. . 



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Diciembre. , . 



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759-60 
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760.08 
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758.09 
759.0a 
759-16 
757-4S 
760.15 
76a. 63 
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Septiembre. . 

Noviembre . . 
Diciembre. . ■ 



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764.36 



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76g.07 
763-35 
761.95 
765-07 
764.67 
763.30 

763.59 
767.81 



771. 8a 
768.63 
765.67 
764.95 
761.46 
763.38 
763-33 
76a. 58 
760.15 
765.77 
765 -33 
768.80 



767-74 
771.0a 
767.56 
769. ( " 

760! 68 
76a. 78 
763.14 
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761.85 
765.19 
765.17 



771.88 

767-3' 
766.30 
764-47 
761.57 
761.48 
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Febrero 










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7S6a6 

759-74 
759-14 

755-85 
753-78 
758.96 
7^-88 




Julio.!!!*.' ".^! !!'."' 






Diciembre 



43:75*-7a 

65 749-40 
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91754-85 

754-7: 
757-63 
756.89 

75S-Í4 

755-: 

756.: 



41 755 
18755 
58754 
60754 
07755 
37 755 
56758 
ai 75a 
93 756. 
99754 
46,75a 
87:756. 



75' -61 
758.70 
754.6: 



El Estado de Yucatán 



Higrometría. — He aquí el cuadro de la humedad relativa, 
observada durante los ocho años mencionados: 



tSM >9B tJM 



















73 
76 








83 






74 



Mano 

Abril 

Septiembre . . 

Ociubre 

Noviembre . . 
Diciembre . , . 



Septiembre. . 
Octubre 



Botánica, 73 



CAPITULO VI. 

botánica: caracteres distintivos. — PRINCIPALES CLASES, FAMI- 
LIAS, GÉNEROS Y ESPECIES DE LA FLORA DE LA PENÍNSULA DE 
YUCATÁN. 

Pocos son los detalles que se poseen respecto á la flora yuca- 
teca, y puede decirse, hablando en términos generales, que es 
muy escasa y pobre, y la forman en su mayor parte plantas que 
soportan con facilidad largas sequias, menos en la región meri- 
dional, donde comienzan los bosques. Y esto no es porque dejen 
las lluvias de ser copiosas, como ya lo tengo demostrado, sino 
por las condiciones del suelo, que siendo de un substrato calcáreo 
poroso, permite la rápida infiltración del agua. 

El ensayo sobre la flora yucateca que presento en seguida es 
incompleto, ni siquiera tiene pretensiones de aproximativo ; pero 
en él he reunido los datos que he podido adquirir, escudriñando 
los trabajos de los pocos naturalistas que la han estudiado, y las 
rápidas observaciones que pude hacer en los tres meses que per- 
manecí en la Península. 

Los nombres de los autores que van después de cada planta, 
indican la autoridad á que me refiero. 

ENSAYO SOBRE LA FLORA YUCATECA. 

PHANEROGAMIA — DYCOTILEDONEAS — POLYPETALAS. 

Orden Ranunculaceae, 

• 

Clcmatis americana (Houston, Shakespeare) — Campeche. 
Id. caripenses (Johnson) — Yucatán. 
Id. flammulastrum (Schott) — Uxmal, Yucatán. 

Orden Anonaceae. 

Asimina campechania — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Id. insularis — Gaumer, Cozumel. 
Cissampclos tomentosa — Campeche. 
Anona muricata. 

Orden Nymphaceae. 
Cabomba aquatica — Linden — Champotón, Campeche. 



74 El Estado de Yucatán. 

Orden Papaveraceae, 

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Argemone mexicana — Gaumer, Cozumel. 

Orden Cruciferae, 

Gúcile marítima — Linden — Campeche; Gaumer, Cozumel é Isla de 
Mujeres. 

Orden Guttiferae. 

Mammea americana — Gaumer — Cozumel. 

Orden Malvaceae, 
Sida carpinifolia — Gaumer — Cozumel. 

Orden Capparideae, 

Geone polygama — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Cai^arís amygdalina — ^Linden — Campeche. 
Corynostylis hybanthus — Johnson — ^Yucatán. 

Orden Bixineae. 

Cochlospermum hibiscoides — Kunth — Campeche. 
Xylosma nitida — ^Johnson — Yucatán. 

Orden Polygaleae. 
Polygala paniculata — ^Johnson — ^Yucatán. 

Orden Sterculiaceae. 

Ayenia magna — Linden — ^Yucatán. 
Melochia pyramidata — Gaumer, Cozumel. 

Id. tomentosa, var? — Gaumer — Cozumel. 
Guazuma tomentosa— Johnson — Yucatán. 
Corchorus siliquosus — ^Johrtson — Yucatán. 

Orden Malpighiaceae. 

Byrsonina karwinskiana — ^Johnson — Yucatán. 

Id. crassifolia — Gaumer — Cozumel. 

Malpighia campechiensis — Poir — Campeche. 
Bunchosia lindeniana — ^Johnson — Yucatán. 

Id. nitida — ^Linden — Campeche. 
Heteropterys floribunda — ^Johson — Yucatán. 
Heteropterys lindeniana — Linden — Yucatán. 

Id. longifolia — ^Johnson — Yucatán. 

Hiraea barclayana — Gaumer — Cozumel. 



i o tánic a. 75 

Orden Zygophylaceae, 
Tribulus maximus — Gaumer — Cozumel. 

Orden Rutaceat, 

Murraya exótica — Gaumer — Cozumel. 

Esenbeckia pentaphylla — Gaumer — Cozumel y Mujeres. 

Zanthoxylon pterota — Gaumer — Cozumel. 

Orden Simarúbaceae. 
Picramnia antidesma — Gaumer — Cozumel. 

Orden Geraniaceae. 
Oxalis latifolia — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Orden Celastrinae. 

Myginda pullens — Gaumer — Cozumel. 

Hippocratea (Pristimera) tenella — Gaumer — Cozumel. 

Orden Burceraceae. 
Elaphriun pubescens — Campeche. 

Orden Miliaceae. 

Swietenia mahogani — Campeche. 
Trichilia serminalis — Gaumer — Cozumel. 
Melia azedarach — Gaumer — Cozumel. 
Cedrela altemifolia — Gaumer — Campeche. 

Id. odorata — Campeche. 

Id. glaziorü — Linden — Yucatán. 

Orden Sapindaceae. 

Scrjania mexicana — ^Johnson — Yucatán 

Id. plicata — ^Johnson — Yucatán. 

Id. scatens — ^Johnson — Yucatán. 

Id. trachygona — Houston — Campeche. 
Schmidelia, sp ? — Linden — Yucatán. 

Orden Anacardiaceae. 

Spondias lútea — Johnson — Yucatán. 
Spondias ? — Gaumer — Cozumel 
Rhus metopiam — Gaumer — Cozumel. 



76 El Estado de Y ucatán. 

Orden Leguminoseae, 

Crotalaria angulata — Campeche. 

Tcphrosia cinérea — ^Linden — Yucatán ; Gaumer — Cozumel. 
Id. litoralis — Linden — ^Yucatán. 
Id. nitens. 
Robinia glabra — Campeche. 

Id. latifolia — Campeche. 

Id. maculata — Campeche. 

Id. pyramidata — Campeche. 
Aeschynomene americana — Linden — Yucatán. 
Desmodium affine — ^Johnson — Yucatán. 
Id. glabrum — Campeche. 

Id. adsandens — Gaumer — Cozumel. 

Centrosema pubescens — ^Johnson — Yucatán. 
Calopogonium caeruleum — ^Johnson — Yucatán. 
Phaseolus truxillensis — ^Johnson — ^Yucatán. 
Dalbergia campechiana — Linden — Campeche y Yucatán. 
Linchocarpus rugosus — Houston — Campeche. 
Id. violaceus ? — Gaumer — Cozumel. 

Haematoxyton campechianum — ^Johnson — Campeche y Yucatán. 
Cassia bacillaris — Johnson — Yucatán. 

Id. bicapsularis — ^Johnson — Yucatán. 

Id. reticulata — ^Johnson — Yucatán. 
Diphysa, sp nov? — Gaumer — Cozumel. 
Cracca caribaea — Gaumer — Cozumel. 
Centrosema virginianum — Gaumer — Yucatán. 
Gliricidia ? — Gaumer — ^Yucatán. 
Piscidia erythrina — Gaumer — Yucatán. 
Caesalpinia pulcherrima — Gaumer — Yucatán. 
Cassia alata — Gaumer — Yucatán. 

Bauhinia porrecta — Linden — Yucatán, Campeche, Gaumer, CozumeL 
Acacia farnesiana — Gaumer — Cozumel. 

Id. spadicigera — Gaumer — Cozumel. 

Id. macracantha — Yucatán — Campeche. 
Lysiloma ? — Gaumer — Cozumel. 
Pithecolumbium sericiflorum ? — Gaumer — Cozumel. 
Tamarindus indica — importado. 
Mimosa trijuga — ^Johnson — Yucatán. 
Calliandra portoricensis — ^Johnson — Yucatán. 
Pithecolombium albicans — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Id. ligustrinum — Johnson — ^Yucatán. 

Orden Rhamnaceae, 
Gouania stipularis — Linden — Yucatán. 

Orden Ampelideae, 

Vitis sicyoides, var. mostruosa — ^Johnson — Yucatán. 
Id. tiliaefolia — Gaumer — Cozumel. 



o tánic a. 77 

Orden Rosaceae. 
Agrimonia, sp? — Yucatán. 

Orden Crassulaceae, 
Bryophillum calycinum — Gaumer — CozumeL 

Orden Melastomaceae. 

Plcroma longifolium — ^Johnson — ^Yucatán. 
Conostegia xalapensis — ^Johnson — Yucatán. 
Clidemia petiolaris — Johnson — ^Yucatán. 

Orden Lythraceae. 
Lawsonia alba — Gaumer — Cozumel. 

Orden Combretaceae. 

Terminalia catappa — Gaumer — Cozumel. 
Conocarpus erecta — Gaumer — Cozumel. 

Orden Myrtaceae, 
Psidium pomiferum — Gaumer — Cozumel. 

Orden Passiñoraceae, 

Passiñora andersonü — Gaumer — Cozumel. 
Id. íoetida — Gaumer — Cozumel. 

Orden Cucurbitaceae. 

Momordica charantia — Gaumer — Cozumel. 
Scydium ? — Gaumer — Cozumel. 

Orden Cactaceae. 
Cereus nycticalis? — Gaumer — Cozumel. 



DICOTYLEDONEAS GAMOPETALAS. 



Orden Caprifoliaceae, 
Sambucus mexicana — Gaumer — Cozumel. 



78 El Estado de Yucatán. 

Orden Rubiaceae. 

Morinda roioc — Gaumer — Cozumel. 
Rondeletia stenosiphon — ^Johnson — Yucatán. 
Rachiacallis rapestris — Gaumer — Cozumel. 
Hamelia patens — Gaumer — Cozumel. 
Guettarda scabra — Linden — Yucatán. 
Machaonia lindeniana — Linden — Yucatán. 
Randia aculeata — Gaumer — Cozumel. 

Id. latifolia — Gaumer — Cozumel. 

Id. longiloba — Gaumer — Cozumel. 
Spermacoce echioides — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Id. laevis — Johnson — Yucatán. 

Id. tenuior — Gaumer — Cozumel. 

Coutarea octomera — Gaumer — Cozumel. 
Chiococca raccmosa — Gaumer — Cozumel. 
Emodea litoralis — Gaumer — Cozumel. 

Orden Compositae, 

Vernonia lanceolaris — Johnson — Yucatán. 

Eupatorium — ^Torrey — Yucatán; Gaumer, Cozumel. 

Ageratum intermedium — Gaumer — Cozumel 

Alomia ageratoides — Gaumer — Cozumel. 

Pluchea purpurascens — ^Johnson — Yucatán; Gaumer, Cozumel 

Melampodium divaricatum — Gaumer — Cozumel. 

Ambrosia hispida — Gaumer — Cozumel. 

Parthenium hysterophorus — Gaumer — Cozumel 

Synedrella nodiñora — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Neurolaena lobata — ^Johnson — Yucatán. 

Senecio chenopodioides — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Trixis frutescens — Perrine — Campeche. 

Erigeron canadensis — Gaumer — Cozumel. 

Melanthera hastata — Gaumer — Cozumel 

Wedelia carnosa — Gaumer — Cozumel. 

Borrichia arborescens — Gaumer — Cozumel. 

Spilanthes repens — Gaumer — Cozumel. 

Tridax procumbens — Gaumer — Cozumel. 

Flaveria linea ris — Gaumer — Cozumel. 

Orden Borragineae, 

Cordia dodccandra — ^Johnson — ^Yucatán ; Gaumer — Cozumel 
Id. peruviana ó mexicana — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Id. serratifolia — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Id. globosa — Gaumer — Cozumel. 

Ehretia tinifolia— Griesebach — Yucatán. 

Heliotropium campechianum — Humboldt y Bompknd — Campeche. 

ídem inundatum — ^Johnson — Yucatán; Gaumer — CozumeL 

ídem parviflorum — ^Johnson — Yucatán; Gaumer — Cotumel 



botánica, 79 

Orden Convolvulaceae. 

Ipomoea (Calonyction) bona-nox — Gaumer — Cozumel. 
ídem (Pharbitis) jamaicensis — Gaumer — Cozumel. 
ídem pes-caprae — Gaumer — Cozumel. 
Jacquemontia violácea — Gaumer — CozumeL 
Cuscuta americana — Gaumer — Cozumel. 

Orden Solanaceae, 

Solanum campechiense — Houston — Campeche. 

ídem cortex-virens — Campeche. 

ídem torvum — ^Johnson — Yucatán. 

ídem amazonium — Gaumer — CozumeL 

ídem nigrum — Gaumer — Cozumel. 

ídem verbasdfolium — Gaumer — Cozumel. 
Capsicum .baccatum — Gaumer — CozumeL 
Datura stramonium — Gaumer — CozumeL 
Cestrum diurnum — Gaumer — CozumeL 

Orden Scrophularineae. 

Russelia sarmentosa — Gaumer — CoztTmeL 
Herpestis monniera — Gaumer — CozumeL 

ídem chamaedryoides — Gaumer — Cozumel. 
Capraria biflora — Gaumer — Cozumel. 

Orden Bignoniaceae, 

Bignonia diversifolia — Humboldt y Bompland — Campeche; Gaumer-^ 

Cozumel. 
Bignonia floribunda — Humboldt y Bompland — Campeche, 
ídem pubescens — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Parmentiera edulis — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Orden Pedalineae, 
Martynia diandra — ^Johnson — Yucatán. 

Orden Acanthaceae, 

Dianthera comata — ^Johnson — Yucatán. 
Bidiptera assurgens — ^Johnson — ^Yucatán. 
Blcchum brownei — Gaumer — CozumeL 
Bravaisia tubiflora — Gaumer — Cozumel. 

Orden Primulaceae. 

m 

Samolus ebracteatus — Linden — Yucatán. 

Orden Campanulaceae. 
Isotoma longiflora — Gaumer — CozumeL 



8o El Estado de Yucatán 

Orden Myrsineae. 

Parathesis crenulata — ^Johnson — Yucatán. 
Jacquinia aristata — Gaumer — Cozumel. 
ídem caracasana — Gaumer — Cozumel. 

Orden Sapotaceae. 

Lúcuma campechiana — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Achras sapota — ^Linden — ^Yucatán. 

Lúcuma Bomplandia — Campeche y Yucatán. 

Dyospiros nigra — Campeche y Yucatán. 

Brumelia retusa — Gaumer — Cozumel. 

Sapota elongata — Campeche. 

Orden Apocynaceae. 

Tabernamontana litoralis — Humboldt y Bompland — Campeche. 

ídem acapulcensis — Gaumer — CozumeL 

Echites torulosa (Houston) ; Schott — Campeche. 
Thevctia gaumeri — Gaumer — Cozumel. 

Orden Asclepiadeae. 

Philibertia lindeniana — Linden — Yucatán. 

Macroscepis rotata — Linden — Yucatán. 

Gonolobus barbatus — Humboldt y Bompland — Campeche. 

Asclepias curassavica — Gaumer — Cozumel. 

Marsdenia maculata — Gaumer — Cozumel. 

Orden Hydrophylaceae. 
Hydrola glabra — ^Johnson — Yucatán. 

Orden Gentianaceae, 
Eustoma exaltatum — Gaumer — Cozumel. 

Orden Verhenaceae. 

Lippia origanoides — Johnson — Yucatán. 

ídem nodiflora — Gaumer — Cozumel. 
Bouchea eherenbergii — Linden — Yucatán. 
Petraea — ^Johnson — Yucatán. 
Qerodendron ligustrinum — Johnson — Yucatán. 
Lantana cámara — Gaumer — Cozumel. 

ídem involucrata — Gaumer — Cozumel. 
Lippia stoechadifolia — Gaumer — Cozumel 
Stachytarpheta jamaicensi — Gaumer — Cozumel. 
Priva echinata — Gaumer — Cozumel. 
Duranta plumeri — Gaumer — Cozumel. 
Callicarpa acuminata — Gaumer — Cozumel. 
Avicennia tomentosa — Gaumer — Cozumel. 



Botánica. 8i 

Orden Labiatae 

Ocimum campechianum — Miller — Gimpeche. 
Hyptis capitata — ^Johnson — Yucatán. 
M icromeria bro wnei — Gaumer — Cozumel. 
Salvia serótina — Gaumer — Cozumel. 



MONOCLAM IDEAS. 

Orden Amarantaceae. 

Iresine celsioides — ^Johnson — Yucatán ; Gaumer — Cozumel. 
Mogiphanes straminea — Gaumer — Cozumel. 

Orden Nyctagineae, 
Boerhavia erecta — Gaumer — Cozumel. 

Orden Phytolaccaceae, 

Villamilla octandra — ^Johnson — Yucatán. 
Agdestis clematidea — Linden — Yucatán. 
Rivina humilis — Gaumer — Cozumel. 

Orden Piperaceae, 
Piper yucatanense — Linden — Yucatán. 

Orden Euphorbiaceae. 

Phyllanthus acuminatus — Linden — Yucatán. 

ídem glaucescens — Humboldt y Bompland — Campeche. 

ídem nutantis ? — Gaumer — Cozumel. 
Crotón cortesianus — Humboldt y Bompland — Campeche, 
ídem maritimus — Humboldt y Bompland — Campeche, 
ídem astroites ? — Gaumer — Cozumel. 
Manihot aesculifolia — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Ricinus communis — Campeche y Yucatán. 
Dalechampia ñmbriata — Campeche y Yucatán. 
Euphorbia heterophyla — Gaumer — Cozumel. 

ídem . hypericifolia — Gaumer — Cozumel. 

ídem pilulifera — Gaumer — Cozumel. 

ídem trichotoma — Gaumer — Cozumel. 

Orden Polygonaceae, 

Antigonon leptopus — Gaumer — Cozumel. 
Coccolobo cozumelensis — Gaumer — Cozumel. 
ídem urifera — Gaumer — Cozumel. 



El Estado de Yucatán. 



Orden Laurineae. 
Nectandrawilldenowiaiía — Gaurner — Co7uniel. 

Orden Uriicaceae. 
Celtis laevigata — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Chiorophora chiorocarpa — Lind en — Ca mpech e. 
Brosimum aliscatr um — Lin de n — Y ucat án. 
Urera míe roca rpa — Johnson— Yucatán. 



M O NOCOTVLEDONEAS. 

Orden Brotneüaceae. 

Aechmea laxtflora — Schott — Yucatán. 
Hechtia achotti— Schott— Yucatán. 
Tillandsia filifoli a — Joh n son — Yucatán . 

ídem polysl achia — Johnson — Yucatán. 

ídem vestila — Johnson — Yucatán. 

Orden Irideae. 
Tigridia violácea — Linden — Yucatán. 

Orden AmaryUideae. 
Zephyranthes nervosa — Humboldt y Bompland — Campeche. 
Hippeastrum equestre — Johnson — Yucatán ; Gaumer — CozumeL 
Agave — Zaccí. 



Idem-Chucum 


ídem— Yaaxcí. 


ídem— Cittamc 


ídem— Cahum, 


ídem- Chelem. 


ídem— Pitaú. 


ídem — Babquí. 



iedades del Henequén. 



Orden Di, 
speculiflora — Linden — Yucatán. 

Orden LiUaceae. 



Orden Commelinaceae. 
Callisia repens — Scholt — Yucatán. 
Commelina erecta — Gaumer — Cozumel. 



I 



84 El Estado de Y uc atan. 

Orden Palmae, 

Thrinax parvíflora ? — Gaumer — Cozumel. 
Chamaerops humilis — Campeche y Yucatán. 

Orden Cyperaceae, 

Cyperus aristatus — Schott — Yucatán, 
ídem ligularis — Gaumer — Cozumel. 
ídem thyrsiflora — Gaumer — Cozumel. 

Orden Graminea, 

Paspalum lineari ? — Campeche. 
Panicum compactum? — Campeche. 

ídem sanguinale — Gaumer — Cozumel. 

ídem lindeni — Linden — Yucatán. 
Setaria aur icul ata — ^Linden — Campeche, 
ídem penincilata — Linden — Campeche. 
Cenchrus pillosus — ^Linden — Campeche. 
Zea mays — Campeche — ^Yucatán. 
Bambusa vulgarís — Campeche — Yucatán. 
Eleusine indica — Gaumer — Cozumel. 
Eragrostis ciliaris — Gaumer — Cozumel y Mujeres. 

Orden Filices. 
Pteris aquilina — Gaumer — Cozumel. 



SINONIMIA VULGAR Y CIENTÍFICA, PROPIEDADES Y USOS DE VARIAS PLANTAS 

CARACTERÍSTICAS DE LA ZONA. 

Nombre Vulgar. Nombre Maya. Nombre Cientifico, Utos y Propiedad*», 

Achiote Kuxub Rixa orellana, L .Tintórea. 

Asnuacate On Persea gratissima, Gaern Frutal. 

Albahaca Xcacaltün Ocimun basilicum, L Medicinal. 

Algodón Yubte Gossypum herbaceum, L Textil. 

ídem ídem ídem arboreum, L Textil. 

ídem amarillo Chub ídem, sp.? Textil. 

Amapola Xcuche Papa ver. sp.? Ornamental, Medicinal. 

Anona Op Anona glabra, L Frutal. 

Afiil Cnoh Indigofera citisoydes, Thumb. Tintórea. 

Aroma (véase Scantirís). 

Balaché Balachfe ] ^^^^Jjl '•'^»' fabricaban 

Bálsamo del Perú Naba Myrospermum peruyferum . . . Medicinal. 

Bohom Bohoro Madera dura y flexible. 

Cabalhau Cabalhau Verba febrífuga, 

OJMUicak Cabaxkak Tintórea. 

Calaba la Rum Cucurbiu, sp.? Comestible. 

Uam Lee ídem, sp.? 

"«^peqoefia Xmehenkum... Idem,sp.? Comestible. 

B 6 batata Iz Convolvulus batata, Chois. . . . Comestible. 

•cbe (viase Palo de). 

1*. Kanisté Sapota elongata, Gaern Frutal. 

ibo Cantumbus .... Especie de camomila Medicinal. 



Botánica. 85 

Ncmbre Vulgar. Nombre Maya. Nombre Científico, Usos y Propiedades. 

Cafia de azúcar Sacharum officinarum. L Sacarífera. 

Caoba Swietenia mahon^ni, L Ebanistería. 

Cat Cal Fruul. 

Cauím Catzim Madera. 

Ceiba Yaxche Eriodendron anfractuosum, L. Sombra. 

Cempasúchil Xpuhuc Tafiletes erecta, L Ornamental, Medicinal. 

Conche Conche Sombra. 

Ciruela verdona Nucabal Spondia, L Frutal. 

ídem morada Cabacabal ídem purpurea Frutal. 

ídem colorada Ixhoven ídem Frutal. 

ídem amarilla Iznarrabal ídem lútea Frutal. 

ídem verde Ixchiabal ídem Frutal. 

Cocotero Cocos nucífera, L Varios usos. 

Copal Pom Ellaphrum copaliferum, DC... Aromático. 

Coyol Tur Castus glabratus FniUl. 

Chacté Chacté Madera preciosa. 

Chacsikín Chacsikín Bellas flores. 

Cbanxnuc Chanxnuc Tríbulus terrestris, L 

ídem ídem ídem trijugatus, Nuite 

Cboch Choch Frutal. 

Chaya Chay Comestible. 

Chico-zapote Ya Achras sapota. Mili Frutal, de construcn. 

Chioplé Chioplé Aromática. 

Chichibé Chichibé Sida acuU, L 

Chobenché Chobenché Madera fuerte. 

Chile grande Xcatic ? Capsicum Alimenticia. 

ídem chico Xmaxic Alimenticia. 

ídem de la tierra . . . Ahmax Alimenticia. 

Chiroay Chimay Madera. 

Chirimoya ] ^^i^J^ ,^ } Anona cherimolia ? Lamk FruUl. 

ídem Pox Anona, sp.? Frutal. 

Chucum Chucum Madera. 

Chulul Chulul Robinia, var.? Construcción. 

3icich¿ Dioiché Aromático. 

3izmuc Dizmuc Madera. 

"lamjrah pumyah Yerba medicinal. 

Uoradilla Muchkoc. . . . Ceterach officinarum, DC Medicinal. 

Ébano Er ? Dyospiros ebenum, Retz Ebanistería. 

Flor blanca Xtuhay Plumeria púdica, Jaq. Ornamental. 

ídem morada Chacnité ídem purpurea, R. P Ornamental. 

ídem roja Sabacnité ídem rubra, L Ornamenul. 

Fríjol Bul Phaseolus vulfi^arís, L Alimenticia. 

Guaco de Mérida Aristolochia pentandria, L Medicinal. 

Guanábana Anona muricata, L Frutal. 

Guaya Uayam óuayumMelicocca bijura, L Frutal. 

Guayaba Psidium pommiferum, L Frutal. 

Guajracán Zoon Guajracum verticale, Ort Medie, construc. 

Güira de Yucatán Luch ? Crescentia cujete, L Para jicara. 

Henequén Cí Ajjavc ri«rida Textil. 

ídem blando Zaccí ídem, var Textil. 

ídem, Ídem, var? Chucumcí ídem, var Textil. 

ídem verde Yaaxcí ídem, var Textil. 

ídem, var Cittamcí ídem, var Textil. 

ídem, Ídem Cahum ídem, var Textil. 

ídem, Ídem Babquí, ídem, var Textil. 

ídem, Ídem ^^^7 ídem, var Textil. 

ídem, ídem (raro) Pitacf. ídem, var Textil. 

ídem. ídem (silvestre)Chelem ídem, var Textil. 

Hiipicrilla Xkooch Riccinus communis, L Oleífera, Medicinal. 

Icabán Icabán Planu venenosa. 

Íabin Habín Robinia, sp.? Madera muy dura, 
fcama Chicam Dolichus tuberosus, Delam Comestible. 
Cumché Kumché FruUl. 

Lancana Lantana aculeata 

Laurel de la India Ficus indica, Lamk Ornamenul. 

^^ 'a^pSu)^"!^.' [ Kuiché Carolinca princeps, L Ornamenul. 

Lima* Citrus llmetu, Ris Fruul. 

Limón ídem limonum, ídem Frutal. 

Lirio blanco Xzulá Lilium candidum, L Ornament., Medicin. 

ídem rojo ídem ídem buliferum, L Ornament., Medicin. 

Llantén PlanUfro media, L M edicinal. 

Maíz Zea mais. L Alimenticia. 

Mamey (zapote) Chachac haaz. . Lúcuma bomplandia, Kunth. .. FruUl. 

Náncenes Chí Malpighia «rlabra, L Fruul. 

Naranjo dulce Citrus auraniium, L Fruul. 

ídem agrio ídem vulur^^ris, Fruul. 



86 E I Es tad o d e Y u c ata n. 



Nontbre Vulgar. Nombre Maya. Nombrt Cientifico. Use* y Propitdmdes. 

Naranjo cagúele ídem, var. Oifbrído) Frutal. 

Ñame Macal Dioscorea sativa, L Alimenticia. 

Ortiga Lalmuch Urtica urens, L Urticante. 

Palma real Oreodoxa regia, H. B. K Ornamental. 

Palma-christi (véase Higuerilla). 

Palma yucateca Chamaerops humilis. L Ornamental. 

Palo amarillo Canche Berberis bipinnata, H. B. K 

ídem de Campeche. .Chaclé?.. .. Haematoxylon chianum, L Tintórea. 

ídem mulato Chacah Zantoxylon pentanome, D. C . . Medicinal. 

ídem blanco Canchunuc Construccióil. 

ídem, Ídem Yaxnic Construccidn. 

ídem colorado Veche Guarea humilis? Best Construccidn. 

Papaya Carica papaya, I Frutal, MedicinaL 

Plátano largo Musa paradisiaca, L Alimenticia. 

ídem manzano ídem cambure Alimenticia. 

Pomolché Pomolché Planta medidiia]. 

Pich Pich Madera. 

Ppopoox Ppopoox Única, sp.? Urticante. 

Ramón Ox Trophis americana Forraje, Medidnal, A. 

Saúco amarillo Kanlol Tecoma stans, Juss Medicinal. 

Scantirís Xcantirix Acasia farmesiana, L ídem y Medicinal. 

Sensitiva Mimosa púdica, L Medicinal. 

Serjania .¡ ^'¿l^^^^ .'""^I'f"*: ^^'^^^.\ \ Medicinal. 

Sida Sida carpinifolia, L Medicinal. 

Silil Silil Madera. 

Sibul Sibul Madera. 

Sipché Sipché Madera. 

Sinicché Sinicché Madera. 

Suiche Suiche Madera. 

Subín Subín Madera. 

Tabernamontana Tabernamontana litoralis, H. B. K 

Tamarindo Tamarindus occidentalis, L Medie, Frut. 

Tamay Tamay Madera. 

Tomate de comer Ph^'salis costomatl, DC Comestible. 

Trébol Cbiople Tnfolium arvensis ? L 

Toronja Citru» magnus, Ris Frutal. 

Tzalam Tzalam Madera preciosa. 

Tzitz Tzitz Tintórea. 

Uzpib Uzpib Frutal. 

Xoltexmic Xoltexmic Planta medicinal. 

Xubentún Xubentún j Enr^adera, flores melí- 

Xuul Xuul Madera fuerte. 

Xhail Xhail Madera fuerte. 

Yaxhabin Yaxhabin \^\\S^ *** constnic- 

Yayax Yayax ó Yazul Tintórea. 

^ nílJro) ^?*.*^^^ *'*[Polboch Anona excelsa, H. B. K Frutal. 

Yaxhalalché Yaxhalalché . . . Árbol de savia corrosiva 

Zapote Domingo Mammea americana, L Frutal. 

2Uirzaparrílla Anakil Smilax sarsaparrilla, L Medicinal. 

Muchas de estas plantas son importadas, como la palma de 
COCO, el tamarindo, la caña de azúcar, el zapote de Santo Domingo, 
las naranjas, &., y se han aclimatado perfectamente en Campeche 
y Yucatán. 

Estos datos son muy incompletos, pero son los únicos que he 
podido recoger, y los doy por lo que valgan, dejando á otros más 
inteligentes y que se hallen en mejores condiciones que las mías, 
el cuidado de completar la labor. 

No garantizo la exactitud de los nombres mayas, ni su orto- 
grafía. 




Palacio de los Falos, Chacmulti 



CAPITULO VIL 



zoolocIa: fauna indIgena. — animales exóticos domésticos. 



No existe la paleontología yucateca, y lo más probable es que 
sólo haya en la Península algunos moluscos fósiles. 

Pero en cambio su fauna es bastante extensa, y se han hecho 
algunos estudios respecto á ella, que son de interés. 

La lista de los insectos resultaría demasiado larga. Baste decir 
que entre los Ortópteros abundan los forñculideos, distinguiéndose 
la Forñcvla lugubris y la Sphíngolabes taeniaia; algunos blatttdeos 
(las cucarachas) ; varios acridídeos y grillideos. 

Entre los Heminópteros se distinguen los apideos, tales como 
las abejas y los jicotes; vespideos y formicideos. 

Los Coleópteros, orden el más numeroso de la entomología, 
puesto que hay catalogadas más de 77,000 especies, se encuentra 
bien representados en los escarbideos, silñdeos, nicróforos y can- 
tarídeos. Entre los lampirideos tienen las luciérnagas {Photinas 
crassata) ; entre los elaterideos el cocuyo {Pyraphorus noctilicus). 

De los Neurópteros se distinguen la familia de las libélulas y la 
de los mirmelonideos. 

Los Dípteros abundan también ; miríadas de tipulideos hacen 
penosa la vida en la época de las aguas; así como los tábanos 



88 El Estado de Y ucatán. 



(Tabanus tropicus) las moscas (Musca, sp. nov.?) las pulgas 
(Pulex irritans) y la nigua de tierra caliente (Rhynchoprion ó 
Dermatophilus penetrans). 

Clase Arácnida. — En el orden de los Escorpionideos se en- 
cuentran el Centuroides achraceus, el margaritatus y el gracüis. 

En el orden de los Pedipalpos se distingue el Hemiphrynus 
raptator. 

En el orden de los Araneidos: las tarántulas (Mygale), de las 
que hay tres variedades, cuyos nombres mayas son: Chivoh, que 
es negra y roja ; Tzitún, que es bermeja ; y Am, que es muy negnu 

En el orden de los Acarideos, constituyen otra verdadera plaga, 
sobre todo en tiempo de secas, las garrapatas (Ixodos) y los tun- 
ca tos (Argos turicatá). 

Clase Reptiles. — Es numerosa, sobre todo en el orden de los 
Ofidianos, figurando entre los más venenosos los llamados en 
maya Ixhun pezrin (que algunos tienen por de la familia de los 
escorpiones ( ?) ) ; el Taxinchan (que tiene unos 15 centímetros de 
largo) ; el Cocob (que otros llaman Cokis) ; el Haucán y el Cayum. 

He aquí un pequeño ensayo sobre esta Qase : 

Orden Chelonia. 

Emys punctularia Yucatán. 

Dermatemys mawii Campeche, Yucatán. 

Staurotypus triporcatus Campeche 

Orden Lacertilia, 

Cnemidophorus scx-üncatus Yucatán. 

Mabuia agilis Yucatán. 

Anolis beckeri Yucatán. 

Id. aurcolus Yucatán. 

Id. ustus Yucatán. 

Id. uniformis Yucatán. 

Corjrthophanes hernandensii Yucatán. 

Iguana rhinolophus Cozumcl. 

Ctcnosaura acanthura Cozumel, Yucatán. 

Id. completa. Yucatán, Cozumel, Mujeres. 

Id. defensor Yucatán. 

Sceloporus smaragdinus Yucatán. 

Id. chrysoctictus Yucatán. 

Id. scalaris CozumcL 

Id. serrifer Yucatán. 

ArostelHger pracsignis Cozumel, Yucatán. 

Sphaerodactylus glaucus Mérida. 

Coleonyx elegans Yucatán. 



Zoología, 89 

Orden Ophidia, 

Typhlops microstomus Yucatán. 

Geophis chalybaea Yucatán. 

Ficimia publia. Yucatán. 

Coronelía annulata. Yucatán. 

Coluber triaspis. Yucatán. 

Id. flavirufus Yucatán. 

Spilotes coráis Yucatán. 

Id. salvini Yucatán. 

Zamenis melanolomus Yucatán. 

Leptophis mexicanus Yucatán. 

Tropidonotus saurita. Cozumel. 

Hypsiglena torquata I. del Carmen. 

Tropododipsas dunerílii Yucatán. 

Mesopeltis sanniolus Yucatán. 

Homalocranium canulum Yucatán. 

Bergenia mexicana, var Yucatán. 

Tachymenis pucivittis Yucatán. 

Conophis lineatus Yucatán. 

Oxyrrhopus cloelia Yucatán. 

Leptodira yucatanensis Cozumel, Yucatán. 

Id. polysticta Yucatán. 

Dipsas splendida Yucatán. 

Id. tenuissima Yucatán. 

Dryiophis acuminata Yucatán. 

Id. fulgida Yucatán. 

Elaps coralinus Yucatán. 

Ancistrodon bilineatus Yucatán. 

Bothriechis lansbergii Yucatán. 

CLASE BATRACHIA. 

Orden Batrachia Salienticu 

Hylodes laticeps Yucatán. 

Bufo marinus Cozumel, Yucatán. 

Rhinophrynus dorsalis Campeche. 

Hyla baudini Cozumel, Yucatán. 

Tríprion petasatus Yucatán. 

Orden Batrachia caudata, 
Spelerpes yucatanus Yucatán. 

CLASE MOLLUSCA. 

Cydotus ( Aperostoma) dysoni Campeche. 

Id. var. berendtl Campeche. 

Chondropoma largilllerti Campeche, Mérída. 



90 El Estado de Yucatán, 

Helicina tenuis Yucatán. 

Id. arenicola Sisal. 

Id. amoena Campeche. 

Id. lirata Cozumel. 

Glandina carmensis I. del Carmen. 

Id. largillierti Campeche, Mérida. 

Streptostyla ventricosula Yucatán. 

Id. meridana Yucatán. 

Guppya gundlachi I. del Carmen. 

Pseudohyalina minúscula I. del Carmen. 

Fatula conspuscartella Mérida, Tunkas, Tekanto 

Helix punctum Mérida. 

Id. granum, sp. albina Progreso. 

Id. coactiliata Tunkás, Labná. 

Polygira yucatanea I. del Carmen. 

Id. oppilata Playas de Yucatán. 

Ortalichus princeps Yucatán. 

Id. ferussaci Yucatán. 

Otostomus, var. hyalino-albidus Yucatán. 

Id. multilineatus Yucatán. 

Id. superastrum Sisal. 

Id. cucullus Sisal. 

Id. moricandi Yucatán. 

Id. tropicalis Campeche, Yucatán. 

Bulimulus coriaceus Yucatán. 

Id. id. var. ignavus Yucatán. 

Id. dysoni Yucatán. 

Macroceramus concisus Izamal, Mérida, &. 

Subulina octona, var. strebeli Izamal, Campeche. 

Physa impluviata, var. bocourti Yucatán. 

Id. cistemiana, var. minor Yucatán. 

Id. id. var. ventrosior. Yucatán. 

Id. id. var. gracilis Yucatán. 

Id. princeps Yucatán. 

Id. id. var. pallens Yucatán. 

Id. spiculata, var. tapanensis Yucatán. 

Planorbis caribaeus Yucatán. 

Id. orbiculus Yucatán. 

Id. retusus Yucatán. 

Id. obstructus Yucatán. 

Ampullaria flagellata, var. arata Yucatán. 

Amnicola coronata Yucatán. 

Id. id. var. crystallina Yucatán. 

Neritina lineolata Yucatán. 

Id. virginea Yucatán. 

Id. viridis Yucatán. 

Metaptera scutulatus Yucatán. 

Anodonta lurulenta Yucatán. 



Zoología. 



91 



Cyrenocapsa salmacida Yucatán. 

Melampus coffea. Yucatán. 

Ccrithidea costatus Yucatán. 

Littorinopsis angulifera Yucatán. 

Id. nebulosa Yucatán. 

Ncritina veridis Progreso. 

Polymesoda salmacida Yucatán. 

Cyclotus dysoni Norte de Yucatán. 

Chondropoma largillierti Carmen, Mérida, &. 

Hclicina lirata Labná. 

Glandina largillierti Mérida, Tikul, &. 

Oryzosoma tabiense Tabí. 



Strix perlata, 
Bubo virginianus 
Scops guatemalae 
Cicaba virgata 
Glaucidium phalaenvides 

Pandión haliaetus 
Circus hudsonius 
Accipiter bicolor 

Id. vclox 
Geranospizias niger 
Buteo albicaudatus 

Id. borealis 

Id. brachyurus 
Asturina plagiata 

Rupomis ruñcauda 

Unibitinga ridgwayi 

Id. anthracina 
Spizastur melanoleucos 
Leptodon cayennensis 
Regerhinus uncinatus 
Ictinea plúmbea 
Micrastur melanoleucos 
Herpetotheres cachinnans 

Falco ruíigularís 

Id. fusco-caerulescens 

Id. columbarius 
Tmnunculus sparverius 



CLASE AVES. 

Orden Striges. 

familia Strigidae. Calotmul (Yucatán). 

id. Asionidae N. de Yucatán. 

id. id Tizimin (Yucatán). 

id. id Norte de Yucatán. 

id. id Cozumel, Mérída, Tun» 

kás, &. 

id. id Holbox, Cozumel. 

id. Jalconideae Progreso, Izalam. 

id. id Mérida, Tizimin, Peto. 

id. id Tabí, Mérida, Chable. 

id. id Buctzotz, Peto. 

id. id Mérida. 

id. id Mérida. 

id. id Cozumel. 

id. id Tizimin, Peto, Yok* 

satz, &. 
id. id Campeche, Cozumel^ 

Peto. 

id. id Mérida, N. de Yucatán. 

id. id Cozumel, Mérida, &. 

id. id Tizimin. 

id. id Izalam. 

id; id Buctzotz. 

id. id Tizimin. 

id. id Yucatán. 

id. id N. de Yucatán, CHiiii- 

chen-Itza. 

id. id Mérida, Chichen-Itza. 

id. id Yucatán. 

id. id Cozumel, Mujeres. 

id. id Mérida, Tabi, &. &. 



93 El Estado de Yucatán. 

Polyborus cheriway, íam. Jalconideae Mérída, IzamaL 

Catharista atrata id. Sarcorhamphidae Yucatán. 

Cathartes aura id. id. Todo Yucatán. 

Sarcorhamphus papa id. id 

Orden Steganopodes. 

Fregata aquila, íam. Fregatidae G>zumel, Yucatán. 

Pelecanus íuscus id. Pelecanidae. Progreso. 

Phalacrocorax mexicanus, id. Phalacrocoracidea.CozumeL 

Plotus anhinga id. Plotidae. Progreso, CozomeL 

Orden Heriodones. 

Árdea- herodias, íam. Ardeidae Progreso, Mérida, &. 

Id. egretta id. id Cozumel, G>stas de Yu- 

catán. 

Id. candidissima id. id. Progreso, Mérída» G>- 

zumeL 

Id. tricolor id. id Progreso, CozumeL 

Id. caerulea id. id Cozumel, Yucatán. 

Id. virescens id. id. N. de Yucatán* CozumeL 

Nictanassa violácea id. id. CozumeL 

Tigrisoma cabanisi id. id N. de Yucatán, CozumeL 

Cancroma zeledoni id. Cancromidae N. de Yucatán, CozumeL 

Tantalus loculatur id. Ciconidae. CozumeL 

Platalea ajaja id. Plataleidea. Rio Lagartos, CozumeL 

Eudocimus albus id. Ibididae CozumeL 

Orden Phoenicopteri 

Phoenicopterus ruber, íam. Phoenicopterídae. . . . Rio Lagartos, N. de Yu- 
catán, Costas. 

Orden Anseres, 

Carina moschata, íam. Anatidae CozumeL 

Dendrocycna autumnalis id. id Cozumel. 

Querquedula discors id. id Progreso, Cozumel, Mu- 
jeres. 
Fuligula aíHnis id. id Progreso. 

Orden Columbae, 

Columba leucocephala, íam. Columbidae CozumeL 

Id. speciosa id. id. Tizimin. 

Id. ñavirostrís id. id. Yucatán. 

Zenaidura carolinenses id. Peristerídae CozumeL 

Zenayda yucatanensis id. id. Las costas y las islas. 



Zoo logia. 



93 



Melop«lia leucoptera, íam. Peristeridae Mérida, Izatnal, las 

islas, &. 

Chamaepelia passerína id. id General en Yucatán. 

Id. niñpennis id. id General en Yucatán. 

Pcristera cinérea id. id. Norte de Yucatán. 

Leptoptila brachyptera id. id. Yucatán. 

Id. f ulviventres id. id General en Yucatán. 

Id. gaumerí id. id General en Yucatán. 

Geotrygon montana id. id. Norte de Yucatán. 

Orden Gallinae, 

Crax globicera, fam. Cracidae N. de Yucat, G)zunieL 

Penelope purpurascens id. id. Yucatán. 

Ortal» vetula id. id Yucatán las islas. 

Meleagrís ocellata id. Meleagridae General en Yucatán. 

£upsychortyx nigrogularis id. Phasiamidae.... General en Yucatán. 

Dactylortyx thoradcus id. id. .... Tizimin, Peto. 

Odontophorus guttatus id. id. .... Yucatán. 



Rallus virginianus, 
Aramides axilarís 
Porzana Carolina 
Creciscus ruber 
Gallinula galeata 
Porphyríola martinica 
Fúlica americana 
Aramus pictus 
Grus canadensis 



Asarcia variabilis, 
Arenaria interprís 
Haematopus palliatus 
Ochthodromus wilsoni 

Oxyechus vociferus 

Aegialeus semipalmatus 
Aegialitis nivosa 



Orden Geranomosphae. 

fanL Rallidae Tizimin. 

id. id Bocas de Silan. 

id. id Progreso, CozumeL 

id. id Cozumel. 

id. id Yucatán, CozumeL 

id. id Cozumel. 

id. id Cozumel. 

id. Aramidae. Cozumel. 

id. Gruidae Tizimin. 

Orden Limicolae. 

fam. Parridae Yucatán, Cozumel. 

id. Charadriidae Cozumel, Mujeres. 

id. id. N. de Yucat., CozumeL 

id. id. Progreso, Holbox, Co- 

zumel. 

id. id. Sisal, Progreso, Peto, 

Cozumel. 

id. id. CozumeL 

id. id. . . ^ . . . Celestin. 



Stema cantiaca 
Id. máxima 



Orden Gaviae. 

fam. Laridae Celestún, CozumeL 

id. id Cozumel, Mérida, R. La- 
gartos. 



94 ElEstadodeYucatán. 

Rhynchops nigra, fam. Laridae Cozumel, Progreso, R 

Lagartos. 

Id. melanura id. id CozumeL 

Larus franklini id. id Progreso. 

Id. atrícilla id. id Progreso, CozumeL 

Id. argentatus id. id Progreso. 

Orden Pigopodes. 

Podicipes dominicus, fam. Podicipedidae Buctzotz, CozumeL 

Podilyrabus podicipes id. id. Yucatán. 

Orden Crypturi, 
Crypturus goldmani, fam. Tinamidae Izamal, Peto, Buctzots. 

Orden Passeres. 

Todirostrum cinereum, fam. Tyrannidae Mujeres. 

Oncostoma cinereigulare id. id Peto, Tizimin. 

Myiopagis placens id. id Mérida, Mujeres, Co- 

zumeL 

Omithion imberbe id. id Mérida, CozumeL 

Elainea pagana id. id Peto. 

Id. martinica id. id Mujeres, CozumeL 

Myiozetetes similis id. id Tabi, Buctzotz, Peto, 

Mérida, Cozumel. 

Pitangus derbianus id. id Tabi, Buctzotz, Mérida, 

&. 

Myiodynastes luteiventris id. id Buctzotz. 

Id. audax id. id Buctzotz. 

Megarhynchus pitangua id. id Mérida, Peto, Buctzotz. 

Muscívora mexicana id. id Mérida, Panabó. 

Myiobius sulphureipygius id. id CozumeL 

Pyrocephalus rubineus id. id N. de Yucatán, CozumeL 

Empidonax trailli id. id Mérida. 

Id. minimus id. id Mérida, Peto, Holbox, 

Mujeres, CozumeL 

Contopus brachytarsus id. id Mérida, CozumeL 

Myiarchus magister id. id Peto, Buctzotz, CoztuneL 

Id. yucatanensis id. id Tabi, Mérida, CozumeL 

Id. lawrencii id. id Mérida, Peto, CozumeL 

Tyrannus pipiri id. id Tizimin, Buctzotz, Co- 

zumeL 

Id. melancholicus id. id General en Yucat y las 

Islas. 
Id. magnirostris id. id Mujeres. 



V V » 1/ 



» i* • 



yo 



Piprites mentalis, íam. Tyrannidae Tizimin, Meco, Mujeres. 

Tityra semifasciata id. Cotingidae Mérida. 

Id. albitorques id. id Tizimin. 

Hadrostomus aglaiae id. id General en Yucatán. 

Sínallaxis erythrothorax id. Dendrocolaptidae..£ste de Yucatán. 

Dendrocinela anabatina id. id. ..N. de Yucatán. 

Id. homochroa id. id. ..N. de Yucatán, las Islas. 

Sittosomus olivaceus id. id. ..N. de Yucatán. 
Dcndromis eburneirostris id. id. ..N. de Yucatán, Peto, &. 

Thamnophilus doliatus id. Formicaridae Mérida, las Islas, &. 

Formicarius monilíger id. id. Tizimin. 

Orden Machrochiris. 

Chlorostilbon caniveti, fam. Trochilidae N. Yucatán, &. 

Lampomis prevosti id. id General en Yucatán é 

Islas. 

Agyrtia candida id. id Temax. 

Amazilia cinnamomea id. id Mérida, Holbox. 

Id. devillii id. id Yucatán. 

Id. yucatanensis id. id Mérida. 

Doricha elizae id. id Progreso, Sisal, Mérida, 

Holbox. 
Trochilus colubris id. id. Progreso, Mérida, Hol- 

box, Cozumel. 

Orden Capritnulgi, 

CViactura gaumeri, fam. Cypselidae Cozumel. 

Caprímulgus yucatanensis id. Caprimulgidae.. .Tizimin. 

Nyctidromus albicollis id. id. ... General en Yucatán é 

Islas. 
Chordeiles texensis id. id. ... N. de Yucatán, CozumeL 



Orden Pici, 

^loroncrpes yucatanensis, fam. Picidae Tizimin, Peto, Izamal. 

^íclanerpcs rubriventris id. id Mérida, Peto, Cozumel. 

Id. dubius id. id General en Yuc é Islas. 

SphvTopicus varius id. id Mérida. 

^ndrocopus scalaris id. id General en Yuc. Cozu- 

mel. 

^ndrobates cabotes id. id Tizimin. 

^íeus castaneus id. id Tizimin (raro). 

^mophilus guatemalensis id. id N. de Yucatán, &. 

^^hlocus scapularís id. id Mérida, Izamal, Buc- 

tzotz. 



96 



El Estado de Yucatán. 



Orden Coccyges. 

• 

Momotus lessoni, fatn. Motnotidae Temax, Mérida, Buc- 

tzotz, Peto. 

Ceryle alcyon id. Alcedinidae Progreso, Cozumel. 

Id. amazona id. id N. de Yucatán. 

Id. septentríonalis id. id N. de Yucatán. 

Id. superdliosa id id Sisal, R. Lagartos, Co- 

zumel. 

Trogon puella id. Trogonidae Izamal, Tizímin. 

Id. melanocephalus id. id Izamal, Peto, Mérida, &. 

Id. caligatus id. id Peto, Izamal, Tunkás, &. 

Coccyzus minor id. Cuculinae Temax, Izamal, Cozu- 

mel, Buctzotz. 

Id. americanus id. id Cozumel. 

Id. erythrophthalmus id. id Cozumel. 

Piaya cayana id. id General en Yuc. é Islas. 

Geococcyxa affines id id General en Yuc. é Islas. 

Dromococcyx phasianellus id. id N. de Yucatán. 

Catrophagani id. id Holbox, Cozumel. 

Id sulcirostris id. id General en Yuc. é Islas. 

Rhamphastos carinatus id. Rhamphastidae N. de Yucatán. 

Pteroglossus torquatus id. id. N. de Yucatán. 

Orden Psittaci. 

Conurus aztec, fam. Psittacidae General en Yucatán. 

Chrysotis albifrons id. id N. de Yucatán, &. 

Id. xantholora id. id N. de Yucatán, CozumeL 



La Mam m alia, — está bastante bien representada, como voy á demos- 
trarlo. 

Orden de los Primatos, 

No hacen mención los escritores españoles, del tiempo de la conquista» 
de ninguna especie de monos en Yucatán ; pero no cabe duda de que exis- 
tieron algunos primatos, sobre todo en la región del Sur. En maya tienen 
dos palabras para designar á los monos : Batz y Tucha; la última me parece 
que tiene más forma española que maya. 

El capitán Dampier, en su "Two Voyages to Campeachy," hace men- 
ción, á páginas 59 y 60, de los monos que encontró en esa región. 

Orden de los Quirópteros. 

Orden de los Quirópteros. — ^Tampoco hacen mención de los murciélagos 
los escritores españoles referidos; sin embargo de que abundaban y abun- 
dan en Yucatán, donde los llaman 303 (Dzodz). No sé que haya habido 
naturalista que los clasiñque; pero me consta que hay vampiros y ves- 
perugos. 



Zoología, 97 

Orden de los Carnívoros. 

Entre los Felideos se encuentra el Felis Pardalis, llamado en maya 
Balam, que es el Tlalocelotl de los mexicanos; el Felis concolor, Puma 
ó falso León, llamado en maya Coh, y es el Mistli mexicano; el Felis 
rufa ó gato montes, llamado Ekxux y Chomac en maya, y Ocotochtli en 
mexicano ; y la Felis eyra, especie de Onza. 

Entre los Canideos está el Vulpes virginianus, que llaman Chamac, y el 
Canis caribaeus, ó perro pelón, que llaman Thikbil, según otros Pek. 

Entre los Procyonideos hay un Procyon que en maya nombran Qamhol 
(oso melero) ; el Procyon hermandesii ó P. lotor, que es el Chic maya ó 
Mapache mexicano; y la Nasua nasica, especie de téjon. 

Entre los Mustelideos, la Mustela brasilensis, que es nuestra Omita; 
la Galictis barbara, que es el Tepeytzuintle mexicano. 

Entre los Meñtos, la Mephitis interrupta, en maya Pay, que es el Isquie- 
patl nahoa, ó sea el Zorrillo. 

Orden Sirenia. 
£1 Manatus australis, ó sea el Manatí. 

Orden de los Ungulados. 

Tapirus biardi ó T. americanus, nuestra Danta ó Tapir, en maya 
Tsimín, nombre que se ha hecho extensivo al caballo, importado por los 
conquistadores. 

Elntrc los Suideos: el Dicotyles torquatus, ó D. tajacu, que es el Jabalí 
mexicano, llamado en nahoa Coyametl, y en maya Quitan. Parece que 
en Yucatán existián cuatro variedades: la del Quitan, la del Ukekelmiche, 
la del Axel y la del Ques. 

Entre los Cervideos: el Venado, Cervus yucatanensis, ó Cariacus tolte^ 
cus, en maya Ceh; y la Cabra montes, que llaman Yuc y debe ser el Cari- 
acus ruñnus. 

Orden Glires. 

Entre los Esciurudeos, el Sciurus carolinensis, var. yucatanense; nuestra 
airdilla, en maya Cune. 

Entre los Murideos: el Mus rattus; el Mus alexandrinus; el Mus 
musculus; todos en maya se llaman Cho. 

Entre los Geomideos: el Geomys hispidus, ó sea la Tusa, en maya Bah. 

Entre los Histricideos, el Synetheres mexicanus, 6 Puerco espín, 
Hodtgilacuatztn de los nahoa, en maya Kixpachoch. 

Entre los Dasiproctideos : la Dasyprocta puntata, una especie de agutí. 
Entre los Leporideos: Lepus sylvaticus y Le pus aquaticus, en maya 
HaUl; y una especie de Conejo, llamado en maya Tul. 

Orden de los Edentados. 

Entre los Dasipodideos: la Tatusia novemcincta, nuestro armadillo, el 
Ayotochtli de los nahoa, é Ibache de los maya. 

Entre los Mirmicofagideos hay uno llamado en maya Ahehcab, que 
parece ser el Myrmicophaga tetradactyla. 



98 El Estado de Yucatán. 



Orden de los Marsupiales. 
El Didelphys zirginianus, el T ¡acuache de los mexicanos, en maya Ock, 

La parte correspondiente á la Ictiología es quizás la menos estudiada, 
y á fe que merece que se dé á conocer con toda amplitud, pues los mares 
que rodean la Península Yucateca son riquísimos en toda clase de mariscos, 
principalmente la Bahía de Campeche, y las que están al oriente, cerca 
de Belice. Los principales peces que se encuentran son: 

Acantopterigios. Róbalo, Robaliza, Pez volador, Pejerrey, Mojanfi 
Pargo, Huauchinango, Atún, Bonito, Mero, Pámpano, Pampanillo, Jiir^j|^ 

Malacopterrigios subbraquis. Bacalao, &. '■ \^ 

Silurideos. Bagre. 

Escualos. Tiburón, Cornuda, Sierra, Cazón, &. 

Selacios. Rayas, Pez sierra. 

Crustáceos. 

Podoftalmos. Jaibas (Lupca diacantlia), Camarones (Palemón mexi- 
canus), Langostas (Palinurus). 

Para ñnalizar estos apuntes, diré que abundan en las costas las Esponjas. 

Animales Exóticos Domésticos. — De los animales importados después 
de la conquista y aclimatados en la Península, los más importantes son los 
que pertenecen á las familias de los Equideos: caballos y asnos; de los 
B ovídeos: ganado vacuno, que no se ha reproducido como en otras re- 
giones mexicanas; de los Suideos, que sí se han multplicado bien, siendo 
la carne y la grasa de cerdo la que más se consume en la Península; de 
los CantdcoSj el perro doméstico en sus distintas variedades; y de las 
Gallináceas ; la gallina común, la pintada ó gallina guinea. 




El Gran Palacio, Sayil 



CAPITULO VIII. 

AXTROPOLOGÍ A : ALGUNAS CONSIDERACIONES GENERALES. — POR QUÉ 
NO CREO QUE LA AMÉRICA HAYA SIDO CUNA DE LA HUMANIDAD. 

POR QUÉ NO CREO QUE HAYA NACIDO EL HOMDRE .\L MISMO 

TIEMPO EX AMBOS CONTINENTES, 



Consideraciones generales. — Hace algunos años, al estudiar la 
condición en que se encuentra la raza indígena en nuestro país, 
escríbi un libro que tuvo la honra de ser laureado en un certamen 
nacional, y en él planteaba yo de la manera siguiente el problema 
de la población americana : 

" ¿ Cómo se pobló la América ? ¿De dónde vinieron los pri- 
meros pobladores ? ¿ Desde cuándo existe el hombre en el Nuevo 
Continente ? " 

Cuestiones son estas sobre las que mucho se ha debatido, sín 
Qegsr á ninguna conclusión plausible, y sobre pocos asuntos se 
ha disparatado tanto. 

Los partidarios del poligenismo asientan desde luego que la 
raza americana es autóctona, y en esto son consecuentes con sus 
principios ; los monogenistas se entregan á deducciones, tas más 
wces ridiculas, presentando hipótesis como hechos inconlroverti- 



38e.^'2.'ft>< 



loo El Estado de Yucatán, 

bles, fundándose en peculiaridades lingüísticas, en tradiciones 
falsas, en apariencias arqueológicas y semejanzas remotas, sin 
querer confesar su ignorancia ó su impotencia. Así vemos que 
unos de ellos descubren en América las huellas de los fenicios, 
otros las de los israelitas, ó las de escandinavos, irlandeses, car- 
tagineses, asirios, japoneses, chinos, &. Ya la América es el Ofir 
de Salomón, ya la Atlántida de Platón, ya la Isla que, según 
Aristóteles, descubrieron los cartagineses en uno de sus viajes. 

Lord Kingsborough deduce de varias circunstancias, que los 
americanos son descendientes de los judíos. Otros autores, to- 
mando en consideración las corrientes del Océano Atlántico y las 
del Pacífico, y los vientos reinantes, así como las islas que existen 
y aún las que suponen que existieron, y concordando tales datos 
con algunas costumbres y prácticas americanas, señalan á los 
chinos, á los egipcios, á los troyanos, á los escitas, á los frisios, &. 
como los progenitores de los indios. 

Yo creo que es muy difícil, casi imposible, con los datos que 
hasta hoy poseemos, decir de dónde y cuando vinieron los primeros 
pobladores de la América; y juzgo igualmente difícil que pueda 
establecerse la homogeneidad de la raza americana, es decir, que 
toda ella reconoce el mismo origen. 

Por supuesto que el problema quedaría muy simplificado si se 
aceptara el principio de la poligenesis, admitiendo que el hombre 
nació en el Nuevo Continente por las mismas razones y circuns- 
tancias que le dieron vida en el Antiguo Mundo, hipótesis que 
tanto cabe dentro de la teoría de la creación directa como dentro 
de la del desenvolvimiento zoológico y la evolución en que se 
funda el transformismo. 

Pero si nos atenemos á la unidad de la especie humana y con- 
sideramos que todas las razas no son más que variedades de una 
sola familia, descendiente directa de un mismo par de arquetipos, 
entonces tendremos que aceptar forzosamente que hubo varias 
migraciones en América, en períodos muy distintos, de gentes 
que pertenecían á tribus alófilas, y que tenían grandes rasgos de 
semejanza entre ellas. 

La ciencia nos demuestra de un modo indiscutible que nuestro 
Continente está poblado desde época muy remota. No sólo los 
muchos millones de habitantes que existían aquí antes de la con- 
quista, á pesar de las perpetuas guerras que sostenían unos pueblos 
con otros y que daban lugar hasta al exterminio, son prueba de que 



Ant r o p o I o ^^ i a , loi 

fué necesario el transcurso de muchos siglos para que tanto se 
extendiera la humanidad en el Nuevo Mundo, sino que también 
los descubrimientos hechos de algún tiempo á esta parte parecen 
demostrar que hace muchos miles de años que existe el hombre 
en este Continente, que la especie humana es tan antigua aquí 
coniu en el Asia ; sin que falte quien llegue hasta asegurar que lo 
que se llama Nuevo Mundo es justamente el más antiguo, y que 
1?. América es la cuna verdadera de la humanidad. 

Yo miro siempre con cierta desconfianza las conclusiones de los 
arqueólogos, quienes, por regla general, son unos fanáticos de 
la ciencia, en busca de lo desconocido, y que cifran su mayor gloria 
«1 descubrir algo nuevo y en dar á luz teorías inéditas. En cam- 
bio considero con respeto á paleontólogos y geólogos, que parten 
de puntos más científicamente establecidos y cuyas conclusiones 
son más lógicas y mejor comprobadas ; y según los datos que de 
ellos he recogido, tengo como evidente que el hombre existió en 
nuestro Continente desde una época geológica que corresponde 
á la de su aparición en el Viejo Mundo, en la formación, aunque 
no en el tiempo. 

En efecto, el distinguido antropólogo del Plata, Don Florentino 
Ameghino, presenta las pruebas de que el hombre existió en las 
Pampas argentinas en la época paleolítica, pues encontró al lado 
<le las osamentas fósiles del gran Maduúrodus de un Ursus tan 
Srande como el Spoelcus, de muchos cánidos, felinos y otros car- 
nívoros; de varias especies de ciervos y Paloeamas, de caballos é 
Hippidiums, de Macrauchcnia, de dos Mastodontes, del Toxodon 
y del Typothcrium, de armadillos gigantes, como los Docdicurus, 
^1 Ponochtus, el S chisto plcumm, el Hoplophorus y el Clapiido- 
ihcriiim: de perezosos colosales, como el Mylodon, el Scclidüthe- 
^^um. McgaJonix, Lcstodon, &. &. ; en medio de esa fauna extraña, 
encontró, repito, las pruebas del hombre fósil en la Pamapa, 
como son : i°, huesos con rayas estriadas; 2°, huesos con vestigios 
de choques; 3°, huesos largos, hendidos; 4*", huesos quemados; 
5. carbón vegetal ; 6°, tierra cocida ; 7°, osamentas con incisiones ; 
^'. huesos agujereados; 9°, instrumentos de huesos; 10°, úistru- 
^icntos de piedra; 11°, huesos humanos. Es decir, todas las 
pruebas que han servido para confirmar la existencia del hombre 
cuaternario europeo, con excepción de los dibujos primitivos, los 
^ue. por otro lado, sólo se encuentran en el período cuaternario 
superior. 



I02 El Estado de Yucatán, 

El Dr. E. Hamy asienta que " todo lo que puede afirmarse es 
que, conforme á la tradición, un hombre, cuyos caracteres antro- 
pológicos están aún indeterminados, vivía antes de los últimos 
acontecimientos gcol^icos que dieron á la América su conforma- 
ción actual, y que particularmente en México, este hombre fué 
contemporáneo de los animales gigantescos, los que, según las 
tradiciones indígenas, concluyeron de destruir los olmecas." 

Y no sólo se funda Hamy en la tradición, sino en el hecho de 
haber encontrado unos exploradores franceses hachas y lanzas de 
sílice manifiestamente trabajadas por la mano del hombre, en los 
mismos depósitos que contienen dientes y huesos del Elephas 
Colombi. 

Los estudios de G. Tarayre, de Franco, de Milne Edwards, 
fundados en los sílices tallados encontrados en Méxieo, parecen 
también imponer la conclusión de que en ese país existió el 
hombre contemporáneo de los grandes proboscidianos que desa- 
parecieron hace tanto tiempo. 

En la obra intitulada " México á través de los Siglos," asienta 
Don Alfredo Chavero que en los trabajos del Tajo de Tequisquiac, 
en las capas fosiliferas, fué encontrado, el 4 de Febrero de 1870, 
un hueso que llama notablemente la atención por las entalladuras 
ó cortes que tiene, y que indiscutiblemente son obra de la mano 
del hombre. Este hueso es un sacro, al parecer de llama, y aprove- 
chando parte de su misma forma, se ha completado la figura de 
la cabeza de un cochino ó de un coyote, practicando cortaduras sin 
duda alguna con un instrumento afilado, pues se ve todavía el lustre 
en el labio de la herida, notándose que esta fué hecha por golpes 
sucesivos y de corta amplitud. — Como no puede dudarse de que 
la parte escultural del hueso es obra de la mano del hombre, se 
deduce lógicamente que este existía ya en el Valle de Anáhuac en 
la época á que corresponde el yacimiento en que se encontró, su- 
puesto que dicho yacimiento apareció intacto, sin que hubiera 
sufrido ningún trastorno geológico, y en él, á doce metros de pro- 
fundidad, el fósil de que se trata. 

Veamos ahora las circunstancias de ese yacimiento. El te- 
rreno es neozoico ó posterciario. Los fósiles encontrados allí son 
de elefantes, glyptodón, buey, caballo y cochino. El hueso en 
que nos ocupamos pudiera asemejar la cabeza de este animal. 
Las capas del yacimiento consisten en tierra vegetal, barro, toba 
pomosa, toba caliza, toba arcillosa, arena de pómez, arena cuarzosa 



Antropología, 103 

y arena feldespática, conglomerados, calizas compactas, arcillas 
femiginosas y margas. El hueso se encontró allí, cerca del cara- 
pacho de un glyptodón. 

Esto nos demuestra que el hombre existía allí en la época pos- 
terciaria, y que fué contemporáneo de la fauna colosal perdida 
después, conclusión que afirma el sabio naturalista Don Alfonso 
Herrera, en el estudio especial que del caso hizo. 

En los Estados Unidos abundan las pruebas de este género, 
aducidas por el Profesor Daniel Wilson, el Dr. Hogg, y otros, con- 
firmando también la antigüedad del hombre en esa parte del Con- 
tinente Americano. 

Además, allí están las osamentas humanas de Santos, de la 
Florida, y del delta del Mississippi, de las que habla Vogt en sus 
" Le^ns sur Thomme " ; y que prueban que el hombre habitó en 
aquellas comarcas desde el principio de la época geológica actual ; 
y hace tiempo que Lund, en el Brasil ; Dickson, en Natchez ; y Kock 
en Gasconade-County, Missouri, presentaron pruebas de que el 
hombre habitaba estas regiones desde el principio de la época 
cuaternaria. Tómense también en consideración el maxilar hu- 
mano de Puerto Príncipe, de que habla Vilanova en su " Origen, 
naturaleza y antigüedad del hombre" (Madrid, 1872) ; los ins- 
trumentos de piedra de California asociados á osamentas de 
Mammut y de Mastodontes, citados por W. P. Blacke ; las hachas 
de piedra encontradas bajo los huesos de un elefante en la Loui- 
siana, según T. Desnoyers (" Débris de Téléphant et de Thomme 
dans les alluvions de la Louisiane ") ; los instrumentos de piedra 
de Pike's Peak, en Kansas; de Lewiston, en el Estado de N. 
York; las demostraciones del Profesor Whitney de haber en- 
contrado en California al hombre terciario anterior á la fauna del 
Mammut y del Mastodonte ; el esqueleto prehistórico encontrado 
en un yacimiento de Lansing, en el Estado de Kansas, considere- 
mos todo esto, repito, y si no creemos lo que tantos sabios afirman, 
fundándose en pruebas tan evidentes, al menos desechemos las 
teorías que asientan lo reciente de la población americana. 

Yo, por mí parte, declaro que les doy completa fe, aunque con 
las modificaciones que presentaré un poco más adelante. 

Como se ve, hay tres teorías ; la i* pretende que las razas ameri- 
canas son procedentes del Asia, continente que consideran como 
cuna de la humanidad; la 2* pretende que la América fué la 
cuna de la humanidad, y que de aquí partieron los pobladores del 



I04 El Estado de y^u catán. 

que llamamos \'iejo Mundo, de cuya hipótesis se ostenta ilustrado 
y ferviente mantenedor Mr. Morris K. Jesup, presidente del 
Museo Americano de Historia Natural, de Nueva York, y la 3*, 
que sostiene que el hombre apareció en uno y otro Mundo, en la 
misma época, poco más ó menos, y de un modo independiente. 

El lector puede escoger entre esas tres hipótesis la que le parezca 
más verosímil, en el concepto de que todas tres carecen de funda- 
mento científico que haga prueba plena, siendo de notarse que la 
última tiene á su favor un gran argumento, á saber : que la exis- 
tencia del hombre prehistórico está perfectamente comprobada en 
uno y otro Continente, de modo que el hombre americano y el 
hombre asiático y europeo parece que son contemporáneos y sur- 
gieron á la vez en la época más remota del que llamaremos período 
humano. 

Pero voy más lejos aún : en la América precolombina no en- 
cuentro unidad de raza, ni siquiera la variedad dentro de la unidad. 
En cuanto á la estatura tenemos á los Patagones, que son los más 
altos de todo el mundo, á los Caribes é Iroqueses, que se les aseme- 
jan en este respecto; mientras que los indios de Vancouver, los 
Quichuas y los Groenlandeses son muy pequeños. — ^Así vemos 
también que las tribus Mandanes, Alhapascanes, Lee-Panis, Antis 
y Kolusches tienen á menudo los ojos claros, castaños ó azules, 
y los cabellos claros y hasta rubios. Algunas tribus de la América 
Central tienen los miembros muy desarrollados; mientras que 
los Botocudos y Fueguinos los tienen sumamente débiles ó raquí- 
ticos. Los Botocudos y los Apaches tienen los pies pequeños, lo 
mismo que los Mayas; los Patagones los tienen excesivamente 
grandes. Los Pieles-rojas tienen la piel de un rojo muy pronun- 
ciado ; la raza de los Pampas está caracterizada f>or un aceitunado 
muy obscuro y los Brasilo-guaraníes tienen la tez amarillenta 
tirando á rojo. También tenemos la raza blanca, como la de los 
indígenas de Port Murgrave, los de la Mesopotamia Argentina, 
los de Huitramalandia, los Yucares, los Paducos ; los blancos que 
Lapérouse, Dixon, Maurelle, Merares y Marchand dicen que exis- 
ten en la costa Nordeste de la América Septentrional; los esqui- 
males blancos del capitán Grao y de Charlevoix ; el cacique blanco 
de Cíbola de que habla Castañeda, los Tubinambús blancos del 
Brasil y los indios blancos de Catlin. — Después hay que conside- 
rar á los indígenas del Cabo Gracias á Dios y á los Woulabras, 
de color muy obscuro, lo que nos conduce hasta los negros de 



Antropología, V 105 

California, de la Isla de San Vicente, los Yamasís de la Florida, 
los del Istmo de Darién encontrados por Balboa, los del Orinoco 
y las pruebas fehacientes de que la raza negra existió en México 
en é|>oca anterior á la llegada de los Otomites. 

Asi, pues, tenemos en nuestro Continente, en época anterior al 
descubrimiento, todas las razas, más ó menos diseminadas, más 
ó menos numerosas, predominando la cobriza, lo que puede servir 
(le argumento á los partidarios de la tercera hipótesis enunciada 
más arriba, para fundarla mejor, estableciendo que la misma evo- 
lución antropológica que se operó en el antiguo Continente, se 
verificó en el Nuveo, aunque más lenta y menos determinada; y 
que asi como en el primero la raza amarilla y sus alófilas fueron, 
y sopí aúpt, las más numerosas, también lo es en América. 

Las monumentales ruinas que se han descubierto en América, 
desde México hasta el Uruguay, demuestran que hubo en nuestro 
Continente varias civilizaciones, anteriores y superiores á las que 
encontraron los españoles en el Anáhuac y en el Perú. 

F. V. Hayden nos habla de las ruinas que en el Río Manco, el 
Montezuma, el San Juan y el Gila fueron descubiertas hace poco 
más de veinte años, y que son vestigios de un pueblo de cuya his- 
toria no conocemos nada aún. 

En México tenemos las suntuosas ruinas de Chiapas y de Yuca- 
tán, cuya antigüedad se remonta á época muy anterior á la 
llegada de los aztecas al Valle de Anáhuac, según se asegura, y 
las construcciones de estos jamás llegaron á rivalizar en grandiosi- 
dad y magnificencia con las de aquellos pueblos. Tenemos tam- 
bién otras ruinas como las de Mitla, Papantla, Teotihuacán, Cho- 
lula. Xochicalco, &., que acusan á su vez una civilización anterior 
á la de los aztecas, aunque no tan remota ni tan perfecta como las 
antes citadas. En el Perú las ruinas de Tihuanaco también reve- 
lan una civilización anterior y superior á la de los Incas; y esos 
vestigios, esos restos asombrosos de pueblos formidables y anti- 
quisimos. hacen creer á algimos americanófilos que cuando Europa 
estaba i)oblada aún por pueblos salvajes, ya en América existían 
naciones que habitaban en grandes y suntuosas ciudades, como 
las antiguas de Asia y África, y que tenían una cultura muy supe- 
rior. 

Brasseur de Bourbourg cree que en este hemisferio hubo una 
civilización antigua, de la cual sólo quedaban restos muy débiles 
cuando fué conocida por los españoles, y en esta vez comulgo 



io6 El Estado de Yucatán, 

en ideas con el abate. Humboldt (** Vista de las Cordilleras 
&.") asienta que sorprende hallar hacia el fin del siglo XV. en un 
mundo que llamamos nuevo, esas instituciones antiguas, esas ideas 
religiosas, esas formas de edificios que parecen remontar en Asia 
á la primera aurora de la civilización. Esta sería una nueva 
prueba á favor de la tercera hipótesis enunciada. 

Todas las teorías que se han fundado en semejanzas de ritos, 
de creencias religiosas, de construcciones arquitectónicas, de 
costumbres, &., para probar que las razas del Nuevo Mundo des- 
cienden de las del Antiguo (chinos, japoneses, israelitas, egip- 
cios, &.) me parecen falaces. 

Hay especie de árboles en América semejantes 4 otras especies 
del otro Continentes, y, sin embargo, son igualmente endémicas 
en una y otra región ; á ninguna de ellas fueron importadas. Hay 
especies de animales casi idénticos en ambos mundos, con los mis- 
mos caracteres y costumbres, igualmente autóctonas ; y esto pudiera 
haber acontecido con el hombre, tan autóctono allá como aquí. El 
desenvolvimiento del ser humano, en lo que toca á su morfología^ 
al crecimiento de su cuerpo, á la complicación y perfecciona- 
miento de sus movimientos, al desarrollo de su inteligencia, obe- 
dece exactamente á las mismas leyes evolutivas. Aquí como allá 
el infante no camina, durante la primera época ; gatea primero, se 
para después, da pasos vacilantes, camina y corre. Empieza á 
hablar lanzando sonidos inarticulados, forma después monosílabos^ 
más tarde aglutina y acaba por hablar una lengua complicada. 
Todas las lenguas primitivas son parecidas en su estructura, todas 
tienen algo de onomatopeya ; todas empiezan con rudimentos y 
se amplían y perfeccionan con el tiempo. El arte pictórico em- 
pieza en todas partes por el dibujo, el dibujo por la línea ; primero 
es monocromo, acaba por el policronismo ; se inicia con las figuras 
todas en un mismo plano, concluye por la perspectiva. La arqui- 
tectura sigue la regla general ; empieza en lo simple, acaba en lo 
complexo; con frecuencia afecta la pirámide ó el cono, porque 
son figuras á que sirven de modelo las montañas ; toma el círculo^ 
imitando al sol y á la luna ; llega á la bóveda angular que encuentra 
á menudo en el bosque. *y, cuando está más avanzada, concluye 
por la bóveda curva que le presenta el cielo y que es difícil de 
construir. Toma del árbol el fuste de la columna. 

En todas partes, en todo tiempo vemos que la humanidad sigue 
exactamente por un mismo y único camino, y esto prueba la uni- 



A tt tropología, 107 

dad de la especie, bien sea que toda la humanidad descienda 
de un solo par, bien sea que haya nacido á la vez en distintos 
puntos, porque, en todo caso, seria y es el resultado de idénticas 
causas; é idénticas causas tienen que producir ineludiblemente 
idénticos efectos; y tanto la monogenesia como la poligenesia 
tienen que ser resultado de la ley eterna, sabia é inmutable del Ser 
Supremo, porque creación directa, como quieren unos, ó creación 
indirecta, como pretenden otros, no eliminan al Creador. La di- 
ferencia no está en el quien, sino en el como. 

Razón de sobra tuvo Humboldt para asentar, en su " Ensayo 
Político de la Nueva España," que la cuestión general sobre el 
primitivo origen de los habitantes de un Continente, excede de 
los límites de la Historia y acaso también de los de la Filosofía. 
Mas no por eso debemos abandonar las inquisiciones ni desdeñar 
las hipótesis, que muy posible es que, á fuerza de indagar, trope- 
cemos con el hilo de Ariadna que nos conduzca á la salida del 
laberinto; y, por lo menos, tengamos en cuenta que no hay más 
que un camino para llegar al conocimiento de la verdad: el de 
la indagación ; y que no hay más que un medio para establecer esa 
verdad : el de la comprobación. Así es que lo primero es buscarla, 
lo segundo es encontrarla, lo tercero es comprobarla. ¡Labore- 
mos! 

Hablando con mi franqueza característica, diré que durante 
largos años acepté, aunque con reserva, la teoría de la poligenesia^ 
V creí en la creación del hombre americano, de la humanidad 
americana, mejor dicho, como independiente de la creación del 
hombre del Viejo Mundo ; porque no encontraba razón, científica 
ni aun filosófica, que invalidase esa opinión ; y si la hallaba para 
robustecerla, pues, ante todo, consideraba que causas iguales pro- 
ducen constantemente los mismos efectos, y que, por lo tanto, las 
causas que produjeron el hombre en el Mundo Antiguo, lo produ- 
jeron en el Nuevo; porque veía concurrir en ambos Continentes 
idénticos principios é idénticas leyes para la creación, para el 
transformismo y para el desarrollo y el progreso en lo general. 
. Al pensar así, me emancipaba de toda preconcepción religiosa, 
pues creo firmemente que la religión y las ciencias naturales son 
cosas distintas y ideben ser consideradas desde puntos de vista 
diferentes, so pena de incurrir en errores, porque entonces el estu- 
diante se encierra voluntariamente en un círculo de hierro, que 
imposibilita toda indagación. Las religiones son esencialmente 



io8 El Estado de Yucatán. 

metafísicas, y las ciencias naturales esencialmente físicas. La 
primera constituye, fuera de lo que se refiere al culto, la forma 
más alta de la inducción, como que es el ascendimiento lógico del 
intelecto desde el conocimiento de los fenómenos, hechos ó casos, 
á la ley ó principio que virtualmente los contiene ó que se efectúa 
en ellos uniformemente. Mientras que las ciencias naturales cons- 
tituyen la forma más profunda de la deducción, como que son el 
descenso lógico de lo universal á lo particular, hablando en térmi- 
nos generales; el método por el cual se procede lógicamente sa- 
cando consecuencias de un principio, proposición ó supuesto. 

Los estudios que he venido haciendo, desprovisto de toda pre- 
ocupación, á fin de no engañarme y de no engañar á los demás, 
han modificado profundamente mis ideas sobre el particular en 
que me ocupo, y he desechado por completo la hipótesis de la 
humanidad americana, independiente de la del Viejo Mundo, 
como desecho la hipótesis de que la América fué la cuna de la 
humanidad y que de nuestro Continente pasó al otro. 

La razón que he tenido para variar de parecer se funda en 
que la identidad de las causas, que antes creí yo que existían, no 
-existen en realidad. 

Pero antes de seguir adelante, y para combatir al mismo tiempo 
y de una vez las dos hipótesis referentes á la poligenesia en 
ambos mundos y á la que pretende que la América es la cuna de 
la humanidad y de aquí emigró al Asia, voy á reproducir la 
síntesis del importante trabajo que ha hecho Mr. Morris K. Jesup, 
¿ quien he citado en otra parte. He aquí lo que dice un periódico 
(1905) sobre este punto: 

" El origen de la raza indígena de América y sus relaciones 
con los pueblos del hemisferio oriental, figuran entre las cuestiones 
<iue más han preocupado á los hombres de ciencia y siguen pre- 
ocupándolos todavía. La teoría hasta ahora más generalmente 
admitida es la que supone que los primitivos americanos proce- 
dieron del Asia, habiendo pasado de uno á otro continente por el 
Japón, las islas Curiles y las Aleutianas. Hay, sin embargo, al- 
gunos antropólogos que opinan que la emigración se hizo en sen- 
tido contrario, de América al Asia, y aun son muchos los que, 
oponiéndose por igual á ambas hipótesis, niegan toda semejanza 
entre los pueblos asiáticos y los americanos. Estas tres teorías 
carecían igualmente de una base sólida. Los datos que en favor 
de una ú otra se exponían eran aislados y de poco valor. Com- 



Antropología, jo^ 

prendiéndolo así y deseando resolver definitivamente la cuestión, 
Mr. Morris K. Jesup organizó en 1897 una expedición con objeto 
de estudiar las costumbres, caracteres, idiomas, y tradiciones de 
los pueblos de América y de Asia, á fin de fijar las relaciones exis- 
tentes entre ellos. En esta obra magna le ayudaron, en América, 
etnólogos tan notables como el Doctor Boas, Harían Smith, James 
Teit y otros, y en la Siberia los profesores Jochelson y Bogoras, 
de la Academia Imperial de San Petersburgo. 

" Los resultados de estas investigaciones, hechas enteramente 
por cuenta de Mr. Jesup, van á ocupar nada menos que doce volú- 
menes; pero el contenido de los mismos puede resumirse en una 
sola conclusión, de la mayor importancia para el mundo entero. 

" Los estudios etnológicos y arqueológicos hechos por la expedi- 
ción Jesup demuestran que el hombre no pasó del Asia á América, 
sino que, por el contrario, desde el Noroeste de América pasa 
al Asia. La emigración parece haber ido desde el interior 
del Nuevo Mundo hacia la costa del Pacífico, y de allí al conti- 
nente asiático. Entre los habitantes prehistóricos de la Columbia 
inglesa y sus actuales indios se observa una diferencia enorme 
en la forma del cráneo, que demuestra que en aquella región se 
ha verificado un gran cambio en la población debido seguramente 
á una inmigración de tribus del interior. 

" Las relaciones entre americanos y asiáticos son, por lo tanto, 
ciertas, pero se han establecido en forma inversa á la que general- 
mente se venía teniendo por segura. Los americanos han sido los 
pobladores del Asia, y como del Asia procede la civilización de los 
grandes imperios antiguos y de Europa entera, resulta que el 
honroso título de civilizadores del mundo corresponde á los ante- 
cesores de los modernos indios americanos. Esas grandes ana- 
logías que los arqueólogos han encontrado entre los monumentos 
antiguos de la América central y de los pueblos históricos asiáticos 
demuestran sobradamente la posibilidad de que la cuna de la civi- 
lización esté en América. No ya en el Asia, donde es fácil en- 
contrar esculturas y bajo-relieves en un todo parecidos á los del 
México anterior á la conquista, sino hasta en el mismo Egipto 
se hallan huellas de la civilización americana. Los mismos mexi- 
canos esculpían cabezas de divinidades cuya semejanza con la de 
la gran esfinge nadie puede negar, y los yucatecos fueron cons- 
tructores de pirámides. 

" No se limita la semejanza á las manifestaciones artísticas. En 



lio El Estado de Yucatán, 

los caracteres físicos de los pueblos de una y otra costa del Pací- 
fico la hay también grandísima. Ya hace años que un eminente 
antropólogo aseguró que le era casi imposible hallar rasgos dife- 
renciales entre los indios de California y los trabajadores chinos 
que viven en el mismo país. Entre los igorrotes de Filipinas los 
hay tan semejantes á los pieles rojas, que fácilimente podrían 
pasar por tales, y ciertas tribus de la América del Norte tienen 
tanta semejanza con los japoneses, que con sólo cambiar de traje 
harían dudar á cualquiera de su verdadera nacionalidad. 

*' Son tantas las tribus distintas que hay en la América Septen- 
trional y en la Siberia, y están tan separadas unas de otras, que á 
primera vista es muy difícil hallar relaciones entre todas ellas. 
Sin embargo, cuanto más nos acercamos al punto por donde debió 
verificarse el paso, van siendo menores las diferencias. 

** Los Chukchis koriacos y kamchadales del Nordeste de Asia 
se parecen más á los indios del extremo Norte de América, que 
á cualquier pueblo asiático. Las analogías son especialmente no- 
tables en las costumbres, idiomas y tradiciones. 

" En un principio debieron formar una sola familia, que luego 
quedó dividida, desarrollándose aisladamente en uno y otro lado. 
Con el tiempo, algún otro pueblo debió venir á interrumpir el con- 
tacto entre las tribus siberianas y americanas. Probablemente este 
factor perturbador fueron los esquimales, relativamente recién 
llegados á la costa del Pacífico y que parece procedían de la región 
al Este del río Mackenzie. 

** El hombre es muy antiguo en América ; tal vez existe allí 
desde hace cien mil años, si no más. 

'* La existencia de una porción de variedades en la raza ameri- 
cana, algunas de las cuales han necesitado muchísimo tiempo para 
desarrollarse, confirma esta respetable antigüedad y prueba de 
ella es también el descubrimiento hecho años atrás de un esqueleto 
de hombre prehistórico en un yacimiento de Lansing, en el Estado 
de Kansas. Necesariamente, en tantos siglos debieron ocurrir en 
América acontecimientos importantísimos, y nada tiene de inve- 
rosímil que aquellas razas primitivas fuesen efectivamente las 
pobladoras del Asia y que su primera cultura, trasplantada al con- 
tinente asiático y de allí á Europa, fuese el origen de las civiliza- 
ciones de los grandes pueblos históricos.'' 

Ahora recurriremos á las ciencias naturales para demostrar el 
error, dejando á un lado los génesis religiosos, á fin de que no 



Antropología, iii 

se invaliden los argumentos achacando á la fe ciega lo que es hijo 
de la reflexión y de los conocimientos positivos. 

Que la creación del hombre, como de todo el universo, haya 
sido directa ó indirecta, por medio del transformismo, no invalida 
el Dcus fccit. Si nos atenemos al génesis de Moisés, ya el punto 
queda resuelto. Pero busquemos los argumentos en la ciencia 
positiva, que es donde el problema ofrece mayor campo, y llega- 
remos á la misma conclusión. 

El Profesor Dana (" Manual of Geology ") funda su creencia 
en la unidad de la especie humana en las siguientes considera- 
ciones : 

1. El hecho de la identidad esencial entre los hombres de todas 
las razas en sus características físicas y mentales. 

2. La capacidad de una mezcla de razas con fértil continuidad. 

3. Entre los mamíferos, los géneros más elevados tienen pocas 
especies, y el grupo más elevado próximo al Hombre, el del Orang- 
outan, contiene sólo ocho; y esas ocho pertenecen á dos géneros — 
cinco de esas especies al género Pithecus, de las Indias Orientales, 
y tres al género más elevado Troglodytes, de África. La analogía 
requiere que el hombre tenga aquí su preminencia. Si se admite 
más de una especie, apenas hay límite para el número que se pu- 
diera hacer. 

Las investigaciones de Darwin sobre las variaciones de las 
especies, y otros hechos de semejantes carácter, dejan á un lado 
las objeciones contra el origen de un tronco, que arranque de las 
diversidades de las razas. 

Estas son algunas de las razones para creer que el hombre 
queda sólo — la sola y única especie — á la cabeza de los reinos de 
la vida. 

\'eamos ahora las razones que hay para creer que el origen del 
hombre se encuentra sólo en uno de los dos grandes Continentes. 

Entre los grandes mamíferos no se conoce ninguna especie que 
existiese originariamente entre los trópicos ó las zonas templadas 
en ambos Continentes ; y más aún : cada especie tiene un espacio 
limitado en un Continente particular en que se encuentra con- 
finada. 

Las mismas especies entre los Monos — la tribu que se encuentra 
á la cabeza de los mamíferos brutos — en ningún caso ocurre en 
ambos Continentes ; ni siquiera el mismo género ; pero ni aún la 
misma familia; pues el tipo americano es el del inferior Platy- 



112 El Estado de Yucatán. 

rrhines, mientras que el africano es el de los Catarrhines, que son 
los que más se aproximan al hombre en sus rasgos y en sus es- 
tructuras. Este es sólo el más elevado de un extenso número de 
hechos de la zoología que sostienen el principio de que se trata. 
Así, pues, siendo el hombre de una especie, debe estar también 
restringido su origen á un Continente. 

Además, la capacidad que tiene el hombre de extenderse en 
todas las regiones, y de adaptarse á todos los climas, hace com- 
pletamente innecesaria su creación en distintas localidades, y di- 
rectamente opuesta á su propio bien. Eso sería tanto como redu- 
cir el campo de sus conquistas en la naturaleza, disminuyendo los 
medios y las oportunidades para su propio desarrollo. 

Para Dana el Oriente ha sido siempre el Continente del Pro- 
greso. Al terminar el tiempo Paleozoico, sus especies de vida 
animal fueron tres veces más numerosos que las de Norte América, 
y más variadas en géneros. En la temprana Terciaria, su fauna en 
la porción europea tenía tipo australiano, y hubo allí Marsupiales 
y Edentados. En el Terciario medio y posterior, representaba á 
la reciente América del Norte en su fauna. Pero de esa condición 
emergió á un grado más alto. En el Posterciario aparece como 
la región de los Carnívoros, mientras que el Norte de América 
era aún el continente de los Herbívoros, un tipo inferior, — Sud 
América, el de los Edentados — todavía más bajo, — ^Australia, el 
de los más ínfimos cuadrúpedos, — los Marsupiales. — Al cerrar el 
período de las creaciones, Australia permaneció Marsupial, aun- 
que con formas degeneradas ; la América del Sur era aún la región 
de los Edentados, de las especies menores, y con Carnívoros infe- 
riores y el tipo inferior de los Monos ó Cuadrumanos ; la América 
del Norte, de los Herbívoros, también pequeños comparados 
con los Posterciarios ; mientras que el Oriente, además de sus 
nuevos Carnívoros, recibía al más elevado de los Cuadnmia- 
nos. Así es que el Oriente había pasado de un modo sucesivo 
por los estados australianos y americanos, y dejando atrás á los 
otros Continentes, se puso á la vanguardia del progreso. De 
modo que concuerda con todas las analogías pasadas que el Hom- 
bre es originario de algún lugar del Oriente, y, según Dana, 
ningún punto podrá parecer mejor acondicionado para la distribu- 
ción y desarrollo del Hombre que el sudoeste del Asia — el centro 
de donde irradian las tres grandes divisiones continentales, de 
Asia, Europa y África. 



Antropología, 113 

Xo opino sobre el último punto de la misma manera que el 
ilustre geólogo. El Asia Menor, que él considera como cuna de 
la humanidad, es poco propicia para el efecto y aún para la dis- 
tribución de la misma, como demostraré más tarde. 

Mejor indicada parece otra región geográfica la que, además, 
cuenta á su favor con la tradición. Allí está ese vasto y magnífico 
país que se extiende al Sur de la soberbia cordillera del Himalaya, 
entre el Mar de Omán y el Mar de China, bañado al Sur por el 
Indico, y que comprende lo que los antiguos llamaron India Extra- 
Ganges é India Intra-Ganges, y hoy forma el Indostán, la Bir- 
mania y la Indo-China. En la región comprendida entre el río 
Indo ó Sind y la cordillera de Yoma-Deno ó Anopectoma, que 
arranca de la meseta Tibetana con los montes Behaimo y concluye 
en el Cabo Negrais, y quizás en la verdadera región gangética 
debe suponerse la cuna del hombre. Allí hay el calor, y la hume- 
dad, esos dos principales elementos de formación orgánica, un 
suelo fértilísimo regado por caudalosos ríos; elementos de ali- 
mentación ; una flora colosal, una fauna rica y poderosa, en fin, 
todos los indicios de un gran centro de transformismo y de 
vitalidad. 

Algunos consideran que las islas de Borneo y de Java son el 
lugar indicado. En efecto, en ellas concurren también esos ele- 
mentos; cierta tradición coloca allí el Paraíso terrestre, y en el 
subsuelo de Java se ha encontrado el único ejemplar conocido del 
Pithecanthropus erectus, al que se tiene como el último eslabón 
de la cadena zoológica, el inmediatamente anterior á la creación 
del Hombre. 

Pero tanto el Indostán como Borneo ó Java son mucho más 
aparentes para el efecto que el Asia Menor, indicada por Dana, 
la que sólo sirvió de puente para el paso de la raza negra y de una 
rama de la blanca, á África y Europa. 

Después de la creación del Hombre, no se tiene noticia, ni in- 
dicio siquiera, de que haya aparecido sobre la tierra una sola nueva 
especie vegetal ó animal. 

Estos son argumentos científicos incontestables. Si seguimos 
la cadena de desenvolvimiento de la especie animal de la escuela 
positiva, encontramos que esta se detiene en el eslabón Marsupial, 
en Australia; que sólo avanza hasta el de los Monos Platyrrliincs, 
en América; mientras que en el antiguo Continente llega hasta 
el Pithecanthropus, que se considera como el tipo más avanzado. 



114 El Estado de Yucatán. 

superior al Gorilia, al Chimpanzé y al Orangoután, y sólo inferior 
al hombre. Allí pues está completa, y alcanza todo su pasmoso 
desarrollo. 

• 

Para mejor inteligencia de mis lectores, que no estén muy al 
tanto de la zoología, diré que el gran grupo de los Megasthones 
ó sea de las más altas especies, después del Hombre, se compone : 

I. Cuadrumanos ó Monos. — Sus miembros, al menos los pos- 
teriores, están provistos de manos, esto es con pulgares opuestos 
á los demás dedos, para asir; dos incisivos en cada mandíbula; 
clavículas perfectas; mamas pectorales. Están incluidos en ellos: 

A. Los Strcpsirrhinos, encontrados en Madagascar, de donde 
partieron para África y las Indias Orientales ; tienen las ventanas 
terminales de la nariz curvas ó retorcidas, y el segundo dígito del 
miembro posterior es una garra. 

B. Los Platyrrhines, peculiares de Sud-América, que tienen 
los orificios nasales subterminales y muy separados, los pulgares 
de las manos sin oposición, ó faltando por completo, y cuyo rabo 
es más prensil. 

C. Los Catarrhines, confinados en África y Asia, excepto uno 
en Gibraltar, que tienen los orificios nasales oblicuos y aproxima- 
dos en la parte inferior, y el pulgar en oposición. De estos el 
grupo más elevado ya carece de rabo (el Orangoután y el Chim- 
panzé). 

Como se ve, los Monos de América todavía carecen de mano 
propiamente dicha, pues los pulgares ó faltan por completo ó 
tienen poca ó ninguna oposición ; en cambio poseen la cola prensil, 
que les es indispensable, para completar la mano. — En los Cata- 
rrhines de África y Asia el rabo es rudimentario, aunque todavía 
no desaparece, como en el hombre (en quien sólo queda el coxis) 
porque ya no lo necesitan, toda vez que tienen la mano, aunque 
no tan perfecta como la del hombre. Estos Monos ya toman la 
forma erguida, ya andan sobre los pies; pero todavía no son 
bípedos y bimanos, como el hombre. — Este solo hecho demuestra 
el inmenso progreso que una parte del Viejo Mundo había hecho : 
y aunque las épocas geológicas pueden haber sido coetáneas en 
uno y otro Continente, y la época de la flora se haya podido desa- 
rrollar al mismo tiempo, y la aparición animal haya tenido lugar 
en el mismo periodo, allá la evolución fué más rápida y más com- 
pleta, por causas que todavía no nos es dado establecer. 

Así es que las circunstancias no fueron las mismas en una y 



A 91 tropología, 115 

otra parte del planeta, no concurrieron idénticas causas y el re- 
sultado no pudo ser idéntico. Ya sabemos, y esto es un dogma 
científico, que la Naturaleza no procede por saltos, no deja solu- 
ciones de continuidad. 

También sabemos, y este es otro dogma científico, que el pro- 
greso no se opera á la vez y en el mismo grado en todo el orbe, 
ni en todos los orbes, y, por lo tanto, no hay razón para extrañar 
que el desenvolvimiento progresivo fuese más rápido y más com- 
pleto en una región que en otra. 

Ya hemos visto, y eso en los tiempos históricos, como el Asia, 
después de su portentoso desarrollo, entró en un largo período de 
reposo, casi de catalepsia, del que empieza á despertar hoy con las 
sacudidas que tienen lugar en el Japón. 

Estos son los motivos que me han hecho repudiar la hipótesis 
de la humanidad americana, desde cualquier punto de vista que 
se la considere. 

Aquí parece que estoy en contradicción conmigo mismo, pues 
que algo más atrás demostré que se encuentra en los yacimientos 
de América comprobada la presencia del hombre posterciario 
¿Cómo concordar dos ideas, al parecer, tan opuestas? — La obje- 
ción es grave. 

Aquí no cabe ni siquiera el recurso de decir que los fósiles que 
se han encontrado no son humanos, sino de algpin Pithecanthro- 
pus. pues que dejo establecido que ni siquiera llegó nuestra fauna 
al Orangoután. Por otro lado, no solamente se han encontrado 
las osamentas del hombre prehistórico, sino armas, utensilios, arte- 
factos que demuestran la mano del hombre. Tampoco cabe el 
recurso del agnosticismo, decir : " nada sé sobre el particular," 
porque sería tanto como revocar en duda todo lo que con tanta 
labor he consignado. 

Xo queda más camino que el de las hipótesis, y admitir la de 
las inmigraciones á nuestro Continente; con esta diferencia: en 
lugar de establecerlas en una época relativamente reciente, de uno 
ó dos mil años, recularlas hasta la época cuaternaria. 

Y entonces se presentaría este problema geológico cuya reso- 
lución sería muy provechoso para la antropología, á saber: ¿los 
períodos geológicos de uno y otro Continente corresponden con 
exactitud á las mismas épocas? 

La verdad es que los períodos y épocas geológicas de uno y 
otro hemisferio no son los mismos, generalmente, en sus límites. 



ii6 El Estado de Yucatán. 

Podrá probarse una contemporaneidad cercana en las rocas, pero 
no la transición de una roca á otra. Por ejemplo, la edad Devo- 
niana tiene series de períodos y de épocas muy diferentes en Norte 
América y en Europa. Las edades del Carbón, de los Reptiles 
y de los Mamíferos son de épocas distintas en América y en 
Europa. Tanto en América como en Europa hay rocas terciarias 
y cretáceas; pero apenas hay razón para creer que la transición 
de una serie de estratos de terciario ó cretáceo á otra, fué con- 
temporánea en ambas partes. 

Sabemos, pues, que la formación de las cap>as geológicas no 
corresponden con rigurosa exactitud, y bien pudiera ser una de 
estas dos cosas : ó que la emergencia de la América fuese posterior 
á la del Asia, lo cual no es tan aventurado, pues ya hemos visto 
por la fauna que la nuestra no alcanzó el progreso que la asiática, 
llegando apenas á los Platyrrhines ; ó aunque ambos Continentes 
emergieron en la misma época, á la vez, lo que es menos probable, 
los períodos se sucedieron aquí con mayores intervalos, y cuando 
se alcanzó en América el período posterciario, ya el Asia hacía 
muchos siglos que se encontraba en el período actual y tenía una 
gran densidad de población, al menos en el Sur. 

Admitiendo cualquiera de esas dos hipótesis, nos explicaríamos 
el hecho, y entonces remontaríamos la época de las primeras inmi- 
graciones á América al período posterciario de nuestro Continente, 
que corespondería á una época mucho más avanzada en el \'iejo 
Mundo. 

Esas primeras migraciones debieron ser de hombres de la raza 
negra, que, á mi juicio fué la primera que surgió, como trato de 
probarlo en mi ** Antropología dinámica," obra que tengo con- 
cluida y pronto daré al público; y me fundo para establecer esa 
otra hipótesis en las pruebas irrefutables que nos da por todas 
partes la naturaleza, de que procede de lo simple á lo complexo, 
de lo menos á lo más, de lo rudimentario á lo completo, y no hay 
razón para que al llegar al hombre revocase su ley invariable y 
eterna. Siguiendo los principios de la evolución y del progreso, 
así tiene que haber sido. 

Téngase en cuenta que, como lo he demostrado ya, se encuentra 
revelada la presencia del negro en todo nuestro Continente, y 
aparece con el falso carácter de autóctono. Esa raza debió emi- 
grar del Asia, huyendo de la cobriza ó amarilla, que la sucedió 
en la evolución, más apta, más poderosa intelectualmente, y se 



Antropología, 117 

diseminó por el mundo, puesto que el hombre de las cavernas de 
Europa tiene también todos los caracteres antropológicos del 
negro. 

Una parte pasó á América, y la gran mayoría se refugió en 
África, donde persiste aún. 

Aquí surge un nuevo problema. ¿ La raza negra evolucionó en 
América como en Asia, y ascendió hasta la raza amarilla? Yo 
creo que ese progreso que entonces estaba radicado esencialmente 
en Asia, no pasó á nuestro Continente con el negro, y continuó 
allí poderoso en su movimiento ascendente, y, en todo caso, fué 
inapreciable aquende el Pacífico. Por otro lado, cuando el negro 
vino al Nuevo Mundo, ya la raza amarilla debió ser numerosa en 
el Antiguo. Tampoco veo la necesidad de la evolución en América, 
puesto que se operaba maravillosamente en lugar adecuado para 
desparramarla después sobre todo el orbe. Aquel era el semillero 
providencial de la humanidad. 

En época también muy remota debió comenzar el éxodo de la 
raza amarilla, y venir á la América de toda preferencia, en virtud 
de condiciones que ignoro. En Europa encontramos la huella del 
negro, pero falta por completo la del amarillo. En cambio se 
encuentra en toda Asia y en las islas de la Oceanía. 

Esas emigraciones debieron operarse por dos lados: las pri- 
meras por el Sur, las últimas por el Norte. 

El (.)céano Atlántico, así como el Indico, está casi desprovisto 
de islas. Pero si nos fijamos en un mapa geográfico que com- 
prenda todo el Pacífico, con las costas de ambos mundos, veremos 
que contiene más de setecientas islas que se extienden en una 
serie desde la costa asiática, á través del trópico de Cáncer, en 
dirección Oeste Sudeste, cruzan el ecuador y penetran en el trópico 
de Capricornio, hasta los 2y° de latitud sur, poco más ó menos. 
La serie llega hasta la isla de Sala y Gómez, que se halla á los 
103° al O. del meridiano de Greenwich. Después se ven varios 
grandes arrecifes, los que van hasta el grado 94, y á los 81** se en- 
cuentran las islas de San Félix y de San Ambrosio, á unos 9 
grados de la costa de la América del Sur. 

¿Son restos de un Continente destruido? ¿Son la base de un 
continente en formación? Lo ignoro, y no es este lugar para 
considerar un punto tan complexo, casi imposible de resolver cien- 
tíficamente. Me concreto á hacer constar el hecho, el que por sí 
sólo es bastante sugestivo. Por otro lado, basta lo dicho para 



ii8 El Estado de Yucatán. 

demostrar que existe una especie de puente entre ambos mundos, 
á través del inmenso océano Pacífico, y que las islas mencionadas 
se encuentran muy cercanas unas de otras, para que la hipótesis 
se tenga como aceptable, á falta de otra mejor, y desde luego 
ésta es más verosímil que la de la Atlántida de Platón, desde cual- 
quier punto que sea considerada. 

La tercera etapa de la evolución humana debió efectuarse en 
la parte occidental del Asia, y allí el transformismo bosquejó al 
hombre blanco. Este ya no inmigró hacia el Este, sino que siguió 
el curso aparente del sol, y marchó hacia el Oeste, dividiéndose 
en dos grandes ramas : la que vino á formar la raza Mediterránea 
al Norte del África y en el Sur de Europa, y la que constituye la 
raza del Norte, en la que figuran los sajones y de la que los esla- 
vos son la última oleada invasora. — Los blancos llegaron á la 
América mucho, muchísimo más tarde, del Norte de Europa al 
Norte de América por Islandia y Groenlandia. 

Yo no niego que haya podido existir la Atlántida de que nos 
habla Platón en sus dos magníficos diálogos de Timeo y de Cri- 
sias; si no la acepto por completo es porque me parece invero- 
símil la existencia de ese Continente suplementario, del que, en 
realidad, no hacen mención ni indicación formal los egipcios, y 
porque entiendo, fundándome en las razones de todo género que he 
expuesto ya con tanta amplitud, que las emigraciones fueron asiá- 
ticas, en una época prehistórica, correspondiente al período pos- 
terciario americano, en que todavía no estaba poblado el occidente 
del África. 

Mejor que la Atlántida deberíamos aceptar, para el caso, la 
existencia de la Lemúrida, de cuyo continente Madagascar es el 
último vestigio; pero la situación de esta última, y el inmenso 
vacío que hay en la superficie del Pacífico en esas latitudes, entre 
África, ó mejor dicho, entre Madagascar y la América del Sur, 
hace desechar la hipótesis. Quizás, repito, fuese más racional 
admitir, como un postulado, la existencia de la Pacífida (y perdó- 
neseme el nombre), pues sería más fácil de fundar y de sostener 
tomando en consideración lo que expuse un poco antes. 

El estudio antropológico demuestra que las dos primeras razas, 
la negra y la amarilla, nacieron con facultades más limitadas que 
la blanca. El estudio craneano basta para patentizarlo. — El negro 
aparece en el peldaño inferior de la escala humana. Hoy mismo 
encontramos en esa rama el tipo inferior del hombre, casi idéntico. 



A n tropología, 119 

si no completamente, al del habitante de las cavernas, y otra de 
las pruebas de su inferioridad la hallamos en que no dejó ningún 
monumento perdurable, ninguna institución social, nada que se 
tenga como huella de su paso y de que salió del estado salvaje. 
Mas aún : en las regiones en que estuvo en contacto con la raza 
blanca, algo progresó ; pero al perder el contacto quedó estancado, 
paralizado, cuando no retrogradó. 

En los Estados Unidos, en Cuba y el Brasil, donde ese contacto 
ha sido constante y no interrumpido, su evolución es muy lenta, 
no tanto por las condiciones sociales, como por la idiosincrasia de 
raza. ¡ Qué diferencia tan grande con el mulato, producto de la 
mezcla de la raza blanca con la negra ! 

La raza amarilla, que aparece como una raza de transición para 
llegar á la blanca, es inferior á esta, pero muy superior á la negra 
en su morfología y sobre todo en la correspondiente á la craneana. 
Esa llegó muy lejos, pero se detuvo en su evolución, pudiéramos 
decir que en unas partes se petrificó, quedando estacionaria, como 
en Asia, y en otras retrogradó, como en algunas regiones ameri- 
canas. Los mayas, los nahoa y los quechuas se encontraban en 
plena decadencia cuando llegaron los españoles. Ya habían dado 
de si cuanto su naturaleza permitía. £1 mestizo de la raza amarilla 
con la blanca resulta superior al mulato, y quizás en muy poco se 
diferencia, en sus aptitudes, con la raza superior. 

Cierto es que hoy mismo vemos individuos de la raza negra y 
de la amarilla que admiran por su rara inteligencia y pueden colo- 
carse al nivel de los blancos ilustrados, sin llegar á los muy promi- 
nentes. Pero eso nada significa, no invalida la ley. Son fenóme- 
nos aislados, en cuya formación entran por mucho el medio 
ambiente actual, así como el contacto íntimo con el blanco, la 
educación y la instrucción que este les imparte. 

El Japón, que no tiene una raza pura, sino una mezcla en la 
que predomina el elemento amarillo, es el primer pueblo asiático 
que despierta del marasmo y se lanza á la corriente de la civili- 
zación moderna, estudiando con la raza blanca, y aprovechándose 
de la gran cualidad de imitación y de asimilación característica de 
los amarillos. Pero examinado á fondo ese país, se ve que todavía 
su progreso es mecánico, con tendencia á convertirse en orgánico ; 
y el día en que reciba la transfusión de sangre blanca, concluirá 
su evolución, que ya hoy por hoy es pasmosa. 



I20 El Estado de Yucatán. 



CAPITULO IX. 
etnografía: la raza maya. — opiniones sobre su origen y 

sus EMIGRACIONES. 

Necesario me ha parecido entrar en la larga disquisición con- 
signada en el capitulo anterior, ya para fundamento de lo que en 
el presente voy á consignar, ya para que comprenda el lector 
con más facilidad el sistema que sigo. Lo expuesto hasta aquí es 
una síntesis muy concreta de las teorías que profeso en antropo- 
logía, y las expongo sin pretender imponerlas, por lo que valgan, 
y á título de simples hipótesis racionales. 

Entremos ahora en el estudio de las razas aborígenes de la Pe- 
nínsula yucateca, procurando proceder con la mayor cautela y 
justificación, pues mis opiniones en mucho difieren de las clásicas 
que se han hecho, más que de uso corriente, de circulación forzosa. 

Los historiadores, siempre que tratan de los tiempos primitivos, 
tanto del Mejo como del Nuevo Mundo, por lo general no hacen 
más que repetirse. Así vemos que al ocuparse en los primeros 
pobladores de lo que es hoy la región mexicana, todos asientan 
que inmigraron del Norte y después se esparcieron por el país, 
penetrando algunas tribus hasta Centro América. El Estrecho de 
Behring nos ha sugestionado en Occidente tanto como la preten- 
dida Atlántida en el Oriente. 

Yo no niego, ni siquiera discuto que algunas tribus, entre ellas 
las nahoas, procediesen del Norte ; para creerlo así hay algo más 
que la tradición, pues se tiene la documentación en códices y en 
monumentos que lo revelan bien á las claras. 

La susodicha preocupación (pues no merece otro nombre) obe- 
dece á la fe que se da á la hipótesis de que los pobladores de 
América vinieron del Asia, atravesando el Estrecho de Behring 
y dirigiéndose de allí hacia el Sur. Si esto fuese cierto, habría 
que creer que esos inmigrantes, después de llegar á México, entra- 
ron en Centro América, pasaron á Colombia, y de allí unos toma- 
ron hacia el Este, por Venezuela y las Guayanas, después hacia 
el Sur, pasando por el Brasil y la República Argentina; mientras 
que otros, al llegar á Colombia, tomaron hacia el Poniente, por 



Etnografía, 121 

Ecuador, y de allí también fueron al Sur, por. Perú, Bolivia y 
Chile, hasta la Patagonia. 

Casi todos los historiadores de Yucatán han sido sugestionados 
por esas hipótesis, teniéndolas como hechos positivos. 

¿Quiénes fueron los primeros pobladores de la Península y de 
dónde vinieron ? En verdad no hay datos para resolver ese doble 
problema, pero yo soy de los que creen que los mayas fueron los 
conquistadores de Yucatán, y no sus primeros pobladores. 

Es seguro que cuando llegaron allí hallaron poblado la Penín- 
sula, aunque de una manera poco densa, y quizás por la raza 
negra, inmigrada también, ó por la amarilla, en estado sal- 
vaje aún. 

Encontramos en las tradiciones yucatecas, lo mismo que en las 
nahoas y en las peruanas, á los gigantes como primeros pobladores. 
Esta es una fábula, ó cuando menos un mito, fundado en los últi- 
mos ejemplares de los grandes proboscidianos que habitaban aún 
en algunas de esas regiones. Para confirmar las tradiciones yuca- 
tecas se fijan los autores en que en la lengua maya existe la pala- 
bra chac, que significa gigante, según el erudito Don Juan Pío 
Peréz ('* Diccionario de la lengua maya *') y en que se rendía culto 
á un dios llamado Chac, cuya imagen era gigantesca, según Cogo- 
lludo, quien también habla de unos huesos exhumados en 1647, ^^ 
un sepulcro de Becal, y afirma que sus dimensiones eran tan extra- 
ordinarias, que forzosamente debieron pertenecer á algún gigante. 
Landa ("Relación de las cosas de Yucatán") refiere otra ex- 
humación semejante ; pero ninguno de los dos dice de qué huesos 
se trata ni cuál era la medida. Los escalones de más de dos palmos 
de los templos de T-hó y de Itzamal, hacen considerar al mismo 
Landa que tales edificios no debieron haber sido construidos ni 
usados por una raza tan pigmea como la de nuestros días, como si 
dos palmos (media vara castellana ó sea 0.415 milímetros) fuese 
cosa tan excesiva para un escalón, y no los tuviésemos de mayores 
dimensiones en otras partes. Los de las ruinas cercanas al Puente 
Nacional, en el Estado de Veracruz, miden 7 pies de altura. 

Después cuenta la tradición recogida por Lizama, que Yucatán 
fué poblado por dos inmigraciones, una venida de Occidente, que 
fué la más numerosa, y la otra que vino de Oriente. Según ex- 
pone Don Eligió Ancona, todo el fundamento de esta tradición 
descansa en una conjetura que Lizama sacó de las voces Cen-ial 
y Noh-en-ial, con las que se pretende que los antiguos mayas de- 



122 El Estado de Yucatán. 

signaban respectivamente el Oriente y el Occidente, y añade: 
** En opinión de este escritor, la primera palabra significa pequeña 
bajada, y la segunda bajada grande, y de allí ha deducido que una 
tribu numerosa descendió del Oeste al país, y otra del Oriente. 
La traducción de Cen-ial no cuenta con la autoridad de ninguno de 
los diccionarios que tenemos á la vista, pues no hay uno sólo que 
dé al monosílabo cen la significación de pequeño. ¿Pertenecerá 
á la lengua maya antigua, perdida ya en opinión de muchos, y 
que sólo hablaban los príncipes y los sacerdotes ? " 

Brasseur de Bourbourg cree que la isla Española ó Haití, lo 
mismo que Cuba, estuvieron antiguamente habitadas por naciones 
análogas á las de Yucatán (** Relac. de las cosas de Yuc," pág. 
356), y Landa (" Relac," citada, V.), supone que la inmigración 
oriental vino del Antiguo Continente, y se compuso de judíos, á 
quienes Dios abrió doce caminos por en medio de las aguas; 
mientras que Lizama se declara partidario de los cartagineses, á 
quienes trae á la Península, haciendo escala en Santo Domingo 
y Cuba (" Historia de Nuestra Señora de Izamal." V. del ex.- 
tracto publicado por B. de Bourbourg). " Se ha dicho para fun- 
dar estas opiniones, que en las montañas de la última isla, en ^ 
interior de la primera y aún en Jamaica, se han encontrado restos 
de construcciones ciclópeas y rocas esculpidas, en las cuales ^^ 
ha creído reconocer caracteres del mismo género que los del alf ^i" 
beto hebreo." (B. Bourbourg, opus cit. pag. 356.) 

Tales especies no necesitan de una seria refutación ; ,pero si la 
necesitasen, basta lo dicho por el mismo Sr. Ancona, esto es, qi»^: 
'* la inmigración oriental, que sólo pudo haber venido de las Aiit;i- 
llas ó del Antiguo Continente, carece en nuestro concepto de tcxJa 
verosimilitud. Las tribus incultas y pusilánimes que habitaban 
aquellas islas en el siglo XV. no tienen ningún punió de consor 
guinidad con los valerosos y civilizados mayas de la misma época. 
La filología, que es uno de ios auxiliares más poderosos de ía 
historia, se rebelaría también contra esa comunidad de origen. 
La lengua maya es completamente distinta de todas las que se 
hablaban en las Antillas." Para el Sr. Ancona, si la inmigración 
oriental parece imposible, por las razones que expone, no suce<i^ 
lo mismo con la occidental y con otra que, en opinión de Land^» 
pudo haber venido del Mediodía. ** Unida la Península al Co^^' 
tinente por el Oeste y por el Sur, es muy verosímil que las trit^'t^s 
que en diversas épocas habitaron las provincias de México y ^^ 



Etnografía. 1 23 

Guatemala, hubiesen franqueado algunas veces sus límites para 
introducirse á la nuestra." 

El erudito y sabio escritor y respetable amigo mío, Don Juan 
Francisco Molina Solís, en su bien meditada ** Historia del des- 
cubrimiento y conquista de Yutacán," hace una reseña de la his- 
toria antigua de la Península, é investiga, á su vez, los orígenes 
del pueblo maya, sin remontarse á las razas primitivas que aquí 
habitaron ; y con el auxilio de las interesantes crónicas publicadas 
por el Dr. Brinton y por el Dr. Valentini, y de algunos documentos 
inéditos que posee, dice que pudo compaginar la historia de ese 
pueblo en las épocas anteriores á la colonización española. 

Según el Sr. Molina Solís, por el años de 162 de la era cristiana, 
una de tantas inmigraciones que bajaban de Norte América, se 
puso en camino rumbo al Sur, hacia los territorios que se ex- 
tienden al Mediodía de México : partió de la casa Nonoual ( i ) en 
la tierra de Tulapan. " No se sabe ni se puede determinar por 
ahora la localidad exacta de la casa de Nonoual ; pero puede te- 
nerse como cierto que por Tulapán entiende el cronista el país 
que se extiende desde el istmo de Tehuantepec hasta el río Bravo." 

" Hay historiadores que sostienen que Tulapán se confunde con 
Tula, pretendida capital de los toltecas, y otros lo consideran como 
un nombre mitológico, establecido para designar el origen anti- 
quísimo y desconocido de las emigraciones que vinieron á Yucatán. 
Nosotros preferimos la opinión antes asentada de que Tulapán 
equivale, en sentir del cronista, á lo que se llamó Anáhuac, y á lo 
que ahora llamamos México en el lenguaje vulgar." 

Antes de pasar adelante, me voy á permitir hacer algunas ob- 
servaciones. En todo lo que es hoy República Mexicana, no hay 
lugar alguno, ni se tiene noticia de que haya jamás existido, con 
el nombre de Tulapán. Existió Tollan, hoy Tula, y Tollantzinco, 
hoy Tulancingo ó sea pequeño Tula. Además, el Anáhuac, en su 
origen, no comprendió más que el Valle de México, y tal vez sólo 
parte de él, como lo demuestra su nombre, que en lengua nahoa 
sig^iñca junto ó cerca del agua, esto es: el territorio cercano á 
los grandes lagos del Valle de México. Después abarcó extensión 
mayor, merced á las conquistas de los monarcas aztecas, pero nunca 
comprendió todo el territorio en que estos ejercieron el señorío, 

( I ) Lukci ti cab ti yotoch Nonoual . . . u luumil u taleob Tulapán. 
Partieron de la casa de Nonoual ... la tierra de donde vinieron 
Tulapán. — Brinton, " The Maya Chronicles," pág. 95. 



124 El E s tad o d e Y uc atan. 

pues cada uno de los países conquistados ó aliados conservó su 
nombre y aún su forma de gobierno en muchos casos, quedando 
sólo como tributarios. Muchos, como Tlaxcala, Texcoco, Micho- 
acán &., nunca fueron subyugados. 

Vuelvo á dejar la palabra al Señor Molina Solís: 
*' Numerosas investigaciones se han verificado con el objeto de 
fijar á qué raza ó pueblo pertenecía esta primera emigración que 
vino á Yucatán, asentando unos que era una desmembración de 
la raza t oí teca; otros que pertenecía á la capot eca; otros á la 
olmcca; y aún algunos han sostenido que todas estas razas pasaron 
por Yucatán, dejando en su suelo los rastros de su permanencia, 
y en varios monumentos las pruebas de su dominación. Los tra- 
bajos más precisos y modernos comprueban que fué una sola la 
raza principal que dominó en el país, y que, por ser la más popu- 
losa, absorvió las otras emigraciones pequeñas que más ade- 
lante vinieron : de aquí la unidad del idioma, y la semejanza en las 
líneas generales de los monumentos de arquitectura. Esta raza 
es de la familia á que pertenecen los diferentes pueblos que domi- 
naron en Tabasco, Qiiapas, Centro América y Yucatán: se de- 
nomina la familia Maya-Kiche, y abraza todas las tribus que 
hablan los diferentes dialectos relacionados íntimamente con las 
lenguas maya y kiche." 

Me permito aquí otra interrupción. Hace muy bien el Sr. Mo- 
lina Solís en no admitir las filiaciones que en el párrafo anterior 
he puesto con cursivas. La raza tolteca llegó al Anáhuac en época 
posterior á la que él señala para la entrada de la primera inmigra- 
ción Maya-Kiche en Yucatán ; la raza zapoteca debe ser una alófila 
de las de Centro América, y es muy probable que no viniese del 
Norte, sino que procediese del Sur, como la de los tarascos; la 
raza de los olmecas no hay noticias de que llegase á salir del pe- 
ríodo bárbaro, y pereció sin dejar huellas; y, por otro lado, es 
absurdo creer que todas esas razas mencionadas pasaron por Yu- 
catán y dejaron huellas de su paso, primero, porque no se en- 
cuentran tales huellas, y, segundo, porque la misma configuración 
de la Península indica que era un lugar para que se diera término 
á las peregrinaciones, y no para que se iniciasen de nuevo, vol- 
viendo á regiones tan apartadas como aquellas de donde se había 
partido. Por eso creo, con el Sr. Molina Solís, que las pequeñas 
inmigraciones que más adelante vinieron, aquí se quedaron y fue- 
ron absorvidas por la gran masa maya. 



Etnografía, 125 

Y continúa diciendo nuestro autor: 

" El pueblo que vino en esta primera emigración no se deno- 
minaba maya, sino Chan, é indudablemente znno del interior de 
México, y pasando por Tabasco, Chiapas, Guatemala y Honduras, 
llegó por el Sudeste á Yucatán. 

" Existe una tradición autorizada, un dato histórico irrecusable 
y es que las emigraciones primitivas que vinieron á Yucatán, unas 
aparecieron por el Oriente y otras por Occidente. Este es un 
dato repetido en las fuentes históricas, y aun se añade que la 
emigración que entró por el Oriente fué menos numerosa que la 
que vino por Occidente, por lo cual se denominó Nohen-ial, y 
aquella Cen-ial, ó lo que es lo mismo Gran bajada y Pequeña 
bajada. Ocúrresenos que todas estas emigraciones sucesivas de 
pueblos que se suponían viniendo alternativamente del Oriente y 
del Occidente, traían todas idéntico origen, distinguiéndose úni- 
camente por el trayecto diferente que seguían en su viaje ó éxodo. 
Todas las que llegaron primero debieron ser grupos más ó menos 
numerosos de la misma familia, poseyendo idioma más ó menos 
análogo, costumbres y religión semejantes. La emigración que 
se dice venida del Oriente debió bajar de Norte América, cruzar 
México y penetrar por Centro América, de donde debió bajar por 
el Sudeste, hasta la parte oriental de Yucatán. La que se dice 
originaria del Poniente bajaría también de Norte América, cru- 
zaría México por la costa de Tamaulipas y Veracruz, atravesaría 
Tabasco, y penetraría á Yucatán por Champotón y Campeche, 
bajando por el lado occidental de Yucatán, caminando de Oriente 
hacia Occidente, y por esto la tradición enseñaba que había venido 
del Oriente, en tanto que la otra debió extenderse caminando de 
Poniente hacia Oriente, y de allí provino que se dijese había ve- 
nido del Poniente. La una se extiende de Bacalar á Chichen- 
Itzá, á Izamal, á Motul y á Mérida ó T-hó ; la otra de Champotón 
á Campeche y á Uxmal. 

" Las pruebas de nuestra opinión se encuentran en la situación 
de las ruinas esparcidas en el territorio de Yucatán. No puede 
negarse que las ruinas de grandiosos edificios sembradas de trecho 
en trecho por el lado oriental, viniendo desde Honduras por el 
Sudeste, marcan el itinerario de la primera emigración acaudillada 
por Holon-Chan. Todas estas ruinas son vestigios de templos 
dedicados al culto, ó de palacios destinados á los grandes digna- 
tarios ... Se encuentran bien marcadas las etapas ó lugares 



1 20 El Estado de Yucatán. 

de detención de la emigración que entró en Yucatán por este lado. 
En la exploración que en el año de 1879 h*^» Mr. Fowler en la 
colonia británica de Honduras, encontró ruinas de grandes edifi- 
cios de piedra, entre la catarata Garbutt y el río Deep, cerca de 
la frontera occidental de dicha colonia. Por el rumbo del Corozal 
se han encontrado también últimamente los restos de antiguos edi- 
ficios. ( ** Handbook of British Honduras," pág. 27.) Por el mismo 
lado oriental, existen las ruinas de Santa Rosa (en las cuales se 
han encontrado bajos relieves esculpidos con adornos de estuco 
semejantes á los de Palenque), las ruinas de Macobá, Akaboib, 
cerca de Becanchén, Napten, Uolciú, Tikul y Tulum. 

'* Por el Sudeste se encuentran también vestigios de antiguos 
edificios en Champotón, Xcalunkín, Nohcacab, Uxmal y Mayapán, 
y marcan el trayecto que siguieron las emigraciones que se dice 
entraron por el Oeste." 

Mi buen amigo el Sr. Dn. Alfredo Chavero, á cuya ciencia y 
laboriosidad se debe el tomo 1° de la monumental obra intitulada 
** México á través de los siglos," dice á páginas 161 : 

'* Nosotros nos explicamos el fenómeno etnográfico de la sigui- 
ente manera : con anterioridad á la época en que bajaron los aryas 
al Asia central, ó acaso empujada por ellos, emigró una raza an- 
terior al occidente, y al pasar por el África dejó en las riberas del 
Kilo los mismos gérmenes que trajo á las del Usumacinta: ex- 
tendióse después por Europa, dejando como marca de su camino 
innumerables túmulos y piedras votivas. En Europa las inmigra- 
ciones posteriores borraron casi sus huellas ; en el Egipto persisti- 
eron algimas de sus costumbres, á pesar de los elementos extraños 
que recibió después, y en la región meridional de nuestro territorio 
tuvo su completo desarrollo. Asi en el Egipto el túmulo llegó á 
ser colosal pirámide, y en su religión persistió el culto de los 
animales. . . . Así también vemos gran semejanza entre los 
ídolos egipcios y los quichés, pero no son los mismos; como la 
pirámide egipcia no es igual á la maya, ni en su construcción, ni 
en su forma, ni en su objeto. Los palacios con inscripciones dan 
idea de los asiáticos, como los trajes ; pero son, sin embargo, dife- 
rentes. Lo mismo observamos en los ritos y en las costumbres. 
Es el mismo germen, desarrollándose de distinta manera en medios 
diferentes. 

*' La época de la inmigración del Sur fué lacustre en su forma 
de tcrramarcs. Es notable que en la costa del Brasil y en la de 



Etnografía. 127 

África, que está enfrente, se han encontrado en un todo iguales 
estos terramares ó construcciones de los pantanos; lo que haría 
pensar que la unión de los continentes por el África había con- 
tinuado por mayor tiempo. (El Señor Chavero acepta la existen- 
cia de la Atlántida.) Lo cierto es que estas construcciones semi- 
lacustres dominan en el origen de la civilización maya, y que por 
lo mismo debemos buscar ese origen en una localidad á propósito : 
las tradiciones están conformes en señalamos la región del Usu- 
macinta." (i) 

" Las tradiciones nos presentan desde luego el nombre de Votan, 
como el de Zamná en Yucatán. Debemos ver en Votan más que 
un ser real, una personificación de la raza. Los cronistas, sigui- 
endo su costumbre de a justar nuestras antigüedades á los relatos 
bíblicos, han querido hacer diversos personajes hebreos de los 
nombres de los días del calendario chiapaneco, y suponen que 
fueron los primeros caudillos de la raza. Según ellos, el primer 
poblador fué Mox ó Imos, y se le representaba con el árbol gi- 
gantesco de la seiba; el segundo fué Igh y el tercero Votan, 
llamado también, según el obispo Núñez de la Vega, Tepana- 
guaste, que quiere decir Señor del palo hueco; á este se le adoraba 
como corazón del pueblo. . . . 

" En Mox estaba representado el pueblo autóctono ; era la 
seiba, árbol gigantesco y sagrado. . . . Conviene fijamos en 
dos puntos interesantes respecto á la raza autóctona : que se creía 
nacida de los árboles y que les rendía culto. 

" Votan, por el contrario, aparece en los manuscritos, no sólo 
inéditos sino desconocidos, (?) como un civilizador extranjero 
que llega por el mar: toca primero en la península de Yucatán, 
lo que indica que allí, en las marismas, fué el primer estableci- 
miento de los inmigrantes ; sin duda por su tierra seca y sin agua 
van buscando mejor terreno, y para ello siguen la costa, pero 
dejan á una parte en su primera mansión, siendo su representante 
Zamná ; llegan á la laguna de Términos, y allí se establecen en 
la boca del Usumacinta. Votan, luchando con las corrientes de 
este río, representa á la nueva raza extendiéndose poco á poco por 
sus riberas y poco á poco sobreponiéndose y dominando al pueblo 

( I ) La semejanza, en este caso, no obedece á la identidad de razas, sino 
á la identidad del medio. Lo que la inteligencia sugirió en África para 
dominar las condiciones del medio, lo sugirió también en el Usumacinta, 
V e^o es todo. [Xota del autor.] 



128 El Estado de Yucatán. 

autóctona. Sube \'otan el río hasta Catasasá, y ahí se establece : 
es la raza que toma asiento y para ello construye su ciudad. Por 
estar la ribera del Catasasá á poca distancia del Palenke. creeríase 
y se cree, que esta fué la ciudad fundada por Votan ; pero no 
podía tener tal magnificencia el primer pueblo fundado por la 
nueva raza, y la lejanía de cuatro á seis leguas en que del río 
Usumacinta están las ruinas, indica una construcción posterior 
para huir del desbordamiento periódico de las aguas. Votan era 
el jefe de una raza (lue á sí misma se daba el nombre de culebras ; 
Votan era un chan, una culebra, y el pueblo que fund<> llamóse 
Na-chan, ciudad de las culebras. 

'* Votan era un sacerdote, y por consiguiente el primer gobierno 
de los chañes fué la teocracia. El pueblo de la descendencia de 
los Votanes se llamaba Thiopisca, corrupción de Teopixca, que 
quiere decir lugar de los sacerdotes. Si quisiéramos, pues, supo- 
nernos por un momento á Votan ó á Zamná, diríamos que eran 
dos sacerdotes negros que habían traído de la Libia la nueva civi- 
lización y el nuevo culto. Esto nos explicaría esos dioses de 
semblante etiópico con el singular signo cuneiforme, como la ca- 
beza de Hueyápam y el hacha gigantesca. Xos daría también 
razón de por qué á los dioses se les untaba de ulli y los sacerdotes 
se pintaban de negro : particularidad que tuvo su origen de la civi- 
lización del Sur, pues á Quetzalcoatl, que representaba el sacerdo- 
cio nahoa, se le pinta de blanco y barbado. Esto explica igual- 
mente la arquitectura de la región, en la que \^iolet-le-Duc en- 
contró mezclados elementos de la raza amarilla y de la raza negra. 
Los mexica como recuerdo tenían un Dios negro, Ixtlilton, que 
quiere decir negro de rostro. 

*' Antes de pasar adelante diremos que Humboldt indicó la idea 
de que este Votan pudiera ser uno de los budhas que salieron á 
paises lejanos á propagar su religión. Nosotros le seguimcís. apo- 
yados en que uno de los nombres de Odin eran Vuotan, y en la 
creencia de que en el Palenke había huellas búdhicas, tales como 
la cruz y unos barros que representaban una trinidad y un santón. 
El Señor Orozco y Berra adoptó la idea y la desarrolló extensa- 
mente ; pero mayores estudios nos han convencido de que habíamos 
incurrido en error ; la cruz no es búdhica ; hemos encontrado los 
barros que se creían perdidos y no representan á tal santón ni 
menos á la Trinidad búdhica, y no hallamos ninguna huella del 
budhismo en la religión del Palenke." 




Palenque (Chiapas) : Galena del Palacio Principal. 



128 El Estado de Yucatán, 

autóctona. Sube \'otan el río hasta Catasasá, y ahí se establece: 
es la raza que toma asiento y para ello constniye su ciudad. Por 
estar la ribera del Catasasá á poca distancia del Palenke, creeríase 
y se cree, que esta fué la ciudad fundada por Votan ; pero no 
podía tener tal magnificencia el primer pueblo fundado por la 
nueva raza, y la lejanía de cuatro á seis leguas en que del rio 
Usuniacinta están las ruinas, indica una construcción posterior 
para huir del desbordamiento periódico de las aguas. Votan era 
el jefe de una raza (|ue á sí misma se daba el nombre de culebras; 
\'otan era un chati, una culebra, y el pueblo que fundó llamóse 
Xa-chan, ciudad de las culebras. 

*' \'otan era un sacerdote, y por consiguiente el primer gobierno 
de los chañes fué la teocracia. El pueblo de la descendencia de 
los Votanes se llamaba Thiopisca, corrupción de Teopixca, que 
quiere decir lugar de los sacerdotes. Si quisiéramos, pues, supo- 
nernos por un momento á Votan ó á Zamná, diríamos que eran 
dos sacerdotes negros que habían traído de la Libia la nueva civi- 
lización y el nuevo culto. Esto nos explicaría esos dioses de 
semblante etiópico con el singular signo cuneiforme, como la ca- 
beza de Hueyápam y el hacha gigantesca. Nos daría también 
razón de por qué á los dioses se les untaba de ulli y los sacerdotes 
se pintaban de negro ; particularidad que tuvo su origen de la civi- 
lización del Sur, pues á Quetzalcoatl, que representaba el sacerdo- 
cio nahoa, se le pinta de blanco y barbado. Esto explica igual- 
mente la arquitectura de la región, en la que Violet-le-Duc en- 
contró mezclados elementos de la raza amarilla y de la raza negra. 
Los mexica como recuerdo tenían un Dios negro, Ixtlilton, que 
quiere decir negro de rostro. 

** Antes de pasar adelante diremos que Humboldt indicó la idea 
de que este Votan pudiera ser uno de los budhas que salieron á 
países lejanos á propagar su religión. Nosotros le seguimos, apo- 
yados en que uno de los nombres de üdin eran Vuotan, y en la 
creencia de que en el Palenke había huellas búdhicas, tales como 
la cruz y unos barros que representaban una trinidad y un santón. 
El Señor Orozco y Berra adoptó la idea y la desarrolló extensa- 
mente : pero mayores estudios nos han convencido de que liabíamos 
incurrido en error; la cruz no es bíulhica; hemos encontrado los 
barros que se creían perdidos y no representan á tal santón ni 
menos á la Trinidad búdhica, y no hallamos ningima huella del 
budhismo en la religión del Palenke." 




Palenque fChiapas) r Galería del Palacio Principal. 



130 El Estado de Y ucatán. 

Como se ve, el Sr. Chavero cree que existió la Atlántída» que 
por ella vinieron los civilizadores de estas regiones, y acepta, por 
lo tanto, la teoría de la raza que vino del Oriente, contradicha 
por Dn. Eligió Ancona y por el Sr. Molina y Solis. Al mismo 
tiempo sostiene el Sr. Chavero que había una raza autóctona, esto 
es, hija de la tierra, no venida de fuera. 

Hablando con franqueza, diré que no me satisface ningmtt de 
las hipótesis que apuntadas quedan, y que son las únicas qne 
conozco, y entiendo que no se ha emitido ninguna más. 

A mi juicio, y esto lo expongo con toda timidez porque 
asusta el catálogo extenso de sabios que en mi contra opinan, 
esa parte de la América Central que he descrito y en la que 
prendo á Chiapas, Tabasco, parte del Istmo de Tehuantepec y lir 
Península Yucateca, la humanidad americana, si puede decirse aid^, 
alcanzó un desarrollo más rápido y una civilización más avaniada 
que todas las de los demás grupos étnicos de este Contineflít)¿. 
Esto se debió á circunstancias especiales de clima, de fertiUdÉÜ 
del suelo, y á otras causas que ignoro y que concurrieron en lá: 
India, para el Asia, y en el Egipto para el África. Yo creo que' 
todas las razas mediterráneas, que hoy malamente se llaman lattnsy 
tienen el mismo origen; y sin embargo, vemos que una de sos; 
familias, la egipcia, fué la que se civilizó primero, quedando fii 
otras sumergidas en la barbarie por largos siglos aún ; que del Nib: 
partió la civilización para la Grecia ; que de allí pasó á Roma, J 
de Roma al mundo. 

Fenómeno parecido encuentro en nuestra América. Sólo que 
aquí debió haber dos pueblos que pudiéramos considerar como 
fuentes de esa civilización: uno al Norte, en lo que hoy son los 
E. Unidos, y que fueron los menos favorecidos, de donde partieron 
las razas que conquistaron y civilizaron el Anáhuac, y otro en 
esa América Central, que fué la que alcanzó mayor y más tem- 
prano desarrollo, y de donde partieron emigraciones para d 
Oriente y el Poniente y también para el Sur. 

El símil entre el río Usumacinta y el Nilo, es perfecto y es 
sugestivo. Allí, á orillas de ese río majestuoso, con sus desborda- 
mientos periódicos que llevan la fecundación; de ese río, nacido 
en las montañas del Peten, hijo de la laguna de Panaxachd, á 
quien rinden tríbuto las filtraciones de los Islotes, al que se le ime 
multitud de arroyos, los que, en tiempos de aguas, son otros tantos 
ríos ; que penetra en el territorio mexicano ya con rico caudal de 



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Chichén-Itiá; A.tco 4t\ Tmo.t^'í 



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El QueiMlc')all de Savil, 
I-a Tcirrt- F-bclta lic Xacticliich. Arco Triunfal. Kabahaucan, 



Etnografía. 135 

Tunapa, á Ticiviracocha y Viracocha, que figuran en las crónicas 
peruanas, reformadores que llevaron la civilización maya-quiché 
á la América del Sur, pertenecientes á la rama Zama ó Zumé. 

Según los anales toltecas, Quetzalcoatl nació en el año de 895, 
y á los 26 de edad, esto es en 922, llegó á Tollantzinco, donde 
permaneció haciendo vida austera durante cuatro años. En 925 
fué nombrado rey y gran sacerdote de ToUan. 

Se dice que vino del Oriente, que era blanco y barbado y que 
usaba una túnica sembrada de cruces rojas y negras, y de allí se 
ha partido para considerarle como europeo, algún cristiano irlan- 
dés de los primeros que descubrieron la América, y que peregrinó 
hasta estas regiones. Bueno es hacer notar que hasta 982 no hay 
noticia de la arribada de europeos á nuestro Continente, y que en 
ese año fué descubierta la Groenlandia, y basta esto para desechar 
la hipótesis. 

¿Era realmente blanco Quetzalcoatl? No es posible contestar 
á esta pregunta. Bastaba que hubiese sido de color más claro que 
los toltecas, para que se le hubiese calificado de blanco. Que fuese 
barbado no implica forzosamente que fuese europeo. Los mexica 
figuraban también á Huitzilopochtli con barba, y en los monu- 
mentos mayas se encuentran también figuras barbadas. 

En cuanto á lo del traje talar con las cruces rojas y negras, 
parece una invención de Torquemada, y en los jeroglíficos mexica 
no aparece con tal indumentaria, aunque es cierto que en esos 
jeroglíficos lo representan con dos cruces. Don Alfredo Chavero 
explica el significado de esas dos cruces, diciendo que la una es 
mi cursó del astro (Venus) ; pero Quetzalcoatl, como estrella de 
la tarde, tiene un curso de 260 días, ó un año religioso de los 
nahoaSy -y como estrella de la mañana tiene otro curso de 260 
dbi8 ú otro año del Tonalámatl, y por eso es ponerle dos cruces. 

Eb d año de 1080 fija Cogolludo la llegada á Mayapán de los 
Cooomes llevando el culto de Kukulcán ó Quetzalcoatl. Pero por 
lac tradiciones mayas se ve que los Tutul-Xiú se apoderaron de 
la Península en los comienzos del siglo VI. y engrandecieron su 
corte en Qiichén-Itzá. A fines del siglo VIL, cuando el reino de 
los Tutul-Xiú estaba envuelto en la más sangrienta guerra civil, 
y se levantó el pueblo y arrojó á la casta guerrera que lo tiranizaba, 
y dio muerte á los malos príncipes, llegó Kukulcán, se hizo señor 
de Chichén, fundó á Mayapán, " se concilio los ánimos y resta- 
bleció la concordia," según afirma el Sr. Orozco y Berra. — Como 



136 El Estado de Yucatán, 

se ve el Kukulcán que llegó á Yucatán á principio del siglo VIL, 
ro podía ser el Quetzalcoatl que arribó del oriente al país de los 
Toltecas á fines del siglo XI. 

En el " Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Esta- 
dística " (" Segunda Época/' tomo III. págs. 114 y siguientes) en- 
cuentro un curioso artículo remitido por el Sr. Don José María 
Melgar, de Veracruz, tomado de un manuscrito quiche, según 
parece indicarlo, y en el que dice que, según las tradiciones tzen- 
dalcs, fué entre las bocas del Tabasco ó del Usumacinta donde 
apareció \'otan acompañado de aquellos á quienes la Providencia 
destinaba bajo su dirección á ser los fundadores de Palenque y de 
la civilización americana. . . . 

*' La analogía que se encuentra entre las tradiciones Tzendaks» 
quichés y mexicanas, sobre las personas representadas bajo los 
nombres diversos de \^otan, de Gucumas, de Cuculcám y de 
Quetzalcohuatl, haría creer que en el origen de la historia uno 
solo había reunido esta diversidad de nombres; pero la compaia- 
ción de todas las tradiciones nos decide, sin embargo, á admitir 
dos, Votan y Quetzacohuatl ; los nombres de Guacumas y Cucul- 
cám tienen la misma significación que este último. 

*' Cuando estos hombres llegaron, los habitantes que encontraron 
poblando estos países, fueron los Quinames ó gigantes, dados á 
todos los vicios de las sociedades primitivas. 

" La segunda inmigración aparece en Potonchaní y Xicalanco; 
allí es donde Gucumas y los jefes que le acompañaban efectuaron 
su desembarco. Zamna, uno de estos jefes, civiliza á Yucatán." 

Y sigue diciendo el referido texto, según el Sr. Melgar : " Sin 
embargo, nada anunciaba aún á Votan los altos destinos que le 
asignan las tradiciones, cuando otros extranjeros aparecieron en 
aquellas riberas : estos venían en grandes buques y vestían túnicas 
largas amplias, lo que hizo que se les llamase Tzesquil ú hombres 
vestidos con traje de mujer, cuyo apodo les quedó en el país. 
Una tradición agrega que hablaban la lengua Náhuatl (?) y que 
ellos fueron los que la trajeron á América. 

" Cuando Zamna entró en Yucatán acompañado de un número 
considerable de sacerdotes, guerreros y artistas de todas las pro- 
fesiones, todos capaces, fué cuando se dio á la Península el nombre 
de Ma<jyha, tierra sin agua (en hebreo agua es mayin). El fué 
quien hizo llegar aquel país al grado de esplendor que atestiguan 
sus ruinas. Después de muerto Zamna, fué enterrado en Izamal. 



El 



rafia. 



m 



" KI mando supremo de los expedicionarios al arribar á las 
playas iie nuestro país, lo tenia el Señor por excelencia, nombrado 
Ouctzacohuatl, traducido en los manuscritos quichees por 
(.lúcumas. 

■ Ei obispo Las Casas relata que se conservaba en esta parte 
di- \'ucatán (entre Campeche y Tabasco) la memoria de veinte 
jt'íes ilustres procedentes de Oriente que hablan desembarcado 
bajo el mando de Cukulcam, un gran número de siglos atrás, que 






,:^r 



¿ Mcctlar 



:iill¡?, Sayil. 



estaban vestidos con largas y amplias túnicas y traían grandes 
barbas." 

Vo entiendo que el Sr. Melgar, en lo que de él he copiado, se 
inspiró en lo escrito por Don Francisco Núñez de la Vega, Obispo 
de Ciudad-Real, Chiapas, y de Soconusco, quien en la visita que 
hizo en su obispado, el año de 1691, parece que recogió entre los 
indígenas unos antiguos calendarios y un cuadernillo historial 
antiquísimo, escrito en lengua tzendal. En el preámbulo de las 
Constituciones Diocesanas de dicho obispado, número 34, §XXX. 
asienta que " Votan es el tercer gentil que está puesto en el Kalen- 
darío. y en Quadernillo Histórico escrito en Idioma de Indio vá 
nombrando todos los parages, y pueblos, donde estuvo, y hasta 
estos tiempos en el de Teopíxca ha havido generación, que llaman 
de \'otanes." 

También dice que Votan " es el señor del Palo Hueco (que 



138 El E s tad o de Y uc atan, 

llaman Tepeneguáste) que vio la Pared Grande (que es la Torre 
de Babel), que por mandato de Noé su abuelo se hizo desde la 
tierra, hasta el Cielo, y que es el primer hombre, que embió Dios 
á dividir, y repartir esta tierra de las Indias." 

Asegúrase que el celoso obispo Núñez de la Vega, después del 
estudio que hizo del manuscrito, lo mandó destruir en 1690, en 
la plaza pública de Hemegctán (?) y hubieran desaparecido para 
siempre las noticias que contenía, si no hubiese existido en poder 
de Don Ramón Ordóñez y Aguiar, en Ciudad-Real, según sus 
comunicaciones, una copia sacada en los primeros tiempos de la 
conquista, y que fué publicada en parte por Don Pablo J. Cabrera, 
quien hace un estudio extenso y saca deducciones alambicadas 
sobre el origen de las razas americanas, lo mismo que el Sr. Mel- 
gar y tantos otros. 

Las leyendas relativas á los Quetzalcoatl de Sud América son 
parecidas á las de la región mexicana, desde la de Sumé ó Zumé, 
hasta la de Viracocha, todos provinientes del Norte, es decir, de 
ese Centro América que he descrito, y todos barbados, y aún la 
pareja de Manco Ccapac y Mama Ocllo Huaco debe tener la 
misma procedencia, siendo de advertir que este Quetzalcoatl difiere 
ya en la figura de sus congéneres, pues lo presentan sin barbas y 
francamente indio, aunque de color más claro que el resto de los 
quechuas. 

Esta pareja llegó al Cuzco por el año 1021, según la opinión 
más generalmente adoptada. Estos llamados " hijos del sol " 
establecieron una unión social entre las diversas tribus peruanas, 
combinaron sus esfuerzos y dieron un rumbo nuevo y más elevado 
á sus aspiraciones y pensamientos. Manco Ccapac enseñó á los 
hombres la agricultura, industrias y artes útiles, dictó leyes, formó 
una especie de pacto social y un sistema político bien organizado. 
Mama Ocllo enseñó á las mujeres el arte de hilar, tejer y teñir; 
las virtutes domésticas, la gracia decente y la fidelidad conyugal. 

Manco Ccapac, merced á su tino y perspicacia naturales, apro- 
vechó los elementos que encontró en el terreno que iba á civilizar. 
Vio que los quechuas tenían el culto del Sol, y se llamó hijo de 
ese astro y respetó los demás elementos heterogéneos que en ma- 
teria de religión existían, y procuró armonizarlos. Así vemos 
que entre los peruanos, como entre los mayas y los nahoas, se 
reconocía á un Ente Supremo, allí nombrado Con (el Kú de los 
mayas) que no tenía forma humana, ni cuerpo material, sino 



Etnografía. 139 

que era un espíritu invisible, omnipotente, que moraba en el uni- 
verso. No se construyó jamás un templo á Con y uno sólo á su 
hijo Pachacamac. 

Manco Ccapac, al llevar el nuevo culto, que es el de Con y 
Pachacamac, lo ingerto en la religión dominante, declarando á 
los indígenas que el Sol era el Numen Supremo, sin el cual nada 
podía existir en el mundo ; que los dioses Con y Pachacamac eran 
hijos del astro. 

Según una tradición, cuando Manco Ccapac creyó que estaba 
próximo á morir, reunió á sus hijos y parientes, comunicándoles 
que su padre, el Sol, le llamaba á descansar; y les encargó que 
guardasen las leyes que les había dado y que obedeciesen á su 
primogénito Sinchi Rocca, á quien instituyó por heredero; pero 
según otras tradiciones, Manco Ccapac al morir instituyó como 
heredero al Inca-Rocca, miembro de una familia indígena, y este 
fué el primer autócrata y cepa del Ayllo de la monarquía peruana. 

Pero volvamos á Quetzalcoatl. 

Como se ve, esto de Quetzalcoatl es un verdadero laberinto. — 
Parece que tanto ese nombre, como el de Gucumatz ó Gucumás 
que decían los tzendales, y el de Kukulcán de los mayas, significa 
lo mismo : Serpiente con plumas, aunque el Sr. Ancona hace ob- 
servar : " Brasseur traduce esta manera Kukul " emplumado ó 
adornado con plumas," can " serpiente.*' Kukul tiene tal acepción 
en su vocabulario ; pero la única autoridad en que se funda es un 
manuscrito antiguo, que sin duda es un vocabulario maya, de que 
es poseedor el ciudadano americano Mr. Brown. No conocemos 
este manuscrito; pero sí haremos observar que el Diccionario de 
Dn. Juan Pío Pérez no autoriza la traducción que nos ocupa. La 
que al parecer autoriza es ésta : Kukul-can, "templo donde se adora 
la serpiente." Además, no sabemos que estuviese adornada con 
plumas la serpiente con que se representa á Kukulcán." 

Yo no sé si la serpiente con que se representa á Kukulcán carece 
de plumas; pero sí aseguro que he visto en las construcciones 
mayas serpientes con plumas, entre otras, recuerdo la que está en 
la fachada del templo llamado de Las Mesas, en Chichén-Itzá, y 
mi amigo el distinguido arqueólogo Don Teoberto Maler, al des- 
cribir las ruinas de Sayil, presenta un Quetzalcoatl ó Kukulcán 
con una serpiente que tiene plumas, y en el Mausoleo IL de 
Chichén-Itzá hay inmensas serpientes con plumas. 

Los zapotecas tienen también su Quetzalcoatl, llámase en 



14° E¡ Estado áe Y uc atan. 

Didjaza, H'ixepccocha, apareció en Huatusco, á donde llegó por 
el mar; fué predicador, reformador y profeta. Desapareció, de- 
jando como recuerdo una cruz. — En otras relaciones aparece 
Wixepecocha en Mitla, predicando contra las vanidades del 
mundo, é invitando á los zapotecas á hacer penitencia. Fué perse- 
guido por el sacerdocio y desapareció en el cerro de Zempoaltepec. 
Wixepecocha también es barbado, como todos sus congéneres. 

Lo que sí es de llamar la atención respecto al nombre de 
Quetzal-coatl, es que aunque la forma parece nahoa, y lo es sin 




Cabeza Colosal de Scrpii 



Plumas, Chichén-Itzá. 



duda alguna Coatí (serpiente), la palabra Quetzal se refiere á un 
pájaro que sólo se encuentra en los bosques de la que he desig- 
nado como región Centroamericana, cosa que más me afirma en el 
origen quiche de ese reformador de los toltecas, quien, á mi 
juicio, salió de esa región para Tollan, y á ella regresó por 
Coatzacoalco. De esa misma región deben ser oriundos los demá&^ 
Quetzalcoatl, cualquiera que fuese la época en que aparecieron )-^ 
el nombre que llevaron. Un estudio comparativo y profundo d^^ 

religión, de ritos, tradiciones, leyes &. lo demostraría de una ma 

ñera palmaria. 

Perdóneseme esta larga digresión sobre los Quetzalcoatl ; per^n 
la he creído necesaria para mi tesis sobre la influencia que ejerció 
en América la civilización que llamo Centre 



Usos y Costumbres. 141 



CAPITULO X. 

usos Y COSTUMBRES DE LOS MAYAS: INDUMENTARIA. — CARÁCTER. 

COSTUMBRES DOMÉSTICAS. COSTUMBRES PÚBLICAS. — LA MILI- 

cía. — ^RELIGIÓN. — LAS DEIDADES. — EL SACERDOCIO. — RITOS FUNE- 
RARIOS. 

Desde el punto de vista etnográfico, y desde cualquiera otro 
que se considere, la raza maya constituye una sola familia. Es 
una de las ramas de la gran raza amarilla, que se aisló de las 
demás, desde temprano, se desarrolló por si sola, y á la que después 
aportaron su contingente otras razas que encontró en su pere- 
grinación y conquistó, ó que vinieron á fundirse con ella, en pe- 
queña proporción, después que estuvo adueñada de la vasta región 
que ocupó en nuestro Continente, desde Guatemala hasta el Cabo 
Catoche. 

La raza maya tenia, y aun tiene, características físicas y morales 
que algo la distinguen de todas las otras que figuraron en nuestras 
regiones. La estatura es mediana, como la de la mayor parte de 
los indígenas de México. Son bien proporcionados, esbeltos, 
fuertes, con esa fuerza más de resistencia que de impulso que es 
propia de los indios. Sus facciones son bastante regulares, su 
nariz aquilina, ó aborregada, á veces muy pronunciada, los pómu- 
los salientes aunque sin exageración chocante ; los ojos negros, la 
mirada serena y á las veces con relámpagos de audacia. No hay 
en ellos la obliquidad de ojos de los chinos, ni cosa que lo parezca. 
Son dolicocéfalos ; se nota algo de cónico en la cabeza, aunque 
mucho menos que en la mayor parte de las otras razas indígenas. 
El cabello muy negro y muy lacio. La boca bien formada, con 
labios de mediano grueso, dientes cortos, fuertes y blancos. Los 
pies y las manos pequeños y anchos. El porte es airoso, y nunca 
se encuentran individuos de aspecto servil, á pesar de los largos 
siglos que llevan de vasallaje. 

Las mujeres son bien proporcionadas, tienen facciones finas, 
ojos expresivos y el busto bien modelado; finas las muñecas y 
tobillos, cuello esbelto y andar airoso. Pies y manos pequeños 
y algo anchos, cabello negro, largo y lacio. 



142 El Estado de Yucatán, 



Tanto las mujeres como los hombres son poco propensos á la 
gordura, en el primer tercio de la vida ; pero las mujeres que han 
sido madre y pasaron de los treinta años, engordan tal vez dema- 
siado. Encanecen muy tarde y conservan su dentadura por largos 
años, cuando no comen las comidas europeas. 

Así eran y así son los mayas. 

Sin embargo, en los tiempos antiguos costumbres sociales y 
prácticas religiosas contribuyeron á deformar á los individuos, y 
era frecuente encontrar sujetos estevados, con la cabeza aplastada, 
horadadas las orejas y arpada la ternilla de la nariz. Estos de- 
fectos eran adquiridos. Las madres acostumbraban entonces, como 
acostumbran hoy aún las mismas mestizas, á cargar á sus hijos, 
en la época de la lactancia, á ahorcajadas sobre las caderas, así 
como las indias de México los llevan á las espalda. Además se 
desfiguraban, porque, como aseguran los primeros pobladores 
españoles " también trayan qarcillos en las orejas y anillos en los 
dedos de un metal como agofar traído de fuera déla tierra y cri- 
aban cabellos muy largos y preciábanse de tenerlos muy negaos — 
labrávanse los hombres el cuerpo, bragos, piernas y el rostro, cada 
uno como quería, porque quando se labravan heran ya hombres 
de más de veynte y cinco años, y las mugeres no se labravan sino 
los pechos y bragos." — Esas crueles arpaduras se las hacían en 
homenaje de sus dioses, y " el que no se sujetaba á ellas siquiera 
por una vez en su vida, era considerado como cobarde." 

No usaban barba ni bigote ; se embadurnaban el rostro con tierra 
bermeja, y en medio de la cabeza se abrían una coronilla, quemán- 
dose el pelo para que no creciese, y lo dejaban crecer en toda la 
circunferencia, y usábanlo largo y trenzado, arrollándolo alre- 
dedor de la cabeza en forma de guirnalda, dejando colgar para 
atrás el cabo de la trenza, á guisa de coleta. 

Según los testimonios recogidos á raíz de la conquista, "andavan 
los varones desnudos y solamente trayan cubiertas las partes 
vergonzosas con una venda de colores dando muchas bueltas al 
cuerpo y una xaquetilla de algodón de muchos colores abrochada 
por delante sin mangas y por capa una manta pintada que cubría 
el cuerpo, con un nudo al hombro yzquierdo, trayan calzado de 
cuero de venado y de henequén á su modo — las mugeres trayan 
cubierto déla cintura abajo con unas naguas ó mantas de algodón 
de muchos colores y delante en los pechos una redezilla que alguna 
servia para coger el cavello." 



Usos V Costumbres. 143 

Algunas, especialmente en las provincias de Kin-Pech y Bakha- 
lal, usaban, además, un paño de algodón ancho y cuadrado, que, 
colocado por delante del seno y pasando dos extremidades por 
encima de los hombros, y las otras dos por las axilas, se anudaba 
por la espalda. Al salir de casa llevaban en la mano un lienzo 
íirrollado y bien doblado, del cual nunca acaecía se olvidasen: 
como la toca actualmente, era para ellas aquel lienzo el distintivo 
del sexo. — Se teñían el cuerpo con aguas olorosas, á las que eran 
muv aficionadas. 

El pudor era una de las virtudes más generalizadas, sobre todo 
en las mujeres. Estas eran hacendosas, amaban el hogar domés- 
tico, servían al esposo con cariño, y educaban á sus hijas con 
esmero. El obispo Landa habla con calor de la honestidad, de la 
hermosura y de otras grandes cualidades de estas mujeres, y no 
tiene embarazo en darles preferencia sobre las españolas (" Rela- 
ción de Landa," XXXI). 

Si bien de índole mansa, eran celosas, y cuando la conducta del 
msirido despertaba en ellas la pasión de los celos, salían fuera de 
sí, y su enojo no conocía freno. 

Sus ocupaciones eran hilar algodón, tejer mantas, hacer la- 
bores de plumas para sus prendas de vestir, y preparar los ali- 
inentos. El 2Ó ó atole ; sucuc uah, ó tortilla de maíz, que cuando 
no era acabada de hacer llamaban chuchul uah, y cuando era muy 
seca totoch uah; cuando estaba hecha al homo, tzuhbil uah; y 
cocida en cenizas, pentaan; la tortilla mezclada con frijoles moli- 
<íos se llamaba muxub, y revuelta con jugo de frijoles y chile, 
pcLpakzul; la torta de maíz nuevo se llamaba chepe. También 
usaban una bebida llamada keyem, que es el pozole de los nahoa, 
y otra llamada kah, que es el pinole. 

Hacían dos comidas al día, siendo la cena la principal, figurando 
^^ ella guisados de legumbres, carne de venado, aves y pescado 
fresco ó salado. No comían en familia, sino separados los hom- 
ares de las mujeres : sentábanse en el suelo, y sólo la gente acomo- 
dada hacía uso de una estera de paja, de listones blancos ó de 
alores, que llamaban pop, y es el petatl (petate) de los nahoa. 

A veces la mujer acompañaba al marido en las labores del 
campo. 

Las madres descuidaban la educación de sus hijos varones ; pero 
ponían especial esmero en la de las hijas, haciéndolas huir de la 
ociosidad, castigando sus faltas, y enseñándolas á ser modestas y 



144 ElEstadodcYucalán. 

honestas, y daban tal importancia á esa educación, que tenían 
como gran palabra de reproche y hasta como nota de baldón decir 
á una mujer xmaiiá, esto es : mujer criada sin madre. 

La mujer maya jamás asistía á los sacrificios horrendos im- 
puestos por el culto idolátrico, y sólo concurría á los templos 
cuando no habían de practicarse sac riñe ios humanos, ni bailes 
lascivos. 

Los bailes mayas estaban salpicados de pasos lúbricos, como 
todos los de los pueblos bárbaros, y con especialidad los que se 
celebraban en los templos. En estos no tomaban parte las mujeres 




El Templo df 



Mesa de los Dioses, Chichén-Itzá. 



honradas, las que nada más bailaban en sus casas, sin que ia; 
acompañaran los hombres. Sólo había una danza, la llamada 
ñaua!, en que tomaban parte ambos sexos. 

Aun en la embriaguez se aislaban de los hombres : gustaban del 
balaché, ó hidromel, excusando la presencia del marido y de los 
amigos; y la embriaguez era menos común en las mujeres. 
(Landa, lugar citado.) 

Aseguran que los mayas eran sobrios, y solamente prescindían 
de esa sobriedad en las grandes solemnidades civiles ó religiosaS' 
las que generalmente terminaban con un copioso banquete, en (jue 
se embriagaban todos los circunstantes con el balaché, licor fabri- 
cado con agua, miel de abeja y la corteza de un árbol nombrado 
balaché. A este licor llamaron los españoles pilarrílla. 



Usos y Costumbres. 145 

Tenían la buena costumbre de ayudarse unos á otros en todos 
sus trabajos. " En tiempo de sus sementeras, los que no tienen 
f;:ente suya para las hazer, júntanse de XX. en XX. ó más ó menos, 
y hazen todos juntos por su medida y tasa la labor de todos, y no 
la dejan hasta cumplir con todos." Así también las mujeres 
•' tenían costumbres de ayudarse unas á otras á las telas y al hilar, 
y pagaron estos trabajos, como sus maridos los de su eredad.'' — 
(Landa, § III. pág. 130, y XXII. pág. 190.) 

Según el mismo autor, nunca los yucatecos tomaron más de 
una esposa; pero, según Cogolludo, contradice Aguilar en su in- 
forme ese punto, diciendo que tenían muchas. — '* No podían ca- 
sarse con sus madrastras, ni cuñadas, hermanas de sus mujeres, 
ni tías, hermanas de sus madres ; y si alguno lo hazía, era tenido 
malo; con todas las demás parientes de parte de su madre contra- 
ymn, aunque fuese prima hermana.'' (Landa.) 

Hablando de las penas aplicadas al adulterio, dice Lizama : ** Si 
era mujer casada (la que lo cometía) le dauan á la vergüenza 
por castigo, que en aquel tiempo lo era muy grande, respecto de 
que las mujeres eran honestísimas, tanto, que no leuantauan los 
ojos del suelo, ni se reían por cosas que les dixesen ... y 
quando dauan, ó recibían alguna cosa de manos del varón, boluían 
la cara al otro lado y les mostrauan las espaldas, y oy dia vsan 
esso las Indias simplezillas, y á veces las taimadas. ... La 
vergüenza la dauan por pena á la muger casada, ó libre que caía 
en fornicación : mas al varón era mas grave la pena, porque le 
entregauan al marido de la que pecó con él, y si le quería perdo- 
nar, lo hazía, y si no, se subía en alto, y le echaua enzima vna gran 
losa, que bastaua para hazerlo tortilla." 

Cogolludo asienta que tanto el hombre como la mujer que come- 
tían adulterio, tenían pena de muerte, la que se ejecutaba flechán- 
dolos; y el doctor Aguilar dice que estacándolos. 

Los yucatecos compraban á sus esposas. Si una mujer no tenia 
hijos, el marido podía venderla, á menos que el padre consintiese 
en devolverle el precio que aquél hubiese pagado. (Ternaux- 
Compans, ** Nouvelles.") 

A propósito de las leyes domésticas, asienta el referido Landa 
que : " tienen mucha cuenta con saber el origen de sus linajes, 
especial si vienen de alguna casa de Mayapan, y esso procuran 
de saberlo los sacerdotes, que es una de sus sciencias, y játanse 
mucho de los varones que en su linaje ha ávido señalados. Los 



146 El Estado de Y ucatán. 

nombres de los padres duran siempre en los hijos; en las hijas 
no. A sus hijas é hijos siempre llamavan del nombre del padre 
y de la madre : el del padre como propio y el de la madre como 
apellativo. Desta manera el hijo de Chel y Chan llamavan Na- 
Chan-CheL . . . 

** Los indios no admitían las hijas á heredar con los hermanos 
sino era por via de piedad ó voluntad . . . partían los 
hermanos igualmente, salvo que al que más notablemente havia 
ayudado á allegar la hazienda, davan la equivalencia; y si eran 
todas hijas, heredaban los hermanos ó más propinquos. Y si 
eran de edad que no sufría entregar la hazienda, entregávanla á 
un tutor debdo el mas cercano, el qual dava á la madre para 
criarlos, porque no usavan de dexar nada en poder de madres, ó 
quitánvanles los niños, principalmente siendo tutores hermanos 
del difunto. Estos tutores davan, lo que assí se les entregava, á 
los erederos, quando eran de edad. ... Si quando el Señor 
moría, no eran los hijos para regir, y tenia hermanos, r^a de 
los hermanos el mayor ó el mas desenvuelto, y al eredero mos- 
traban sus costumbres y fiestas para quando f uesse hombre, y estos 
hermanos, aunque el eredero fuesse para regir, mandavan toda 
su vida, y si no avia hermanos, elegían los sacerdotes y gente 
principal un hombre sufficiente para ello." 

Los mayas eran hospitalarios con sus compatriotas, y el via- 
jero que tenía necesidad de recorrer grandes distancias, po(fia 
estar seguro de que entrando en la más humilde cabana, no sólo 
encontraría un abrigo para reposar de sus fatigas, sino también 
el alimento necesario. 

Pero al mismo tiempo los mayas eran sanguinarios, hipócritas 
y supersticiosos, insociables y con un odio implacable hacia todo 
lo que era de origen extranjero. Al prisionero de guerra, cuando 
no lo esclavizaban, lo mataban en medio de los más crueles tor- 
mentos, lo descuartizaban, tomaban alguno de sus miembros, 
separaban la carne y se colocaban los huesos en el brazo, como 
trofeo ; trofeo que ostentaban en los bailes, en las ceremonias re- 
ligiosas y en los actos de la vida pública. " El odio contra el 
enemigo no se detenía en su persona : se extendía á su mujer, a 
sus hijos, á su hacienda, á sus ciudades, á todo, en fin, lo que le 
pertenecía. Quizás á esta negra sombra del carácter nacional se 
deban las numerosas ruinas de que está sembrada la Península/ 
(E. Ancona, obra citada.) 



148 El Estado de Yucatán. 

La administración de justicia entre los mayas era breve, y 
crímenes y faltas se castigaban con gran rigor, sin que los fallos 
tuviesen apelación. 

El homicidio, aunque fuese casual, llevaba aparejada la pena 
de muerte. El hurto se pagaba con la esclavitud. — No había 
prisión por deuda. Al forzador de una doncella, lo lapidaban.— 
El que traicionaba á su señor, tenía pena de muerte, lo mismo que 
el incendiario. 

El pueblo pagaba tributo á sus señores, el que consistía en 
mantas pequeñas de algodón, gallinas de la tierra, algún cacao, 
donde se cosechaba, y copal, todo ello en pequeña cantidad. 
Afirma Cogolludo que muchos nobles tenían vasallos, reconocían 
al supremo señor, y les servían en la guerra. 

Landa asienta que todo el pueblo hacía las sementeras de los 
señores y se las beneficiaban y recogían en cantidad que le bastaba 
á él y á su casa, y " quando avía cazas ó pescas, ó era el tiempo 
de traer sal, siempre davan parte al señor, porque estas cosas 
siempre las hacían de comunidad." 

Los mayas vivían en poblaciones, por miedo de caer cau- 
tivos de sus enemigos; y por motivo de la guerra de los espa- 
ñoles se diseminaron en los montes. (Véase á Landa, § XVI. 
pág. 90.) 

Los señores tenían caciques en los pueblos, ó una persona prin- 
cipal para oír pleitos y públicas demandas. El cacique recibía á 
los litigantes ó negociantes, y entendía de la causa de su venida; 
si la materia era grave, la trataba con el señor. Para resolverla 
estaban señalados otros ministros, que como eran abogados y 
alguaciles, asistían siempre en presencia de los jueces. Estos y 
los señores podían recibir presentes de ambas partes. Fallaban 
verbalmente. y sus fallos quedaban -firmes y causaban ejecutoria, 
sin que se atraviesen las partes á obrar contra ello. (Véase Cogo- 
lludo, lib. IV. cap. in.) 

Eran los mayas valientes, cualidad que han conservado hasta 
nuestros días, y tenían mucha vanidad en su valor; y en el tiempo 
de su crianza, además del respeto que les enseñaban á tener á los 
ancianos, y del trabajo y de la virtud, los inclinaban infinitamente 
á la guerra, según enseña Herrera. (Dec. IV.) Las guerras 
duraban poco, por causa de la escasez de las provisiones que 
podían cargar las mujeres á cuestas. 

En dichas guerras hacían grandes ofrendas de los despojos, y 



Usos V Costumbres, 149 

si cautivaban á algún hombre notable, lo sacrificaban luego, porque 
no querían dejar quien los dañase después. Los demás cautivos 
quedaban en poder de quienes los aprisionaban. 

Tenían siempre dos capitanes, uno perpetuo, cargo que era here- 
ditario, y otro elegido, con muchas ceremonias, por tres años, 
** para las fiestas que celebraban en su mes Pax y cae el doce de 
Mayo, ó por capitán de la otra banda para la guerra. A este le 
llamaban Nacón, y durante el tiempo de su encargo no podía tener 
contacto con mujer alguna, ni aún con la propia, ni comer carne, 
ni embriagarse, ni tratar mucho con el pueblo." 

En cada población había gentes escogidas, llamadas holcanes 
que, cuando era necesario, acudían con sus armas ; y cuando estos 
holcanes no bastaban, se llamaba más hombres del pueblo. 

Esas milicias no recibían sueldo sino en tiempo de guerra, sueldo 
corto que pagaban los capitanes, y si no bastaban los recursos 
de estos, el pueblo ayudaba. Acabada la guerra, los soldados 
hacían muchas vejaciones en sus pueblos, se hacían servir y rega- 
lar; y si alguno había matado á algún capitán ó señor, era muy 
honrado y festejado. (Landa, §XXIX.) 

Religión. — Los mayas, como los nahoas, creían que había 
habido mundos anteriores, siendo el presente el cuarto. Dos si- 
glos habían terminado á causa de plagas devastadoras: daban á 
éstas el nombre de muertes repentinas, porque se decía que era 
la peste tan violenta y mortal que las aves de rapiña vivían dentro 
de las casas v se comían los cadáveres de sus moradores. El tercer 
mundo concluyó sea por un huracán que sopló á la vez por los 
cuatro puntos cardinales, sea, según otros, por una inundación que 
recorrió el mundo haciendo desaparecer todas las cosas en su ole- 
aje montañoso. — (Brinton, pag. 214.) 

Creían en la inmortalidad del alma; que había, después de la 
muerte, otra vida más excelente, de la cual gozaba el alma al 
separase del cuerpo. Esta vida futura decían que se dividía en 
mala y buena, la primera para los que habían vivido en el vicio ; 
la segunda para los virtuosos. Estos iban á un lugar delicioso, 
donde ninguna cosa les causase pena, y hubiese abundancia de 
comidas gratas y un árbol que llaman Yaxché (ceiba), muy fresco 
y de gran sombra, bajo el cual descansan y se huelgan para 
siempre. 

Los malos habían de ir á un lugar más bajo, llamado Mitnal 



I so El Estado de Yucatán. 

(infierno) en el que atormentan los demonios y causan grandes 
necesidades de hambre, frío, cansancio y tristeza. 

Dice Cogolludo que parece que todos los indios de estos reinos 
tenían puesta su mayor felicidad en la muchedumbre de dioses 
que adoraban, y que asi los de Yucatán para casi cada cosa tenían 
su dios, como los de la Nueva España, diferenciándose sólo en 
los nombres. 

Los de Campeche tenían un ídolo particular, al que llamaban 
dios de las crueldades, y le sacrificaban víctimas humanas. Su 
nombre era Kinchachanhabán. — Los de Tihoó, hoy Mérida, otro 




Elementos de Decoración de un Mausoleo, Chichén-Itzá. 



llamado Ahcluhicaan. — Los muy antiguos de Tihoó tuvieron otro 
llamado VíKlotnchaam. En Cozumel á Ahhulané ó Akhulneb, 
que pintaban con una flecha. — En Itzamal adoraban cc«i gran de- 
voción á Itzamat ul, que quiere decir " el que recibe ó posee la 
gracia del cíelo, ó rocío del cielo." También adoraban á Kinick 
Kakmó, sol con rostro, al que acudían en tiempo de epidemia. 

Según Landa adoraban también cuatro dioses llamados Bacdb, 
que figuraban ser cuatro hermanos que cuando creó Dios el mundo 
ios colocó en las cuatro partes, para que no se cayese el cielo. — El 
abate Brasseur de Bourbourg dice, en su " Manuscrito Troano," 
que representan á las cuatro Grandes Antillas, que son las cum- 
bres de las montañas preservadas del cataclismo. 

El mayor de todos los dioses, á quien llamaban Kinchachau, fué 



Usos y Costumbres. 151 

casado, y su mujer Yx azal voh fué la que inventó tejer las telas 
de algodón. El hijo del dios único ( ?) que llamaban Itzamná 
** tengo por cierto que fué el hombre que entre ellos primero in- 
ventó los caracteres que servían de letras á los indios, porque á 
este le llamaban también Itzamná, y le adoraban por dios, como 
también á otro ídolo de una diosa, que decían era madre de los 
otros dioses, y la llamaban Yx Kanleox y otros diversos nombres " 
(Cogolludo). 

Ixchehelyax fué la diosa inventora de la pintura ; Ixchel la que 
inventó la medicina, aunque el dios de esta era Citbolontún. 
Xochitam era el dios de la música; y adoraban también el ídolo 
de un indio que fué un gran cantor y músico, llamado Ah Kin 
Xooc. 

Veneraban un ídolo llamado Kuculcán (este era el Quetzalcoatl 
de los toltecas), quien había sido un gran capitán, y el de Kaku- 
pacat, quien en las batallas se abroquelaba en una rodela de fuego. 
En las guerras cuatro capitanes conducían un ídolo llamado Ah 
chuy Kák, que era el dios de las batallas. 

Entre esos dioses figuraban Chac, un gigante, inventor de la 
agricultura ; Muí Tul Tzec, que presidía el mal tiempo ; Htubtún, 
que escupía piedras preciosas; Acat, Lahunchaam, Teel cuzam; 
Rakalkú, dios de la muerte. Agrega Cogolludo, de quien vengo 
extractando estas noticias, que creían los indios de Yucatán que 
había un Dios único, vivo y verdadero, que decían ser el mayor 
de los dioses, y que no tenía figura ni se podía figurar, por ser 
incorpóreo. A este le llamaban Hunab Ku, Decían que de él pro- 
cedían todas las cosas, y como á incorpóreo no lo adoraban. Tenía 
un hijo, á quien llamaban Hun Ytsamná ó Yaxacocahmut, 

Los sacerdotes eran tan venerados que eran los verdaderos 
señores, castigaban y premiaban y eran obedecidos ciegamente. 
" Llamábanse, y se llaman, en lengua maya Ab Kin, que se deriva 
de un verbo Kinyah, que significa sortear ó echar suertes. Y 
porque los sacerdotes antiguos las echavan en sus sacrificios, 
quando querían saber, ó declarar las cosas que se les preguntava, 
los llamavan Ala Kin." (Lizama, fol. 8.) 

Sobre ellos da más detalles Landa, quien dice : " Que los de 
Yucatán fueron tan curiosos en las cosas de la religión como en 
las del govierno, y que tenían un gran sacerdote que llamavan 
Ahkin-Mai, y por otro nombre Ahau-Can-Mcd, que quiere decir 
el Sacerdote Mai, ó el Gran Sacerdote Mai {Principe Serpiente 



152 El Estado de Yucatán. 



Mai, según Brasseur de Bourbourg), y que éste era muy reveren- 
ciado de los señores, el qual tenia repartimiento de indios, pero 
que, sin las ofrendas, le hazían presentes los señores, y que todos 
los sacerdotes de los pueblos le contribuían ; y que á este le succe- 
dian en la dignidad sus hijos y parientes mas cercanos, y que en 
este estava la llave de sus sciencias, y que en estas tratavan lo 
mas, y que davan consejos á los Señores y respuestas á sus pre- 
guntas ; y que cosas de los sacrificios pocas vezes las tratava. sino 
en fiestas muy principales, ó en negocios muy importantes ; y que 
€ste proveia de sacerdotes á los pueblos, quando faltavan, exami- 
nándolos en sus sciencias y cerimonias, y que les encargava las 
cosas de sus ofiicios y el buen exemplo del pueblo, y proveya de 
sus libros y los embiava, y que estos attendian al servicio de los 
templos, y á enseñar sus sciencias y escribir libros de ellas. 

** Que enseñavan los hijos de los otros sacerdotes y á los hijos 
segundos de los señores, que les llevaban para esto desde niños, 
si veian que se inclinavan á este officio. 

*' Que las sciencias que enseñavan eran la cuenta de los años, 
meses y dias, las fiestas y cerimonias, la adminstracion de sus 
sacramentos, los dias y tiempos fatales, sus maneras de adivinar 
y sus prophecias . . . remedios para los males, y las antigüe- 
dades, y leer y escrivir." 

Los más idólatras eran los sacerdotes, chilanes, hechiceros y 
médicos, chaces y nacones. 

Había una especie de vestales, mujeres que nunca salían de 
sus monasterios, y permanecían vírgenes. Cuando morían, las 
adoraban en sus estatuas, como diosas. 

Según Herrera, se practicaba en Yucatán el bautismo, y en 
lengua maya esa palabra quiere decir " renacer." Tenían á ello 
tanta devoción y reverencia que nadie dejaba de recibirlo. 

Lizana refiere que había confesión entre esa gente ; más era en 
tiempo de morirse, ó cuando la mujer estaba de parto. Confesa- 
ban de los pecados graves al sacerdote, ó al médico, ó al marido 
la mujer, y á la mujer el marido. Pero no se guardaba el secreto, 
sino que se publicaban esos pecados por el confesor, entre los 
parientes, para que todos pidiesen á Dios el perdón. 

CogoUudo informa de que se conservaba la memoria de qüC 
la Isla de Cozumel era el supremo santuario, donde no sólo los 
moradores de ella, sino los de otras tierras, concurrian en romerías 
y peregrinaciones para adorar los ídolos ; y que se veían vestigios 



Usos y Costumbres, 153 

de calzadas que como caminos reales atravesaban el reino, para 
que llegasen á Cozumel al cumplimiento de sus promesas. 

También eran grandes santuarios Acuzamil y Xicalanco, Petén- 
Itzá é Itzamal. El cenote de Chichén-Itzá era también muy vene- 
rado. 

Eran los mayas grandes rezadores y ayunadores, y además de 
los templos comunes, tenían muchos de ellos oratorios en sus 
casas. 

Practicaban los sacrificios humanos. Había entre ellos muchas 
maneras de sacrificar á sus dioses, ayunando dos ó tres días, y 
procurándose grandes martirios. A cada cosa que hacían se ofre- 
cían muchos al sacrificio, y los flechaban y sacrificaban, cada (}ía. 
(Lizana.) También, por alguna tribulación ó necesidad, les man- 
daban los sacerdotes ó chilanes sacrificar personas, y para esto 
contribuían todos, para que se comprasen esclavos, ó algunos de 
devoción daban sus hijos, los cuales eran regalados hasta el día 
y fiesta de sus personas, y muy guardados para que no se huyesen 
ó manchasen con algún pecado carnal, y mientras los llevaban de 
pueblo en pueblo con bailes, ayunaban los sacerdotes y los chilanes 
y otros oficiales. En el día señalado matábase á la víctima, ya. 
flechándola, ya sacándole el corazón, con todas las ceremonias de 
las festividades mexicanas. En algunos casos, la víctima era 
pintada de azul, y los rostros de los ídolos untados con la sangre 
de aquella. (Véase Landa, § XXVTII. pág. 164.) 

El oficio de abrir el pecho á los sacrificados, que en México era 
estimado, en Yucatán era poco honroso, según Herrera. Después 
de sacrificada la víctima, era desollada, vestíase el sacerdote el 
pellejo y bailaba; enterraban el cuerpo en el patio del templo, y 
algunas veces se lo comían, " aunque los de Yucatán no fueron 
tan grandes comedores de carne humana." 

Practicaban con mucho ahinco los ritos funerarios ; lloraban al 
deudo difunto, en silencio durante el día, con grandes alaridos 
durante la noche. Amortajaban á los muertos, rellenándoles la 
boca con maiz cocido y con algunas piedras de las que les servían 
de moneda, para que en la otra vida no les faltase de comer. En- 
terrábanlos dentro de sus casas, echando en las sepulturas algu- 
nos ídolos, y, si era sacerdote, algunos de sus libros; y si hechi- 
cero, de sus piedras de hechizos. No tenían cementerios. 

Los señores y gentes de mucha valía, eran incinerados y ponían 
las cenizas en grandes vasijas y edificaban templos sobre ellas. 



154 El Estado de Yucatán. 

Cuenta Stephens que descubrió un esqueleto en las ruinas de 
Tikul. " No tenia cubierta ni envoltura de ninguna especie ; ha- 
bíase echado la tierra sobre él como en cualquiera otra sepultura, 
y al removerse aquella, el esqueleto se hizo pedazos. Estaba sen- 
tado, con el rostro vuelto hacia el poniente. Tenía las rodillas 
dobladas contra el estómago, los brazos también doblados y las 
manos puestas en el cuello, ó sosteniendo la cabeza. Este esque- 
leto no se encontraba en el centro del sepulcro, sino á un lado, y 
en el otro hallábase una gran piedra ó roca sin labrar, sólidamente 
hundida en la tierra. A corta distancia del esqueleto descubrimc» 
un vaso de tosca alfarería ... la boca de éste estaba cubí* 
erta con una piedra lisa y pesada, como para impedir que le en- 
trase la tierra." 




El Templo Mayor, Chichén-Itrá. 



CAPITULO xr. 



CIENCIAS Y artes: IDEAS GENERALES. — LA LENGUA. - 
ESCRITURA. 



Todo entusiasmo lleva demasiado lejos y hace que el elogio 
desnaturalice al objeto elogiado. 

Cuando leo lo que escriben algunos americanistas apasionados, 
para quienes nuestro Continente no sólo es la cuna de la humani- 
dad, sino, por ende, de las artes y de las ciencias, y comparo sus 
desatentados fantaseos cientificos con la realidad de las cosas, 
echo de ver que en lugar de levantar y enaltecer á las razas indí- 
genas, las degradan y hasta las hunden. 

Pero asimismo repugno la labor á que se entregan aquellos 
que con espíritu preconcebido emprenden el estudio de las cosas 
de América, y llevan su mal aconsejado escepticismo hasta revo- 
car en duda cuanto se ostenta á favor de las razas que la poblaron, 
ó llegan á negar rotundamente que hubiese nobles cualidades y 
elevadas inteligencias entre sus habitantes, relegando al indio á 
condición un poco menos degradada que la de la bestia. 

Yo creo firmemente que en América, antes de la conquista, 
había hordas salvajes, como las hay todavía hoy, pueblos en estado 



15^ El Estado de Yucatán. 



bárbaro, y sociedades civilizadas, figurando en estas últimas prin- 
cipalmente las del Valle de Anáhuac, las de Yucatán y las del 
Perú, amén de otras menos conspicuas. 

Es demasiado aventurado decir que nuestra historia precolom- 
bina tiene tantas cosas sublimes que no sólo puede competir con 
las más célebres del orbe, sino excederlas, como se atrevió á asen- 
tarlo el caballero Lorenzo Boturini Benaduci en el prólogo de su 
famoso libro intitulado " Idea de una nueva historia general de 
la América Septentrional," impresa en Madrid, en 1744; pero si 
creo que es altamente interesante, que en ella hay mucho de 
hermoso, y que tiene cierto carácter de originalidad que se presta 
mucho á disquisiciones, fecunda en hipótesis para el sociólogo, 
y en conclusiones razonadas para el arqueólogo. 

Y repito que en mi concepto varias de las naciones precolom- 
binas merecen el concepto de civilizadas, y que aquellos escritores 
que nos hablan de la civilización nahoa, de la civilización palen- 
kiana, de la civilización maya, de la civilización peruana, usan 
con propiedad del término. Pueblos que viven en ciudades más 
ó menos extensas, que tienen una legislación, una forma de go- 
bierno definida, un estado social, un culto religioso ordenado, que 
reconocen el derecho de propiedad, que poseen símbolos, jeroglí- 
ficos y caracteres para recordar los hechos, un sistema de conta- 
bilidad, que cultivan las artes manuales y aun las nobles, que tie- 
nen ciertas nociones astronómicas bastante precisas, un calendario 
bastante perfeccionado, y tantas otras cosas que revelan cultura 
moral é intelectual, no deben ser considerados como bárbaros, por 
más que disten mucho en artes y en ciencias del soberbio encum- 
bramiento que alcanzaron otros pueblos del Viejo Mundo, en 
épocas más remotas que la del apogeo de las mencionadas na- 
ciones americanas. 

Yo admito esa relación del más y el menos que resulta de la 
comparación ; pero eso mismo indica que se parte de un término 
positivo : el de la civilización, y que ésta fué alcanzada en América, 
aunque no con la amplitud que en Asia, y menos aún que en 
Europa. 

Y hasta eso tiene su explicación lógica. La civilización en 
América se inició más tarde que en el Viejo Mundo, y se desa- 
rrolló quizás con mayor lentitud. Por otro lado, los pueblos 
americanos vivieron en una especie de aislamiento. Las migra- 
ciones fueron raras, sobre todo á la América Meridional, y e" 



Ciencias y Artes, 157 

todo caso los inmigrantes eran de razas afines, que pocas veces 
traían algo nuevo que añadir como contingente á lo ya acumulado. 

Y bien sabido es que los pueblos aislados no pueden tener un 
progreso indefinido, que pronto se esterilizan y decaen y se ago- 
tan, como degeneran las familias que practican constantemente 
el matrimonio consanguíneo. Son indispensables la transfusión 
frecuente de sangre nueva, y el constante comercio internacional 
(le ideas, en el que por mucho que se dé es más lo que se recibe, 
porque al dar se da lo propio, lo individual, que siempre es limi- 
tado, y al recibir se obtiene lo colectivo, lo general, que siempre 
es inexhausto. 

A lo primero se debe el estancamiento de la China y de otras 
naciones orientales, y bien sabido es que, en virtud de un fenó- 
meno de óptica bien conocido, el statu quo parece un retroceso, 
cuando el observador está en movimiento. A lo segundo deben 
todos los grandes pueblos actuales su engrandecimiento y pre- 
ponderancia. 

Las razas americanas se encontraban en un período de deca- 
dencia cuando fueron conquistadas. La conquista, lejos de haber 
sido una maldición, como algunos suponen, fué una bendición 
desde el punto de vista sociológico ; constituyó un dinamismo ; fué 
el " levántate y anda " proferido por el Cristo del progreso ante 
el cadáver del Lázaro del mundo americano. 

Que el desenvolvimiento intelectual de estas razas fué tardío y 
lento es cosa manifiesta. Las civilizaciones que he mencionado 
llegaron á su apogeo cuando ya habían desaparecido ó se habían 
paralizado la de la China y la India, las de la Asiría, Caldea y 
Egipto; cuando la Grecia, granero providencial de artes y cien- 
cias, había sido pillada por Roma, ávida de conquistas y disemi- 
nadora del germen de civilización. Y, por más duro que sea 
decirlo, nuestro meridiano es apenas comparable con esos ortos 
del Antiguo Mundo. 

Aquí ciencias y artes fueron rudimentarias. Para poder apre- 
ciarlas y concederles el mérito que realmente les corresponde, 
preciso es prescindir de toda comparación, colocarse resuelta- 
mente en el medio, tomar en consideración los pocos recursos con 
que contaban, la falta de contacto con otros pueblos, lo que im- 
posibilitaba el comercio de ideas y no dejaba lugar para la emu- 
lación ni el estímulo. 

Vo confieso que el arte maya (mejor dicho, la escultura y la 



158 El Estad o de y uc atan. 



arquitectura de ese pueblo) me produjo una gran impresión, no 
por su magnificencia absoluta, sino más bien porque me transporté 
-en espiritu al medio y á la época en que fueron producidas esas 
obras, por lo que tienen esas ruinas de misteriosas, y porque^ siem- 
pre el misterio pone cierto pasmo en el alma. 

Esas arquitecturas sin constructores conocidos, esas estatuas 
sin nombres de artífices, esas ciudades muertas, esos templos 
vacíos, esos milenarios anónimos, testigos mudos de los tiempos 
que han transcurrido sobre sus frentes, de las humanidades que 
han desaparecido á sus pies, tienen algo de esfinges que guardan 
impenetrable secreto, y que proponen, con sólo su presencia, 
enigmas que apasionan el intelecto, y á los que más se dedica 
cuanto mayores son las dificultades que la solución ofrece. 

Esas ruinas monumentales son las que hacen que surja redi- 
viva ante nuestros ojos la civilización de un pueblo que puede 
decirse que ha desaparecido por completo, porque las hordas que 
hoy quedan, diseminadas en los bosques del extremo Sur de la 
Península, en pugna abierta con la humanidad, ó los girones que 
sobreviven entregados á las labores del campo, en una especie de 
servidumbre, no son ni sombras de lo que fueron sus antepasados. 

Ante esas ruinas resurgen las deidades antropomórficas, los 
sacerdotes sombríos, los caudillos heroicos, las castas, los sacri- 
ficios horrendos, los solemnes fiestas, los agoreros, los hechiceros, 
todo aquello que desapareció al soplo helado de la muerte, y se 
vivifica al soplo ardiente de la historia. 

Y vemos á aquellas razas inteligentes trasponer los umbrales 
de la ciencia por la reflexión, y entrar en el mundo de las artes por 
la contemplación, aguijoneadas por la necesidad latente é ingente 
al par, del espíritu humano. 

Y como todo pueblo infantil, tuvo más facultades para las se- 
gundas que para las primeras, y en aquellas, siempre merced á 
su infancia, confundió la magnitud material con la grandeza 
espiritual, y, buscando lo grandemente hermoso, construyó lo 
hermosamente grande. 

Partió, como todos los pueblos, de lo material á lo espiritual, 
y se paralizó cuando llegaba á los lindes de éste. No pudo ir 
más allá en su evolución. 

Por eso fué muy notable en la arquitectura, la más materiali- 
zada de las artes, la que está más en contacto con la naturaleza, 
la que arranca directamente de la tierra ; y en su desenvolvimiento 



Ciencias y Artes. 159 

alcanzó las primeras etapas de la escultura, consecuencia directa 
de la arquitectura, la que constituye el arte del hombre, en cuanto 
á cuerpo ; y apenas dio los primeros pasos en la pintura, que con- 
stituye el arte del hombre en cuanto á espíritu. Se asegura que 
cultivaron los mayas también la literatura; pero debió ser de una 
manera muy pobre. Ese es el arte de la inspiración, el arte del 
alma, la coronación de la obra humana, el eslabón que une al ser 
con el Creador. 

Lo que digo de la arquitectura no debe entenderse en términos 
absolutos. Al decir que es el arte más material y más primitivo, 
considero su origen, y sus comienzos en todos los pueblos, y no 
la categoría excelsa á que fué elevada andando los tiempos. Ese 
arte ha progresado, como todos, y en él ha ido depositando el 
hombre más y más su yo pensante y soñador, hasta llevarlo á la 
verdadera grandiosidad por medio de la espiritualización, y hoy 
habla á los sentidos con mayor elocuencia quizás que ninguno 
otro, reuniendo el relieve de la escultura, la perspectiva y tonali- 
dad de la pintura, la armonía de la música, el arranque de la ora- 
toria y la sublimidad de la poesía lírica. Que hay catedrales que 
son un salmo divino ; que hay arcos de triunfo que son un himno 
grandioso; que hay edificios que son un poema soberbio, en que 
cada piedra es una palabra que vibra, cada cuerpo una estrofa 
que arrebata y el conjunto una obra que pasma. Pero esa gran- 
deza, resultado de la armonía, sólo ha podido realizarse cuando 
el hombre alcanzó la idealidad, y es el reflejo portentoso de la 
armonía del espíritu, y no de las reglas solamente. 

Ese período de progreso psíquico no fué ni siquiera vislumbrado 
por las razas americanas. Ninguna de ellas vio en la piedra más 
que el material inerte; ninguna de ellas supo transfundirle su 
espíritu. Quizás la que más se acercó fué la raza que construyó 
los edificios que reputamos por zapotecas, y que tal vez sean la 
obra maestra de esa raza que se desprendió del gran centro ístmico 
que señalé en uno de los capítulos anteriores, y á la que perte- 
necen los mayas. 

Porque abrigo la convicción de que los mayas figuran en pri- 
mera linea entre los pueblos americanos, siendo superiores, en 
muchos respectos, á los nahoas y á los quichuas ó peruanos, con 
quienes tienen rasgos de semejanza. Fueron sin duda alguna los 
que más avanzaron en el terreno de la civilización. 

Voy hacer un breve examen de las ciencias y de las artes entre 



i6o El Estado de Yucatán, 

los mayas, y digo breve, porque la índole de este libro no me per- 
mite entrar en largos detalles, los que más completos puede en- 
contrar el lector en multitud de obras curiosas y especiales que 
tendré oportunidad de indicarle en el transcurso del presente 
capítulo. 

La Lengua Maya. — Debo comenzar por dar una idea de la 
lengua que se hablaba y se habla aún en todo el Estado de Yuca- 
tán, en el de Campeche, y en gran parte de Chiapas y Tabasco. 
Algunos americanistas asientan que la lengua maya pertenece á 
la gran familia de casi todos los idiomas indígenas que se hablan 
entre los istmos de Tehuantepec y de Panamá. El Dr. Berendt 
en su obra initulada : " Remarks on the Centres of Ancient Civi- 
lization. in Central America," da á ese grupo filológico el nombre 
de familia maya, porque asegura que el antiguo idioma de Yuca- 
tán es el más puro y desarrollado de todo el grupo. 

Nuestro erudito Don Francisco Pimentel en su " Cuadro des- 
criptivo y comparativo de las Lenguas indígenas de México '' 
(tomo in.) presenta la siguiente lista de los idiomas que for- 
man la familia maya. 

I. — Yucateco ó Maya. 

2. — Punctunc. 

3. — Lacandón ó Xoquinoe. 

4. — Peten ó Itzae. 

5. — Chañabal, Comiteco, Jacolobal. 

6. — Chol ó Mopán. 

7. — Chorti, Chorte. 

8. — Cakchi, Caichi, Cakgi, &. 

9. — Ixil, Izil. 
10. — Coxoh. 
II. — Quiche, Utiateca. 
12. — Zutuhil, Zutugil, Atiteca, Zacapula. 
13. — Cachiquel, Cachiquil. 
14. — Tzotzil, Zotzil, Tzinanteco, Cinanteca. 
15. — Tzendal, Zendal. 

16. — Mame, Mem, Zaklohpakap, Tapachulano. 
17. — Poconchi ó Pocomán. 
18. — Ache, Achi. 

19. — Huaxteco, con sus dialectos. 

20. — Haitiano, Quizqueja ó Itis con sus afines el Cubano, 
Boriqua y Jamaica (de clasificación dudosa). 



Ciencias y Artes. i6i 

Esa ñliación de las lenguas antillanas como derivadas de la 
maya es, en mi concepto, errónea, y se funda en la creencia de 
que las Antillas formaron parte del Continente. 

Balbi en su " Atlas Etnográfico," dice : " ¿ Cuba ? y ¿ Haití, 
Quizqueja ó Itis? que antaño se hablaron por los naturales de las 
dos grandes islas de Cuba y de Haití, desaparecidas (las lenguas) 
desde hace muy largo tiempo. Parece que esas dos lenguas, de 
las que no se sabe casi nada, sobre todo respecto á la primera, 
no diferían mucho entre sí, y que tenían gran afinidad con la 
maya ; algunos sabios opinan que eran dialectos de esta. Varias 
palabras haitianas han pasado al castellano, dice el célebre Barón 
de Humboldt, desde fines del siglo XV. y de esa lengua á varias 
otras de Europa y aún de América. Entre tales palabras citare- 
mos las siguientes: batata (convolvulus batatas) ; yuca ó casabe 
(jatropha manihot) ; guayacán (guayacan officinalis) ; fnaguey 
(agave americana) ; mahis ó maíz (zea) ; iguana (lacerta igu- 
ana), hafnaca, balsa, canci, bohío, canoa, chicha, tabaco, cacique, 
&. — ¿Boriqua? y ¿Jamaica? por los indígenas de las islas Bórica 
ó Puerto Rico y de la Jamaica, desaparecidos desde hace muy 
largo tiempo. Nada se sabe sobre las lenguas que hablaban esos 
dos pueblos ; sin embargo, parece probable que pertenecían á esa 
familia" (la maya). 

Orozco y Berra sigue á Balbi y, también con el carácter de 
clasificación dudosa, admite el haitiano y sus afines en la familia 
mava. 

Pimentel abriga mayores dudas, pues habiendo procedido á 
comparar el idioma que nos ocupa con el maya, quiche y huax- 
teco, encontró más diferencias que analogías. 

De paso haré notar que la mayor parte de las palabras citadas 
por Humboldt como de origen haitiano, no tienen tal origen. La 
voz yuca fué usada por primera vez en la carta que Américo 
\'espucio dirigió al duque de Lorena, en 1497, llamándola iucha, 
y debió haberla tomado de alguna de las lenguas que se hablaban 
en Tierra Firme. — La voz chicha tampoco es haitiana, ni siquiera 
americana, y parece derivada de la palabra latina zythum, como 
la voz balsa tampoco es haitiana y se deriva de la latina pallicea, 
I>alizada. Las voces iguana, maguey, canoa y tabaco se consideran 
caribes. 

Orozco y Berra opina que el caribe es dialecto maya. Pimen- 
tel no adopta su opinión, porque dice que ningún libro que trata 



i62 El Estado de Yucatán. 



de idiomas de México, ni persona alguna práctica en los idiomas 
de Yucatán, le ha dado noticia del caribe como dialecto maya. 
** Por otra parte, agrega, he ocurrido á comparar los principales 
idiomas mayas con el caribe propio y varios de sus dialectos, y 
sólo encuentro analogias aisladas que no deben llamar la aten — 



Clon. 



Squier coloca en grupos separados á mayas y á caribes de 
Centro América. 

Tampoco incluye Pimentel el chontal en la filiación maya, 




sus fundamentos son más convincentes que los que alegan lo^Et *s 
que en contrario opinan, como Orozco y Berra, Hervás y Lathan j^n. 

El zoque ni genealógicamente ni morfológicamente pertenece — e 
á la familia maya, y otro tanto puede decirse del chiapaneco >^^ y 
del zapoteco. 

Brasseur de Bourbourg cree que el tzendal es la lengua madre^^^^, 
y la maya la hija. — El Padre Ximénez las considera hermanas 
" Según se colige de todas las lenguas de este reino de Guatemal* 
desde la Tzotzil, Zendal, Chañabal, Coxoh, Mame, Lacandói 
Peten, Ixil, Kakchiquel, Cakchi, Poconchi hasta otras muchí 
lenguas, que en diversos partidos se hablan, fueron todas ui 
misma y en diferentes provincias y pueblos la corrompieron 
diferente suerte; pero las raíces de los verbos y nombres se ei 
cuentran generalmente ser las mismas, y es lo que se ve ccwzzuNjn 
nuestro castellano, pues que las lenguas de Europa siendo hij^ jas 
del latín, los italianos la corrompieron de un modo, los frances»*-^ses 
de otro, los españoles de otro, &." 

Con el debido respeto al Padre Ximénez diré que no puede y» 3 er 
más desgraciado el símil que sirve de fundamento á su opinic — -pn, 
pues que las lenguas de Europa no son hijas del latín en lo 

general, ni el francés, el español, el portugués ni aún el mis^^rno 
italiano son corrupciones de la lengua latina. En todas ellas se 
ve la influencia del latín, pero no que éste sea el tronco de do■::^de 
partieron, pues que arrancan de una época anterior á la formacrión 
de la lengua del Lacio. En la lengua española, por ejemx^lo, 
quizás ni el 25% del léxico es de origen latino; y en más de ^sa 
proporción han de entrar el primitivo ibero, el celta y el vascuense, 
á los que hay que añadir los elementos aportados del griego, ^^ 
francés, del hebreo, del árabe principalmente, del gótico^ ^ ^ 
Nuestra gramática no tiene punto de semejanza con la la.t:*oa, 
como no la tienen la francesa, ni la italiana, ni la portugtm^sa, 



Ciencias y Artes, 163 

ni ninguna otra de las llamadas lenguas neo-latinas. El latín no 
fué para esos pueblos lengua-madre, sino lengua modificadora. 
No creó, sino amoldó, dulcificó, dio elementos para progresar y 
perfeccionar ; si se quiere admitir la expresión, civilizó á las otras 
lenguas, conservando cada una su propia gramática, que es la que 
justamente constituye la índole, el carácter, la fisonomía de un 
idioma. 

Rechazo la opinión del Padre Ximénez y me adhiero á la de 
Squier (** Monografía," pág. 6), quien, en resumen, supone que 
existió una lengua madre ó tronco común, del cual se desprendie- 
ron el tzendal, el maya, el mame, &. formando una familia filo- 
lógica. 

Los filólogos marcan las tres etapas evolutivas de una lengua, 
designando la primera como la del monosilabismo ; la segunda 
como la de la conglutinación ; y la tercera como la de la flexión ; 
y añaden que no todas han pasado por esas etapas, pues algunas 
se han detenido en la primera, y otras en la segunda, pero que la 
conglutinación encierra el monosilabismo y la flexión de las dos 
anteriores. (E. Littré, " Primera lección de un curso de Historia 
en la Escuela Politécnica de París.") 

El abate Brasseur de Bourbourg, en la Introducción al " Manus- 
crito Troano," encuentra nuevo motivo para una explosión de su 
americanismo desatentado, y después de contradecir lo expuesto, 
añade que el maya, el quiche y el mexicano deben ser colocados, 
desde este punto de vista, á la misma altura que el griego y el 
latín, y toma algimos ejemplos del primero para demostrar esta 
conclusión. 

El Sr. Don. Eligió Ancona no se atrevió á ir tan lejos, y hace 
observar que la lengua maya, que él conocía á fondo, á pesar de 
la perfección á que ha llegado después, guarda todavía en su 
estructura todas las huellas de un idioma primitivo : que el mono- 
silabismo y la onomatopeya predominan en ella ; y agrega : " Si 
nos atreviésemos á formar un cálculo de todas las silabas que 
pudieran combinarse con las veintitrés letras del alfabeto maya, 
estamos seguros de que las dos terceras partes, cuando menos 
serían otras tantas palabras que tuviesen algún significado.'^ 

Dejando á un lado las exageraciones, no hay duda de que 
idioma es rico. El Padre Buenaventura asienta en la dedicatc 
de su famosa gramática : " Es tan fecundo, que casi no pade 
equivocación en sus voces, propiamente pronunciadas, tan profuso. 



104 El Estado de Yucatán. 



que no mendiga de otro alguno las propiedades; tan propio, que 
aun sus voces explican la naturaleza y propiedades de los objetos, 
que parece fué el más semejante al que en los labios de nuestro 
primer padre dio á cada cosa su esencial y nativo nombre." 

Don Eligió Ancona asegura que la lengua maya es una de las 
más ricas y abundantes de la antigua América. " Sólo el Dic- 
cionario de Don Juan Pió Pérez, que hemos publicado el año 
pasado, contiene muy cerca de 30,000 voces; pero es indudable 
que el idoma posee mayor número todavía, porque este diccionario 
no deja de ser incompleto, según las observaciones que el editor 
mismo y algunas otras personas han hecho después de su publi- 
cación. Esta riqueza de dicción, unida á una sintaxis admirable, 
hace de la lengua maya un idioma capaz de expresar todo género 
de pensamientos y que se preste sin mucho esfuerzo á la elocuencia 
y á la poesía." 

En el tiempo que estuve en Yucatán cultivé la amistad del Sr. 
I)n. Audomaro Molina, hombre muy instruido y que es quizás el 
primer Mayista en la actualidad. Juntos hicimos varias expedi- 
ciones á las ruinas, y tuve oportunidad de que me diese ciertas 
noticias muy importantes sobre la lengua maya, con las que vi 
confirmadas las aseveraciones del Padre Buenaventura y del Sr. 
Ancona, y demostrado que ese idioma había recorrido las tres 
etapas evolutivas señaladas por los filólogos, llegando, por ló- 
menos, á los principios de la flexión. 

La Escritura. — Se dice que los mayas cultivaban la literatura 
en varios de sus ramos, teniendo especial predilección por la his- 
toria, la que se escribía en libros, en los Katunes y otros monu- 
mentos públicos, y los jeroglíficos misteriosos que se encuentraitr- 
en las paredes, en las vigas, dinteles y comisas de sus edificios»^ 
arruinados, son otras páginas incomprensibles de sus anales. In— 
comprensibles, porque se ha perdido la clave para descifrarlas. 

Sobre la escritura dice Landa que usaban de ciertos caracteres 
ó letras con los cuales escribían en sus libros sus cosas antiguan 
y sus ciencias, y con ellas, y figuras y algimas señales en las figu- 
ras, entendían sus cosas y las daban á entender y enseñaban - 
*' Hallárnosles, añade, grande número de libros destas sus letras,, 
y porcjue no tenían cosa en que no uviese superstición y falsedades 
del demonio, se les quemamos todos, lo qual á maravilla sentían,, 
y les (lava pena." 



Ciencias y Artes. 165 

El Sr. Dr. Don Justo Sierra dice, refiriéndose á este hecho : " F. 
Diego de Landa, que ha pasado por santo ilustrado entre los 
irailes de esta provincia, no era sino un hombre fanático, ex- 
travagante y de corazón tan duro que rayaba en cruel. . . . 
X'no de los capítulos graves de acusación que no han podido ne- 
^ar ni justificar sus apologistas, fué ese famoso auto de fe, en 
<iue procedió de la manera más arbitraria y despótica ; pues sobre 
liaber ejercido en aquel acto una autoridad usurpada y que de 
ninguna manera le competía, por más que alguna vez pudiera ser 
justa y legal tan monstruosa conducta, el Padre Landa además 
obró cruel y desatentadamente, haciendo desaparecer tantos y tan 
preciosos monumentos que hoy pudieran echar una luz brillante 
sobre nuestra historia antigua, hoy envuelta en un caos casi im- 
penetrable, si no es en uno ú otro pasaje muy próximo á la época de 
la conquista. Landa vio signos cabalísticos en libros que no pudo 
<:omprender ; invocaciones al demonio en los anales de estos dila- 
tados reinos, y rasgos de gentilidad en los repertorios de una his- 
toria por mil títulos preciosa. ... La ignorancia y fanatismo 
<ie Landa nos han privado de esta mina y de los medios de 
^>cpIotarla.'' 

Don Eligió Ancona trata con igual dureza la memoria del Padre 
t-snda. 

El Sr. Lie. Don Juan Francisco Molina Solís hace una elocuente 
^^fensa de Landa en una colección de artículos que publicó refu- 
tando al Sr. Ancona, niega lo del auto de fe en las personas de 
íc>s indios, y no dice nada sobre las preciosidades artísticas y Hte- 
t'^rias que arrojó á la hoguera, admitiendo tácitamente el hecho 
Confesado por el mismo Landa, y concluye con estas palabras: — 
Terminaremos, por ahora, diciendo que si es verdad que el limo. 
St. Landa empleó una vez extremado rigor con algunos indígenas, 
^so acusa la fragilidad humana, que no siempre sabe obrar per- 
fectamente ; pero no justifica la censura exagerada." . . . 

Pero el mismo Señor Molina Solís, en su erudita " Historia de 
^i'ucatán durante la dominación española," publicada en 1904, 
^mite opinión que concuerda con la del Dr. Dn. Justo Sierra 
(paginas 62 y siguientes) y pinta lo de Maní con colores tan 
Sombríos que infunden espanto, aunque sin admitir que se hubiese 
quemado á ningún indio en el auto de fe, en lo que, á mi juicio, 
tiene razón el Sr. Molina Solís. 

En la ** Disertación sobre la Historia de la lengua Maya ó Yuca- 



«« 



i66 El Estado de Yucatán. 

teca," que publicó el entonces Presbítero Carrillo (" Boletín de la 
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística," 2* Época, tomo 
IV. pag. 152), se hace una excelente defensa del Padre Landa. — 
" Muy deplorable es hoy, sin duda, aquella piadosa pero no abso- 
lutamente necesaria quemazón, si bien no debemos olvidar que 
siempre la idolatría llenaba los anales y las ciencias de los pueblos 
gentiles. — El Sr. Zumárraga en México y el Sr. Landa en Yuca- 
tán, han sido por sus incendios de ídolos y de libros antiguos, muy 
acremente censurados, más por fortuna puede ahora decirse y 
comprobarse en favor de Landa, que hizo un verdadero estudio 
de la historia de Yucatán, y que él es precisamente el único que 
nos ha conservado, no sólo un resumen completo de las tradiciones 
históricas del pueblo maya, de sus creencias religiosas y de sus 
prácticas ceremoniales, de sus leyes, ciencias, artes, carácter y cos- 
tumbres, sino también el traslado de sus caracteres ó jeroglíficos, 
su abecedario ó escritura fonética, verdadera clave para entender 
ó leer sus escritos originales si estos llegan á descubrirse en el 
laberinto de ruinas que aun existen." 

La verdad es que lo alegado por el Sr. Carrillo es una circuns- 
tancia atenuante, y que si viviese él en nuestros días, de seguro 
sería el primero en condenar el acto del limo. Landa. 

Quizás á alguno de mis lectores parecerá impertinente cuanto 
asentado queda respecto á lo de Maní ; pero me ha parecido con- 
veniente tratar el punto para que se sepa por qué no se hace 
mención detallada de los manuscritos mayas, y por qué se ignora 
lo que en ellos se consignó ; y, para ser completamente sincero, 
debo agregar que mucho me temo que si se hubiesen conservado, 
perdurarían envueltos en el misterio, por falta de clave para 
descifrarlos. 

Wilson (IL pág. 133 y siguientes) asienta que "la América 
cuenta todavía, además del sistema mexicano, otro más elevado 
para escribir con suma corrección los jeroglíficos. — En las tablillas 
esculturales de Copan, Quirigua, Chichenitzá y Palenque, lo 
mismo que en las estatuas colosales de Copan y otros antiguos 
lugares de Centro América, se encuentran grupos de diversos jero- 
glíficos arreglados en líneas horizontales y perpendiculares, y de 
tanta regularidad como la que presentan las letras de cualquiera 
inscripción antigua ó moderna. Las analogías con los jeroglí- 
ficos egipcios son grandes, pues todas las figuras revisten más ó 
menos claramente representaciones de objetos naturales ó artísti- 



Ciencias y Artes, 167 

COS. Pero las diferencias no son menos esenciales ni dejan tam- 
poco menos lugar á duda que en las columnas de símbolos labra- 
dos en alto relieve, donde vemos el mayor desarrollo á que llegó 
el arte jeroglífico en el progreso de esta civilización indígena, tan 
singularmente ilustrativa de la unidad intelectual que se une en 
un solo grupo á las diversas razas humanas ... el uso de 
los mismos signos y la reconstrucción de grupos formados de dis- 
tintas partes de otros, indican claramente un lenguaje escrito, y 
no una mera sugestión pictórica de ideas asociadas, como los 
jeroglíficos mexicanos que no constituyen una escritura alfabética. 
En la tablilla más complicada de jeroglíficos africanos, cada ob- 
jeto es distinto, y las más de las veces es fácil descifrar su signi- 
ficación representativa. Pero la mayoría de los jeroglíficos de 
Palenque ó Copan aparece como si estuviesen hechos bajo el mismo 
principio polisintético que da su carácter peculiar y distintivo á 
las lenguas del Nuevo Mundo. Esto es más sensible aún cuando 
consideramos las esmeradamente trabajadas inscripciones de las 
colosales figuras de Copan. ... En ellas se pierde por com- 
pleto toda idea de signos meramente fonéticos. Como los racimos 
de palabras — según se les ha llamado — de los idiomas americanos, 
aislados parecen componerse de algunas partes de los símbolos 
primitivos usados en los jeroglíficos, el origen pictórico del con- 
junto llega á mostrarse de lleno. Comparando estos caracteres 
ininuciosamente elaborados con los que se ven en las tablas, es 
indiscutible que en los últimos se empleó un sistema de abrevia- 
ción ; y de este modo viene mostrándose con entera probabilidad 
como partícipe del carácter peculiar de toda la estructura grama- 
tical del idioma americano, tal como se manifesta en sus oraciones 
habladas. El plan ideológico de los idiomas americanos es con- 
creto, en tanto que ciertas leyes eufónicas dan origen á la omisión 
de porciones de voces compuestas, en un grado excesivamente difi- 
cultoso para el gramático. Por igual procedimiento de formación 
nacen nuevas palabras, como en el Algonquín, shominanbo, vino : 
sho, uva ; min, un grano ; anbo, licor. . . . Tal vez existe un 
procedimiento análogo en los abreviados caracteres compuestos 
de la inscripción del Palenque. Si esta suposición es exacta, ser- 
virá para indicarnos que los jeroglíficos de Centro América no se 
usan como signos fonéticos ó de simple alfabeto; y tal idea se 
confirma más en vista de la extrema rareza que presenta el mismo 
grupo. Dichas inscripciones no deben confundirse, sin embargo. 



t68 El Estado de Yucatán, 

con los jeroglíficos mexicanos. En estos últimos, como en un 
cuadro, el ojo busca los rasgos más salientes de la pintura ideo- 
gráfica, é interpreta las diversas partes como miembros aislados 
de un asunto. Pero las inscripciones del Palenque tienen todos 
los caracteres de un lenguaje escrito en estado de maduro desa- 
rrollo. Parece que pueden leerse en líneas horizontales y de izqui- 
erda á derecha. . . . Los grupos pictóricos sobre las estatuas 
de Copan, presentan por su aspecto los verdaderos caracteres 
jeroglíficos, en tanto que las inscripciones del Palenque muestran 
los abreviados escritos del sacerdote." 

Pimentel (según Helwald, I. pág. i8, nota) dice que, "hasta 
ahora (1865) no he visto nada que pueda convencerme de que 
los antiguos americanos tuvieron un arte de escribir semejante 
al nuestro, no obstante que Brasseur de Bourbourg es de dis- 
tinta opinión. Según la mía propia, los americanos no tenían 
sino una escritura figurativa y simbólica. . . . Hay quien crea 
hallar fonetecismo ... en los nombres propios; pero con- 
forme á mi manera de sentir, esto nada prueba, porque todos sus 
nombres son significativos y podían expresarse muy bien direc- 
tamente." 

Como asenté al reproducir poco ha el parecer del Sr. Carrillo. 
Landa consignó el alfabeto maya. Este alfabeto, en opinión de 
Wutte (pág. 205) es una tentativa hecha por los yucatecos des- 
pués de la introducción del alfabeto español. — Sobre dicho alfa- 
beto expone Lenormant (pág. 57, nota) que " sería error craso * 
imaginar que el alfabeto fonético conservado por Diego de Landa 
constituye toda la escritura de los mayas. Comprende sólo un j 
número muy reducido de los caracteres que estos empleaban, • 
como puede verse sin necesidad de hacer un estudio profundo, en j 
los tres libros escritos en tal forma, que se han conservado en j 
Europa: manuscrito de Dresden, de París, y Troano de Madrid. - 
. . . Los numerosos caracteres de la escritura maya no in — 
cluídos en el alfabeto de Landa, son, á no dudarlo, ideográficos. - 
. . . El mismo Landa alude á esto probablemente, sugiriendo^ 
una vaga idea, cuando dice : Usavan también ... de ciertos-^ 
caracteres ó letras ... y con ello es, y figuras y algunas se — 
nales en las figuras entendían sus cosas. En otra parte de so— 
libro, págs. 204 y siguientes, da una serie completa de signos 
ideográficos, descubiertos por Brasseur de Bourbourg, en lo* 
manuscritos que designan los 18 meses . '\ . cada día d^ 



Ciencias y Artes, 169 

estos meses y los cinco epagomena. La existencia de un elemento 
ideográfico importante en dicha escritura es pues incuestionable. 
En lo que atañe á la parte fonética, la propia tabla dada por 
Landa, no contiene exclusivamente letras alfabéticas, sino tam- 
bién algunos signos silábicos, verbi-gracia : ma, ha y ti. Por otra 
parte ... el sistema gráfico de los mayas, de igual modo 
que el de los egipcios, permitía la determinación fonética para 
la aclaración de los signos silábicos; la palabra ha, agua, podia 
escribirse con las dos hh fonéticas y a, ó con el signo silábico ha, 
ó con la letra última seguida de las dos primeras por vía de 
aclaración." 

Yo declaro ingenuamente que ignoro qué clase de escritura 
tenían los mayas ; y en cuanto al valor del alfabeto tantas veces 
mencionado, conservado ó reconstruido por el Padre Landa, me 
atreveré á decir que hasta ahora no tiene aplicación práctica, pues 
con él no se ha conseguido descifrar una sola inscripción. El 
mismo abate Brasseur de Bourbourg, que intentó interpretar el 
ujiatc conocido con el nombre de Manuscrito Troano, con el auxi- 
lio del alfabeto del Padre Landa y de la antigua lengua de Yuca- 
tán, dando á cada carácter y á cada figura el sentido literal con 
que Landa lo explica, no obtuvo ningún resultado. 

Así es que sobre ese punto hay todavía lugar para muchas in- 
quisiciones, porque el enigma queda en pie tan impenetrable como 
antes. 

¿ Tendrían los sacerdotes una especie de lengua especial, propia, 
y una escritura hierática correspondiente á esa lengua? Tal vez, 
y por eso no puedan descifrarse los manuscritos é inscripciones 
\aliéndose del idioma que hablaba el pueblo. 

La lengua maya se conserva en todo Yucatán, aunque pro- 
bablemente se ha de haber adulterado con el tiempo. El obispo 
Landa asegura que en su época había alguna diferencia en voca- 
blos y en el tono de hablar entre las gentes de la costa y las del 
interior, y que las primeras eran más pulidas en su trato y en sü 
lengua. 

Ürozco y Berra asienta con sobrada razón que en el resto de 
México los coníjuistadores impusieron su lengua á los vencidos, 
y les van haciendo olvidar poco á poco sus lenguas nativas; en 
Yucatán, por el contrario, conservan con tal tesón su habla, que 
loí2:raron hasta cierto punto que sus dominadores la aceptaran 



170 El Estado de Y ucatán, 

. . . es la dominante en la Península, con la sola excepción 
de una parte del distrito de Campeche. 

Tan cierto es esto, que en el acto se conoce al yucateco por su 
modo de pronunciar, por un dejo especial característico, propio de 
la lengua maya, y así vemos allí hombres que conocen admirable- 
mente la lengua castellana, que se han educado fuera de Yucatán» 
y, sin embargo, conservan el acento maya. Hay excepciones, peiO 
son muy raras. Esto se debe á que oyen desde que nacen Mi 
lengua, ó que la aprenden con las nodrizas, la cultivan con iiÉ 
ayas, la practican con la servidumbre, y todo eso llega á imprimir 
carácter. 




del Gran Palacio- templo. Chichén-Itzá. 



CAPITULO XII. 

CIENCIAS Y ARTES (cotl/ítltía) : LA ARQUITECTURA, — LA ESCULTURA. 
— LA PINTURA. — RUINAS FAMOSAS. — LA ARITMÉTICA. — EL CA- 
LENDARIO. — LITERATURA. — MÚSICA Y BAILE. 



Cuantos conocemos las famosas ruinas de que está sembrado 
el territorio yucateco, nos explicamos fácilmente el entusiasmo 
de los viajeros que las han visitado, y el irresistible impulso que 
los arrebata .y obliga á entrar en disquisiciones, buscando analo- 
gias y lazos de unión con otros pueblos de la edad remota. 

Yo admiro esos monumentos; pero no llego hasta el extremo 
en que he visto caer á algunos arqueólogos, de tenerlos como 
maravillas de arte dignas de ser comparadas, y aún con ventaja, 
á las que se ostentan en el Antiguo Mundo. Tienen de seguro 
un mérito real y positivo, y en ellas veo, más que en ninguna otra 
cosa, reflejado el espíritu del pueblo que hizo tales construcciones, 
sin que me atreva á precisar si fueron realmente los mayas los 
autores de esos monumentos, ó si éstos llegaron á Yucatán cuando 
esuban construidos por otra raza; aunque, á decir verdad, me in- 
clino más á lo primero, que muy extraño sería que, poniéndonos 
en el segundo caso, no se tuviese noticia de esos antecesores que 



172 El Estado de Yucatán, 

en tanto habrían sobrepasado á los mayas. Además : téngase pre- 
sente que la serie de esas ruinas monumentales arranca desde la 
región de Chiapas, y de allí irradia en todos sentidos, hacia el 
Oriente hasta Yucatán, hacia el Sur hasta el Perú, hacia el Occi- 
dente hasta Oaxaca, y hacia el Norte hasta la Huasteca. 

Es inconcuso para mí que la arquitectura fué el arte en que 
más sobresalieron los mayas, y al estudiar los restos de' sus 
grandes edificios, se convence uno de que fueron construidos con- 
forme á planes preconcebidos, con todas las proporciones y todos 
los detalles, y hasta el número y tamaño de las piedras debió haber 
sido previamente determinado, que á no haber sido así, la con- 
fusión hubiese sido grande y no habrían resultado edificios tan 
armónicos y homogéneos, á pesar de lo complicado de su riquí- 
sima ornamentación. 

Ahora cabe preguntar : ¿ tenían los mayas instrumentos de pre— 
cisión? ¿Conocían las medidas y las usaban? Cierto es que 
todos los pueblos de este Continente se han distinguido por 13- 
perspicacia y agudeza de sus ojos, y cierto es también que el 
ojo fué anterior á la plomada y al nivel, que antes que estos s^ 
inventasen se construyeron grandes edificios. Es seguro, en m* 
<:oncepto, que los mayas, como los pueblos nahoas y los del Peni -^ 
tenían medidas é instrumentos rudimentarios que les permitíate 
nivelar y levantar paredes á plomo, que de otro modo no es con — ' 
cebible que se lograse la perfección que se nota en sus monu— ^ 
mentales ruinas. 

Los mayas no se preocupaban de la orientación tanto como lo^' 
nahoas, ó no lograron precisar los puntos cardinales como estos^ 

Sus edificios se encuentran construidos generalmente próximo^- 
los unos á los otros, y es muy común ver cuatro edificios reunidos,, 
formando un cuadrilátero, ó un trapecio ó cualquiera otra figura- 
cuadrangular, dejando un patio más ó menos extenso en el centro, 
y dando todas las fachadas á ese patio, al revés de lo que se nota, 
•en las construcciones del \^iejo Mundo, en las que todas las facha- 
das dan al exterior. Esa no es peculiaridad maya, sino que bu 
encontramos entre todos los indígenas de la región mexicana. Loss-- 
edificios de cada lado se encuentran unas veces separados en los^ 
extremos, dejando paso libre, ó quedan unidos por especie de=^ 
puertas. 

Todos los edificios están construidos con piedra caliza, únicap- 
que se encuentra en la Península y la que, como he dicho, formj 



Ciencias y Artes, 175. 

el suelo y el subsuelo. No sé que exista cantera alguna en las 
cercanías de las grandes ciudades mayas, y entiendo que toma- 
ban la roca de la superficie. Estas, según me afirman, cuando son 
sacadas, aunque sea de poca profundidad, son relativamente 
blandas, y pueden labrarse con facilidad con instrumentos hechos 
de la misma piedra endurecida por la intemperie, y con mayor 
facilidad por el pedernal, que aunque poco abundante, se en- 
cuentra en cantidad suficiente, sobre todo en la parte del Sur. 
Además, parece que también usaban cinceles de cobre, de los que 
he visto un ejemplar, sin que me atreva yo á asegurar su auten- 
ticidad, y los cuales cinceles debieron ser raros en un país como 
éste, desprovisto de metales. 

Unían las piedras con una argamasa hecha de cal, que obtenían 
quemando la roca, y de arena, y revestían sus edificios con una 
especie de estuco, el que se encuentra hoy aún en buen estado 
en algunas de las ruinosas paredes, desafiando la inclemencia del 
tiempo, la injuria de los años y el vandalismo de turistas estultos 
y de arqueólogos buscones. 

Usaban también para sus construcciones la madera, principal- 
mente el zapote, tan duro como duradero, y aun se conservan 
dinteles que ostentan magníficos relieves. 

Lx>s mayas no usaron en sus construcciones piedras de tanta 
magnitud como las que encontramos en algunos edificios nahoas 
y peruanos, ni la roca que emplearon es tan pesada como las que 
se ven en los edificios de los otros pueblos mencionados. Sin 
embargo, se pasma uno al considerar cómo fueron llevadas aque- 
llas masas, algunas de las cuales deben pesar varias toneladas, á 
alturas semejantes á la del Castillo, en Chichén-Itzá, ó la Casa del 
Adivino, en Uxmal, por aquellas escaleras tan incómodas, de 
escalones tan estrechos y empinados, pues ya es empresa ruda 
ascender por ellos sin carga alguna. 

Todas esas piedras debieron ser labradas en la llanura y después 
colocadas en su lugar, conducidas con gran cuidado para que no 
se estropeasen, y causa asombro la precisión de arquitectos y de 
canteros, de los artistas y de los albañiles, quienes lograron le- 
vantar paredes colosales, llenas de relieves y todo calculado, ejecu« 
tado y colocado de tal manera que forma un conjunto homogéneo, 

No soy un admirador incondicional del arte maya ; creo que la 
magnitud es superior á la perfección artística, pues encontramos 
relieves, dibujos, y, sobre todo, esculturas más perfectas y orna- 



174 El Estado de Yucatán. 




mentación más rica en Palenke, en Mitla y en muchas partes de 
México, y no creo que sus estatuas sean tan toscas porque tuviesen 
un objeto secundario y fuesen meros complementos arquitec- 
tónicos más bien que obras de escultura independientes ó ino* 
viduales, como dice Holmes; sino porque no llegaron los es- 
cultores á la altura de los de otras regiones. Quizás lo mejor y 
más acabado que presentan, y que merece mención especial, es 
la cabeza que se encuentra en una especie de cripta en la Casa^ 
de las Monjas, de Uxmal, y que es la obra maestra de la escultur 
maya. 

Todas las construcciones mayas son pesadas, y aún aquellas qu 
como el Castillo, de Chichén-Itzá, ó la Casa del Adivino, d 
Uxmal, afectan cierta esbeltez por su figura piramidal, son cons 
trucciones pesadísimas que revelan ignorancia de los principio 
más esenciales de la construcción con piedras, conocidos en 
Viejo Mundo desde tiempo inmemorial; y si, como dice Holme 
autoridad en esta materia, usaron de varios expedientes menore 
como lo hubiera hecho cualquiera nación en que hubiese construc 
tores hábiles, dependieron ampliamente de la argamasa y de 
inercia para mantener unidos sus edificios; y si aceptamos la^ 
medidas del Palacio del Gobernador, de Uxmal, dadas por Ban 
croft, encontramos que las estructuras ocupan un espacio d* 
325,000 pies cúbicos, de los que más de 200,000 son de sólid 
mampostería y sólo hay cerca de 110,000 pies de espacio de cá 
mará ; y si se toma en consideración la subestructura, la masa d^ 
construcción está en relación con el espacio de cámara como 40 á 

Verdad es que los mayas no levantaban esas fábricas con 
objeto de hacer habitaciones, y que en esto se asemejan á 1 
constructores de las Pirámides de Egipto, á quienes se pued» 
hacer el mismo cargo. 

Tengo en mi poder algunos " Apuntes acerca de la arquitectura 
Maya," publicados por el inteligente ingeniero civil Don Manu 
G. Cantón, de Mérida, que incluyo aquí, seguro de que los verá 
con gusto mis lectores. Dejo la palabra al Sr. Cantón : 

Los monumentos mayas legados á la historia y que se conserva 
aún en nuestros días en un estado que demuestra la solidez co 
que eran construidos, consisten principalmente en templos ó pala — ^• 
cios cuya disposición general es casi invariable en todos ellos. 

Las fachadas son todas de cantería y están dispuestas simétrL- ^ 





Ciencias y Artes. 175 

camente con relación al eje principal del edificio. Están adorna- 
das con multitud de pequeños ornamentos simbólicos, entre los 
iguales se destacan rostros humanos y figuras de serpientes de 
nílimensiones colosales. 

En algunos templos la decoración exterior se limita á la doble 
cornisa y friso peculiar de la arquitectura maya, y sobre la puerta 
principal está formada la figura colosal que indica la deidad á 
que estaba dedicado el templo. Estas figuras, formadas con ele- 
mentos simbólicos aisladamente, sólo pueden apreciarse en con- 
junto á cierta distancia del edificio. 

Lo mismo acontece con las figuras que forman los ángulos ó 
esquinas de otros templos y las cuales, vistas á corta distancia, 
no pueden apreciarse en toda su grandeza. El ojo del visitante 
encuentra una aglomeración de elementos tallados con símbolos, 
cada uno de los cuales parece tener su significación propia. 

En los palacios y en algunos templos, la ornamentación sim- 
bólica entre cornisas está sustituida por una serie de columnas 
colocadas inmediatamente unas á otras, y cuya altura abarca todo 
el espacio comprendido entre las dos cornisas. Estas columnas 
están colocadas en receso al muro de la parte inferior, y producen 
el efecto de una balaustrada que adosada al muro de la parte 
superior se extiende sobre las cuatro fachadas del edificio. 

En otros templos se halla mezclada la decoración simbólica con 
la columna, formando combinaciones de excelente gusto artístico. 

Otros monumentos de importancia son : la " Alta Torre " ó 
mirador de Nocuchich, que á pesar del mal estado en que se en- 
cuentra demuestra grandeza en la concepción y solidez en la eje- 
cución de la obra. La gran torre circular ó "caracol" de Chichén- 
Itzá, obra sin duda dedicada á la estrategia militar, y la " Figura 
Gigantesta " que se levanta aislada entre el grupo de ruinas del 
palacio de Nocuchich. 

En las ruinas de Aké se encuentran grandes pilastras formadas 
con piedras enteras superpuestas. Estas pilastras están dispuestas 
en líneas paralelas y próximas unas á otras. Nada puedo decir 
acerca de ellas sino que habrían de pertenecer á un gran edificio 
que no se llegó á construir. 

Todos estos monumentos demuestran que el arquitecto maya 
trataba de imponer austeridad á sus obras, buscando el efecto 
óptico á considerable distancia, como si deseara infundir respeto 
y temor á las personas que á ellas se acercaban. 



176 El Estado de Yucatán, 



Mas no por ésto dejaba de cuidar la ornamentación del detalle; 
y las ricas y múltiples labores, ordenadas con precisión y simetría, 
que llenan los huecos y espacios entre cornisas, á semejanza del 
" Arte Árabe,'' son una prueba del alto grado de desarrollo que 
había adquirido el arte entre los mayas. 

No existen en la actualidad construcciones que puedan damos 
una idea precisa de la arquitectura doméstica de los mayas. Sólo 
puede conjeturarse que sus habitaciones tuvieron, aunque en 
forma más modesta, la misma disposición y ornamentación que 
sus templos y palacios. 

Lx>s sepulcros, de los cuales se encuentran numerosos ejemplos 
en diversos puntos de la Península, aunque de gran importancia 
para la historia y estudio de las costumbres de estos pueblos, no 
arrojan ninguna luz para guiarnos en el estudio de la arquitectura. 

Consisten, en general, en una pequeña construcción de forma 
rectangular y de escasas dimensiones, levantada sobre el lecho de 
roca de formación del terreno y la cual, después de depositado el 
cadáver, era cerrada herméticamente y cubierta con un cerro ó 
montículo formado para evitar la profanación de dichos sepulcros 
por los animales ó por adversarios sacrilegos. 

En algunas escavaciones practicadas en el Estado de Campeche, 
he encontrado dos de estos sepulcros de dimensiones mayores que 
las ordinarias. Los muros interiores estaban revestidos con piedra 
tallada, lisa, de pequeñas dimensiones y teniendo á los lados unos 
nichos que contenían vasijas y platos de barro semejantes á los 
que se hallan en otros sepulcros mayas. 

Elementos de Construcción. — La piedra calcárea que 
abunda en el país es el elemento principal en todos los edifi- 
cios. En las fachadas y en los interiores se ostenta tallada con 
precisión á escuadra y en piezas de ornamentación. La^ cal, el 
sah-cab y la tierra vegetal son empleados para las ligas ó mor- 
teros. El ladrillo no fué nunca usado en las construcciones, sil* 
duda por no encontrarse en el país el barro apropósito para fabrí-* 
cario. La madera no parece haber sido usada en las construc-^ 
ciones y los metales no aparecen en lo absoluto ni como partea 
de la ornamentación. 

La parte noble del edificio era construida con piedra tallada^ 
Los muros, en general de mamposfería ordinaria, eran revestidos^ 
también con piedra tallada en láminas de poco grosor, á vece^ 



Ciencias y Artes. 177 

talladas en formas caprichosas, cuya repetición constituía el de- 
corado interior de los salones. 

Estas mismas láminas ó baldosas servían para la pavimentación 
de todo edificio. 

Los rellenos se hacían con piedras, cascajo, sah-cab y tierra, 
mezclados en forma de ** betón '* de consistencia aceptable, pero 
de muy poca resistencia. 

Elementos de Ornamentación. — Pueden dividirse en dos 
clases, á saber, los " Simbólicos " y los " Característicos.*' 

Los primeros consisten principalmente en serpientes y rostros 
humanos de grandes dimensiones y formas monstruosas. La 
serpiente de cuerpo entero raras veces se encuentra en la orna- 
mentación. En general está representada por una voluta de forma 
rectangular, á manera de greca, que representa el cuerpo enros- 
cado y á continuación de esta y partiendo de su extremidad ex- 
terior, se hallan colocados los dados que representan los eslabones 
ó cascabeles de la cola. Otras veces la representación es más 
exacta, pues en el centro de la voluta se halla encajada una cabeza 
de serpiente tallada con bastante delicadeza, y la cola está formada 
por troncos de cono ó piloncillos superpuestos para indicar los 
eslabones. 

Las caras ó rostros humanos representan, según los diversos 
atributos con que están formados y adornados, á varios dioses 
de la Mitología maya. 

Existe también una multitud de pequeños ornamentos tallados 
con precisión, y que sin duda son otros tantos símbolos de la reli- 
gión y creencias de los mayas, pero no habiendo dedicado á su 
estudio el tiempo que se merecen, no pretenderé, por ahora, in- 
dicar la significación que creo les corresponde. 

Como elementos " Característicos " deben considerarse las co- 
lumnas y cornisas cuyo perfil especial determina el Estilo Maya, 
desligándolo por completo de todos los estilos conocidos del An- 
tiguo Continente. 

Las columnas son todas de un mismo orden, pero pueden divi- 
dirse en tres clases que llamaremos: "Sencilla," " Típica " y 
*' Ornamentada." 

Las primeras carecen por completo de base. Están compuestas 
de un cuerpo cilindrico ó fuste liso, y, á guisa de capitel, llevan 
Un plinto que recibe el arquitrabe y cuya forma es de un tronco 
de pirámide invertida. Estas columnas son las únicas que he visto 



lyS El Estado de Yucatán. 

soportando pesos aislados de los muros como en los dinteles de 
algunas puertas. Las de las clases siguientes van siempre adosa- 
das á los muros y colocadas tan próximas unas á otras, que las 
aristas de sus capiteles se hallan prácticamente en contacto. 
Parecen haber sido empleadas en la construcción más bien como 
motivos de ornamentación que para soportar el poco peso de las 
cornisas de remate. 

Columnas de la clase *' Típica '' son relativamente esbeltas. El 
fuste es liso y de diámetro constante, y el capitel es exactamente 
igual á la basa. Su forma es única. Se compone de dos conos 
opuestos por el vértice y cogidos con un anillo central ó " toro." 
En algunos casos el toro está tallado en forma de melón, y existen 
también pilastras en que la parte cónica está tallada con hojas, 
aunque la forma de estas es muy rudimentaria. 

Columnas de la Clase " Ornamentada." — Provienen di- 
rectamente de las anteriores. En algunos palacios el espacio entre 
cornisas es bastante grande, y las columnas típicas de poco diá- 
metro resultarían excesivamente esbeltas, así como las mismas, con 
el diámetro correspondiente á su altura, resultarían demasiado 
pesadas. En ambos casos la composición sería de mal efecto. 

Los arquitectos mayas resolvieron este problema de una manera 
juiciosa, introduciendo en la composición la columna que he 
llamado '* ornamentada." Para esto usaron de las columnas tí- 
picas de poco diámetro, dividiendo el fuste en tres partes iguales 
é intercalando un capitel en los puntos de sección. 

Bajo esta forma la columna parece más bien un balaustre de 
grandes proporciones y la composición resulta bella y grandiosa, 
aunque notablemente extraña. 

Para estas columnas se emplean los capiteles de la clase típica 
y los troncos ó partes del fuste suelen ir tallados con doble gálibo. 

Correspondiendo á las columnas, se encuentran también pilas- 
tras de grandes dimensiones, cuyas cuatro caras están decoradas 
con jeroglíficos y figuras de guerreros y animales, talladas en 
relieve. También ocurren en la decoración de las fachadas, sir- 
viendo de pedestal á ídolos y otras esculturas. 

De las Cornisas. — El cornisamento maya carece de fríso. Se 
compone solamente de arquitrabe y comisa, y el arquitrabe es 
algunas veces tan reducido que es difícil precisarlo. 

La cornisa, en su expresión más sencilla, es una repetición de 
los capiteles de las columnas, pues su perfil, ó sección, es el re- 



Ciencias y Artes, 179 

sultante de dos troncos de pirámides invertidos y unidos por un 
listel algo saliente. Las comisas de remate están enriquecidas 
con varias molduras formando listeles, cuarto-de-círculos y elíp- 
ticas, talladas con hojas é imitando plumas de ave. Todas las 
cornisas carecen de lagrimal y en ninguna de ellas he encontrado 
el caveto, el talón ni la gola. 

En los grandes palacios es regla general dividir la fachada en 
dos cuerpos, dividiendo asimismo el arquitrabe, el tronco de pirá- 
mide en posición natural y un listel quedan como cornisa del 
primer cuerpo, y la cornisa de remate del segundo cuerpo está 
formada por un listel y el otro tronco de pirámide en posición 
invertida. En estos casos la cornisa de remate tiene una altura 
y vuelo mucho mayor que el de la cornisa del primer cuerpo. 

El espacio que queda entre las dos cornisas y que semeja un 
friso muy ancho, es el que ocupan los ornamentos de la decoración 
simbólica y las columnas de la característica. 

Orden, Composición, Estilo. — La arquitectura maya posee un 
orden completo. Basta examinar cualquiera de los palacios de- 
corados con columnas, para hallar en él los tres elementos que 
constituyen orden, á saber : " Estilóbato, Columna y Cornisa- 
mento." De los dos últimos he dado ya una descripción y el esti- 
lóbato ó pedestal lo constituye la base misma del edificio. Carece 
de zócalo ; el fuste ó tronco tiene sus lados inclinados hacia dentro 
y lleva un plinto ó listel en vez de cornisas. El orden es pues 
completo, y las proporciones invariables de sus componentes nos 
demuestran que los arquitectos mayas no proyectaban sus edifi- 
cios al capricho, sino sujetándolos á reglas y medidas fijadas ya 
por la experiencia y la meditación. En el análisis de las propor- 
ciones resulta esto aún más aparente, pues hasta en los detalles 
más insignificantes se encuentra armonía en las proporciones. 

No es de asegurarse que los mayas hubiesen tomado su " mo- 
dulo embater " del diámetro de las columnas, pero en el ** Análisis 
de las proporciones y estudio del Orden Maya " lo he hecho yo así 
para asimilar este Orden á los antiguos Ordenes Griegos y facili- 
tar las operaciones por la costumbre que tenemos de sujetar á 
este método el cálculo de proporciones. 

Para edificar sus obras de importancia, elegían los mayas las 
partes más elevadas del terreno, pero dada la naturaleza llana del 
suelo de este país, era casi siempre indispensable formar un cerro 
artificial cuya corona, cortada á nivel, formaba la explanada 



i8o El Estado de Y u cata 

en cuyo centro se construía el edificio. Daban acceso á la explanai 
grandes escalinatas de piedra tallada, de las que aún quedan ve 
tigios en casi todas las ruinas. 

La distribución interior de las construcciones es sumament 
sencilla. Lx>s templos menores constan de una galería rectangular' 
formada por una sola nave ; y los mayores, de tres ó más galerías^^ 
también de una sola nave, que se unen formando ángulos de 
grados. 

En toda composición maya cada cuerpo del edificio está dividido 
en dos partes: la inferior que comprende los muros, y la superior 
que comprende las bóvedas de los techos. Lx>s muros son siempre 
perpendiculares, y las bóvedas están formadas con grandes piedras 
colocadas de ambos lados, en saledizo, unas sobre otras, con la 
cara interior tallada al ángulo de convergencia de la bóveda, y 
como unión ó cerramiento, va colocada la última piedra en forma 
de dintel. 

El sistema de construcción de estas bóvedas es exactamente el 
mismo que emplearon los antiguos egipcios y los asirios en sus 
famosos sepulcros y criptas, de los que se puede citar como 
ejemplo el llamado " Tesoro de Atreus " en Messenia. Sin duda 
los mayas estaban muy lejos de conocer el sistema del arco y las 
bóvedas de dovelas (voussoires) pues en sus monumentos 
no se encuentra el más leve vestigio de construcciones de este 
género. 

La forma abovedada de los techos antes indicados, exige que 
cada una de las piedras de que se compone esté contrapesada de 
tal suerte que pueda soportar el peso de las que la siguen, sin que 
su centro de gravedad caiga fuera del plano de su punto de apoyo. 
Con este objeto los muros perpendiculares de la parte inferior 
del edificio eran continuados sobre sus plomos, independiente- 
mente de las bóvedas, y alzados á una altura algo mayor que la 
del dintel ó cerramiento de éstas. El espacio que quedaba entre 
el muro perpendicular y las piedras de la bóveda, era rellenado 
con la mezcla de betón ya indicada, y cuyo peso daba sobrada 
estabilidad á la construcción. 

Desgraciadamente este relleno ha sido la causa principal de la 
ruina de todos los edificios, pues conteniendo gran cantidad de 
tierra vegetal forman, por decirlo así, unos inmensos arriates 
donde la vegetación ha prosperado por varios siglos, ocasionando 
derrumbes y destruyendo estas obras, que por su construcción 



Ciencias y Artes, i8i 

sencilla y sólida, deberían conservarse íntegras aún en nuestros 
días. 

El " estilo " de las construcciones mayas está basado en el 
sistema del Dintel ó Platabanda, según la apariencia exterior de 
todos los edificios, sus puertas y ventanas. La forma abovedada 
de los techos no está indicada en manera alguna en los exteriores. 
Sólo he visto una construcción, la llamada " Arco de Labná " en 
q^e dicha bóveda está expuesta á la vista y su sección forma parte 
d^ la decoración de la fachada. 

Conforme á las ¡deas de algunas personas ilustradas, á quienes 
he tenido el gusto de oír hablar de nuestras ruinas, el estilo maya 
pi*oviene directamente del antiguo estilo egipcio. No pretenderé 
por ahora, afirmar ni contrariar tales opiniones, y me limitaré á 
terminar estos apuntes con algunas observaciones que creo opor- 
tunas. 

El estilo de las antiguas construcciones egipcias está basado 

en el sistema del dintel. Las columnas representan el papel más 

importante en la construcción, pues los techos, siempre planos, 

están soportados por largas columnas, cuyo espaciamiento está 

limitado por el largo de los dinteles, dando por resultado que las 

naves son muy estrechas y numerosas en el interior de los templos. 

Las columnas son siempre de grandes dimensiones, carecen de 

base, el fuste tiene un gálibo algo exagerado y llevan el capitel 

'* campaniforme." 

En las construcciones mayas, las naves son siempre amplias, 
están formadas por muros laterales y cubiertas con bóvedas de 
piedra en saledizo. Las columnas forman más bien parte de la 
decoración exterior, son delgadas y de diámetro constante y en 
muy raros casos se encuentran aisladas para recibir el dintel de 
alguna puerta ó entrada en forma de portal. 

Los egipcios construían sus sepulcros cavando la roca natural 
en las montañas, ó formándoles cúpulas de piedra de saledizo; 
pero siempre dejaban la entrada aparente al exterior formando 
fachada. Los mayas, por el contrario, ocultaban sus sepulcros 
formando cerros encima de ellos y sin dejar entrada alguna 
aparente. 

La decoración simbólica en ambos estilos presenta cierta ana- 
logia, y la profusa ornamentación y delicadeza de los detalles del 
estilo maya se asemeja también al Arte Árabe, el cual corresponde 
á una época mucho más reciente de la Civilización Europea." 



i83 El Estado de Yucatán. 

En algunas decoraciones he visto que los ángulos de los templos 
ostentan unas grandes trompas de piedra. Esas narices ó trompas 
generalmente están erguidas, pero en algunas ocasiones las hallo 
vueltas hacia abajo, como acontece en el palacio de Hochob y 
sobre la puerta principal del templo de Itsinté. Según Waldeck 
estas son trompas de elefantes, y cree que es un vago recuerdo 
que conservaron los mayas de las primeras generaciones, que vi- 
nieron del Asia, y conocieron á esos grandes paquidermos. ¿ Por 
qué no decir que es un recuerdo de los proboscidios que en- 
contraron en América, y á los que tuvieron como gigantes? 



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I de las Monjas, Chichén-ltzá. 



En la llamada Casa de las Monjas se ve un ídolo sentado á 
la usanza oriental. Es una divinidad en alto relieve, en un nicho, 
con una especie de aureola, que tiene, además, penachos de 
plumas á derecha é izquierda. ídolos de carácter oriental, por la 
postura, son abundantes, sobre todo en Piedras Negras, frontera 
de Guatemala con México, como se ve por las fot(^rafías que in- 
cluyo en esta obra, llamando fuertemente la atención el de la 
Stella 14, por la tiara que ostenta. 

Yo creo, como Vio!tet-le-Duc, que los monumentos de Mitla 
pertenecen también á la civilización quiche, y que son posteriores 
á los de Yucatán. — " La perfección del aparejo, los paramentos 
verticales de los salones con sus espinazos de columnas que sostie- 
nen e! armazón, la ausencia completa de imitación de la construc- 



Ciencias y Artes. 183 

ción de madera en la decoración exterior ó interior, la ornamen- 
tación producida sólo por el ajuste de las piedras sin escultura, 
dan á los edificios de Mitla un carácter particular que los distingue 
netamente de los de Yucatán y que indicaría también una fecha 
más reciente." A esto que dice Viollet-le-Duc, agrega á poco 
andar, y como resumen : " De manera que colocaríamos los edi- 
ficios del Palenque en la serie de monumentos construidos por 
los indígenas antes de la sumisión de Xibalba, los de Yucatán 
inmediatamente después de la dominación Quiche, de la raza con- 
quistadora superior, y los de Mitla entre los derivados de la in- 
fluencia Quiche posteriormente á la separación de las tribus re- 
unidas en Tulac. (" Ciudades y Ruinas Americanas.") 

El mismo Viollet-le-Duc hace este resumen crítico : — " Así es 
que, habitualmente, en la península de Yucatán, la tradición de. 
la extructura en madera es visible, el gusto exagerado de la orna- 
mentación se hace sentir, la construcción de paredes inclinadas 
para los interiores es muy general, la escultura es abundante, y 
la reproducción de la figura humana muy frecuente ; mientras que 
en Mitla, nada de escultura, ninguna ornamentación si no es la 
que resulta del conjunto; las paredes interiores de las salas son 
irerticales, las columnas empleadas con mucha frecuencia, la cons- 
tnKción es perfecta, y la madera no aparece en estas obras sino 
en la superficie, como cubiertas, sin que nada deje descubrir en 
las formas de la manpostería una imitación de estructura primi- 
tiva en madera. Si los Yucatecos buscan la variedad al levantar 
diversas partes de un mismo palacio, los Zapotecas de Mitla, al 
contrario, parece que han adoptado un tipo, una forma primera 
de la que está prohibido apartarse." 

En mi concepto los mayas ignoraban que la verdadera grandeza 
arquitectónica está en la unidad que resulta de la armonía, y me 
atrevo á usar de un símil tal vez exagerado, pero que traduce bien 
mi idea : la arquitectura palenkiana es á la maya lo que la dórica 
es á la jónica; y la maya es á la de mitla lo que la jónica es á la 
corintia. 

En resumen: esta arquitectura tiene carácter propio y tiene 
grandeza. Revela que los constructores conocían muy bien el 
arte de cortar y colocar las piedras ; que poseían varias clases de 
morteros, estucos y cementos y, como asienta Catherwood, por lo 
que respecta á la parte mecánica, eran albañiles consumados. 
(" Views of Ancient Monuments in Central America," &., pái^. 5.) 




Una Estela de Piedras Negras. Guaiemala. 



Ciencias y Artes. 185 

Mucho se ha estudiado estos edificios por arqueólogos y antro- 
pólogos, buscando una base para establecer la filiación de sus 
autores; pero todas las deducciones me parecen violentas y anto- 
jadizas, pues que al tomar en cuenta lo que pudiera ser semejanza, 
y que es lo menos, se hacen á un lado las diferencias, que son las 
más, y muy sensato me parece cuanto sobre este particular dice 
Stephens, en su "Viaje á la América Central, Chiapas y Yuacatán," 
esto es: que las referidas construcciones no son ciclópeas, ni se 
parecen á las obras griegas y romanas, ni existe en toda Europa 
(ni en el mundo entero conocido, agrego yo) algo semejante á 
ellaa. Tampoco son de origen chino, porque nada tienen de 
oomún con la arquitectura actual de la China, y ya se sabe que 

es un pueblo estacionario, que ha variado muy poco, ó nada, 
los millares de año que cuenta de existencia. Menos se pare- 
ce á las del Indus, por que los edificios mayas descansan sobre 
alturas artificiales, mientras que las ruinas de la arquitectura india 
representan excavaciones inmensas, soportadas por grandes co- 
hff?*"tt« talladas en la misma roca. Queda, por fin, el Egipto, en 
cayo pueblo se ha creido generalmente que buscaron su modelo 
loa arquitectos americanos, por la forma piramidal que jdieron á 
ras construcciones. Pero hay diferencias esenciales entre las 
pirámides egipcias y las mayas: las primeras son cuadradas en 
base, las segundas tienen más bien la figura de cono; estas 

macizas, aquellas tienen cámaras interiores que servían de 
aqmlcro á los reyes; las egipcias, en fin, están completas en si 
miimas, mientras que las de Yucatán fueron levantadas para sevir 
de base á templos y palacios. 

La Escultura. — No creo que los mayas sobresalieron tanto 
en la escultura como en la arquitectura. En lo general, los en- 
cuentro inferiores á los riahoa en este respecto, y compararlos 
CQO los pueblos del Viejo Mundo constituye una blasfemia. Pero 
las obras que nos han legado no carecen de energía y tienen carác- 
ter. Hay en ellas crudezas, desproporciones, faltas de conoci- 
mientos anatómicos en las figuras que representan al hombre, y 
cierta verdad cuando se trata de animales. Para aquellos artífices, 
el carácter místico tuvo más valor que la realidad, en la ejecu- 
ción. Me refiero tanto á las estatuas como á los relieves, que son 
los más numerosos, y quizás los que tienen mayor mérito relativo. 
Esos relieves pueden considerarse á veces como gigantescos mo- 



i86 El Estado de Y uc atan, 

saicoSy que por sus proporciones, labor, buena disposición y atre- 
vimiento merecen elogios. 

Scherzer, quien cree que no hay razón suficiente para separar 
las ruinas de Copan y Quirigua de las del propio Yucatán, opiniáii 
que sigo yo también, dice que lo que distingue las esculturas de 
Quirigua de las del Egipto y Asia occidental, es la tosquedad dd 
trabajo. Esto se debe á imperfección de los instrumentos, que, 
á no dudarlo, no eran de hierro. Aún las más antiguas esculturas 
egipcias, no obstante que son poco agraciadas y escasas de in- 
vención, muestran una habilidad técnica notable y una gran ele- 
gancia en su ejecución, lo cual falta por completo á los groseros 
bajo relieves de la América Central. El mismo autor sugiere It 
idea de que la imperfección de los instrumentos de cobre y de 
piedra obligó á los indios á preferir los materiales poco consis- 
tentes en su escultura ; pero, por lo que respecta á Yucatán, ddx> 
advertir que no cabe esa explicación, pues los yucatecos usaron 
el único material de que podían disponer. 

Brine es más contentadizo que Scherzer. Refiriéndose i los 
ídolos y bajo relieves hechos en las piedras calizas de tnayor 
dureza, dice que nada puede darse de más delicado que la finan 
de los contornos, la profundidad y limpieza de los detalles, y- que 
es de suponerse en ellos inmensa labor, cuidado y tiempo. 

Que los escultores mayas tenían carácter propio, lo que podrb 
llamarse escuela, es para mí cosa evidente, y la mejor demostrar 
ción que puedo presentar es la casa de Montejo, ubicada en la 
plaza principal de Mérida, construida á raiz de la conquista, para 
que sirviese de morada al conquistador de la Península. El mis 
ligero examen que se haga de la fachada, bastará para que d 
observador se convenza de que el proyecto y los diseños son de- 
bidos á un español, y que la ejecución se debe á artistas mayas» 
quienes no pudieron, ó no quisieron, someterse á sus señores, y, 
si se me permite la frase, diré que es un proyecto español ejecu- 
tado en maya. 

Posible es que los grandes monolitos de Guatemala y de Hon- 
duras, pueblos pertenecientes á la misma familia étnica, aparezcan 
como las obras más colosales y más nobles de cuántas en su 
género existen en América ; pero es seguro que ninguno de esos 
pueblos puede presentar obras tan bien acabadas y tan artística- 
mente ejecutadas como algunas de las nahoas, entre las que pue- 
den citarse el famoso Huitzilopoxtli que figura en el Museo Na- 



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íilonial, Dsudsil. haucán. 


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i88 El Estado de Yucatán. 

cional de México, y cuya vista produce el terror que se propuso 
infundir el artífice y que es la característica de la sangrienta 
divinidad. Otro tanto puede decirse del llamado Calendario Az- 
teca y de otras piezas que figuran en el mismo Museo, tan bien 
pulimentadas, tan ricas en detalles, tan bien concluidas como 
ninguna otra de las de nuestro Continente. 

Podría decirse que, por lo común, los centroamericanos sobre- 
pasaron á los demás pueblos del continente en el bajo y en el 
alto relieve, y que los nahoas figuran á la cabeza en lo que respecta 
á la estatuaría. 

La Pintura. — Inferiores aún muéstranse los mayas en la pin- 
tura, la que entre ellos quedó en la infancia, aunque llegó á la 
policromía» No conozco más muestras de ese arte que los vesti- 
gios que quedan en una sala de Chichén-Itzá, y que pronto desapa- 
recerán por completo. Esa muestra recuerda algo el arte egipcio, 
por lo primitivo. Allí no hay perspectiva aérea, ni de ninguna 
clase, ni relación de proporciones entre las figuras; se adivina 
que los colores debieron ser brillantes y el dibujo poco esmerado. 
El asunto es una batalla, los personajes son numerosos, las esce- 
nas variadas ; es una especie de pandemónium. Las figuras están 
dibujadas en siluetas sobre color obscuro y llenadas después con 
colores más claros, figurando el blanco, amarillo, negro, azul, 
verde y rojo. Se ve que cada figura fué pintada al desnudo 
y completa, y después le añadieron los artistas la indumen- 
taria, lo que se echa de ver porque se ha borrado esta casi total- 
mente. 

Esa pintura mural es muy inferior á la de los Códices nahoas, 
y, á juzgar por ella, podría decirse que si la escultura maya se 
inspira principalmente en el reino animal, en tortugas, tigres, ser- 
pientes, aves, &. la pintura se consagra de preferencia al paisaje 
y á las gentes, siendo aquella más simbólica y esta más gráfica. 

Las Ruinas Principales. — ¿Cuándo fueron construidos estos 
edificios ? — El capitán Dupaix presenta la poco racional teoría de 
que las ruinas del Palenke son antediluvianas, y se funda en ra- 
zones especiosas que no merecen ser reproducidas. 

Stephens pretende que no son la obra de un pueblo ya extin- 
guido y cuya historia está perdida, sino de las mismas razas que 
habitaban el país en la época de la conquista española, ó de alguno 



Ciencias y Artes. 189 

de sus progenitores. Afirma, además, que muchas de esas pobla- 
ciones estaban todavía habitadas por los indios yucatecos en la 
época en que los españoles verificaron el descubrimiento y con- 
quista del pais. 

El Barón de Fridrichshall asienta que los historiadores con- 
vienen en que sólo dos razas hacían fábrica de piedras : la de los 
toltecas y la de los aztecas. " Los aztecas no invadieron la Nueva 
España ( ?) antes del siglo XIII., y no tenemos vestigio alguno de 
su emigración meridional. La arquitectura de ambas razas di- 
fiere, según se comprueba con los estudios comparativos de las 
construcciones mexicanas con las del Palenke, unánimente atri- 
buidas á los toltecas. En cambio, entre estos edificios y los de 
Yucatán hay una analogía incontestable, que los coloca bajo un 
mismo origen, aunque el progreso del arte que se advierte asigna 
á los unos y á los otros épocas diferentes ; en efecto, la ornamen- 
tación y lo que puede llamarse la obra de arte, son en los edificios 
del Palenke superiores á los de Yucatán, y como la emigración 
tolteca seguía un trayecto en que debió reconocer primero el lugar 
que ocupan las ruinas del Palenke, antes de llegar á la Península, 
es evidente que los edificios fueron levantados en esta última 
cuando ya la raza iba llegando á su decadencia, ó cuando sus cola- 
boradores, los indios que poblaban Yucatán cuando ellos lo ocu- 
paron, no podían ayudarlos en su empresa con los conocimientos 
y pericia que ellos tenían en el arte de la arquitectura. — Se des- 
prende que á fines del siglo XII., época fijada al arribo de los 
toltecas á Yucatán, llegaron ya como una raza decadente y de- 
generada, no es aventurado concluir que cuatro siglos más tarde, 
al desembarcar los españoles, hubiesen perdido los habitantes 
hasta la memoria de los que edificaron las ciudades cuyas ruinas 
estudiamos." 

\'iollet-le-Duc cree que todos los monumentos en que nos veni- 
mos ocupando, no podían pertenecer ni á una sola época ni á una 
sola raza. " A nuestros ojos, agrega, los monumentos del Pa- 
lenque serían los más antiguos; serían debidos á una raza ya 
mezclada, y sin embargo, de aborígenes ó de indígenas amarillos 
y de las primeras emigraciones blancas, con los olmecas. Los de 
Yucatán Jiabrían sido levantados después de la invasión de la 
poderosa emigración blanca de los quichés en el imperio de 
Xibalba. . . . Los monumentos de Yucatán, aunque edifi- 
cados según creemos, apenas en el espacio de un siglo, presentan 



Ciencias y Artes. 191 

construida con materiales arrancados de los antiguos monumentos. 
A esta obra vandálica ha empezado á poner coto el Gobierno 
Federal, dictando leyes adecuadas, pero que no pueden tener toda 
la eficacia apetecida, porque se necesitaría de un inmenso per- 
sonal para defender siquiera fuese las principales ruinas. 

Es inconcuso que, fuera de las del Palenke, y dejando á un lado 
las de Honduras y Guatemala, las ruinas principales existentes 
hoy, son las de Uxmal, las de Chichén-Itzá, y las de Izamal, estas 
últimas apenas visibles ya. En la parte Oriental se encuentran 
vestigios en las Islas Mujeres, Cancún y Cozumel, en el Meco 
y Tuloom. 

Ko entraré en la descripción de esas ruinas, porque me llevarla 
demasiado lejos, y se encuentra más ó menos completa en obras 
especiales, que fácilmente puede consultar el lector en cualquiera 
biblioteca; pero si diré que quien tenga gusto por esta clase de 
estudios, debe hacer un viaje á Yucatán, lo que no es costoso, con 
la seguridad de que encontrará que bien merece la pena el gasto 
de tiempo y de dinero, y quedará, á la postre, muy satisfecho 
de su excursión. 

Entre las ruinas que pertenecen á estas razas centroamericanas, 
ofrecen grandísimo interés las de Piedras Negras, hoy en terri- 
torio de Guatemala, y las de Yaxchilán, en Chiapas.— En terri- 
torio yiicateco, á más de las que llevo mencionadas, son notables 
las de Chacbolai, Chacmultum, Ichpich, Xcalumkin, Maler- 
Xlabpak, Xcavil de Yaxché, Yaxché-Xlabpak, Xculoc, Chunhu- 
hiib, Almuchil, Xcalupococh, Itzimté, Tantah, Yacal-Chuc, 
Xlabpak de Santa Rosa, Dsehkabtún, Dsibiltún, Chunyaxnic, 
Sabacché, Chacmultún, Sayil, El Tabasqueño, Huntichmul, Ho- 
chob, Xocuchich, Kancabchén, Dsecilná, &., las cuales me ha 
dado á conocer mi amigo el Sr. Dn. Teoberto Maler, por medio 
de las fotografías que ha sacado personalmente, y por las des- 
cripciones que me ha proporcionado. El Sr, Maler es el arque- 
ólogo más infatigable que ha venido á Yucatán; es un sabio 
modesto, afanoso, de mucho Juicio, de gran erudición y se pasa 
la mayor parte de su vida en los bosques y los desiertos, haciendo 
exploraciones. 

La Aritmética. — Las mayas acostumbraban á contar de 5 en 5 
hasta 20; de 20 en 20 hasta 100; de 100 en 100 hasta 400, y de 
400 en 400 hasta 8,000. De allí contaban multiplicando 8,000 



iQo El Estado de Yucatán. 

entre sí diferencias de estilo, que nos obligan á calificarlos sepa- 
radamente.*' 

W'aldeck ("\'oyage pittoresque et archéologique dans la Pro- 
vince de Yucatán," Paris, 1838) concede treinta ó cuarenta siglos 
de antigüedad á algunas de esas ciudades. De paso debo advertir 
que este arqueólogo es un digno precursor de los fantaseos de 
Brasseur de Bourbourg, sin tener la erudición pasmosa del abate, 
y creo, con Fray Estanislao Carrillo, que en su obra sólo está jus- 
tificado el titulo de " Viaje pintoresco/* 

Yo no me atrevo á dar opinión sobre la antigüedad de tales 
ruinas. Si me parece que la hipótesis, que se presenta con el 
carácter de cosa averiguada, de que los monumentos yucatecos 
son obra de los toltecas, y más aún de los toltecas decadentes, 
carece hasta de sentido común, por más que diga el Barón de 
Fridrichshall que esa opinión " es unánime " ; y me fundo para 
hablar así, en que no se encuentra en México una sola construc- 
ción tolteca que, por su magnitud, belleza y excelencia, se pueda 
comparar con estas que estudiando venimos, aun concediendo que 
las Pirámides de Teotihuacán sean toltecas, lo que no está bien 
probado todavía. 

Landa, y con él otros autores, creen que Itzmal es la ciudad 
más antigua de la Península. Brasseur le calcula dos mil años 
de existencia unas veces, y mil ochocientos otras. (Véase "Archi- 
vos de la Comisión Científica.") Se cree que le siguen en orden 
de antigüedad T-Hó y Chichen-Itzá. Todas estas parece que 
fueron fundadas por una misma rama de la familia centroameri- 
■cana. Después viene Mayapán, cuyo nombre significa ** bandera 
ó estandarte de los mayas," ciudad que, según el canónigo Ordóñez, 
fué construida mil años antes de Cristo, y Landa da á entender 
que arranca de los primeros siglos de nuestra era, mientras que 
Stephens la cree más antigua que Uxmal, y Cogolludo asegura 
que fué fundada en 11 60. En cuanto á Uxmal digo, con el Sr. 
Dn. Eligió Ancona, que " inútil sería registrar las páginas de 
nuestra mutilada historia para averiguar á quién se debe su funda- 
ción y cuándo se fundó." 

Quizás no hay región en el mundo que contenga tantas ruinas 
como este territorio, pues por donde quiera que pasa el viajero 
encuentra montículos, pirámides, templos ó restos de la civiliza- 
ción del pueblo maya, y como con tanta razón asienta Holmes, 
trasi no hay aldea ó ciudad moderna en la Península que no esté 



Ciencias y Artes. 191 

construida con materiales arrancados de los antiguos monumentos. 
A esta obra vandálica ha empezado á poner coto el Gobierno 
Federal, dictando leyes adecuadas, pero que no pueden tener toda 
la eficacia apetecida, porque se necesitaría de un inmenso per- 
sonal para defender siquiera fuese las principales ruinas. 

Es inconcuso que, fuera de las del Palenke, y dejando á un lado 
las de Honduras y Guatemala, las ruinas principales existentes 
hoy, son las de Uxmal, las de Chichén-Itzá, y las de Izamal, estas 
últimas apenas visibles ya. En la parte Oriental se encuentran 
vestigios en las Islas Mujeres, Cancún y Cozumel, en el Meco 
y Tuloom. 

No entraré en la descripción de esas ruinas, porque me llevaría 
demasiado lejos, y se encuentra más ó menos completa en obras 
especiales, que fácilmente puede consultar el lector en cualquiera 
biblioteca; pero sí diré que quien tenga gusto por esta clase de 
estudios, debe hacer un viaje á Yucatán, lo que no es costoso, con 
la seguridad de que encontrará que bien merece la pena el gasto 
de tiemjx) y de dinero, y quedará, á la postre, muy satisfecho 
de su excursión. 

Entre las ruinas que pertenecen á estas razas centroamericanas, 
ofrecen grandísimo interés las de Piedras Negras, hoy en terri- 
torio de Guatemala, y las de Yaxchilán, en Chiapas. — En terri- 
torio yucateco, á más de las que llevo mencionadas, son notables 
las de Chacbolai, Chacmultum, Ichpich, Xcalumkín, Maler- 
Xlabpak, Xcavil de Yaxché, Yaxché-Xlabpak, Xculoc, Chunhu- 
hub, Almuchil, Xcalupococh, Itzimté, Tantah, Yacal-Chuc, 
Xlabpak de Santa Rosa, Dsehkabtún, Dsibiltún, Chunyaxnic, 
Sabacché, Chacmultún, Sayil, El Tabasqueño, Huntichmul, Ho- 
chob, Nocuchich, Kancabchén, Dsecilná, &., las cuales me ha 
dado á conocer mi amigo el Sr. Dn. Teoberto Maler, por medio 
de las fotografías que ha sacado personalmente, y por las des- 
cripciones que me ha proporcionado. El Sr. Maler es el arque- 
ólogo más infatigable que ha venido á Yucatán; es un sabio 
modesto, afanoso, de mucho juicio, de gran erudición y se pasa 
la mayor parte de su vida en los bosques y los desiertos, haciendo 
exploraciones. 

La Aritmética. — Los mayas acostumbraban á contar de 5 en 5 
hasta 20; de 20 en 20 hasta 100; de 100 en 100 hasta 400, y de 
400 en 400 hasta 8,000. De allí contaban multiplicando 8,000 



192 ElEstadodeYucatón. 

por 20, que son i6o,cx», y esto lo multiplicaban otra vez por 
veinte, y asi hasta lo inñnito. Beltrán, en la lista de los numerales 
modernos (pág. 195) indica que los nombres de 20, 40, &. {hun- 
kal, cakal, &.) contienen la palabra kal, medida de 20 granos, 
que aparece en los numerales quichés. 

Ese numeral kal (20) multiplicado por sí mismo da el bak 
(400), y el bak, multiplicado por el kal, da el pie (8,000), y el 
pie, por la misma operación, el caleb (160,000), y el caleb por el 
kal da como producto el kinchil (3,200,000). 

Veo una semejanza perfecta entre el sistema de cinco y de 
veinte de los mayas con el de los nahoas. 

Calendario. — Don Eligió Ancona, extractando á Landa, á 
Cogolludo y á otros autores, asienta que hay motivos muy pode- 
rosos para creer que las revoluciones de la luna fueron las pri- 
meras que sirvieron á los antiguos yucatecos — tal vez á los itzaes 
— para arreglar su cronología. Así lo hace comprender la cir- 
cunstancia de que diesen al mes el nombre de U, palabra qu 
significa la luna. (También los nahoas llamaron al mes lun 
(Meztli).) Landa opina que el mes lunar se componía de 3 
días, porque " lo contaban desde que salía la luna nueva has 
que no aparecía," palabras que evidentemente envuelven una con 
tradicción, porque no son treinta días los que la luna emplea 
hacer su evolución alrededor de la tierra. Don Juan Pío Pére 
cree que se componía de veinteseis días, " que es, poco más 
menos, el tiempo en que la luna se deja ver sobre el horizont 
en cada una de sus revoluciones," y también porque 26 es el doW 
de 13, número que era sagrado entre los indios. 

Pero este sistema fué reemplazado por el de los toltecas. 

Los mayas dividían el tiempo en días, semanas, meses, años^ 
épocas (Katunes) y siglos. El día se llamaba Kin, que significa 
sol. Aunque no conocían las horas, tenían varias palabras para 
designar algunas divisiones del día. La mañana se llamaba hats- 
cab; el medio día, chunktn, ó chumuckín; el tiempo que entre 
nosotros corresponde á las tres de la tarde, tzelepkin; la puesta 
del sol, ocjiakin; la noche en general, akab; la media noche, 
cJíumucakab, y la madrugada potakab. 

Los nombres de los días eran 20, que componían un mes. Divi- 
díanse en cuatro grupos, cada uno de cinco días, de la manera 
siguiente : 





Ciencias y Artes, 195 

20 en 20 años, y por lustros de 4 en 4. El primer año lo fijaban 
en el oriente, llamándole Cuchhaab; el segundo en el poniente, 
llamado Hijix; el tercero en el sur, Cavac; y el cuarto, Muluc, 
en el norte, y esto les servía de letra dominical. Llegando estos 
lustros á cinco, que ajustan 20 años, llamaban Katún, y ponían 
una piedra labrada sobre otra labrada, fijada con cal y arena, en 
las paredes de sus templos. En- un pueblo llamado Tixualahtún, 
que quiere decir lugar donde se pone una piedra labrada sobre 
otra, dicen que estaba el archivo, recurso de todos acaecimientos, 
como en España lo es el de Simancas." (Cogolludo, lib. IV. 
cap. V.) 

El Ahau se dividía en dos partes. Los indios pintaban una 
rueda pequeña, en la cual ponían los cuatro jeroglíficos de los 
días con que principiaba el año. Además de la rueda pequeña, 
hacían otra rueda grande, que llamaban bukxoc, en que ponían 
tres revoluciones de los cuatro jeroglíficos de la pequeña, haciendo 
un total de 12 signos, principiando la cuenta con el primero. Kan, 
y siguiendo á contarlos hasta nombrar cuatro veces el mismo kan, 
inclusivemente, haciendo así 13 años y formando una indicción 
6 semana (de años). (J. P. Pérez, Cronología, § VIL) 

A los cuatro años se les consideraba como intercalares y como 
no existentes, creyéndolos aciagos por esto, y, como á los cinco 
dias complementarios del año, se les llamaba también u ydil haab, 
6 años trabajosos. 

Y observa Don J. Pío Pérez que de la costumbre de considerar- 
los como no existentes, separándolos de la cuenta de los años, 
nació la opinión de creer que los altau katunes eran solamente de 
^o años, yerro en que cayeron casi todos los que trataron de paso 
d asunto. 

Literatura: La Poesía Lírica. — Se asegura que los mayas, 
& más de la historia, cultivaron la poesía lírica y la dramática, 
mn que nadie haya presentado prueba de tal dicho. El Sr. An- 
oona cree que los cantares estuviesen compuestos en un género 
de metro que se amoldase á la música salvaje con que se me 
ciaban, y que es de presumirse también que no sólo se usasen 
las festividades religiosas, sino aún en otras de distinta esp« 
que tendrían por objeto algún entretenimiento. " Pero cualquit 
que fuese el género de estas poesías, ninguna ha llegado á nuestro 
tiempos, porque los misioneros creyeron encontrar en ellas al- 



Ciencias y Artes, 195 

20 en 20 años, y por lustros de 4 en 4. El primer año lo fijaban 
en el oriente, llamándole Cuchhaab; el segundo en el poniente, 
llamado Hijix; el tercero en el sur, Cavac; y el cuarto, Muluc, 
en el norte, y esto les servía de letra dominical. Llegando estos 
lustros á cinco, que ajustan 20 años, llamaban Katún, y ponían 
una piedra labrada sobre otra labrada, fijada con cal y arena, en 
las paredes de sus templos. En un pueblo llamado Tixudahtún, 
que quiere decir lugar donde se pone una piedra labrada sobre 
otra, dicen que estaba el archivo, recurso de todos acaecimientos, 
cxxno en España lo es el de Simancas." (Cogolludo, lib. IV. 
cap. V.) 

El Ahau se dividía en dos partes. Los indios pintaban una 
raeda pequeña, en la cual ponían los cuatro jeroglíficos de los 
dias con que principiaba el año. Además de la rueda pequeña, 
bacian otra rueda grande, que llamaban bukxoc, en que ponían 
tres revoluciones de los cuatro jeroglíficos de la pequeña, haciendo 
un total de 12 signos, principiando la cuenta con el primero, Kan, 
y siguiendo á contarlos hasta nombrar cuatro veces el mismo kan, 
indusivemente, haciendo así 13 años y formando una indicción 
6 semana (de años). (J. P. Pérez, Cronología, § VIL) 

A los cuatro años se les consideraba como intercalares y como 
no existentes, creyéndolos aciagos por esto, y, como á los cinco 
dbs complementarios del año, se les llamaba también u ydil haab, 
6 años trabajosos. 

Y observa Don J. Pío Pérez que de la costumbre de considerar- 
bs como no existentes, separándolos de la cuenta de los años. 
Dado la opinión de creer que los altau katunes eran solamente de 
■D años, yerro en que cayeron casi todos los que trataron de paso 
A asunto. 

Literatura: La Poesía Lírica. — Se asegura que los mayas, 
i más de la historia, cultivaron la poesía lírica y la dramática, 
lili que nadie haya presentado prueba de tal dicho. El Sr. An- 
xma cree que los cantares estuviesen compuestos en un género 
le metro que se amoldase á la música salvaje con que se mez- 
daban, y que es de presumirse también que no sólo se usasen en 
as festividades religiosas, sino aún en otras de distinta especie, 
pie tendrían por objeto algún entretenimiento. " Pero cualquiera 
|ue fuese el género de estas poesías, ninguna ha llegado á nuestros 
lempos, porque los misioneros creyeron encontrar en ellas al- 



19^ El Estado de Yucatán. 



gunas estrofas diabólicas y procurarc«i desterrarlas de la me- 
moria del pueblo." 

Literatura Dramática. — Landa habla de teatros que vio en 
Chichén-Itzá, cuyo pavimento era enlosado, y donde, según le 
dijeron, se representaban farsas y comedias, para solaz del pueblo. 

El mismo Landa, así como Cogolludo, dan testimonio de que 
todavía en los siglos XVL y XVH. se representaban farsas en 
que los actores, á quienes se daba el nombre de balsmnes, ejecuta- 
ban piezas dramáticas de distintos géneros ; en la tragedia ó en 
el drama histórico vestían con propiedad el antiguo traje de sos 
príncipes y sacerdotes, y en la comedia de costumbres remedaban 
con tal gracia á sus caciques y aún á sus encomenderos, que k* 
espectadores prorrumpían generalmente en aplausos y carcajadaí 

Achácase la desaparición del drama á las mismas causas qt^ 
á la de la poesía lírica : los que gobernaban la Colonia vieron en 
las representaciones teatrales un recuerdo demasiado vivo de los 
tiempos pasados, y las prohibieron bajo el pretexto de que eran 
obscenas y de que el demonio se mezclaba en ellas. 

MÚSICA Y Baile. — Pero ningún autor se ha atrevido á elogiar 
la música maya, y todos la consideran como salvaje, y que no 
correspondía al nivel de cultura alcanzado por aquel pueblo. El 
instrumento dominante era, y es aún, el tunkui, especie de cilindro 
hueco, de madera, ordinariamente de tres pies de largo y uno 
de diámetro, completamente abierto en la parte inferior, y con 
dos aberturas en la superior, longitudinales, paralelas y cruzadas 
por otra horizontal. Se toca con dos palos, y el sonido es agudo 
y monótono. 

Como concertante un caracol marítimo, de sonido agudo y lú- 
gubre. Además: tambores cubiertos de piel de venado, conchas 
de tortuga que tocaban con astas de venados, y varias clases de 
sonajas. 

Ya he dicho en otra parte, que los mayas eran afectos á la 
danza. Perece que la practicaban menos para divertirse, que para 
solemnizar las fiestas religiosas. Baile y música estaban bajo la 
dirección de un maestro, designado con el nombre de Hol-pop. 



Apuntes sobre Historia. 199 

de buscar el canal ó estrecho que deWa darle paso para la India 
Oriental. 

El 8 de Febrero de 1517 zarpó del puerto de Jaruco (Isla de 
Cuba) una expedición al mando del hidalgo Don Francisco Her- 
nández de Córdoba. Navegó hacia occidente, y el 3 de Marzo 
descubrió el Cabo Catoche, donde tuvo un encuentro con los 
indígenas, lo que le obligó á reembarcarse y á seguir el viaje, 
navegando siempre hacia el poniente y sin perder de vista la costa, 
y así llegó á Potonchán, ó sea Champotón, después de algunas 
peripecias, y en ese lugar riñó con los indios un combate en que 
tan mal librado salieron los españoles, que denominaron al lugar 
Bahía de la mala pelea. 

La segunda expedición que de la Isla de Cuba zarpó para Mé- 
xico vino al mando de Juan de Grijalva, quien desde Matanzas se 
dio á la vela el 15 de Abril de 1518, sobre cuya fecha diñeren los 
autores, pretendiendo unos que fué el 5 de Abril, otros que fué 
el 8 y algunos que fué el 1° de Mayo, siendo la primera, ñjada 
por Bernal Díaz del Castillo, la más probable. El día 3 de Mayo 
tocaron en la isla de Cosumil, ó Cosumail, hoy Cozumel, á la que 
pusieron por nombre Santa Cruz, en conmemoración de la fiesta 
católica del día. — De allí siguió la flota costeando la Península 
hasta llegar á Champotón, donde hubo nuevo combate contra los 
indios, quedando los castellanos dueños del campo; prosiguiendo 
después su viaje hacía el poniente. 

La tercera expedición vino al mando del célebre extremeño 
Hernán Cortés, quien zarpó de Trinidad (Cuba) el 10 de Febrero 
de 1519, y tocó en Cozumel, de donde siguió viaje, como las ante- 
riores, hacia el poniente, después de costear á Yucatán. 

En la expedición de Grijalva (1518) vino como capitán de 
una de sus naves el salamanquino Don Francisco de Montejo, 
quien volvió, con el mismo carácter, en la expedición de Cortés, 
y fué designado por éste para que, en unión de Alonso Hernández 
de Puertocarrero, diese cuenta á Carlos V. del resultado de la 
expedición, fundación de la Villa Rica de la Veracruz y para pe- 
dirte que confirmase cuanto por él estaba hecho. 

La Conquista. — Después regresó Montejo á México, habiendo 
desempeñado tan satisfactoriamente su comisión, que en 1524 le 
enviaron por segunda vez de procurador á España, y entonces 
trabajó por cuenta propia, y, entre otras grandes mercedes que 



198 El Estado de Yucatán. 

mánticas y tan intrincadas á la vez, que no me atrevo á presen- 
tarlas en resumen, porque me expongo á dejarlas truncas, á ser 
confuso, ó dar á este libro proporciones indebidas. A quienes 
esto pueda interesar, les recomiendo la lectura de dos obras ma- 
gistrales, que de seguro son las mejores que hasta hoy se han 
escrito en extenso sobre Yucatán, á saber la del Sr. Dn. Eligió 
Ancona y la del Sr. Don Juan Francisco Molina Solís, tantas 
veces citadas en el decurso de este mi libro. Aunque la del Sr. 
Molina Solís se intitula " Historia del Descubrimiento y Conquista 
de Yucatán," trae, como lo advierte el mismo autor, una reseña 
de la historia antigua de la Península, la que encuentro muy 
nutrida y de mucha importancia y en la que se hallan todos los 
elementos para formarse idea de la época. 

De los autores que sirven de guía para esta parte del estudio, 
Landa y Cogolludo son los que figuran como autoridades más 
dignas de atención, aunque no pueden merecer un crédito abso- 
luto. Si no es posible fijar la época de las construcciones monu- 
mentales de la Península, ni se sabe á punto fijo qué pueblos las 
hicieron ¿cómo hemos de dar fe á las leyendas, consejas, mitos 
y fábulas que constituyen los únicos elementos de su historia? 
Si aún en hechos contemporáneos, que hemos presenciado, hay 
opiniones y fallos tan distintos, y cada cual quita ó añade á su 
antojo, ¿qué será cuando se trata de acontecimientos remotos, sin 
deposición de testigos, sin documentación de ninguna clase? 

Descubrimiento de Yucatán. — Parece ciertos que los prime- 
ros españoles que arribaron á la Península Yucateca fueron los 
náufragos compañeros de Valdivia, qué allá por el año de 1511 
desembarcaron en las cercanías del Cabo Catoche, fueron hechos 
cautivos y quedaron como subditos de un cacique, á quien daban 
el nombre de Kinich. (Pedro Sánchez de Aguilar, " Informe 
contra los idólatras de Yucatán.") Entre esos cautivos se encon- 
traron Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, el primero de 
los cuales había de prestar, algunos años más tarde, eminente 
servicio á Hernán Cortés, en la conquista de México. 

Pero ya desde 1502, cuando verificó Cristóbal Colón su último 
viaje, tuvo noticias de Yucatán, por una gran canoa que encontró, 
que arribó á la isla Guanaja, y á la que se refieren Cogolludo 
(" Hist. de Yuc," lib. I.) y quizás se deba el no haber descubierto 
el célebre navegante genovés esta Península á su preocupación 



Apuntes sobre Historia, 199 

de buscar el canal ó estrecho que debía darle paso para la India 
Oriental. 

El 8 de Febrero de 1517 zarpó del puerto de Jaruco (Isla de 
Cuba) una expedición al mando del hidalgo Don Francisco Her- 
nández de Córdoba. Navegó hacia occidente, y el 3 de Marzo 
<!escubrió el Cabo Catoche, donde tuvo un encuentro con los 
indígenas, lo que le obligó á reembarcarse y á seguir el viaje, 
navegando siempre hacia el poniente y sin perder de vista la costa, 
y así llegó á Potonchán, ó sea Champotón, después de algunas 
peripecias, y en ese lugar riñó con los indios un combate en que 
tan mal librado salieron los españoles, que denominaron al lugar 
Bahía de la mala pelea. 

La segunda expedición que de la Isla de Cuba zarpó para Mé- 
xico vino al mando de Juan de Grijalva, quien desde Matanzas se 
dio á la vela el 15 de Abril de 15 18, sobre cuya fecha difieren los 
autores, pretendiendo unos que fué el 5 de Abril, otros que fué 
el 8 y algunos que fué el 1° de Mayo, siendo la primera, fijada 
por Bernal Díaz del Castillo, la más probable. El día 3 de Mayo 
tocaron en la isla de Cosutnil, ó Cosutnail, hoy Cozumel, á la que 
pusieron por nombre Santa Cruz, en conmemoración de la fiesta 
católica del día. — ^De allí siguió la flota costeando la Península 
hasta llegar á Champotón, donde hubo nuevo combate contra los 
indios, quedando los castellanos dueños del campo; prosiguiendo 
después su viaje hacia el poniente. 

La tercera expedición vino al mando del célebre extremeño 
Hernán Cortés, quien zarpó de Trinidad (Cuba) el 10 de Febrero 
de 1519, y tocó en Cozumel, de donde siguió viaje, como las ante- 
riores, hacia el poniente, después de costear á Yucatán. 

En la expedición de Grijalva (1518) vino como capitán de 
una de sus naves el salamanquino Don Francisco de Montejo, 
quien volvió, con el mismo carácter, en la expedición de Cortés, 
y fué designado por éste para que, en unión de Alonso Hernández 
de Puertocarrero, diese cuenta á Carlos V. del resultado de la 
expedición, fundación de la Villa Rica de la Veracruz y para pe- 
dirle que confirmase cuanto por él estaba hecho. 

La Conquista. — ^Después regresó Montejo á México, habiendo 
desempeñado tan satisfactoriamente su comisión, que en 1524 le 
enviaron por segunda vez de procurador á España, y entonces 
trabajó por cuenta propia, y, entre otras grandes mercedes que 



200 El Estado de Yucatán, 

le otorgaron, se cuenta la autorización de conquistar y poblar á 
Yucatán, sobre bases de mucha honra y provecho para sí y sus 
herederos, empresa en la que asoció á su antiguo compañero de 
aventuras Alonso de Avila, cuya existencia es una novela román- 
tica de las más interesantes. 

Las capitulaciones fueron firmadas por Carlos V., en Granada, 
el 8 de Diciembre de 1526: pero hasta fines del año siguiente no 
logró completar su expedición, compuesta de unos 400 aventureros 
y de la gente de mar necesaria para el manejo de sus cuatro naves. 
Entre sus acompañantes venia un hijo natural suyo, Don Fran- 
cisco, que tuvo en Doña Ana de León, que contaba entonces 25 
años, y que había hecho ya sus primeras armas bajo el pendón de 
Cortés ; y un su sobrino, también de su mismo nombre y apellido, 
que contaba apenas trece años, y se lanzaba ya al aprendizaje délas 
armas. 

En Marzo de 1528 arribó la flota á Cozumel, y pocos días des- 
pués desembarcó la expedición en Yucatán, del que tomó posesión 
en nombre del Rey de España. 

Los mayas le opusieron formal resistencia, se trabó el reñido 
combate de Aké, en que fueron aquellos derrotados á la postre, 
y Montejo continuó su camino hacia Chichén, donde se fortificó. 
Pero fué sitiado por los indios, y no tuvo más remedio que jugar 
el todo por el todo en un combate á campo raso, que le fué funesto, 
y lo obligó á guarecerse de nuevo en la ciudad, la que evacuó poco 
después, de noche y con el mayor sigilo, teniendo la fortuna de 
no ser sentido por los mayas. Llegó á la costa, encontró sus 
naves, se embarcó en ellas con el resto de su gente, y desembarcó 
en Campeche, donde más tarde se le reunió Alonso de Avila, á 
quien había destacado desde Chichén, en busca de minas, y que 
corrió tan mala suerte como Montejo. 

Pero en Campeche los indios también le fueron hostiles y tuvo 
que abandonar la empresa Montejo, dirigiéndose á Tabasco, en 
busca de refuerzos. 

En 1540 Montejo llamó á su hijo Don Francisco, y le encargó 
de la conquista y pacificación de Yucatán, dándole las instrucciones 
del caso y los pocos elementos de que pudo disponer. Dirigióse 
el joven á Potonchán, donde se le incorporaron los españoles que 
alli había dejado su padre, y prosiguió su marcha hacia Campeche, 
siguiendo la orilla del mar. 

Fué necesario ir ganando el terreno palmo á palmo, pues los 



Apuntes sobre Historia. 203 

su guarda y amparo la dicha ciudad de Mérida, y los cristianos 
que en ella moraren." 

Designó el Capitán general para alcaldes al capitán Gaspar 
Pacheco y Alonso Reinoso, y para regidores á Jorge de Villagó- 
mez, Francisco de Bracamente, Francisco de Zieza, Gonzalo 
Méndez, Juan de Urrutia, Luis Díaz, Hernando de Aguilar, Pedro 
Galiano, Francisco de Birrio, Pedro Díaz, Pedro Costilla y Alonso 
Arévalo. 

A título de nota curiosa doy la lista de los vecinos que concu- 
rrieron á la fundación de la ciudad. Hela aquí tal como la 
encuentro en la Historia escrita por Don E. Ancona : 

Alonso de Reinoso, Alonso de Arévalo, Alonso de Molina, 
Alonso Pacheco, Alonso López Zarco, Alonso de Ojeda, Alonso 
Rosado, Alonso de Medina, Alonso Bohorquez, Alonso Gallardo, 
Alonso Correa, Andrés Pacheco, Antonio de Yélves, Bartolomé 
Rojo, Blas Hernández, Beltrán de Zetina, Baltasar González, Bal- 
tasar González, otro, portero de cabildo ; Cristóbal de San Martín, 
Diego Briceño, Diego de Medina, Diego de Villarreal, Diego de 
Baldivieso, Diego Sánchez, Esteban Serrano, Esteban Martín, 
Esteban Iñiguez de Castañeda, Francisco de Bracamonte, Fran- 
cisco de Zieza, Francisco de Lugones, Francisco de Arceo, Fran- 
cisco Tamayo, Francisco Sánchez, Francisco Manrique, Francisco 
López, Francisco de Quirós, Fernando de Bracamonte, Gaspar 
Pacheco, Gonzalo Méndez, Gaspar González, García de Aguilar, 
García de Vargas, Gómez del Castillo, Gerónimo de Campos, 
Hernando de Aguilar, Hernán Muñoz Baquiano, Hernán Muñoz 
Zapata, Hernando de Castro, Hernán Sánchez de Castilla, Juan 
de Urrutia, Juan de Aguilar, Juan López de Mena, Juan de Po- 
rras, Juan de Oliveros, Juan de Sosa, Juan Bote, Julián Doncel, 
Juan de Salinas, Juan Cano, Juan de Contreras, Juan de Magaña, 
Joanes Vizcaíno, Juan de Parajas, Juan Ortes, Jorge Hernández, 
Juan Vela, Juan Gómez de Sotomayor, Juan Ortiz de Guzman, 
Juan de Escalona, Juan del Rey, Juan de Portillo, Juan Farfán, 
Jácome Gallego, Juan López, Juan de Priego, Juan Caballero, 
Maese Juan, Luis Díaz, Lúeas de Paredes, Lope Ortiz, Melchor 
Pacheco, Licenciado Maldonado, Miguel Hernández, Martín de 
Iriza, Martín Sánchez, Miguel Rubio, Martín de Iñiguez, Melchor 
Pacheco, el viejo, Nicolás de Gibraltar, Pedro Díaz, Pedro Cos- 
tilla, Pedro Galiano, Pedro Alvarez, Pedro de Chavarría, Pedro 
Díaz Poveda, Pedro Muñoz, Pedro de Valencia, Pedro Franco, 



202 El Estado de Yucatán. 

Adelantado, Gobernador y Justicia mayor por Su Magestad en 
estas provincias de Yucatán y Cozumel, con sus poderes le habla 
enviado á ella, así á las conquistar y pacificar, como á poblarlas de 
cristianos, y fundar las ciudades, villas y lugares, que al servicio 
de Dios y de Su Magestad viese que convenia. Y porque después 
de venido y efectuado lo que le fué mandado, conquistó y pacificó 
la provincia de Campeche y Acanul, en ella donde mejor le habia 
parecido convenir, pobló una villa, que se llama la villa de San 
Francisco y edificó la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, 
según mas largo se contiene en el libro del cabildo que de la dicha 
villa se hizo. Y que después que estaba bien poblada y aquellas 
provincias pacificadas, porque era necesario venir á esta provincia 
de Quepech, vino y la habia conquistado y traido de paz con 
otras muchas á ellas comarcanas, á donde esperaba en Dios 
Nuestro Señor, naceria nueva conversión en los naturales de ellas. 
Y porque en los términos juntos é esta provincia de Quepech, 
havia otras de guerra inobedientes, que no querian dar la obedien- 
cia á la Iglesia, ni el dominio á Su Magestad y á él en su nombre 
y lugar para que se predicase el santo Evangelio. Acatando á 
todo esto, y porque viéndole de asiento, los naturales no se reve- 
larían y porque á los de guerra pondrían temor. Usando de los 
poderes que para ello tenia, y porque así se le había mandado por 
el ilustre señor Adelantado por una instrucción suya, firmada de 
su nombre ; poblaba y edificaba una ciudad de cíen vecinos, la cual 
fundaba á honor y reverencia de Nuestra Señora de la Encarna- 
ción, y á la dicha ciudad le daba el nombre á tal. La ciudad de 
Mcrida, que Nuestro Señor guarde para su santo servicio por 
largos años. Con protestación que hacía que sí al servicio de Dios, 
Nuestro Señor y de Su Magestad, ó al bien de los naturales, fuese 
visto convenir mudarla con paracer del gobernador y señores del 
cabildo, se pudiese hacer, sin caer en mal paso, ni pena alguna, 
porque su intención era buena y sana. 

" Otrosí, para que la dicha ciudad de Mérida no decaiga y de 
continuo permanezca : mando al reverendo padre cura Francisco 
Hernández que en lo mejor de la traza que en la dicha ciudad se 
hiciere tome solar y sitio para hacer la iglesia mayor, adonde los 
fieles cristianos oigan doctrina y les administren los Sacramentos, 
y le doy por apellido Nuestra Señora de la Encarnación, la cual 
tomaba por abogada: asi para que de continuo le diese gracia y 
ensanchase la santa fé católica, como para que tenga debajo de 



Apuntes sobre Historia. 203 

su guarda y amparo la dicha ciudad de Mérida, y los cristianos 
que en ella moraren." 

Designó el Capitán general para alcaldes al capitán Gaspar 
Pacheco y Alonso Reinoso, y para regidores á Jorge de Villagó- 
mez, Francisco de Bracamonte, Francisco de Zieza, Gonzalo 
Méndez, Juan de Urrutia, Luis Díaz, Hernando de Aguilar, Pedro 
Galiano, Francisco de Birrio, Pedro Díaz, Pedro Costilla y Alonso 
Arévalo. 

A título de nota curiosa doy la lista de los vecinos que concu- 
rrieron á la fundación de la ciudad. Hela aquí tal como la 
encuentro en la Historia escrita por Don E. Ancona : 

Alonso de Reinoso, Alonso de Arévalo, Alonso de Molina, 
Alonso Pacheco, Alonso López Zarco, Alonso de Ojeda, Alonso 
Rosado, Alonso de Medina, Alonso Bohorquez, Alonso Gallardo, 
Alonso Correa, Andrés Pacheco, Antonio de Yélves, Bartolomé 
Rojo, Blas Hernández, Beltrán de Zetina, Baltasar González, Bal- 
tasar González, otro, portero de cabildo ; Cristóbal de San Martín, 
Diego Briceño, Diego de Medina, Diego de Villarreal, Diego de 
Baldivieso, Diego Sánchez, Esteban Serrano, Esteban Martín, 
Esteban Iñiguez de Castañeda, Francisco de Bracamonte, Fran- 
cisco de Zieza, Francisco de Lugones, Francisco de Arceo, Fran- 
cisco Tamayo, Francisco Sánchez, Francisco Manrique, Francisco 
López, Francisco de Quirós, Fernando de Bracamonte, Gaspar 
Pacheco, Gonzalo Méndez, Gaspar González, García de Aguilar, 
García de Vargas, Gómez del Castillo, Gerónimo de Campos, 
Hernando de Aguilar, Hernán Muñoz Baquiano, Hernán Muñoz 
Zapata, Hernando de Castro, Hernán Sánchez de Castilla, Juan 
de Urrutia, Juan de Aguilar, Juan López de Mena, Juan de Po- 
rras, Juan de Oliveros, Juan de Sosa, Juan Bote, Julián Doncel, 
Juan de Salinas, Juan Cano, Juan de Contreras, Juan de Magaña, 
Joanes Vizcaíno, Juan de Para jas, Juan Ortes, Jorge Hernández, 
Juan Vela, Juan Gómez de Sotomayor, Juan Ortiz de Guzman, 
Juan de Escalona, Juan del Rey, Juan de Portillo, Juan Farfán, 
Jácome Gallego, Juan López, Juan de Priego, Juan Caballero, 
Maese Juan, Luis Díaz, Lúeas de Paredes, Lope Ortiz, Melchor 
Pacheco, Licenciado Maldonado, Miguel Hernández, Martín de 
Iriza, Martin Sánchez, Miguel Rubio, Martín de Iñiguez, Melchor 
Pacheco, el viejo, Nicolás de Gibraltar, Pedro Díaz, Pedro Cos- 
tilla, Pedro Galiano, Pedro Alvarez, Pedro de Chavarría, Pedro 
Díaz Poveda, Pedro Muñoz, Pedro de Valencia, Pedro Franco, 



204 El Estado de Y ucatán, 

Pedro Fernández, Pablo de Arrióla, Pedro García. Pedro Alvarez 
de Castañeda, Pedro Hernández, Rodrigo Alvarez, Rodrigo Nieto, 
Rodrigo Alonso, Rodrigo Camina, Sebastián de Burgos. 

Resuelto á proseguir su empresa, el Capitán general dividió su 
ejército en dos grupos, dando el mando de uno á su primo, quien 
marchó hacia el territorio de los Cupules, y poniéndose él á la ca- 
beza del otro, para marchar hacia Sotuta. El éxito coronó la 
empresa de esos esforzados varones, y fueron tan rápidas sus 
conquistas, que pacificaron todo el territorio comprendido entre 
Mérida y el Oriente, y pudieron fundar el 28 de Mayo de 1543 
la villa (le \^alladolid, sobre la que antes se llamó Chauaháa, á 
seis leguas en línea recta del Cuyo, puerto situado en la costa sep- 
tentrional de la Península. El escribano Juan Lope de Mena le- 
vantó el acta de fundación ; Francisco Montejo fué reconocido 
como Teniente de Gobernador, Capitán general y Justicia Mayor ; 
fueron nombrados alcaldes Bernardino Villagómez y Francisco 
de Zieza, regidores Luis Díaz, Alonso de Arévalo, Francisco Lu- 
gones, Pedro Díaz de Monjíbar, Juan de la Torre, Blas González^ 
Alonso de \^illanueva y Gonzalo Guerrero. Los demás individuos 
que formaron la colonia fueron: Andrés González de Benavídez, 
Juan de Azamar, Juan López de Mena, Blas González (otro), 
Marcos de Salazar, Alonso Baez, Francisco Hernández Calvillo, 
Juan Núñez, Alvaro Osorio, Juan Enamorado, Toribio Sánchez, 
Juan Gutiérrez Picón, Marcos de Ayala, Martín Ruiz Darce, 
Diego de Ayala, Juan de Cárdenas, Juan de Contreras, Juan López 
de Recalde, Rodrigo de Cisneros, Alonso González, Francisco 
Martín, Francisco Hernández, Francisco Xinobes, Juan de 
Cuenca, Baltasar de Gallegos, Juan Bote, Juan de la Cruz, Juan 
de Morales, Martín Carrucho, Francisco de Palma, Gaspar Gon- 
zález, Pedro Zurujano, Francisco Hurtado, Pablos de Arrióla, 
Pedro de Lugones, Pedro de Molina, Mizer Esteban, Francisco 
Ronquillo, Pedro Costilla Santisteban, Antón Ruíz, Pedro Duran, 
Damián Dovalle, Martín Recio, Miguel de Tablada, Juan de Pala- 
cios, Pedro de Valencia, Giraldo Díaz, Alonso Parrado, Belez de 
Mendoza, Martín de \'elasco, Juan Rodríguez. 

El 24 de Marzo del año siguiente se trasladó la villa de Valla- 
dolid á Zací, donde quedó definitivamente, hasta el día. 

Por último, en ese año de 1543 se confió á Gaspar Pacheco, en 
unión de su hijo Melchor y de Alonso López de Zarco, la campaña 
contra los indios de Bakhalal, la que concluyeron felizmente en el 



Apuntes sobre Historia. 205 

otoño de 1545, tras ruda y constante lucha contra los porfiados 
indígenas. 

Esta es á grandes rasgos la historia de la conquista. Pero 
aunque los mayas quedaron derrotados, no por eso se sometieron 
todos incondicionalmente al conquistador. En ninguna parte de 
América ha sido la conquista tan larga y tan costosa como en 
Yucatán, hasta el punto que puede decirse que la raza maya no 
ha sido completamente vencida y dominada hasta el año de 1905, 
habiéndose necesitado de una lucha tremenda de cerca de cuatro- 
cientos años para llevarla á su último término. La historia no 
presenta quizás otro ejemplo de energía, de inquebrantable tesón, 
y de carácter indomable como el de ese pueblo maya. 

El Período Colonial. — El período colonial lo caracterizan 
principalmente la evangelización de los pueblos emprendida .por 
el clero católico, principalmente por los Frailes Franciscanos; las 
luchas entre el sacerdocio y el poder civil local ; las guerras inter- 
mitentes de los mayas, y las incursiones de los filibusteros. 

Aquella colonia no podía prosperar, y no avanzó sino de un 
modo muy lento. Los españoles despreciaban toda región en que 
no hubiese minas de oro ó de plata. En Yucatán no las hay de 
ninguna especie, y, para mayor desventura, ni siquiera se pre- 
sentaba propicio el terreno para la agricultura y las industrias 
anexas. Agregúese á esto que las noticias que allí llegaban de 
las riquezas descubiertas en México y en el Perú, de las grandes 
fortunas que en esas regiones se improvisaban, eran aliciente po- 
deroso para que los colonos yucatecos procurasen emigrar hacia 
esos países afortunados, y á punto estuvo de perderse para España 
lo conquistado á costa de tantos afanes. * Pero el Ayuntamiento 
dictó providencias enérgicas para evitar la muerte de la colonia. 

Conforme á una de las cláusulas de la capitulación de 8 de 
Diciembre de 1526, tenía facultad Montejo para reducir á servi- 
dumbre á los indios que, después de amonestados y requeridos, 
se negaran á reconocer el señorío de Castilla ; y como casi todos 
los indios se negaran á tal reconocimiento, quedó establecida la 
esclavitud de ellos en favor de los españoles. 

A mediados de 1546 se registró la primera sublevación de los 
indios, en que éstos dieron nueva prueba de su ferocidad. Más 
de un año necesitó el joven general Montejo para sofocarla. 

En 1546 vino el primer grupo de religiosos, procedente de 



2o6 El Estado de Y u c atan. 

Guatemala, compuesto de seis sacerdotes de la orden de San 
Francisco, quienes fueron Luis de Villalpando, Juan de Albalate, 
Ángel Maldonado, Lorenzo de Bienvenida, Melchor de Benavente 
y el lego Juan de Herrera, quienes comenzaron la evangelización 
del pueblo, instruyéndose previamente en la lengua maya. 

Allá por el año de 1552 dispuso la corte de España que Yucatán 
dependiese de la Real Audiencia de Guatemala, en lugar de la de 
México, de la que había dependido hasta entonces. 

Por el año de 1549 ó 1550 debió llegar á la Península Fray 
Diego de Landa, quien en 1541 había tomado el hábito de San 
Francisco, y que papel tan importante desempeñó en las cosas de 
la colonia. 

En 1562 llegó á Mérida Fray Francisco Toral, de la Orden de 
San Francisco, que fué el primer obispo de Yucatán. 

Este prelado tuvo serios disgustos con los Franciscanos de la 
Península y principalmente con Landa, disgustos que los autores 
juzgan de diferentes maneras. Además, se encontró con que ya 
estaban en abierta pugna el clero y los encomenderos, por el tesón 
con que los primeros defendían á los indios contra la sórdida y 
despiadada ambición de los segundos. Ese odio de los encomen- 
deros los arrastró hasta el punto de incendiar dos veces el convento 
de los Franciscanos, de Valladolid. El obispo Toral renunció 
repetidas veces el obispado, y viendo que no se le admitía la re- 
nuncia, se retiró, con un pretexto cualquiera, al convento de San 
Francisco, de México, donde falleció en Abril de 1571, suce- 
diéndole Fray Diego de Landa, quien, á la sazón, se hallaba en 
España. 

En el citado año de 1562 el Dr. Diego de Quijada vino á Yuca- 
tán nombrado directamente por la corte Alcalde Mayor, á diferen- 
cia de sus antecesores, quienes siempre habían sido designados por 
la Audiencia de México ó por la de Guatemala. El Dr. Quijada 
vino investido de facultades más amplias que las que correspon- 
dían á un Alcalde Mayor, y que fueron las mismas que en lo 
sucesivo ejercieron los Gobernadores. Entre ellas había dos de 
importancia suma: la de enconmendar los indios que vacasen y 
la de tasar los tributos. 

Los filibusteros hicieron repetidas incursiones á la Península, 
aprovechándose de lo indefenso de sus costas. Entiendo que la 
primera irrupción fué en tiempos en que gobernaba la Península 
Don Diego de Santillán, como Gobernador y Capitán general 



Apuntes sobre Historia. 207 

( 1571 ). Entonces se presentaron en Sisal los corsarios franceses, 
desembarcaron y se internaron hasta Hunucmá, robando todos 
los objetos de valor que encontraron en el convento de San Fran- 
cisco. De allí retrocedieron, se embarcaron y se dirigieron á la 
Isla de Cozumel, donde los sorprendió el capitán Gómez del Cas- 
tillo, pereciendo casi todos los piratas y quedando prisioneros los 
que salvaron la vida. 

En 1598 desembarcó en Campeche el corsario inglés William 
Parck. En Agosto de 1633 se apoderaron del mismo puerto los 
feroces filibusteros Pie de palo y Diego el Mulato. En 1683 ^^ 
pirata flamenco Laurent Graff, más conocido por su apodo de 
Lorencillo, volvió á saquear á Campeche. 

Y así continúa toda la historia de esa época, compuesta de in- 
vasiones de piratas, irrupciones de indígenas y desavenencias 
entre clérigos y seglares. 

Bajo estas condiciones era muy difícil, casi imposible que pro- 
gresase la Península, y cuando llegó á los albores del siglo XIX., 
puede decirse que en ella no había artes, ni industria, que su agri- 
cultura era raquítica, su comercio, naturalmente, pobre. La ins- 
trucción pública, que en los comienzos se difundió grandemente 
entre los indígenas, por los Franciscanos, se restringió mucho, 
hasta al punto de que sólo la recibían algunos de los residentes en 
las poblaciones. En cambio se impartía á los hijos de los espa- 
ñoles, para mantener la superioridad de éstos sobre las demás 
clases : pero ni aun ellos la recibían tan amplia como necesario 
era, y la ignorancia y la superstición invadieron hasta las clases 
más elevadas de la sociedad. 

La extensa Península de Yucatán no contaba más que con un 
puerto habilitado para el comercio, que era el de Campeche, á 
unas 120 millas de Mérida. Esta disposición constituía un mono- 
polio á favor del puerto, con grave perjuicio de casi toda la Penín- 
sula, perjuicio tanto mayor cuanto que, además de la distancia 
que lo separaba de las poblaciones más importantes de aquella pro- 
vincia, hay que tener en cuenta los pocos caminos que existían y 
el mal estado en que se encontraban, y, por lo tanto, el tráfico era 
tardió, penoso y caro, sobre todo en tiempos de lluvias, y las mer- 
cancías alcanzaban precios exagerados en el interior. 

En tiempos del Gobernador y Capitán general Don Benito Pérez 
Valdedomar (tomó posesión en 1800) se puso coto á ese mono- 
polio, pues logró aquel funcionario que, en 13 de Febrero de 1810, 



2o8 El Estado de Yucatán, 



se expidiese una Real Orden disponiendo que pudiesen descargar 
en Sisal los buques de la Habana que prefiriesen este puerto al 
de Campeche. La orden era temporal ; pero, el 3 de Marzo del 
año siguiente, se amplió declarando á Sisal puerto menor. 

Semejante disposición lastimaba profundamente los intereses 
de Campeche. — Ya desde antes había cierta incompatibilidad entre 
las dos ciudades principales de la Península: Mérida y Campeche; 
y con motivo de la apertura del puerto de Sisal los ánimos se fue- 
ron enardeciendo, y la rivalidad fué más enérgica. Ya veremos 
más adelante los resultados funestos de esa rivalidad. 

Llegamos al período de la independencia. 

La Independencia. — El Sr. Ancona dice que " desde el mo- 
mento en que fué decretada la libertad de imprenta, los numerosos 
periódicos que salían á luz en la metrópoli inundaron la América, 
y los colonos se empaparon con avidez en las nuevas doctrinas que 
predicaban y sostenían. Los trabajos de las Cortes, que se refle- 
jaban en ellos; las ideas más avanzadas que los periodistas es- 
tampaban por su cuenta, y los esfuerzos de la Diputación ameri- 
cana para igualar á sus comitentes con los españoles europeos, 
produjeron efectos de distinto género en las posesiones de Ul- 
tramar. En algunas ocasionaron la insurrección, en otras la avi- 
varon V en todas hicieron cambiar radicalmente el curso de las 
¡deas. En Yucatán solamente causaron este último efecto, porque 
su aislamiento y otras causas de que hablaremos más adelante, 
impidieron al pueblo levantarse en armas para proclamar su 
emancipación." 

Durante la guerra de Independencia de México, iniciada el 16 
de Septiembre de 1810, por el inmortal Cura de Dolores, Don 
Miguel Hidalgo y Costilla, la Península de Yucatán se mantuvo 
en paz, aunque en ella se operaba una evolución lenta que debía 
llevarla más tarde ó más temprano á la emancipación. Aquella 
sociedad se dividió en dos partidos políticos, el de los liberales 
y el de los rutineros, perteneciendo al último la gran mayoría 
de los españoles y todo el clero. — La ciudad de Mérida fué la 
primera en proclamar los principios liberales españoles (1820). á 
pesar de que allí era más poderoso el partido rutinero que en Cam- 
peche. 

Esas luchas políticas tenían en la Península el mismo carácter 
que en España ; eran realmente movimientos españoles y no ameri- 



Apuntes sobre Historia. 209 

canos, y en ellas tomaban parte, ya en un sentido, ya en el otro, 
las autoridades nombradas por la Metrópoli. 

Pero cuando en 1821 se proclamó en Nueva España el Plan 
de Iguala y se puso á la cabeza del antiguo ejército insurgente 
Don Agustín de Iturbide, y, sobre todo, después de los tratados 
de Córdoba, los partidos en que se dividía la sociedad yucateca 
desearon mancomunadamente la independencia, los liberales por- 
que entraba en su credo; los rutineros porque estaban cansados 
de las continuas reformas que en materia eclesiástica decretaban 
las Cortes españolas, en virtud de las cuales se clausuró el Con- 
vento de San Francisco, quedó el clero desaforado, se invitó á 
las monjas á la exclaustración y á secularizarse, se suprimieron 
las obvenciones eclesiásticas, las que es cierto que se restablecieron 
después, pero se abrigaban fundados temores de que volvieran á 
suprimirse. De allí que ese partido rutinero se adhiriese con tanto 
ahinco al Plan de Iguala, que proclamaba el exclusivismo de la 
religión católica y la conservación del clero con todas sus propie- 
dades, fueros y privilegios. 

Precipitó los acontecimientos la aproximación de una fuerza 
insurgente, al mando de Don Juan N. Fernández, que había inva- 
dido la provincia de Tabasco. Al tener noticia de este aconteci- 
miento el Gobernador y Capitán general de Yucatán, que lo era 
Don Juan María Echéverri, convocó á sesión extraordinaria á 
la Diputación provincial y al Ayuntamiento. Esto pasó el 15 
de Septiembre de 1821. 

El Capitán general abrió la sesión manifestando que la gravedad 
de las circunstancias exigía que se tomase una determinación 
para fijar el porvenir de la Península, y que cualquiera que fuese 
su carácter, él estaba dispuesto á someterse á ella, sacrificando sus 
intereses propios en aras de la tranquilidad pública. Inmediata- 
mente fué propuesta la proclamación de la independencia, no sólo 
como un medio para evitar que la provincia fuese invadida, sino 
porque la reclamaba la justicia, la requería la necesidad y la 
abonaba el deseo de todos sus habitantes, según se expresó en el 
acta. (Ancona. tom. III. pág. 195.) 

En esa sesión se resolvió: 

I** — Que la provincia de Yucatán, unida en afecto y sentimiento 
á todos los que aspiraban á la felicidad del suelo americano, pro- 
clamaba su emancipación política de la Metrópoli, bajo el su- 
puesto de que el sistema de independencia acordado en los planes 



2IO El Estado de Yucatán, 



de Iguala y Córdoba no estaría en contradicción con la libertad 
civil. 

2° — Que Yucatán haría la proclamación solemne de su inde- 
pendencia luego que los encargados del poder interino en México 
fijasen las bases de la nueva nacionalidad. 

3° — Que entretanto, y para afianzar, más eficazmente, la libertad, 
la propiedad y la seguridad individual, que son los elementos de 
toda sociedad bien organizada, se observasen las leyes existentes, 
con inclusión de la Constitución española, y se conservasen las 
autoridades establecidas. 

4° — Que la provincia reconocía por hermanos y amigos á todos 
los americanos y españoles europeos que participaran de sus mis- 
mos sentimientos y quisieran comunicar pacíficamente con sus 
habitantes para todos los negocios y transacciones de la vida civil. 

Se acordó, por último, nombrar dos comisionados que pasaran 
á México á poner estos acuerdos en conocimiento de Iturbide y 
de O'Donojú, y el nombramiento recayó en el coronel retirado Dn. 
Juan Rivas Vértiz y en el licenciado Dn. Francisco Antonio 
Tarrazo. 

Como se ve por lo anterior, la provincia de Yucatán decretó en 
realidad su autonomía, y no su unión incondicional á México, y 
aun la misma independencia no quedó solemnemente proclamada. 

Campeche siguió el camino trazado en Mérida, pero no tardó 
en demostrar su espíritu de rivalidad contra la capital de la pro- 
vincia. En efecto : el mariscal Echéverri renunció inmediatamente 
el cargo de Gobernador y Capitán general, y Mérida designó para 
sucederle á Don Pedro Bolio y al intendente de la provincia Don 
Benito Aznar, y Campeche al Teniente de rey Don Juan de León. 
De aquí se siguió un cisma político, aferrándose ambas partes en 
su decisión, hasta que el gobierno de México, al que las dos 
daban cuenta de sus actos, cortó por lo sano, nombrando Jefe 
político y Capitán general de la provincia al mariscal de campo 
Dn. Melchor Alvarez. Como vemos, la rivalidad era cada vez 
más irreconciliable, y tenía que dar el resultado de la escisión del 
territorio. 

Después de la Independencia. — Yucatán, que había vivido 
con cierta independencia de la Nueva España, hizo su indepen- 
dencia por si sólo, y se creyó en todo tiempo libre de lazos con la 
nación mexicana, por su origen, por su historia, por sus condi- 
ciones excepcionales. Cuando entró á formar parte de México, 



Apuntes sobre Historia. 211 

fué en virtud de su voluntad propia, queriendo tratar como Es- 
tado autónomo con otro Estado, para confederarse mediante esti- 
pulaciones. 

Toda la conducta que posteriormente observó Yucatán nace de 
esa convicción y de ese principio, y necesario es tenerlo en cuenta 
para poder explicarla y comprenderla. 

Aquella provincia no habia tomado parte en las guerras de in- 
dependencia ni en las civiles que siguieron, y su principal ahinco 
fué el de mantener la paz y la prosperidad interior, mirando con 
escándalo la serie de sediciones y motines que se sucedió en Mé- 
xico, y en los que no quiso comprometerse. 

En verdad Yucatán fué iturbidista. Sin embargo, cuando se 
proclamó el Plan de Casa Mata, lo secundó, aunque con motivo 
del Plan de Veracruz, reformado por aquel, surgieron desavenen- 
cias entre los yucatecos, pues los liberales lo secundaron con en- 
tusiasmo, y se mostraron hostiles los rutineros, porque en el quedó 
abolida la monarquía, que en el de Casa Mata pareció respetarse. 

Cuando cayó Iturbide y se reunió el Congreso (1823) Yucatán 
vaciló en la conducta que había de seguir; pero el 25 de Abril 
resolvió su Diputación provincial reconocer al gobierno emanado 
de la revolución, con las siguientes restricciones : 

I* — Que no mereciendo aquel Congreso la confianza de la na- 
ción, por las complacencias que su mayoría habia tenido con el 
tirano (Iturbide) diese lo más pronto posible la convocatoria para 
la formación de otro y se disolviese en seguida. 

2* — Que teniendo todas las simpatías del país los generales 
Bravo, Victoria y Negrete, la Diputación provincial protestaba 
que si el Congreso variaba el personal del Poder ejecutivo, Yuca- 
tán dejaría de reconocerle. 

y — Que habiendo enseñado la experiencia cuánto contribuían 
á coartar la libertad civil los empleados que recibían su nombra- 
miento del centro, la Diputación esperaba que sin oir previamente 
su dictamen no se nombrase en adelante ningún empleado, hasta 
que hubiese una Constitución que fijase claramente estos derechos. 

Para explicar su conducta, el día 2j publicó la misma Diputa- 
ción una proclama, en la que, entre otras cosas, decía : " A vuestra 
Diputación provincial no se le oculta que por medio de vuestros 
Diputados á Cortes, que aun no existen, debe constituirse la na- 
ción mexicana en determinada forma de gobierno que, jurada y 
reconocida, haga el pacto social, y de todas las provincias una 



212 ElEstadodeYucatán. 

sola y única nación ; mas no habiendo llegado este caso, os halláis 
en el estado de libertad natural y política para deliberar soberana- 
mente mientras se verifica." 

Campeche siguió conducta distinta y pretendió que el Gobierno 
provisional establecido en México fuese reconocido lisa y llana- 
mente. ¿Era esto quizá sólo para hacer la oposición á Mérida? 
Así parece admitirlo Don Eligió Ancona ; pero yo creo, sin negar 
lo anterior, que los campechanos debieron haber hecho otras 
reflexiones más profundas y más prácticas. Ellos comprendieron 
que Yucatán constituido en nación independiente, era cosa que 
carecía de sentido común, por faltar hasta los elementos más in- 
dispensables para ello; que no quedaría más partido que unirse 
á Guatemala, ó volver al dominio español, ó solicitar el yugo de 
otra nación extranjera, ó seguir incondicionalmente la suerte de 
México. Y si así pensó Campeche, tuvo razón: el tiempo lo 
confirmó. 

El 29 de Mayo (1823) la Diputación provincial se reunió en 
sesión extraordinaria y dictó las siguientes resoluciones : 

I" — Que la unión de Yucatán será la de una república federada, 
y no en otra forma, y por consiguiente tendrá derecho para formar 
su Constitución particular y establecer las leyes que juzgue con- 
venientes á su felicidad. 

2* — Que al supremo gobierno de México pertenece: 
I. — La formación de los tratados de alianza y comercio, declara- 
ciones de guerra y demás asuntos generales de la nación, teniendo 
en consideración las circunstancias particulares de esta provincia 
y, en lo que fuere posible, oír al Senado yucateco. 

II.— Nombrar todos los empleados militares de brigadieres 
arriba, y en lo eclesiástico, de obispos en adelante. 

III. — El nombramiento de empleados diplomáticos y de comer- 
cio en las naciones extranjeras, debiendo rolar estos destinos, 
tanto en las demás provincias de la nación, como en esta. 

IV. — En consecuencia de esto se reserva el Senado yucateco 
el nombramiento de las demás autoridades y el hacer ingresar en 
la Tesorería general de la nación el cupo que le corresponda en 
los gastos generales. 

De difícil práctica me parece el sistema ideado por la Diputación 
provincial, y el pacto federal sobre esas bases no hubiera sido po- 
sible, pues podía suceder que el Gobierno federal se encontrase 
coartado para hacer tratados de alianza, ó de comercio, para de- 



Apuntes sobre Historia. 213 

clarar la guerra y para otros asuntos generales de la nación, 
porque no conviniese " á las circunstancias especiales de la pro- 
vincia de Yucatán." 

¿Qué pasaba con el ejército? Tampoco podia la Federación 
nombrar á los oficiales subalternos, ni siquiera á los coroneles. 

Yucatán tendía á la independencia, esto es inconcuso. No 
tomaba en cuenta á los indios mayas, que estaban dormidos, pero 
no muertos, y que no habían de tardar en presentarse despiertos. 

Después se nombró una Junta provisional de gobierno, y los 
que resultaron electos para componerla, prestaron el siguiente 
juramento: — ¿Juráis á Dios sostener la república federada de 
esta proiñncia, sin permitir en ella otra forma de gobierno ? " 

¿ Qué significaba esto ? No que Yucatán entraba á formar parte 
de una federación, sino que se constituía en potencia y á ella se 
agregarían las provincias que quisieran pactar la federación. No 
era un fragmento del todo, sino un núcleo, un centro principal. 

El 2y de Agosto promulgó el Congreso Yucateco un decreto 
que contenía las bases federativas, y en él se decía: 

I ° — Que el Estado de Yucatán es soberano é independiente de 
la dominación de cualquiera otro, sea el que fuere. 

2*" — Que la soberanía, resultado de todos los derechos indivi- 
duales, residiendo esencial y colectivamente en los pueblos que com- 
ponen este Estado, á ellos toca exclusivamente el derecho de for- 
mar su régimen interior y el de acordar y establecer por medios 
constitucionales sus leyes políticas, civiles y criminales. 

3'' — Que para proveer más eficazmente á su defensa exterior, 
así como para estrechar sus vínculos de fraternidad, es su voluntad 
confederarse, sobre bases de relativa equidad y con pactos de 
absoluta justicia, con los demás Estados independientes que com- 
ponen la nación mexicana. 

El Congreso General Constituyente se reunió en México el 7 
de Noviembre de 1823, adoptó la forma federal, y expidió en 31 
de Enero de 1824 el Acta Constitutiva. El Estado soberano, libre 
é independiente de Yucatán no tuvo á bien publicar esa Acta, 
principalmente porque en ella se disponía que ningún Estado po- 
dría imponer derechos de tonelaje, ni de importación ó exporta- 
ción, sin consentimiento del Congreso general, y como Yucatán 
tenía su arancel especial de aduanas desde los últimos años del 
gobierno colonial, no quiso conformarse con una restricción que 
podría arruinar su pobre comercio. 



214 El Estado de Yucatán. 

Campeche siguió ostentándose en oposición á Mérida, y asumió 
resueltamente una actitud hostil. El 15 de Febrero (1824) el 
Ayuntamiento, unido á cinco delegados del pueblo, declaró que: 
" El pueblo Campechano, reunido extraordinariamente con el 
mejor orden y armonía por medio de sus representantes, reclama 
de hecho y de derecho las tres bases fundamentales del sistema 
independiente que adoptó y juró, las cuales, siendo libertad, se- 
guridad y propiedad, exigen las tres cualidades siguientes: i* — la 
unión general de bases con México; 2* — guerra á España, que 
nos hostiliza; 3* — los empleos y destinos en americanos idóneos, 
moderados y decididos por nuestra emancipación, conserv^ando los 
actuales jefes patricios ó de escala, sin perjuicio del arreglo in- 
terior del Estado." 

No es cierto, como malamente pretenden algunos, que Campeche 
declaraba la guerra á España. Esa guerra existía de hecho y de 
derecho, puesto que no sólo no se había firmado la paz, sino que 
el Castillo de San Juan de Ulúa quedaba aún en poder de las 
fuerzas españolas, y las hostilidades estaban abiertas. Pero también 
es cierto que tales declaraciones perjudicaban grandemente á 
Mérida, donde predominaba aún el elemento español, y cuyo 
puerto. Sisal, sostenía tráfico con el de la Habana, de donde im- 
portaba todas las mercancías extranjeras y á donde exportaba sus 
productos naturales, y el rendimiento de las aduanas constituían 
la renta principal del Estado. 

Esto dio margen á que el gobierno de Mérida enviase una ex- 
pedición armada sobre Campeche, con instrucciones muy juiciosas 
para procurar someter á los campechanos por medio de la razón, 
y que sólo se usase de la fuerza en caso extremo. Campeche re- 
sistió y los meridanos establecieron una especie de sitio, pues los 
campechanos ofrecieron deponer sil actitud hostil sólo " cuando 
se aceptase la unión á México bajo todas las bases que contenía 
el Acta federativa." 

El Congreso de Yucatán dispuso que el 25 de Marzo fuese 
jurada dicha Acta, la que ya había recibido oficialmente, y se pu- 
blicó y juró en todo el Estado con las solemnidades acostumbradas. 

La columna sitiadora regresó á Mérida ; pero la mala voluntad 
entre Campeche y Mérida quedó en pié y fué cada vez más 
profunda. 

Siguió á esto un período en que las revoluciones y motines se 
sucedieron en la Península lo mismo que en todo el resto de la 



Apuntes sobre Historia. 215 

República, resintiéndose, además, en aquella los efectos de la 
enemistad entre Campeche y Mérida. 

Cuando en 1837 estaba México envuelto en la guerra de Texas, 
que tan funesta debía sernos, el Gobierno central se vio obligado 
á expedir nuevas leyes de hacienda para subvenir á los gastos de 
la campaña, y entre otras se dio un Arancel de aduanas, y se im- 
puso á Yucatán la obligación de pagar íntegros los derechos que 
establecía. — " Aunque no faltará quien califique de justa esta 
igualdad, era contraria, por lo menos, á las condiciones con que el 
Estado había entrado en la Unión, pues se reservó el derecho de 
establecer contribuciones con arreglo á las circunstancias locales, 
y sólo se impuso la obligación de contribuir á los gastos generales 
con el cupo que le correspondiese." (Ancona, tom. III. pág. 359.) 

Este Arancel, las demás contribuciones que se decretaron, y el 
contingente de sangre que se exigió á Yucatán para la campaña, 
hicieron llegar al colmo la indignación de aquel pueblo, siempre 
enemigo de la carrera militar, y más aún de que lo saquen de su 
territorio. El 29 de Mayo de 1839 estalló la revolución en Tizimín, 
acaudillada por Dn. Santiago Imán, quien después de varios sucesos 
ya prósperos, ya adversos, se vio á punto de sucumbir, y para 
salvar la situación, hallándose refugiado en los bosques inmediatos 
á Chemax, tuvo la fatal ocurrencia de llamar en su auxilio á los 
indígenas, ofreciéndoles que al triunfar la revolución serían abo- 
lidas las obvenciones ó gabelas que pesaban sobre ellos, y que se 
les darían tierras. Con esto despertó á la raza que dormía, se re- 
animó su instinto contra la raza blanca y la mestiza. La 
guerra de castas quedaba iniciada. 

Imán tríunfó en el Oriente, ocupó á Valladolid. El 18 de Fe- 
brero de 1840 se pronunció en Mérida el coronel Don Anastasio 
Torrens, y en el plan que se proclamó constaba la declaración 
terminante de que Yucatán sería independiente de México, mien- 
tras no volviese á adoptarse en la República el sistema federal. 
La revolución prosperó de tal manera que, al concluir el mes de 
Febrero, sólo quedaba la ciudad de Campeche en poder del par- 
tido que mantenía la unión con México, y allí se hizo fuerte el 
general Rivas Zayas, jefe de las armas en Yucatán. Pero el 
pueblo de Campeche simpatizó también con la revolución, y Rivas 
Zayas, después de haber sostenido varios combates y un sitio, 
capituló, obteniendo los honores de la guerra, y se embarcó con 
sus cortas fuerzas para Veracruz, en la mañana del 16 de Mayo. 



2i6 El Estado de Yucatán. 



Ancona hace notar que " en los movimientos de 1829, de 1832 
y de 1834, sólo habían tomado participación los militares que 
daban guarnición en Campeche y Mérida, y en general los hombres 
que vivían de la política. En 1840, el envío de tropas á la cara- 
paña de Texas, las gabelas impuestas por el centralismo y la cesa- 
ción de los privilegios á la marina nacional, habían herido- en tan 
gran número los intereses sociales, que la inmensa mayoría del 
pueblo había tomado una parte activa en la insurreción. Por eso, 
cuando la noticia de la capitulación de Campeche se hubo exten- 
dido en la Península, la alegría se apoderó de todos los corazones 
y se concibieron grandes esperanzas para el porvenir. ¡Desgracia- 
damcntc, estas ilusiones debían desvanecerse pronto!" 

El Congreso emanado de la revolución triunfante cumplió la 
promesa hecha por Imán á los indios, contra las sesudas razones 
presentadas por Don Juan de Dios Cosgaya, quien pedia que se 
aplazase la resolución, exponiendo que: "Deben concebir (los 
indios) que si una revolución les proporcionó el descargo de sus 
obvenciones, otra les quitará el resto, y otra los constituirá en 
señores de su país. ... Si la dispensa que contiene el decreto 
les hubiera sido dada tal como se halla, habría creído que fué el 
fruto de aquel trabajo y no el resultado de la justicia; ¿y qué su- 
cedería ? que mañana ó más tarde, ya por sí ó excitados por algún 
hombre desnaturalizado, nos presentasen una guerra cruel, no 
muy fácil de concluir sin grandes esfuerzos." — El tiempo se en- 
cargó de justificar esa previsión. 

El Gobierno de México no tenía recursos con que someter á 
Yucatán, y se limitó á expedir varios decretos, declarando cerrados 
al comercio los puertos de Sisal y de Campeche, y piratas á los 
buques yucatecos. Lo primero fué de poca importancia, pues se 
siguió haciendo el tráfico mercantil por esos puertos. Lo segundo 
ocasionó á Yucatán el desagradable incidente de la goleta inglesa 
True BluCj apresada por las embarcaciones yucatecas el 29 de 
Octubre (1840) por sospecha de contrabando, y reclamada por 
la corbeta de guerra Comus, de S. M. B., en términos insolentes 
y perentorios, teniendo Yucatán que pasar por las horcas caudinas 
del inglés, que ya había rescatado la goleta, y que pagar una in- 
demnización de $8,000, devorando otros ultrajes. 

El 1° de Octubre se presentó ante la Legislatura un dictamen 
en que se aprobaba de plano el pensamiento de la independencia 
de Yucatán. El proyecto fué aprobado por la Legislatura, y 



Apuntes sobre Historia, 217 

pasó al Senado para su revisión. El Sr. Dn. Santiago Méndez, 
que era el Gobernador del Estado, y que se opuso á esa idea, log^ó 
que el Senado dejase dormir la iniciativa, con diferentes pretextos. 

Por fortuna el gobierno de Bustamante cayó á impulsos de la 
revolución, subió Santa-Anna al poder, y encargó al eminente 
yucateco Don Andrés Quintana Roo de la misión de procurar la 
reincorporación de Yucatán á la República de México. 

El Gobierno de Yucatán había entablado relaciones con el de 
Texas, en virtud de las cuales los buques de la escuadra texana 
eran admitidos en los puertos yucatecos, en los que, con permiso 
expreso de la autoridad, recibían toda clase de auxilios, como se 
hacía con los buques de las naciones amigas. Se había tratado 
hasta de pactar una alianza defensiva entre Texas y Yucatán. 

Bajo pésimos auspicios llegó Quintana Roo á Yucatán; su mi- 
sión fracasó por completo, tuvo que sufrir el atropello de la tripu- 
lación de un buque texano surto en Sisal, y, por último, Santa- 
Anna resolvió someter á la Península por la fuerza de las armas. 

Las hostilidades se rompieron de hecho el 5 de Julio de 1842 
con el abordaje y captura del bergantín de guerra Yucateco, veri- 
ficados por el capitán de navio Don Tomás Marín. Esa campaña 
terminó con la capitulación del general mexicano Peña y Barrgán, 
en Tixpeual y ratificada en Demul el 9 de Mayo de 1843, Y los 
arreglos hechos en Campeche con el general Ampudia, que sitiaba 
la plaza. Ampudia dirigió una nota al Gobernador Barbachano 
diciéndole que si estaba dispuesto á nombrar uno ó dos comisiona- 
dos que pasasen á México á arreglar con el Presidente las bases 
de la reincorporación de Yucatán al resto de la República, él no 
tendría inconveniente en retirar sus tropas de la Península. El 
Gobernador aceptó la proposición. 

Los comisionados yucatecos obtuvieron un éxito completo, al- 
canzaron cuanto habían pretendido, de modo que triunfó la Pe- 
nínsula en el terreno de las armas, y triunfó también en el de la 
diplomacia. 

Pero Santa-Anna, á poco andar, faltó á los tratados de 1843, 
dejando de respetar los fueros yucatecos, y el 31 de Diciembre de 
1845 estalló un pronunciamiento en la ciudadela de San Benito 
(Mérida), proclamando de nuevo la escisión, y al día siguiente, 
I** de Enero de 1846, la Asamblea departamental expidió un de- 
creto declarando que cesaba la obligación, por parte de Yucatán, 
de reconocer al Supremo nacional ; y que reasumía Yucatán de la 



2i8 El Estado de Yucatán. 



manera más solemne toda la plenitud de sus derechos, los que 
ejercería de la manera que considerara más conveniente. 

Santa-Anna, que había vuelto al poder, y había nombrado Mi- 
nistro de Relaciones al yucateco Don Manuel Crescendo Rejmi, 
reconoció la justicia con que Yucatán reclamaba el cumplimiento 
de los convenios de 14 de Diciembre de 1843, y ofreció respetar 
cuanto en ellos se pactó. Esto, y el haberse restablecido en Mé- 
xico el sistema federal y la Constitución de 1824, hizo que volviese 
Yucatán á la unión. 

Esto se verificó en momentos en que empezaba nuestra funesta 
guerra con los Estados Unidos, que había de costamos la pérdida 
de la mitad del territorio nacional. 

El 8 de Diciembre de 1846 estalló en Campeche un nuevo pro- 
nunciamiento, que constituyó una página negra para la Península. 
En el acta respectiva decíase que una guerra con los E. Unidos 
no podía menos que acarrear graves perjuicios al Estado de Yu- 
catán, puesto que aquella nación tenía medios para reducirlo á 
la miseria con sólo bloquear sus puertos; que la referida guerra 
sería la consecuencia de la reincorporación de Yucatán al resto 
de la República, y que lo que más convenía era conservarse neu- 
tral en la guerra que había estallado. En virtud de esas y otras 
consideraciones, se resolvía aplazar la reincorporación de Yuca- 
tán á la República Mexicana. 

La revolución cundió por todo el Estado á pesar de los patrióti- 
cos esfuerzos del Gobernador Barbachano. Los revolucionarios 
volvieron á recurrir á los indios, y hubo escenas horrorosas, como 
la de la toma de Valladolid, cuya narración espanta. 

Triunfó la revolución, la que, como dice Ancona, " es una de 
las más dignas de censura que se registran en las páginas de 
nuestra historia. La calificación podrá ser dura, pero es merecida. 
Cuando en virtud de la promesa solemne que el Congreso extra- 
ordinario había empeñado en 2 de Julio de 1846, Yucatán no tenía 
ya ningún pretexto para romper los lazos que le ataban á la Re- 
pública Mexicana, los hombres del 8 de Diciembre le hicieron 
aparecer egoísta y cobarde ante el mundo civilizado, proclamando 
su neutralidad en la guerra norteamericana. Pero no fué esto 
todo. Los indios que acaudillaron para apoderarse de Valladolid, 
y que perpetraron los asesinatos de 15 de Enero, no llegaron nunca 
á deponer las armas y formaron el primer eslabón de la guerra 
de castas, que estaba ya próxima á estallar/' 



Apuntes históricos, 221 

Separado Yucatán de México; México envuelto en la guerra 
contra los Estados Unidos; los yucatecos divididos por odios de 
partido, cada cual revolucionando por su cuenta, la Península se 
encontraba en el estado más desesperante, más horroroso que se 
puede concebir. 

En esas circunstancias llegó á Sisal un pailebot de guerra es- 
pañol, el Churruca, con pliegos del Comandante general de marina 
del apostadero de la Habana, ofreciendo auxilios al Gobierno de 
Yucatán, el que admitió la oferta, y á los pocos días recibió armas 
y municiones de guerra. 

Los indios dominaban el Oriente, el Centro y gran parte del 
Sur. El tesoro estaba exhausto, el pánico reinaba entre los blan- 
cos, quienes se creían perdidos sin remisión, y viéndose en tal 
extremidad, el Gobernador Don Santiago Méndez determinó ofre- 
cer el dominio y la soberanía de Yucatán á cualquier gobierno 
extranjero que se prestara á enviar prontos y eficaces auxilios á 
la Península, para evitar que cayese en manos de la barbarie é 
impedir la destrucción de la raza blanca. Era un caso de vida ó 
muerte. 

Pero ni Inglaterra, ni España, ni los Estados Unidos quisieron 
intervenir en los asuntos de Yucatán, por ningún motivo ni bajo 
condición alguna. 

Se dice que el Dr. Dn. Justo Sierra, quien desde mediados de 
1847 se hallaba en los Estados Unidos, en el desempeño de una 
misión reservada cerca del Gobierno de Washington, fué el que 
ofreció á dicho Gobierno el dominio y soberanía de la Península, 
en cambio de su ayuda para acabar con la guerra de castas. — 
Sobre este punto dice Ancona : — " Esta misión debía estar enla- 
zada con la neutralidad en la guerra norteamericana, que pro- 
clamó el motín de 8 de Diciembre, y aun se dijo por aquella época 
que había ido á solicitar la intervención de los E. Unidos en 
nuestras cosas ó la incorporación de Yucatán á aquella repú- 
blica.(i) Pero lo último nos parece inverosímil, no solamente 
porque el Sr. Sierra debía de saber que la anexión de Yucatán 
á la Unión americana no contaba allí con el voto de la Cámaras, 
según la manifestación hecha al Sr. Rovira por Buchanan, sino 
porque el mismo periódico oficial de aquí (Mérida) durante la 
administración de Don Miguel Barbachano, insertó un artículo 

(i) Aznar Barbachano y Carbó, " Memoria sobre le erección del Estado 
de Campeche," cap. VI. 



220 El Estado de Yucatán. 



preguntar á Mr. James Buchanan, á la sazón ministro de Rela- 
ciones de los Estados Unidos, si reconocería la independencia de 
Yucatán, en caso de ser proclamada, y si admitiría la anexión de 
la Península á los Estados Unidos. — Mr. Buchanan contestó afir- 
mativamente á lo primero, y de un modo negativo y rotundo á 
16 segundo. 

Pero si Yucatán logró asegurar la paz exterior, no pasó lo 
mismo con la interior, pues tuvo que sufrir una serie de motines 
y de sublevaciones, y, por último, vio cumplida la predicción de 
Don Juan de Dios Cosgalla: la sublevación de los mayaá. 

Lx)s indios Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi y Jacinto Pat fueron 
los jefes de la insurrección. Los tres habían figurado en las revo- 
luciones anteriores, se habían fogueado y habían sentido despertar 
y enardecer el odio hacia la raza blanca, en la que comprendían 
á todo aquel que no era indio de sangre absolutamente pura. 

Ay era cacique de Chichimilá, Chí lo era de Tepich, y Pat de 
Tihosuco. 

El Gobierno tuvo oportuna noticia de la proyectada insurrección, 
mandó á aprehender á los tres caciques, sólo pudo apoderarse de 
Ay, á quien juzgó, condenó á muerte, y ejecutó la sentencia. 

En la madrugada del 30 de Julio (1847) Cecilio Chí lanzó el 
grito de guerra, arrojándose con sus hordas sobre los dormidos 
habitantes de Tepich, y pasó á cuchillo á los blancos, mestizos y 
mulatos, hombres, niños y mujeres, perdonando sólo á algunas 
de las últimas, para saciar en ellas la lujuria. 

Propagóse rápidamente la insurrección en el Sur y en el Oriente, 
y aunque fueron los indios batidos en varios encuentros, y aunque 
se desató una persecución implacable contra toda la raza, los 
bárbaros ganaban terreno. 

Para colmo de desgracia de la sociedad yucateca, ésta, en vez 
de unirse para conjurar el común peligro, volvió á dividirse en 
partidos, y los blancos siguieron por la funesta senda de las 
revoluciones, de lo que se aprovecharon los indios, quienes se 
apoderaron de Ichmul, de Donotchil y de Peto, sitiaron á Tekax, 
y llegaron á ocupar Valladolid, obligando á toda la población 
blanca á abandonar el Oriente. 

Todo fué incendio, robo, estupro, destrucción; no quedaba 
piedra sobre piedra por donde pasaban aquellas hordas salvajes, 
que se dirigieron en compacta muchedumbre, ebrias de sangre, 
hacia Mérida. 



Apuntes históricos. 221 



Separado Yucatán de México; México envuelto en la guerra 
contra los Estados Unidos; los yucatecos divididos por odios de 
partido, cada cual revolucionando por su cuenta, la Península se 
encontraba en el estado más desesperante, más horroroso que se 
puede concebir. 

En esas circunstancias llegó á Sisal un pailebot de guerra es- 
pañol, el Churruca, con pliegos del Comandante general de marina 
del apostadero de la Habana, ofreciendo auxilios al Gobierno de 
Yucatán, el que admitió la oferta, y á los pocos días recibió armas 
y municiones de guerra. 

Los indios dominaban el Oriente, el Centro y gran parte del 
Sur. El tesoro estaba exhausto, el pánico reinaba entre los blan- 
cos, quienes se creían perdidos sin remisión, y viéndose en tal 
extremidad, el Gobernador Don Santiago Méndez determinó ofre- 
cer el dominio y la soberanía de Yucatán á cualquier gobierno 
extranjero que se prestara á enviar prontos y eñcaces auxilios á 
la Península, para evitar que cayese en manos de la barbarie é 
impedir la destrucción de la raza blanca. Era un caso de vida ó 
muerte. 

Pero ni Inglaterra, ni España, ni los Estados Unidos quisieron 
intervenir en los asuntos de Yucatán, por ningún motivo ni bajo 
condición alguna. 

Se dice que el Dr. Dn. Justo Sierra, quien desde mediados de 
1847 se hallaba en los Estados Unidos, en el desempeño de una 
misión reservada cerca del Gobierno de Washington, fué el que 
ofreció á dicho Gobierno el dominio y soberanía de la Península, 
en cambio de su ayuda para acabar con la guerra de castas. — 
Sobre este punto dice Ancona : — " Esta misión debía estar enla- 
zada con la neutralidad en la guerra norteamericana, que pro- 
clamó el motín de 8 de Diciembre, y aun se dijo por aquella época 
que había ido á solicitar la intervención de los E. Unidos en 
nuestras cosas ó la incorporación de Yucatán á aquella repú- 
blica.(i) Pero lo último nos parece inverosímil, no solamente 
porque el Sr. Sierra debía de saber que la anexión de Yucatán 
á la Unión americana no contaba allí con el voto de la Cámaras, 
según la manifestación hecha al Sr. Rovira por Buchanan, sino 
porque el mismo periódico oficial de aquí (Mérida) durante la 
administración de Don Miguel Barbachano, insertó un artículo 

í I ) Aznar Barbachano y Carbó, " Memoria sobre le erección del Estado 
de Campeche," cap. VI. 



224 El Estado de Y ucatán. 

Deshauciado en todas partes, el Gobierno de Yucatán dirigió 
los ojos hacia México, ofreciendo reincorporarse á la República 
siempre que le prestase auxilio. 

Pero México se había adelantado al Sr. Barbachano, haciendo 
á un lado su política no muy digna y nada leal. En la capital 
de la República varios yucatecos, eficazmente apoyados por el 
gobernador del Distrito y por el Ayuntamiento, abrieron desde 
principios de Abril (1848) una suscripción para auxiliar á las 
familias que se habían visto obligadas á emigrar, huyendo de los 
bárbaros. Lx)S Sres. Don Fernando del Valle y Dn. Sebastián 
Peón dirigieron en 23 del mismo mes una nota al Ministro de 
Relaciones, Dn. Luis de la Rosa, manifestándole que Barbachano 
acababa de hacerse cargo del gobierno de Yucatán, y que habiendo 
sido inútil todos los esfuerzos que había hecho para sofocar la 
insurrección indígena, le suplicaba mandase al Estado alguna 
fuerza permanente, que podría ser movilizada con el rendimiento 
de los donativos que estaban colectando. 

El Ministro de Relaciones dirigió inmediatamente una comuni- 
cación al Gobernador de Yucatán, manifestándole que el Gobierno 
de la República haría un esfuerzo para auxiliar al de la Penín- 
sula, no obstante las dificultades en que se hallaba aún envuelta 
la nación. 

En virtud de tal oferta, apenas se reunió el Congreso de la 
Unión, le dirigió el Gobierno una iniciativa (30 de Mayo) en la 
que pedía se autorizase al Ejecutivo federal para poner á disposi- 
ción del Gobernador de Yucatán la cantidad de cien mil pesos 
que necesitaba para combatir á los sublevados, y que también se 
le autorizase para comprar 2,000 fusiles que deseaba enviar á la 
Península. 

Los comisionados de Yucatán, que lo fueron Don Pedro de 
Regil y Dn. Joaquín J. Rejón, llegaron á México después de lo 
referido, esto es el 10 de Junio, y dieron cuenta con su comisión 
á los Ministros de la Rosa, Otero y Riva Palacios, quienes les 
manifestaron que el Gobierno federal se había hecho cargo antici- 
padamente de la situación angustiosa de la Península, y que estaba 
resuelto á facilitarle cuantos auxilios pudiese para salvarla de la 
ruina que la amenazaba. 

Y concluyeron manifestando que cuanto el Gobierno había hecho 
y estaba dispuesto á hacer en favor de Yucatán, no tenía más ob- 
jeto que prestar los auxilios debidos á la humanidad y la civiliza- 



Apuntes históricos. 225 

ción, haciendo á un lacio toda cuestión política; pero que se espe- 
raba que el Sr. Barbachano retiraría la oferta que, urgido por la 
necesidad, habia hecho su antecesor, en 25 de Marzo último, á ios 
gobiernos de Inglaterra, España y los E. Unidos. 

El Gobierno cumplió su promesa, ayudó eficazmente á Yucatán, 
sin exigirle su reincorporación. Pero el pueblo y el ejército de 
la Península solicitaron esa reincorporación, sin restricciones de 
ninguna especie, y el Gobernador expidió el 17 de Agosto un 
decreto en el que declaró que el Estado de Yucatán se reincorpo- 
raba á los demás Estados que formaban la Confederación mexi- 
cana ; que el mismo Estado reconocía en todo su plenitud á los 
Supremos Poderes nacionales; y que el Estado se sujetaba al 
régimen federal adoptado por la Nación y á la Constitución gene- 
ral, con sus reformas. . 

Esta reincorporación fué definitiva. 

La campaña contra los indios se prosiguió con tesón, pero 
aunque se logró, después de muchos años, reducirlos á cierta 
región, desde alli salían sus hordas de tiempo en tiempo para 
sembrar á su paso la muerte y la desolación. 

El 6 de Agosto de 1857 se efectuó en Campeche el primer movi- 
miento que debía traer como consecuencia la división política de 
la Península. El día 9 se hizo el verdadero pronunciamiento, y 
con este motivo emprendió el Gobierno de Mérida una campana 
larga y sangrienta, en la que se agotaban los recursos del Estado, 
distrayéndolos de la guerra contra los indios, quienes supieron 
aprovechar la situación. 

Cuando Comonfort dio el golpe de Estado (1857), Campeche 
se pronunció por el Plan de Tacubaya, el 25 de Diciembre, y 
Mérida secundó el movimiento el día i" de Enero. Cuando se 
supo que ese Plan había sido reformado, que Comonfort estaba 
destituido y todo lo más con que se inició la sangrienta Guerra de 
Reforma, Campeche declaró que quedaba sin efecto el pronuncia- 
miento por el Plan de Tacubaya, y que el Distrito de Campeche 
conservaba la solaeranía de que realmente gozaba, hasta que 
restablecido el orden constitucional en la Nación volviese á formar 
parte de ella. 

Mérida reconoció al Gobierno reaccionario; Campeche no. 

Después de varios incidentes, el 3 de Ma>o de 1858 acordaron 
las dos facciones rivales concluir con las dificultades que de an- 
taíio las dividían y mutuamente las perjudicaba, y convinieron en 



226 El Estado de Yucatán. 



dividir el territorio en dos entidades independientes la una de la 
otra, demarcando los respectivos límites. 

El gobierno de Yucatán quiso consagrarse á la campaña contra 
los bárbaros que seguían asolando el país ; pero no pudo cumplir 
su propósito porque siguieron en fermentación las pasiones polí- 
ticas, y tras una revolución venía un motín, tras un motín otra 
revolución, de modo que puede decirse que no había en toda la 
República una región peor castigada por la desgracia. 

En ese estado fué sorprendido Yucatán por la intervención 
francesa, y hé aquí como Don Liborio Irigoyen, Gobernador de 
aquel Estado, pintó la situación, en nota dirigida al Ministro de 
la Gobernación en 13 de Diciembre de 1861 : 

" A nadie se le esconde, por ser demasiado notorio, que Yuca- 
tán, sobre quien un genio adverso parece que se complace en des- 
cargar todo género de penalidades, enumera catorce años inverti- 
dos en sostener con sacrificios cruentos, una guerra de castas que 
al través de aquel período, ha logrado cegar todos los veneros 
de su riqueza pública, consumir y hacer emigrar la mitad de su 
población y empeñada la que existe á batallar con brío para que 
no desaparezca la civilización. — Para donde quiera que aquí se 
fija la vista, se distingue la tremenda imagen del espanto: pueblos 
desaparecidos ; ciudades humeantes ; terrenos yermos, y en todas 
direcciones, miseria v luto, desolación v llanto. . . . Y á todo 
ese cuadro desconsolador, y cuyos colores no aviva en nada la 
exageración del discurso, viene á darles mayores creces el espíritu 
odioso de la guerra intestina. . . . Yucatán se halla hoy dia, 
impotente para ofrecer recurso alguno en la cooperación que se 
le pide. En él, no hay un soldado de línea ; sus artilleros forman 
un número insignificante; no tiene materiales de guerra de nin- 
guna clase y el erario con que cuenta, es tan escaso, que no puede 
llenar con él ni la tercera parte de las multiplicadas atenciones 
que lo agobian." 

En Mayo de 1862 llegó al puerto del Carmen el vapor de guerra 
francés La Granado, mandado por ^Ir. Hoquart, tomó el puerto 
V desembarcó 50 hombres, con cuyo apoyo los reaccionarios que 
había en la población se pronunciaron, proclamando Presidente 
de la República al celebérrimo Don Juan N. Almonte. El jefe 
francés les advirtió que no era ese el título que correspondía á 
Almonte, sino el de Jefe Supremo de la Nación, porque el Empe- 
rador de los franceses no quería imponer á ^léxico una fonna 



4 p u n t c s históricos, 227 

determinada de gobierno. Los pronunciados obedecieron ser- 
vilmente. 

El 17 del mismo mes llegó á la bahía de Campeche el vapor de 
g^uerra francés UEclair, y su capitán Mr. Royes notificó al Gober- 
nador del Estado, que lo era Dn. Pablo García, que quedaban 
bloqueados Campeche y demás puntos del litoral del Golfo, hasta 
que fuese reconocido Almonte. — El Sr. García contestó en tér- 
minos altamente patrióticos, rechazando las pretensiones del 
enemigo. 

La escuadrilla francesa se dedicó á perseguir y á apresar las 
embarcaciones que intentaban salir del ó entrar en el puerto, y 
algimas veces disparaban sus cañones contra la plaza, la que se 
defendía tan bien como le era posible. 

Hoquart se presentó ante el puerto de Sisal, y el 21 de Junio 
dirigió al Comandante militar de la plaza una nota oficial en la 
que llamaba á Campeche nido de piratas y aseguraba que no come- 
tería ningún acto de hostilidad contra la provincia de Mérida ni 
contra su comercio, siempre que hubiese reciprocidad de parte de 
las autoridades yucatecas para con los buques franceses que fre- 
cuentaban aquel puerto. Trasladada la comunicación al Gober- 
nador Irigoyen, ordenó este que se contestase á Mr. Hoquart que 
Yucatán seguiría la suerte de los demás Estados de la República, 
cualquiera que fuese, en la guerra injusta promovida por el Em- 
perador de los franceses, y que la conducta digna observada por 
el Gobierno de Campeche serviría de estímulo al de Yucatán para 
perseverar en su propósito. 

Pero el germen revolucionario seguía fermentando, hubo nuevos 
levantamientos, y, á pesar de los esfuerzos de las tropas leales, 
fué derrocado el Gobierno de Irigoyen, y los revolucionarios, 
acaudillados por Dn. Felipe Navarrete, acabaron por reconocer 
la intervención y el imperio, y apoyados por los buques franceses 
ocuparon á Campeche, y volvieron ambas entidades políticas á 
fundirse. 

Maximiliano nombró Comisario Imperial de Yucatán á Don 
José Salazar Ilarregui, ilustrado ingeniero, hombre de probidad, 
pero completamente inhábil en cuestiones políticas. Salazar Ila- 
rregui comprendió que la mejor manera de atraerse las simpatías 
de todos los yucatecos era acometer la empresa de la destrucción 
de los bárbaros, dando fin á una campaña tan larga como san- 
grienta, y en la que no cabía otro medio que el aniquilamiento del 



228 El Estado de Yucatán, 



enemigo. Hizo todo los aprestos necesarios; el General Gálvez, 
con un pequeño cuerpo de ejército, abrió la campaña, y fué derro- 
tado completamente. 

Salazar Ilarregui fué reemplazado por Don Domingo Bureau, 
que era prefecto de Veracruz, y poco tiempo después volvió Sala- 
zar Ilarregui á ocupar su puesto, regresando Bureau á Veracruz 
para desempeñar el mismo cargo de Comisario Imperial. 

El fanatismo de los imperialistas llegó al colmo con motivo de 
la visita que hizo á la Península la Emperatriz Carlota á fines de 
1865, tributándosele toda clase de homenajes y grandes fiestas. 
La Emperatriz visitó Sisal, Mérida, las ruinas de Uxmal, lleg6 
á Campeche y allí se reembarcó para México. 

Salazar Ilarregui abrió entonces una campaña contra los re- 
publicanos que en la frontera de Campeche con Tabasco se pre- 
paraban á invadir la Península. 

Cepeda Peraza, que fué el más conspicuo de los héroes rq[>abU- 
canos de Yucatán, y Pablo García, el principal de los republicanoft 
de Campeche, auxiliados por el General Don Pedro Celestina 
Brito, jefe de prestigio en la guerra de castas, se presentaron en 
escena, para combatir al Imperio. La campaña fué activa y san* 
grienta. Los republicanos sitiaron á Campeche, primero, y más 
tarde á Mérida, último baluarte del imperialismo, que defendieron 
con gran tesón Salazar Ilarregui y sus capitanes, y que tras un 
sitio de cincuenta y cinco días, capituló ante las huestes de Cepeda 
Peraza, las que ocuparon la plaza en el mayor orden, respetando 
extrictamente todas las bases de la capitulación. 

Salazar Ilarregui y todos sus compañeros salieron del territorio 
de la Península para la Isla de Cuba, conforme se había convenido. 

Al restablecerse el orden constitucional, quedaron los Estados 
de Campeche y de Yucatán en las mismas condiciones que antes 
de la intervención. 

Por desgracia las lecciones elocuentes de lo pasado no fueron 
aprovechadas, y el germen revolucionario no cesó de fermentar 
en la Península, ni tampoco cesaron las depredaciones de los indios 
bárbaros. 

Ese desorden parece haber concluido ya para siempre, pues 
aunque existen aún partidos políticos en Yucatán, estos tienen más 
carácter de personalistas que de diferencias de principios, y no 
hay nadie que intente perturbar la paz. 

La amenaza de los indios, si no ha desaparecido por completo. 



Af,, 



es históricos. 



3Z9 



al menos se ha minorado muchísimo. El Presidente Porfirio Díaz 
se propuso que el Gobierno Federal tomase por su cuenta esa 
campaña, y aprovechando los cuantiosos elementos de la nación, 
y la seguridad interior del país, acometió la empresa en que todos 
sus antecesores habían fracasado, y la llevó á feliz término, sin 
escatimar sacriñcios. 

Para el mejor éxito de esa campaña y para que la acción del 
Gobierno Federal fuese más eficaz, se necesitó crear el Territorio 




El Palacio del Gobernador, U; 



de Quintana Roo, en el que está comprendida toda la gran zona que 
ocupaban los indios rebeldes. 

Antes de emprender esa campaña humanitaria, fué preciso des- 
lindar las fronteras con la posesión británica de Be I ice, y pactar 
que no seguirían los colonos de aquella región ministrando armas 
y pertrechos de guerra á los bárbaros que en Belice se surtían y 
donde se refugiaban cuando era necesario. 

El General Don Ignacio A. Bravo condujo las operaciones con 
lentitud, de una manera ordenada, científica y segura, y alcanzó 
un buen éxito.que parece definitivo. 

.Mucha gente y mucho dinero ha costado al Estado de Yucatán 
y á la Nación esa empresa ; pero al fin se ha conseguido el objeto, 
en bien de la Península, en honra de México, y en favor de la 
humanidad. 



230 El Estado de Yucatán, 



La breve reseña histórica que he trazado, tiene muchas deficien- 
cias. No podía ser de otra manera, dada la índole de mi libro; 
pero con lo dicho basta para llenar mi objeto, que no ha sido más 
que el de dar á conocer las grandes líneas de la historia de la 
Península. 

Antes de cerrar este capítulo, debo hacer constar cuanto ha 
cambiado con el tiempo el carácter yucateco en lo que respecta á 
sus relaciones con la República. Aquel espíritu de escisión, de 
que dio tantas pruebas en las primeras épocas después de h 
independencia, ha desaparecido por completo. A esto ha con- 
tribuido muchísimo el contacto frecuente de la Península con el 
centro, la unificación de los intereses, la mancomunidad de aspira- 
ciones, la experiencia dolorosa de lo pasado, la ilustración y la 
bienandanza de lo presente, y las esperanzas para lo porvenir. 

Es incuestionable que los yucatecos siguen profesando un in- 
tenso amor á la Patria chica ; pero ese amor es legítimo, noble y 
útil, y á él se debe en mucha parte el progreso del Estado. Xo es 
exclusivo, no constituye ese localismo intransigente, que es digno 
de reproche ; y menos aún menoscaba en un ápice el amor á la 
Patria Grande, la que es hoy tan amada y respetada en Yucatán, 
como en el más patriota de los Estados de la República, y seguro 
estoy de que si por una desgracia (que ojalá nunca acontezca) 
México se viese envuelto de nuevo en una guerra extranjera, 
Yucatán sacrificaría sangre y dinero y cuanto posee para mantener 
incólume la honra del pabellón nacional, y rivalizaría en abnega- 
ción, patriotismo y heroicidad con los otros Estados hermanos que 
forman nuestra adorada patria, porque los vínculos que hoy nos 
ligan á todos los mexicanos, son tai) sagrados como indestructibles. 




El Caracol, Uxmat. 



CAPITULO XV. 

A [)K I.OS (umERXANTES DE YUCATÁN, DE5DF. LA CON- 

ilASTA N'fEÍSTHOS DÍAS! YUCATECOS MÁS NOTABLES. 

i RASdOS niDCHÁFICOS. — I.OS OBISPOS DE YUCATÁN. — EL 
ABZdUISI'O. 

ilemeiito á Ins apuntes históricos que he presentado en 
pitulos anterifircs, puede servir el presente en el que 
■ á caniKer los nombres <le las personas que han figurado 
nsula. ya en virtud de los altos puestos políticos ó ad- 
■os que han ocujiado, ya en virtud de sus labores cientí- 
rarias. 

'LOGIA DE LOS GOBERNANTES DE YUCATÁN. 

PESfoDO COLÓ SI AL. 

1546-1550. D, Francisco de Montcjo. 
52, D. Dicso de Samillana, 
55J, D. Gaspar JiiárcT: de Avila. 
555. D. Tomás Lópe7. 
I. Alvaro Carvajal. 
558, I>, Al'ins.. Onií ck Arquesta. 




Stñor Gfiicral Di.n Fradci,™ Camim. 



Cronología de ¡os Gobernantes. 233 

VII. — 1560, D. Julián Paredes. 

VIII. — 1562, D. Godofre Loaiza. 

IX. — 1565. D. Diego de Quijada. 

X. — 1 57 1, D. Luis Céspedes de Oviedo. 

XI. — 1577, D. Francisco Velázquez Gijón. 

XII. — 15S2. D. Guillen de Las-Casas. 

XII. — 1582-1583, D. Francisco Solís. 

XIV. — 1 583- 1 593, D. Antonio de Voz-Mediano. 

XV. — 1596. D. Alonso Ordoñez de Nevares. 

XVI. — 1 598- 1 604, D. Diego Fernández de Velazco. 

XVII. — 1604-1612, D. Carlos de Luna y Arellano. 

XVIIL — 1612-1617, D. Antonio de Figueroa. 

XIX. — 1619. D. Francisco Ramírez Briceño. 

XX. — 1 621 -1628, D. Diego Cárdenas. 

XXL — 1 628- 1630, D. Juan José de Vargas. 

XXII. — 1633-1634, D. Gerónimo de Quero. 

XXIIL — 1643, El Marqués de Santo Floro, D. Diego Zapata Cárdenas. 

XXIV. — 1643- 1644, D- Francisco Núñez Melián. 

XXV. — 1645-1648, D. Esteban de Azcárraga. 

XXVI. — 1649-1652, Conde de Peñalva, D. García Valdés Osorio. 

XXVIL— 1653, D. Martín Robles Villafaña. 

XXVIII. — 1660, D. Francisco Bazán. 

XXIX. — 1662, D. José Campero. 

XXX. — 1665, D. Francisco Esquivel La-Rosa. 

XXXI. — 1665- 1669, D. Rodrigo Flores de Aldana. 

XXXII. — 1672, D. Fernando Francisco de Escovedo. 

XXXIII. — 1672-1674, D. Miguel Francisco Cordoño. 

XXXIV. — 1677, D. Sancho Fernando de Ángulo y Sandoval. 

XXXV. — 1683, D. Antonio Iseca Alvarado. 

XXXVI. — 1688, D. Juan Tello de Guzmán. 

XXXVII. — 1693, D. Juan de La Barcena. 

XXXVIII. — 1699, D. Roque Soberanis y Zenteno. 

XXXIX. — 1708, El Conde de Lizarraga, D. Martín de Urzúa y Arizmendi. 

XL^ — 1712. D. Fernando Bravo Meneses de Zaravia. 

XLII. — 1720, D. Juan José Vertís de Ontañón. 

XLIII. — 1725, D. Antonio Cortaire y Terreros. 

XLIV. — 1733, D. Antonio de Figueroa y Silva. 

XLV. — 1734, D. Francisco Sabariego. 

XLVI. — 1743, D. Manuel Salcedo. 

XLVII. — 1750, D. Antonio Benavides. 

XLVIII. — 1752, Marqués de Izcar, D. Juan Manuel José de Clou. 

XLIX.— 1758, D. Melchor de Navarrete. 

L. — 1 761, D. Alonso Fernández de Heredia. 

LI. — 1 761- 1 762, D. José Crespo y Honorato. 

LII. — 1764, D. Felipe Ramírez de Estenoz. 

LIIL— 1765-1771, D. Cristóbal de Zayas. 

LIV.— 1771-1777, D. Antonio Oliver. 

LV.--1779, D. Hugo O'Conor Cuneo y Fally. 



234 El Estado de Yucatán. 

LVI. — 1783, D. Roberto Rivas Betancourt. 

LVII. — 1789, D. Roberto Merino Ceballos. 

LVI II. — 1792, D. Lucas de Gálvez. 

LIX. — 1793, D. José Sabido de Vargas. 

LX. — 1800, D. Arturo O'Xey y Oqueli. 

LXI. — 1800-1811, D. Benito Pérez Valdeloniar. 

LXII. — 1812-1815, D. Manuel Artazo Torre de Mer. 

LXIII. — 181 5-1820, D. Miguel de Castro y Araos. 

LXIV. — 1821, D. Juan María de Echeverri. 

ÉPíKA DE LA INDEPENDENCIA. 

L — Año de 1822, D. Pedro Eolio y Torrecilla. 

II. — 1822-1823, D. Melchor Alvarez. 

III. — 1824, D. Francisco Antonio Tarrazo. 

IV. — 1824- 1825, D. Antonio López de Santa- Ana. 

V. — 1825- 1829, D. José Tiburcio López Constante. 

VI. — 1829-1832, D. José Segundo Carvajal. 

VII. — 1832, D. Manuel Carvajal. 

VIII. — 1832-1833, D. José Tiburcio López Constante. (Segunda vez.) 

IX. — D. Juan de Dios Cosgaya y D. Basilio Ma. Argaiz, sucesivamente. 

X. — 1834- 1835. D. Francisco de Paula Toro. 

XI. — 1835, E). Pedro de Baranda y D. Sebastián López de Llergo, sucesi- 
vamente. 

XII. — 1835-1837, D. Francisco de Paula Toro. (Segunda vez.) 

XIII. — 1837, D. Pedro Escudero, D. Benito Aznar y D. Joaquín Gutiérrez 
de Estrada, sucesivamente en este breve espacio. 

XIV. — 1837- 1840. D. Pedro Marcial Guerra Rodríguez Correa. 

XV. — 1840, D. Juan de Dios Cosgaya. (Segunda vez.) 

XVI. — 1840-1844, D. Santiago Méndez. 

XVII. — 1844, D. Miguel Barbachano. 

XVIII. — 1844-1846, D. José Tiburcio López Constante. (Tercera vez.) 

XIX. — 1846, D. Miguel Barbachano. (Segunda vez.) 

XX. — 1847, D. Domingo Barret. 

XXI. — 1847-1848, D. Santiago Méndez. (Segunda vez.) 

XXII. — 1848-1853, D. Miguel Barbachano. (Tercera vez.) 

XXIII. — 1857, D. Santiago Méndez y D. Pantaleón Barrera. 

XXIV. — 1857-1858, General D. Francisco Martín Peraza. 

XXV. — 1 858- 1859, Lie. D. Liborio Irigoyen. 

XXVI.— 1859-1860. D. Pablo Castellanos y D. Agustín Acereto. 

XXVII. — 1860-1861, D. Lorenzo Vargas y D. Agustín Acereto. 

XXVIII. — 1861-1863. Lie. D. Liborio Irigoyen. (Segunda vez.) 

XXIX.— 1863-1864, D. Felipe Navarrete, Dr. D. Rafael Vilíamil y D. 
Roberto Rivas. 

XXX. — 1864- 1867, El Gobierno emanado del Imperio (Don José Salazar 
Ilarregui, Don Domingo Burean, Dn. José Salazar Ilarregui, por 
segunda vez.) 

XXXI. — 1867, General D. Manuel Cepeda Peraza. 



Cronología de los Gobernantes, 235 

XXXII. — 1868, Lie. D. Eligió Ancona. 

XXXIII. — 1868, General D. Manuel Cepeda Peraza. (Hasta 1869.) 
XXXIV. — 1869, D. José Apolinar Cepeda. 
XXXV. — 1870, Lie. D. Manuel Cirerol. 
XXXV^I. — 1873, General D. Ignacio L. Alatorre. 
XXXVII. — 1873-1874, Lie. D. Liborio Irigoyen. (Tercera vez.) 
XXXVIII. — 1875, Lie. D. Eligió Ancona. (Segunda vez.) 
XXXIX. — 1877, General D. Protasio Guerra. 
XL. — 1877, Sr. D. Agustín del Río. 
XLI. — 1877, D. José María Iturralde. 
XLII. — 1878-1881, Lie. D. Manuel Romero Ancona. 
XLIII.— 1882-1885, General D. Octavio Rosado. 
XLIV. — 1886-1889, General D. Guillermo Palomino. 
XLV. — 1889, Dr. D. Juan Pío Manzano. 
XLVI. — 1890- 1893, General D. Daniel Traconis. 
XLV II. —1 894- 1 897, Lie. D. Carlos Peón. 
XLVI 1 1. — 1898- 1901, General D. Francisco Cantón. 

XLIX.-^i902-i905, Lie. D. Olegario Molina, reelecto para el período de 
Febrero de 1906-1910. 



En los últimos tres períodos fueron Gobernadores interinos D. 
José María Iturralde, Lie. D. Rodulfo G. Cantón, Lie. D. Manuel 
Molina Solis v Dr. D. Braulio A. Méndez. 

Yucatecos Más Notables. — Yucatán ha sido en todo tiempo 
cuna de hombres notables en las ciencias, en la literatura, en la 
política y en la guerra. Para justificar esta afirmación voy á pre- 
sentar una lista de quienes más se han distinguido en esos con- 
ceptos, haciendo á un lado opiniones relfgiosas y de partido, que 
no vienen al caso, y aun la conducta antipatriótica de algunos de 
ellos, como la de Don Lorenzo Zavala, que lo convirtió en un mal 
ciudadano, sin quitarle por eso otros méritos notorios. 

En esta lista figuran algunas personas que nacieron en Cam- 
peche, antes de la escisión de la Península. 

He adoptado el orden alfabético de preferencia al cronológico, 
para conveniencia del lector. 

ALDANA, Ramón. — Nació en Mérida el 30 de Junio de 1832, murió 
en México, 16 de Agosto de 1882. — Poeta distinguido, dramaturgo, perio- 
dista y jurisconsulto. 

ALPUCHE, Wenceslao. — Nació en Tihosuco el 28 de Septiembre de 
1804, murió en Tekax el 2 de Septiembre de 1841, poeta de entonación 
robusta y levantado espíritu. 



236 El Estado de Yucatán. 

ALPUCHE E INFANTE, José María. — Nació en Campeche, el 9 de 
Octubre de 1780. Sacerdote, orador y hombre político. Perteneció al 
partido liberal avanzado. 

ANCONA, Eligió. — Nació en Mérida el i® de Diciembre de 1836. Fué 
un abogado notable, ocupó varios altos puestos en su Estado, entre otros 
el de Gobernador interino (1868) y el de Gobernador Constitucional 
(1875)- Fué electo varias veces Diputado al Congreso de la Unión. 
Como literato produjo cinco novelas, generalmente históricas y de mérito 
indiscutible. Pero su gran obra es " La Historia de Yucatán desde los 
tiempos más remotos hasta nuestros dias.'' 

ARNALDO, Vicente. — Nació en Campeche el 31 de Septiembre de 
1766, falleció el 3 de Abril de 1845. Fué fraile franciscano, y brilló como 
elocuente orador sagrado. 

AZNAR BARBACHANO, Luís.— Nació en Mérida el 2 de Mayo de 
1826, murió el 19 de Marzo de 1849. Poeta notable por la inspiración, 
pero incorrecto. Escribió poesías líricas y algunas obras dramáticas. 

AZNAR PÉREZ, Alonso. — Nació en Mérida el 23 de Abril de 1817, 
murió en México el 2^ de Abril de 1852. Inteligente y probo jurisconsulto 
y escritor político. 

BAQUEIRO, Serapio. — Nació el 14 de Noviembre de 183 1, en Dzit- 
balchén, que hoy pertenece al Estado de Campeche. Murió en Mérida 
el 17 de Marzo de 1899. Hombre político é historiador. Se le debe una 
obra notable intitulada " Ensayo histórico sobre las revoluciones de Yu- 
catán/* muy bien documentada. 

BARANDA, Pedro Saixs de. — Nació en Campeche el 13 de Marzo de 
1787, falleció el 16 de Diciembre de 1845. Estudió para marino en el 
Ferrol (España), sirvió como guardia-marina á las ordenes de Granda- 
llana; estuvo en Trafalgar á bordo del navio Santa-Ana, donde se batió 
con denuedo y recibió tres graves heridas. Después de prestar otros 
notables servicios, se separó de la marina española y entró á servir en su 
patria. Contribuyó eficazmente á la rendición de Ulúa; fue Gobernador 
interino de Yucatán. Toda su vida está llena de rasgos de valor y de 
lealtad. 

BARANDA, General Pedro. — Hijo del anterior. Nació en Valladolid 
(Yuc.) el 16 de Octubre de 1824. Fué uno de los principales agentes para 
la separación definitiva del Estado de Campeche. Prestó buenos servicios 
en la Costa de Sotavento del Estado de Veracruz, contra el Imperio. Mili- 
tar pundonoroso, caballero sin tacha, hombre de muy buen trato y excelente 
amigo. Falleció en Campeche el 24 de Julio de 1891^ siendo Jefe de esa 
Zona militar. 

BARB.\CHANO, Manuel. — Nació en Campeche á principios del siglo 
XIX. Hizo sus estudios en Madrid, donde recibió el título de abogado. 
Regresó al país, fué Diputado y Senador al Congreso de la Unión. 
Escritor humorista y satírico talentoso. Sus artículos de costumbres 
llamaron mucho la atención. Escribió varias piezas para el teatro. Murió 
en Mayo de 1864. 



Cronología de los Gobernantes. 237 

BELTRAN DE SANTA ROSA, Fray Pedro.— Nació en Yucatán, en 
el siglo XVIII. Fue un erudito, y escribió el "Arte del idioma Maya 
reducido á sucintas reglas y Semiléxicon yucateco." Escribió además unos 
devocionarios y unos estudios en lengua Maya. 

CALERO QUINTANA, Vicente.— Nació en Mérida, el 19 de Mayo 
de 181 7, falleció el 10 de Octubre de 1853. Desempeñó varios puestos 
públicos de importancia en su Estado, y fué dos veces Diputado al Con- 
greso de la Unión. Como literato es uno de los mas conspicuos de la 
Península, por su corrección y pureza. 

CAMPOS, Dr. Manuel. — Nació en Campeche el 14 de Junio de 181 1, 
murió el 24 de Abril de 1874. De familia pobre, gracias á su talento na- 
tural y á su voluntad inquebrantable, llegó á estudiar medicina, á gradu- 
arse de Dr. y á sobresalir de tal manera en esa ciencia que ñguró entre 
los médicos más distinguidos de la Península. Su talento rayó en el genio. 

CANO, Juan. — Nació en Mérida el 21 de Febrero de 181 5, murió heroi- 
camente defendiendo á Chapultepec contra los invasores norteamericanos, 
el 13 de Septiembre de 1847, siendo Jefe de Ingenieros. 

CÁRDENAS, Sor Encarnación de. — Nació en Mérida el 7 de Enero 
de 1790, falleció el 3 de Febrero de 1831. De alcurnia noble, recibió una 
educación esmerada; tomó el hábito de las Concepcionistas en 1809, y 
llegó á ser abadesa en Enero de 1831. Era conocedora de lenguas y 
escribió varías poesías, y se la llamó la nueva Teresa de Jesús, título que 
me parece exaj erado. 

CARRILLO, Fray Estanislao. — Nació en Teabo, el 7 de Mayo de 
1798; falleció en Ticul el 20 de Mayo de 1846. Fué un distinguido arque- 
ólogo, á quien se deben muy interesantes estudios sobre las ruinas Mayas. 

CARRILLO Y ANCONA, Crescencio. — Nació en Izamal el 19 de 
Abril de 1837, y falleció en Mérida el 19 de Marzo de 1897. Fué un sa- 
cerdote ilustrado, ocupó la sede de Mérida, y se distinguió como erudito 
mayista. 

CEPEDA PERAZA, Manuel. — Nació en Mérida el 19 de Enero de 
1828, murió el 3 de Marzo de 1869. Fué uno de los jefes más heroicos 
en la guerra de castas, y el restaurador de la República en Yucatán. Fué 
el fundador del Instituto literario de varones, de Mérida. Hombre de 
gran valor y de mucha probidad, merece la estatua que se le ha levantado 
en la Plaza Hidalgo, Mérida, y el culto que profesan á su memoria sus 
conciudadanos. 

CISNEROS, José Antonio. — Nació en Mérida el 20 de Febrero de 

1826, falleció el 3 de Diciembre de 1880. Abogado distinguido, desem- 
peñó varios altos puestos. Poeta filosófico y satiríco de bastante mérito; 
fué el primer yucateco que cultivó el arte dramático y produjo obras de 
verdadero mérito en ese género. 

DONDE IBARRA, Joaquín. — Nació en Campeche el 6 de Julio de 

1827, falleció en Mérida el i de Noviembre de 1875. Se distinguió como 
farmacéutico y naturalista. 



238 El Estado de Yucatán, 

DUQUE DE ESTRADA, Miguel. — Nació en Campeche el 19 de Julio 
de 1823, falleció el i de Diciembre de 1852. Fué un poeta de no escasa 
inspiración, aunque incorrecto. 

GASPAR, Antonio. — Indio de la raza Maya, que floreció á fines del 
siglo XVI. Su verdadero nombre era HChí Xiú. Fué hijo del célebre 
sacerdote gentil HKin Chí. y nieto, por la madre, del rey Tutul Xiú. 
Escribió en español una obra intitulada " Relación histórica sobre las 
costumbres de los indios," y fué autor de un "Vocabulario de la lengua 
Maya." 

LARA, Dr. Fray José Nicolás de. — Nació en Mérida el 5 de Diciembre 
de 1 75 1, falleció en México el 6 de Enero de 1808. Gozó de gran fama 
como orador sagrado. 

MENA, R. P. Fray Carlos de. — Nació en Valladolid. (Yuc.) Fué 
uno de los Franciscanos más instruidos, y uno de los misioneros más 
celosos. Escribió varios sermones y opúsculos en lengua Maya. Lo citan 
con aprecio varios autores. Falleció el 10 de Enero de 1638, siendo guar- 
dián del convento de su orden ubicado en Mocochá. 

MORENO, Pablo. — Nació en Valladolid el 25 de Enero de 1733 fa- 
lleció en Mérida el 10 de Septiembre de 1833. Es sin disputa uno de los 
hijos más preclaros de la Península de Yucatán, y no sería exajerado 
darle el epíteto de Padre de la ilustración yucateca. 

PÉREZ, Juan Pío. — Nació en Mérida el 11 de Marzo de 1798, falleció 
el 6 de Marzo de 1859. Fué uno de los más insignes Afayistas. Escribió 
la " Cronología antigua yucateca," " Diccionario de la lengua Maya," 
" Gramática de la lengua maya." y varios opúsculos sobre la historia y 
la lengua de Yucatán. Es considerado universalmente como uno auto- 
ridad de primer orden en todas esas materias. 

PÉREZ, Pedro Ildefonso. — Nació en Mérida el 23 de Enero de 1826. 
falleció el 21 de Febrero de 1869. Poeta romántico de los más famosos de 
la Península, florido, bastante correcto, brillante y arrebatado á veces. 

QUINTANA, José Matías. — Nació en Mérida el 24 de Febrero de 
1767, falleció en México el 30 de Marzo de 1841. Fué un notable perio- 
dista de combate. Escribió una obra intitulada " Meditaciones," que de- 
muestra su profunda fe católica y su buen gusto literario. Figuró como 
diputado al Congreso del Estado y al Congreso de la Unión, y tuvo la 
gloria de ser padre de — 

QUINTANA ROO. Andrés. — Nació este hombre insigne, gloria no sólo 
de Yucatán, sino de todo nuestro país, el 30 de Noviembre de 1787. Fué 
uno de los grandes héroes de la Independencia Nacional, un patriota ex- 
celso, soberbio poeta y admirable orador. Su biografía no cabe en una 
nota, y merece todo un libro. Casó con la benemérita heroína Leona Vi- 
cario. Falleció el 15 de Abril de 1851, en la capital de la República. 

REJÓN, Manuel Crescencio. — Nació en Bolonchenticul, el año de 1799, 
y falleció en 1850. Fué un hombre político de gran talla, orador notable y 
periodista. Prestó grandes servicios á su Estado natal y á la Nación. 



Cronología de ¡os Gobernantes, 239 

ROSADO, Ángel Remigio. — Nació en San Felipe de Bacalar, el 2 de 
Octubre de 1800, falleció el 2 de Julio de 1849, de resulta de cinco balazos 
que recibió en la sangrienta acción de Bacalar, librada el 29 de Junio an- 
terior. Soldado pundonoroso, valiente y abnegado, y uno de los más fer- 
vientes defensores de la causa de la civilización en Yucatán. 

RUZ, R. P. Fray Joaquín. — Nació en Mérida en 1772, falleció el 15 de 
Septiembre de 1880. A este Franciscano se deben muchas obras escritas 
en lengua Maya, sobre el mérito de las cuales hay divergencias de opiniones. 

SÁNCHEZ DE AGUILAR, Dr. Pedro.— Nació en Valladolid el 10 de 
Abril de 1555; se ignora donde y cuando falleció. Desempeñó cargos im- 
portantes, escribió " Informe contra Idolorum cultores de Yucatán," " Cate- 
cismo de Doctrina Cristiana, en idioma yucateco," y " Memoria de los 
primeros conquistadores." 

SIERRA, Dr. Justo. — Nació en Tixcacaltuyú, el 24 de Septiembre de 
1814; falleció en Mérida el 15 de Enero de 1861. Fué un gran juriscon- 
sulto, un literato de muy altos vuelos, "prodigio de erudición y de buen 
gusto," según la expresión del Obispo Dn. Crescencio Carrillo; prestó 
grandes servicios á su Estado natal, fué el verdadero autor de los Códigos 
del Estado de Veracruz, los que modificados por Dn. Fernando J. Corona, 
fueron promulgados en 1868, y puede decirse que fué el autor del gran 
movimiento literario de Yucatán. El 15 de Enero del presente año (1906) 
le fué erigida una estatua en el Paseo de Montejo (Mérida). 

SIERRA, Santiago. — Hijo del anterior, nació en Campeche el 3 de 
Febrero de 1850, murió inesperadamente el 28 de Abril de 1880. Fué un 
poeta inspirado, un prosista elegante, hombre de erudición asombrosa. 
Entre los altos puestos que desempeñó se cuenta el de representante de 
nuestro país en Chile. La temprana muerte de este joven ilustre, fué una 
verdadera desgracia para la literatura y para la ciencia. 

VELA, Dr. José Canuto. — Nació en Tekax el 19 de Enero de 1802, 
murió en Mérida el 11 de Agosto de 1859. Es citado con gran estimación 
entre los escritores Mayas, y fué un gran orador en ese idioma. Sacer- 
dote de gran espíritu cristiano. 

ZAVALA, Lorenzo de. — Nació en Mérida el 3 de Octubre de 1788, 
murió el 16 de Noviembre de 1836. Distinguido publicista y hombre de 
Estado, de gran talento y vasta instrucción ; orador elocuente é historia- 
dor. Fué Diputado al Congreso de la Unión, Gobernador del Estado de 
México, Ministro de Hacienda, Ministro plenipotenciario cerca del gobierno 
francés, &. Todos sus grandes méritos de hombre público quedaron obs- 
curecidos por su traición á la Patria, cuando se unió á los Texanos pri- 
mero, y á los Norteamericanos después, contra México. 



Al anterior catalogo, que por desgracia no es tan completo 
como fuera de desearse, hay que agregar la lista de las personas 
notables que viven en la actualidad, y muy á mi pesar tengo que 



340 El Estado de Yucatán. 

limitarme á un corto número, consignando los nombres de aquellas 
que me son más conocidas. 

EL GENERAL FRANCISCO CANTÓN.— Uno de los hombres que 
gozan de mayor prestigio en la Península. Tomó las armas, á la edad de 
13 á 14 años contra los indios que se sublevaron en 1847, y se distinguió 
desde entonces como soldado. Es hombre de empresa, activo y acaudalado. 
Desempeñó el Gobierno del Estado en el período de 1898-1901, contribuy- 
endo muy efícazemente á la última campaña contra los indios, y á la pros- 
peridad del Estado. 

EL DR. jóse' peón CONTRERAS, el aplaudido dramaturgo, el 
inspirado poeta lírico y novelador, miembro correspondiente de la R. Aca- 
demia Española, y gloria de las letras patrias. (i) 

Lie. JUSTO SIERRA, nacido en Campeche, literato y poeta de fama 
universal, miembro de la Academia Mexicana correspondiente de la Espa- 
ñola, y actualmente Ministro de Instrucción pública y Bellas Artes. El Sr. 
Sierra es hijo del Dr. Dn. Justo y hermano de Santiago, de quienes he 
hecho ya referencia. 

Lie. JOAQUÍN BARANDA, hijo de D. Pedro Sainz de Baranda y 
hermano del General Don Pedro, de quienes antes he hablado ; literato dis- 
tinguido, elocuente orador parlamentario, ha ocupado varios altos puestos 
y durante un largo período fué Ministro de Justicia y de Instrucción 
pública. 

EL Lie. JUAN FRANCISCO MOLINA SOLIS, quien, á más de ser 
un jurisconsulto muy notable, es historiógrafo erudito, y hábil polemista. 
Sus obras sobre la historia de Yucatán lo colocan entre los primeros his- 
toriógrafos del continente americano. 

EL DR. LUIS F. URCELAY, médico distinguido, literato y orador. (2.) 

OVIDIO ZORRILLA, quien, consecuente con el nombre y apellido que 
lleva, ñgura en primera linea entre los poetas nacionales, siendo quizás ¿1 
principal entre los que cultivan el género elegiaco. 

EL Lie. MANUEL IRIGOYEN LARA, poeta, orador y dramaturgo. 
MANUEL SALES CEPEDA, literato y dramaturgo, un cultivador de 
la estética. 

EL Lie. JOSÉ INÉS NOVELO, un poeta de muchísimo mérito y que 
goza de vasta fama. 

EL DR. GONZALO PAT Y VALLE, poeta lírico. 

GABINO DE J. VÁZQUEZ, un verdadero cervantista. 

EL Lie. ROBERTO CASELLAS RIVAS, poeta y dramaturgo. 

AUDOMARO MOLINA, hombre de vastos conocimientos literarios, 
mayista consumado, autor de una gramática latina, otra castellana y de 

(i) El Dr. Peón Contreras falleció en México el 18 de Febrero de 1007. 
(2) Falleció en alta mar, regresando de un viaje á Europa. Lo ente- 
rraron en Nueva York. 



Cronología de los Gobernantes. 241 

una aritmética que sirven de texto en muchas escuelas nacionales. Muy 
erudito. 

JOSÉ M. PINO, poeta lírico. 

DELIO MORENO CANTÓN, periodista, dramaturgo, novelista y poeta 
lírico. Uno de sus últimos dramas acaba de ser extrenado en México, con 
verdadero éxito. 

LUIS ROSADO VEGA, quizá el poeta lírico más inspirado de la nueva 
generación Yucateca, y uno de los de más porvenir entre los de toda la 
República. 

CARLOS R. MENENDEZ, periodista de combate, instruido y vehe- 
mente; poeta lírico de mucho aliento. 

ISIDRO MENDICUTI. — Literato profundo y castizo, poeta de altos 
vuelos, periodista de espíritu noble y de tesón inquebrantable. 

ANTONIO MEDIZ BOLIO, otro de los jóvenes poetas líricos de por- 
venir, espontáneo y elegante. 

MANUEL IRABIEN ROSADO, joven escritor de artículos de cos- 
tumbres, del género de Taboada, cuyo género cultiva con donosura. 

Y otros muchos que se escapan á mi memoria. 

Antes de cerrar este capítulo debo rendir un tributo á dos poetas que 
fallecieron hace poco : Fernando Juanes, más conocido por su pseudónimo 
de Milk, es uno de ellos; Antonio Cisneros Cámara es el otro. El pri- 
mero fué una notabilidad como poeta lírico modernista ; el segundo ocupó 
un alto puesto como poeta y dramaturgo. 

CUADRO CRONOLÓGICO DE LOS ILLMOS. SRES. OBISPOS 

DE YUCATÁN. 

I. — Illmo. Sr. D. Fr. Julián Garcés. Dominico. 1519-1542. 

II. — Illmo. Sr. D. Fr. Juan de San Francisco. Nombrado en 1543; 
renunció. 

III. — Illmo. Sr. D. Fr. Juan de la Puerta. Franciscano. Nombrado en 
1552; renunció. 

IV. — Illmo. Sr. D. Fr. Francisco Toral. Franciscano. 1561-1571. 

V. — Illmo. Sr. D. Fr. Diego de Landa. Franciscano. 1572-1579. 

VI. — Illmo. Sr. D. Fr. Gregorio de Montalvo. Dominico. 1580-1587. 

VII. — Illmo. Sr. D. Fr. Juan de Izquierdo. Franciscano. 1587-1602. 

VIII. — Illmo. Sr. D. Diego Vázquez de Mercado. Secular. 1603-1608. 

IX. — Illmo. Sr. D. Fr. Gonzalo de Salazar. Agustino. 1608-1636. 

X. — Illmo. Sr. D. Alonzo de Ocon. Secular. 1638-1642. 

XI. — Illmo. Sr. Dr. D. Andrés Fernandez de Ipenza. Secular. Falleció 
sin tomar posesión. 

XII. — Illmo. Sr. Lie. D. Marcos de Torres y Rueda. Secular. 1646- 

1649. 

XIII. — Illmo. Sr. D. Fr. Domingo Villa Escusa Ramírez de Arellano. 
Jerónimo. 165 1- 1652. 

XIV. — Illmo. Sr. D. Lorenzo de Horta. Secular. 1654-1656. 



242 El Estado de Yucatán. 

XV. — Illnio. Sr. Dr. D. Fr. Luis de Cifuentes y Sotomayor. Dominico. 
1657- 1 676. 

XVI. — Illmo. Sr. Arzobispo Dr. D. Juan Escalante Turcios y Mendoza. 
Secular. 1677- 1681. 

XVII.— Illmo. Sr. Dr. D. Juan Cano Sandoval. Secular. 1682-169S 

XVIII. — Illmo. Sr. D. Antonio Arriaga y Agüero. Agustino. 1696- 
1698. 

XIX.— Illmo. Sr. Dr. D. Fr. Pedro de los Reyes Rios de la Madffl 
Benedictino. 1700-1714. .» 

XX. — Illmo. Sr. Dr. D. Juan Gómez de Parada. Secular. 1715-17281 \' 

XXI. — Illmo. Sr. Dr. D. Ignacio María Castoreña y Ursúa. Secofaft'. 

1729-1733- 

XXII. — Illmo. Sr. D. Francisco Pablo Matos Coronado. Secular. 17S^ 

1741. 

XXIII. — Illmo. Sr. Dr. D. Fr. Mateo de Zamora y Penagos. Francai* 
cano. 1 741 -1 744. 

XXIV. — Illmo. Sr. Dr. D. Fr. Francisco de San Buenaventura Tejadi 
Diez de Velazco. Franciscano. 1745- 1752. 

XXV. — Illmo. Sr. Dr. D. Juan de Egmara y Eguren. Secular. NoA-. 
brado en 1752. Renunció. 

XXVI. — Illmo. Sr. Arzobispo D. Fr. Ignacio de Padilla y Estrada. 
Agustino. 1 753- 1 760. 

XXVII. — Illmo. Sr. D. Fr. Antonio Alcalde. Dominico. 1761-1771. 

XXVniI. — Illmo. Sr. Lie. D. Diego de Peredo. Secular. 1772-1774. 

XXIX. — Illmo. Sr. D. Manuel Vargas de Rivera. Mercedario. 1774- 

1775 

XXX. — Illmo. Sr. D. Antonio Caballero y Góngora. Secular. 1775- 

1776. 

XXXI. — Illmo. Sr. D. Fray Luis de Pifia y Mazo. Benedictino. 1776- 

1795 

XXXII. — Illmo. Sr. Dr. D. Pedro Agustín Estévez y Ugarte. Secular. 
1 797- 1 829. 

XXXIII. — Illmo. Sr. Dr. D. José María Guerra. Secular. 1834-1860. 

XXXIV. — Illmo. Sr. Dr. D. Leandro Rodríguez de la Gala. Secular. 
1868- 1 887. 

XXXV. — Illmo. Sr. Dr. D. Crcscencio Carrillo y Ancona. Secular. 
Coadjutor del anterior, en 1884. Obispo en propiedad en 1887. Falleció 
el 19 de Marzo de 1897. 

XXXVI. — Illmo. Sr. D. Fr. José Guadalupe de Jesús Alva. Francis- 
cano. — Este Señor no fué á Yucatán y tomó posesión en su nombre Mon. 
Humberto Domínguez. 

XXXVII. — Illmo. Sr. Dr. D. Martín Trishlcr y Córdova. Secular. Es 
el actual Obispo. 

En 1906 fué elevada la Diócesis de Yucatán á la categoría de 
Arqiiidiócesis, siendo el Sr. Trishler nombrado el primer Arzo- 
bispo. 




La Casa de las Moiij; 



CAPITULO XVI. 

El, SK. Lie. IMIS OLF-GAHIU MOLINA : RASGOS IlIOüRÁl'ICOS. — SU 
.M>.M1XrSTKAClÓ.\. 

El Sr. Lie. Dii. (Hcgario Molina no sólo es una las pcrsona- 
liilailcs más prominentes del Estado de Yucatán por el alto puesto 
tHie («upa. sino también |x>r su ciencia, por su actividad, sn hon- 
radL'z. la habilidad que ha demostrado en la gestión de la cosa 
pública desde que fué electo Gobernador del Estado, cualidades 
toilas que lo colocan entre los hombros notables de México en los 
tieni|x>s actuales. 

El Señor Molina nació en el año de 1843 en el pueblo de Hecel- 
chachán, hoy perteneciente al Estado de Campeche, donde se había 
radicado su familia, oriunda de \'allado1id. 

A los trece años de edad ingresó en el Instituto Literario de 



244 El Estado de Yucatán. 

Mérida, donde hizo sus estudios preparatorios con excelentes re- 
sultados, dedicándose en seguida á los de la jurisprudencia, ob- 
teniendo el título de abogado con una alta y honrosa calificación. 

La guerra del Imperio le hizo interrumpir su carrera momentá- 
neamente, pues el joven Molina se afilió en el partido republicano 
y fué á servir á las órdenes del benemérito General Cepeda Peraza, 
que era el jefe de las tropas que combatían contra el Imperio efí- 
mero de Maximiliano ; y á pesar de sus pocos años, y teniendo en 
cuentas sus ya notorias aptitudes, fué nombrado secretario militar 
del General en jefe, puesto en que prestó señalados servicios hasta 
la rendición de Mérida, último baluarte del Imperialismo. 

El General Cepeda Peraza, inmediatamente después de su tri- 
unfo, reorganizó el Instituto Literario, y nombró director del es- 
tablecimiento al Sr. Molina, quien se dedicó con ahinco á darle 
nueva forma y á elevarlo á la altura de las exigencias de una 
sociedad tan culta como lo es la yucateca. Pero tuvo que in- 
terrumpir esa labor para desempeñar el cargo de Diputado a^ 
Congreso de la Unión, y, concluido el período para el que fu^ 
electo, regresó á Mérida, y se encargó de la Secretaría d^* 
Gobierno del Estado. 

Durante la administración del Sr. Lerdo de Tejada volvió ^ 
la Cámara de Diputados; después fué electo Magistrado de t^' 
Suprema Corte de Justicia, y al poco tiempo se retiró de la pol^ ^ 
tica, para dedicarse á sus asuntos particulares. 

El Sr. Molina, además de ser un abogado notable, es un notabl 
ingeniero, pues conoce á fondo esa ciencia. Asociado al Sr. Ren 
don Peniche acometió la empresa de construir la primera vi 
férrea con que cbntó la Península Yucateca, que es la que une 
Mérida con el puerto de Progreso (1877-1878) con la que 
inauguró una nueva era para el Estado. Esta vía, como toda^ 
las de la Península, se construyó con capital de la localidad, sirm 
la cooperación de elementos extraños. El Sr. Molina organizó la 
empresa, le dio vida, la llevó á su completo desarrollo, y fué tal 
la habilidad con que procedió, que desde luego obtuvieron los 
accionistas resultados superiores á los que pudieran haber 
esperado. 

Algunos años más tarde, en 1881, renunció el Sr. Molina el 
cargo de Gerente del mencionado ferrocarril, y se estableció por 
su propia cuenta, fundando una casa de comercio bajo la razón 
de O. Molina y C°, de la que fué el socio principal. Merced á 



Don Olegario Molina. 245 

su talento y á la práctica que había adquirido en los negocios, el 
abogado, el ingeniero y el funcionario público resultó ser un co- 
merciante de alto ingenio, y la casa prosperó rápidamente hasta ser 
la principal de la Península, sobre todo en lo relativo á la exporta- 
ción de la preciosa fibra á la que debe Yucatán su prosperidad. 

El Señor Molina adquirió algunas propiedades rústicas y las 
fomentó á medida que aumentaba su fortuna. Tuvo fe, no fe 
ciega, sino razonada, científica, en el porvenir inmediato de la 
industria henequenera, y á pesar de los vaivenes y de los contra- 
tiempos que la pusieron en peligro en más de una ocasión, no 
desmayó en su propósito, predicó á sus conterráneos con la pala- 
bra y con el ejemplo, demostrándoles que el porvenir de Yucatán 
estaba vinculado en el henequén ; que las fluctuaciones anómalas del 
mercado americano, entonces el único consumidor del textil, obe- 
decían á manejos de especuladores ; que el henequén no tenia rival 
conocido entre los textiles para los usos en que era empleado; 
que habían de pasar largos años antes de que la planta pudiese 
aclimatarse y fomentarse en gran escala en otras regiones del país 
ó del extranjero, y que la mejor manera de poder sostener con 
éxito seguro cualquiera competencia futura, consistía en sembrar 
mucho y de una manera científica, en beneficiar la fibra con el 
menor gasto y procurando el mayor rendimiento, aprovechar los 
tiempos bonancibles que forzosamente tendrían que llegar, porque 
la demanda había de crecer ; y cuando se ostentase cualquier otro 
«entro, pretendiendo disputar el mercado á Yucatán, éste, en el 
apc^eo de la producción, podría, no sólo sostener la competencia, 
sino forzarla hasta el punto de quedar dueño del campo. 

Cuando se presentaba alguna crisis, y venían á consultar con 
«I, como la autoridad más competente en la materia, su consejo era 
invariablemente :— " Siembra más henequén." 

Y el tiempo vino á confirmar su previsión, y hoy hay muchas 
personas que deben su fortuna á haber seguido el juicioso consejo 
<iel Sr. Molina, quien al mismo tiempo que veía por su prosperidad 
individual, procuraba la de todo el Estado. 

En el sistema económico del Sr. Molina como hacendado, no 
entraba el de la sórdida explotación del trabajador. Sabido es 
que uno de los grandes tropiezos que se encuentran en Yucatán 
para los labores del campo, consiste en la escasez de brazos. El 
clima no consiente que .se consiga una inmigración europea nume- 
rosa ; los salarios tampoco pueden ser tan crecidos como los que 



246 El Estado de Yucatán. 

se pagan en los Estados Unidos : la colonización asiática ó afri- 
cana, á nicís de costosa, tiene sus inconvenientes, y, al ensayarla, 
era necesario hacerlo con precaución. El Señor Molina resolvió 
todos esos problemas de una manera práctica, empezando por 
aprovechar los recursos que había á mano, es decir al peón de 
la tierra, atrayéndolo con el buen trato, aumentando su retribución, 
dándole la mayor suma de bienestar, para que el peón, por propio 
interés, le diese la mayor suma de trabajo. Así, en vez del salario 
fijo, el peón gana según lo que trabaja, y en vez de ganar un jor- 
nal de 50 centavos, obtiene $1.50 y $2 diarios, conforme al nú- 
mero de pencas de maguey que corta, ó á las labores que desenv 
peña, y, además, goza de otros beneficios que hacen su condición 
superior á la de los demás trabajadores de campo de la República» 
hablando en términos generales. 

La notoriedad alcanzada por el Sr. Molina, su alta posiciíS^^ 
social, los beneficios que venía derramando sobre su Estad ^^ 
hicieron que la atención pública se fijara en él y que se le desi 
nara para Gobernador. En efecto, una vez lanzada su candid 
tura, fué acogida con aplauso, obtuvo singular popularida 
triunfó en los comicios, y en 1902 ascendió á la primera magi ^ 
tratura del Estado, sucediendo al ilustrado General Don Frac^ 
cisco Cantón. 

El Sr. Molina dio punto á sus negocios mercantiles, y se cori' 
sagró en cuerpo y alma, según la frase vulgar, á la reconstrucciá^i 
del Estado, adoptando el sistema del Sr. General Díaz, sintetizadc^ 
en la sentencia de ** poca política y mucha administración." 

La vida que hasta entonces había llevado el Sr. ^lolina consti- 
tuyó para él la mejor escuela práctica que puede tener un hombre 
que asciende á las altas cumbres del poder, cuando se encuentra 
animado de sanos deseos y lo impulsa el patriotismo. El Sr. 
Molina, á todas las dotes que he enumerado, reúne la del conoci- 
miento de la economía política, sabe que esa es una ciencia de 
adaptación, y conociendo la ciencia y conociendo el medio, su 
labor quedaba simplificada, y los resultados tenían que ser inme- 
diatos y halagüeños. 

Comenzó, á semejanza del Señor General Díaz, á quien tomó 
por modelo, organizando la hacienda pública, y el siguiente cuadro 
va á probar, con la irrefutable argumentación de los números, el 
buen éxito obtenido. 



Don Olegario Molina. 



247 



Cuadro Comparativo. 

(le los presupuestos de Ingresos Municipales del Estado de Yuca- 
tán, en los cuatrienios de 1898-1901 y 1902-1905, sin incluir las 
existencias calculadas en cada año. 



Primer Cuatrienio. 

Partidos. 1898. 1899. 

Acanceh $5,910 49 $6,861 00 

Espita 371895 4*12849 

Hunucmá 6,01952 7,56021 

Izamal 9.566 78 9,284 9^ 

Maxcanú 5.27565 5,12100 

Mérida 218,161 94 224.95445 

Motul 8,252 75 8,21 1 72 

Peto 1,854 50 2,250 40 

Progreso 29,652 00 34,652 33 

Sotuta 1,94768 2.18734 

Tekax 7,449 26 10,350 63 

Teniax 4,329 49 5,054 72 

Ticul 8,01 1 25 8,058 49 

Tixkokob 4,748 13 4766 36 

Tizimín 3,902 33 5,i5i 52 

Valladolid 5,957 47 5,572 97 

$324.758 19 $344,166 52 



1900. 


1901. 


$6,954 II 


$7.057 09 


3,387 69 


3,808 35 


6,103 60 


6,813 00 


11,579 79 


11.692 90 


6,549 63 


6,2X1 19 


224,724 92 


227,808 84 


8,622 61 


9.076 09 


2,365 25 


2,709 70 


39,543 55 


-119,098 50 


2,328 52 


2,373 36 


11,525 79 


12440 36 


5,478 93 


4,551 10 


8.344 91 


9,176 86 


4,938 10 


6,000 17 


3,218 21 


3.58643 


6,784 23 


7,117 72 


$352,899 64 


$369,511 66 



Segundo Cuatrienio. 

Partidos. 1902. 1903. 

Acanceh $7,267 11 $9,667 10 

Espita 3,967 10 5.995 00 

Hunucmá 7.743 00 1 1,503 00 

Izamal 12.80818 18,11644 

Maxcanú 6.260 09 9.416 40 

Mérida 224,109 83 346,776 72 

Motul 12.592 31 16,224 68 

Peto 2,882 70 4,326 30 

Progreso 55.657 00 96.570 00 

Sotuta 244462 4.10720 

Tckax 11.76300 13.29831 

Temax 5,91888 8.47568 

Ticul 8,68565 12,09386 

Tixkokob 6,355 75 7.814 00 

Tizimin 6,300 04 7,554 88 

Valladolid 7.220 64 9.132 06 

$381,975 90 $581,071 63 



1904. 

$13,155 15 

7.031 30 

13.643 90 

23,019 56 

13.349 84 
407.972 00 

21,532 88 

4.387 20 

127428 00 

5,841 50 
17.134 40 
10,743 50 
16.056 94 

9,296 88 

7,881 57 

12,106 36 



1905. 
$15,146 98 

7,067 69 

13.973 00 
24.550 87 
16,000 94 

484.256 99 

23.854 14 

4.352 16 

118,942 00 

5.704 65 
17.118 00 
11.412 72 
18,080 59 
10,020 68 

6.926 86 
12,171 00 



$710.580 98 $789,579 27 



248 El Estado de Yucatán 

Resumen. 

I cr Cuatrienio: 2© Cuatrienio: 

* $324,758 19 $381,975 90 

344,166 52 581,071 63 

352,899 64 710,580 98 

369,511 66 789,589 27 



Total. . . .$1,391,336 01 Total $2,463,207 78 



Comparación. 

icr Cuatrienio $1,391,336 01 

20 ídem 2463,207 78 



Diferencia en favor del 29 $1,071,871 77 

Como se ve por el cuadro que antecede, el Tesoro Municipal 
casi duplicó sus rendimientos. Este resultado permitió que los 
Municipios del Estado estuviesen ya en posibilidad de atender 
más ampliamente á sus necesidades con sus propios recursos, y 
facilitó el movimiento que en todas las poblaciones de esa entidad 
federativa se advierte. 

Es de advertirse que se cuidó desde el principio de que ningún 
presupuesto se saldase con deficiente, ni se calculase en más, sino 
más bien en menos, su probable rendimiento. 

Como es fácil de comprender, los resultados obtenidos en la 
Hacienda del Estado corresponden á los que indicados quedan al 
hablar de la de los Municipios. 

Revisando los presupuestos de años anteriores á la administra- 
ción del Sr. Molina, encuentro que es exacta la observación que 
hizo un periódico de Mérida, esto es : " que en dichos presupuestos 
se advierte la particularidad de que las partidas de Ingresos sólo 
están enumeradas; en ninguna de ellas se fijó, ni siquiera por 
cálculo aproximado, su rendimiento." 

" La primera ley de Presupuestos expedida durante la Adminis- 
tración actual, es la correspondiente al año de 1903. Desde esta 
ley se advierte lo contrario de lo que hemos apuntado anterior- 
mente : todas las partidas de Ingresos tienen una asignación deter- 
minada: el primer año del Gobierno del Sr. Lie. Molina fué lo 
suficiente para hacer un cálculo aproximado de lo que podían ren- 
dir en el año siguiente las diversas partidas de Ingresos á la Ha- 
cienda pública ; con la experiencia adquirida en el 2° año y con los 



I e g ario Molina. 



249 



s provechosos de las disposiciones que dictó para mejorar 
o hacendario, pudo fijar el Sr. Lie. Molina con mayor 
los productos de los diversos ramos de Ingresos del 
o de su gobierno; y ya con mayor copia de experiencia 
regularidad alcanzada en el servicio de Hacienda, puede 
ue la ley de Presupuestos para el año en curso (1905) 
te respecto, la más perfecta de cuantas haya tenido el 

)cho los ramos de Egresos de que han constado ordinaria- 

jcstras leyes de presupuestos, en el orden siguiente: 

ígislativo, Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Instrucción 

Hacienda Pública, Ramos diversos. Guardia Nacional y 

<traordinarios." 

*s ahora que aumento ha ido teniendo de año en año cada 

sos ramos, desde 1902 á 1906 inclusive. 



Egresos. 



?x. 1902. 

ígislativo ^32,240 

Ejecutivo 79,738 

Judicial 102,384 

ción Pública ...... 173,469 

a Pública 82,390 

diversos 192,043 

ia Nacional 312,905 

)S extraordinarios. 20,000 

$996,159 



1903. 


1904. 


1905. 


1906. 


$33.600 


$33.600 


$33.600 


$35.400 


104*084 


148.172 


168,132 


i68,5Sa 


112,746 


121,179 


132,099 


147.279 


228,343 


242,932 


291.052 


342,492 


1 14.340 


119,520 


120,200 


121,160 


224.330 


250,000 


280,182 


1,269,914 


342,421 


364.686 


358,731 


380,125 


20,000 


20,000 


20,000 


20,000 



$1,179,864 $1.300,439 $1.403.996 $2,484,922 



notar que ese aumento en cerca de un millón de pesos 
)ta en la partida de " Ramos diversos," consiste en que 
a la cantidad de $1.000,000, para el pago de los gastos 
^e, embaquetado y adoquinamiento de la ciudad de 



)le es hacer notar el aumento de las asignaciones del 
'., ó sea el de Instrucción Pública. En el presupuesto de 
t asignó al ramo la suma de $169,203, la que fué aumen- 
lualmente hasta duplicarse en el presente año. 
► se ha saldado la cuenta de cada uno de esos años? 
) Sr. Molina lo dice en su Mensaje á la Legislatura del 
e I**, de Enero del presente año (1906). Oigámosle: 
íis visto en mis informes precedentes que desde el ejer- 
1902 hubo aumento considerable en los ingresos del 



250 El Estado de Yucatán. 

Tesoro, aumento que ya en 1903 representaba una proporción del 
453/2 por ciento con relación al año que le precedió. Esta pro- 
porción fué del 11/14 por ciento en 1904 respecto de 1903, ven 
1905 de 16/30 respecto de 1904. En efecto, los ingresos ordinarios 
en el año que acaba de terminar, ascienden á la cantidad de 
$1.817,567-90, que comparada con la de $1.559,257-67 del año 
1904, da una diferencia, en favor de 1905, de $258,310-25, siendo 
de notar que con excepción del impuesto aplicado al con- 
sumo de licores, no sufrieron recargo alguno las demás contribu- 
ciones ordinarias, sino que se han venido, por el contrario, dero- 
gando todas aquellas que se consideraron perjudiciales para el 
desarrollo de nuestra industria y argicultura. 

" En los cálculos anteriores no están comprendidos los productos 
de la contribución extraordinaria sobre el henequén, establecida 
para las obras del desagüe y pavimentación de la ciudad. Esos 
productos, desde el primero de Octubre de 1902 hasta el 31 de 
Diciembre de 1905, suman $6.122,255-51. Para apreciar el monto 
total de lo recaudado por razón de este impuesto, será conveniente 
tener presentes las siguientes indicaciones: el 30 de Septiembre 
de 1902, víspera de la fecha en que comenzó á regir la ley que 
estableció la contribución extraordinaria sobre el henequén, se 
hizo, por orden del Ejecutivo, el cómputo de las existencias de esta 
fibra, acumuladas en Progreso y en las estaciones de los ferro- 
carriles, para eximirlas equitativamente del nuevo gravamen. 
Estas existencias representaron un peso de 8.646,240 kilogramos, 
que, si se les hubiese aplicado la ley, habrían pagado $216.015-^ 
de contribución. Este henequén y el que se incendió en el citado 
puerto de Progreso, no fueron considerados para los efectos del 
impuesto extraordinario, sin embargo de haberse exportado el 
primero conjuntamente con otras partidas que ya lo habían satis- 
fecho. 

" La Tesorería General, en sus balances verificados hasta el 3^ 
del mes último, tuvo el siguiente movimiento : 

Existencias efectiva del año anterior $807,27-2 55 

Ingresos ordinarios 1.817,56/ 9^ 

Impuestos extraordinarios al henequén 1.988.834 ^5 

Por cancelación de garantías de obras de pavimentación y des- 
agüe 166.96-2 13 

Total $4-7^50,637 43 



> o n o I e g a r i o M o I i n a . 251 

*" La situación favorable de los fondos públicos ha permitido 
tender desahogadamente las obligaciones señaladas en los pre- 
jpuestos aprobados sucesivamente para los años 1902, 1903, ic)04 

1905. En el curso de este periodo se han satisfecho los valores 
epresentados en la relación antes expuesta por costo de mejoras 
lateriales, ascendente á $1.970,332-51, que se han pagado con 
is sumas aplicadas para su objeto en los presupuestos y con las 
eservas del Tesoro cuando no han bastado aquellas, y previa 
utorización del Congreso. 

** Estas reservas se han constituido con el exceso diferencial del 
roducto calculado en el presupuesto de ingresos y el producto 
btenido en su recaudación. Hechos todos los pagos del año 
iscal que terminó ayer, resulta un superávit de $853,877.68, en 
1 siguiente forma: 

)epositado en el Banco Mercantil de Yucatán $313,933 87 

)epositado en el Banco Yucateco 398,770 s^ 

existencia en la Tesorería General y Agencias 75»i73 49 

^restamos á la Tesorería Municipal de Mérida, pendientes de 

reintegro 66,000 00 

Total $853.877 68 

De esta suma corresponden $204,828-35 á depósitos, que se clasiñcan así : 

*or depósitos en las Tesorerías Municipales $58,541 08 

^or garantías de obras de pavimentación, de desagüe, emban- 

quetado, hospital civil y penitenciaría 88,719 17 

^or depósitos judiciales 32,074 05 

•*or depósitos de fondos de instrucción pública, beneficencia y 

otros varios 45,494 05 



Total $204,828 35 

|ue deducidos del próximo anterior, dejan, como existencia real del Tesoro, 
a suma de $649,049.33." 

De preferencia me he ocupado en el estudio de las condiciones 
•entísticas del Estado de Yucatán, porque el erario es la base de 
:oda administración. 

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero á veces son 
ndispensables, y sólo valiéndose de ellas se puede comprobar el 
progreso y medir el grado de desarrollo alcanzado. 

En Yucatán generalmente se hace la comparación entre la ad- 
ministración del Sr. Molina v la del Sr. General Cantón, obede- 



252 El Estado de Y ucatán, 

ciendo quizás al espíritu de partido. Yo he seguido el mismo 
método, pero obedeciendo á otro orden de ideas, á saber: que 
la administración Cantón fué la que antecedió inmediatamente 
á la actual, sirviéndole de punto de partida, y, además, que justa- 
mente bajo esa administración alcanzó el Estado el mayor auge 
hasta entonces conocido, y todo lo que sea superarla en buenos 
resultados, constituye un mérito positivo. 

El Sr. Molina llegó al poder sabiendo á lo que iba, por qué 
iba y para qué iba. Conocía los hombres y las cosas ; llevaba un 
programa perfectamente elaborado, y no tuvo necesidad de perder 
el tiempo en ensayos, pruebas ni estudios. Su carácter es firme, 
inquebrantable. Piensa mucho antes de resolverse; no vacila 
jamás después de haber tomado una resolución, y á eso debe en 
mucha parte el buen éxito. Trazada su línea de conducta, la 
siguió sin apartarse de ella en un sólo ápice, y con prontitud, pero 
sin precipitación, fué tocando los ramos de la admmistración pú- 
blica, y dando á cada uno de ellos poderoso impulso. 

La gran obra del Sr. Molina ha sido justamente apreciada por 
sus conterráneos y por el país entero. Con motivo de su reciente 
reelección para el período de 1906-1910, le fué ofrecido un magní- 
fico álbum por todas las clases sociales de Yucatán, y, á g^isa de 
dedicatoria y de exposición de^ motivos, se trazó la hoja de servicio 
del distinguido gobernante, en los siguientes términos: 

" Porque habéis realizado lo que por unos se juzgó imposible, 
por otros difícil y por todos necesario, imperioso, trascendental; 
porque habéis transformado nuestra querida ciudad de Mérida, 
resolviendo el apremiante problema del desagüe y pavimentación 
de sus calles que pregonan nuestra cultura ; porque ennobleciendo 
esa cultura, habéis erigido hospitales, trofeos de filantropía que 
patentizan la civilización que hemos alcanzado; porque velando 
con solicitud paternal por la salud pública, aportáis al Estado 
las conquistas de la Higiene, diseminándolas diligentemente; 
porque levantáis el primer edificio para escuelas modelos á las 
que irán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos á ensan- 
char los horizontes de la intelectualidad yucateca y á cimentar el 
monumento de nuestras futuras glorias científicas y literarias; 
porque ahondando en el organismo social, aplicáis con mano firme 
el cauterio de la represión enérgica contra los vicios que lo corroen 
y aniquilan ; por que utilizando discretamente los principios de 
la ciencia económica y dentro de la más irreprochable equidad, 



D o )i Olegario Molina. 253 

habéis acrecentado el tesoro público y lo habéis convertido en obras 
de palpitante interés social ; porque toda esta labor de restauración 
y de progreso la habéis acometido con entusiasmo y realizado con 
inteligencia y probidad indiscutibles, despertando el aplauso aún 
de la pasiva indiferencia, y la admiración y el cariño de cuantos 
aman á su país ; por todos estos hechos, que son el mejor timbre 
de vuestra gloria y de vuestra inmortalidad, y por los cuales la 
historia justiciera dirá de vos que habéis sido el primero en la 
paz, el primero en el amor y en el progreso de nuestra patria ; por 
todos estos extraordinarios merecimientos, venimos á tributaros 
el testimonio de nuestro aplauso, de nuestra adhesión y de nuestro 
cariño, interpretando austeramente con un profundo sentimiento 
del deber cumplido, el aplauso, la adhesión y el cariño de la socie- 
dad yucateca." 

El Sr. Dn. Olegario Molina, como es bien sabido, posee una 
cuantiosa fortuna, quizás la primera del Estado de Yucatán, de 
modo que no es afán de lucro lo que le ha llevado al poder ni lo 
que en él lo mantiene. Lejos de eso, el sueldo que le correspondió 
como Gobernador del Estado en el período pasado, lo cedió á 
beneficio del fomento del mismo, y añadió cien mil pesos de su 
propio peculio para las obras materiales. 

Ni tampoco, puede decirse que el partido que lo ha elevado ha 
tenido por móvil explotar la situación, porque es de pública no- 
toriedad que no hay granjerias de ninguna especie con el Gobierno, 
y que justamente los amigos íntimos del Sr. Molina son los pri- 
meros en contribuir con sus trabajos personales, sin retribución, 
y aún con donativos cuantiosos en dinero, á las empresas que 
«stán transformando de un modo tan radical á Yucatán. 

Yo no creo que en la actualidad haya partidos políticos en Yuca- 
tán, sino más bien dos grupos enteramente personalistas: el uno 
que tiene á la cabeza al Sr. Dn. Olegario Molina, y el otro que 
reconoce como jefe al Sr. General Don Francisco Cantón. Ambos 
son multimillonarios, ambos gozan de merecido prestigio entre 
todas las clases sociales, y ambos tienen por principal anhelo la 
prosperidad del Estado. En los dos grupos veo figurar liberales, 
moderados y restos del partido conservador, lo que demuestra 
que no se discuten en la Península principios políticos, sino más 
bien de orden y de conveniencia pública. 



254 El Estado de Vu catán. 



CAPITULO XVTI. 

estadística: organización política y judicial. EL CENSO. — 

DATOS DEMOGR\FICOS. VALOR DE LA PROPIEDAD RAÍZ. 

Organización Política y Judicial. — En el Estado de Yuca- 
tán hay 7 ciudades, i8 villas, 150 pueblos, 52 haciendas, 28 ranchos 
y 1,900 fincas rurales. 

Las ciudades son Mérida, capital del Estado, Tekax, Izamal, 
\'alladolid, Motul y Progreso, cabeceras de los partidos que llevan 
su nombre. 

Las villas son : Ti::imín, Espita, Sotuta, Peto, Temax, Teabo, 
Tixkokob, Acanceh, Hnnucmá, Sisal, Maxcanú, Muña, Halachó, 
Umán, Homún, Cenotillo, Hocabá y Hoclún. Los nombres im- 
presos con letra cursiva son de cabecera de partido. 

Para la administración política, judicial y fiscal se divide el 
Estado en 16 partidos políticos, 6 Departamentos judiciales y 16 
Distritos fiscales. 

Los partidos políticos son : Mérida, Izamal, Motul, Hunucmá, 
Progreso, Maxcanú, Acanceh, Sotuta, Tixkokob, Temax, Ticul, 
Tekax, Peto, Valladolid, Espita, y Tizimín. Una ley especial de- 
termina la circunscripción de cada partido en lo referente al 
número, comprensión y términos de sus municipalidades, secciones 
y agencias municipales. 

Forman el partido de Mérida : Mérida, la capital del Estado y 
cabecera del partido ; y las poblaciones Kanasín, Caucel, Chablekal, 
Cholul. Chuburná, Komchén, Molas, Sierra (Papacal), San José 
Tzal, Cosgaya (San Matías), Dzityá y Dzununcán. 

Forman el partido de Izamal : la ciudad de Izamal, su cabecera, 
y las poblaciones Hoctún, Kantunil, Sitilpech, Tahmek, Tekantó, 
Tepakam. Tekal, Xocchel, Citilcum, Kimbilá, Sudzal, Tixkochoh, 
Xanabá, Pixilá y Holcá. 

Constituyen el partido de Motul : la ciudad de Motul, su cabe- 
cera, y las poblaciones Caca, Bokobá, Sinanché, Telchac (pueblo), 
Dzemul, Kiní, Muxupip, Telchac (puerto). Tixcuncheil, Ucí, 
Kaxatah, Mesatunich, San Francisco y Tanyá. 

Constituyen el partido de Hunucmá : la villa de Hunucmá, su 



Estadística. 255 

cabecera, y las poblaciones Kinchil, Tetiz, Umán, Bolón, Samahil, 
Sisal, Ucii, Bazán, Chunchil, y Petecbiltún. 

Constituyen el partido de Progreso : la ciudad de Progreso, su 
cabecera, y las poblaciones Chicxulub (puerto), Chuburná 
(puerto) y Chelem (puerto). 

Forman el partido de Maxcanú : la villa de Maxcanú, su cabe- 
cera, y las poblaciones Celestún (puerto). Chochóla, Halachó, 
Opichén. Cepeda, Kopomá, Cuchlohock, Kancabchén, Nupilá y 
San Isidro. 

Forman el partido de Acanceh : la villa de Acanceh, su cabecera, 
y las poblaciones Abala, Cuzamá, Homún, Seyé, Tecoh, Timucuy, 
y Telchaquillo. 

Forman el partido de Sotuta : la villa de Sotuta, su cabecera, y 
las poblaciones Hocabá, Huhí, Cantamayec, Libre-Unión, Mopilá, 
Nenela, Sahcabá, Sanahcat, Tabi, Tibolom, Tixcacaltuyú, Yax- 
cabá, Zavala y Cholul. 

Constituyen el partido de Tixkokob: la villa de Tixkokob, su 
cabecera, y las poblaciones Cacalchén, Conkal, Chicxulub, Ixil, 
Mocochá, Yaxkukul, Ekmul, Euán, Nolo, Sitpach, y Tixpéual. 

Forman el partido de Temax: la villa de Temax, su cabecera, 
y las poblaciones Buctzotz, Cansahcab, Suma, Teya, Yobaín, 
Dzilam-Bravo (puerto), Dzilam-González, Dzidzantún, Dzon- 
cauich. Santa Clara, Haydzonot y Santa María. 

Constituyen el partido de Ticul : la ciudad de Ticul, su cabecera, 
y las poblaciones Chapab, Mama, Maní, Muña, Sacalum, Santa 
Elena, Tekit, Pustunich, Tipikal, Yotholim, y Dzam. 

Forman el partido de Tekax : la ciudad de Tekax, su cabecera 
y las poblaciones Chumayel, Oxkutzcab, Tixméuac, Teabo, Akil, 
Penkuyut, San José, Ticum, Tixcuytúm, Xaya, Xul, Becanchén, 
San Bonifacio, y Yaxhachén. 

Forman el partido de Peto : la villa de Peto, su cabecera, y las 
poblaciones Chacsinkín, Tzucacab, Ekbalam, Penchil, Progreso, 
Tahdzíu, Tixualahtún, Xoy, Ichmul, Xbox, Xcantul, Xkambul, 
Yaxcopil, Dzonotchel y Dzí. 

Constituyen el partido de Valladolid : la ciudad de Valladolid, 
su cabecera, y las poblaciones Chichimilá, Tinum, Tixcacalcupul, 
Uayma. Cuncunul, Qiemax, Ebtún, Hunukú, Kanxoc, Kaua, 
Xabalam, Pisté, Pixoy, Popóla, Sisbicchén, Tahmuy, Tekom, 
Temozón, Tezoco, Tikuch, Tixualahtún, Yalcobá, Yalcón, Xocén 
y Dzitnup. 



256 El Estado de Yucatán, 

Forman el partido de Espita : la villa de Espita, su cabecera, y 
las poblaciones Tunkás, Dzitás, Cenotillo, Quintana-Roo, Tixbaká 
y Sucilá. 

Constituyen el partido de Tizimín : la villa de Tizimín, su cabe- 
cera, y las poblaciones Calotmul, Panabá, Río-Lagartos, Kikil, 
Loche, Pocboch, San Felipe, Sucopó, Tixcancal, Tahcabo, Chance- 
note, Sosichén, Xbohón, Xuenkal y Xpanbihá. 

Los Departamentos judiciales son: el primero, de Mérida; el 
segundo, de Izamal; el tercero, de Motul; el cuarto, de Tekax; el 
quinto, de Valladolid ; y el sexto, de Tizimín. 

Constituyen el Departamento Judicial de Mérida, los partidos 
de Mérida, Acanceh, Hunucmá, Progreso, Tixkokob, Maxcanú y 
Ticul, siendo la cabecera del Departamento la ciudad de Mérida. 

Constituyen el Departamento Judicial de Izamal, los partidos 
de Izamal y de Sotuta, siendo la cabecera del Departamento la 
ciudad de Izamal. 

Forman el Departamento Judicial de Motul, los partidos de 
Motul y de Temax, siendo la cabecera del Departamento la ciudad 
de Motul. 

Constituyen el Departamento Judicial de Tekax, los partidos de 
Tekax y Peto, siendo su cabecera la ciudad de Tekax. 

Forman el Departamento Judicial de Valladolid, los partidos 
de Valladolid y de Espita, siendo su cabecera Valladolid. 

Constituye el Departamento Judicial de Tizimín, el partido de 
su nombre, siendo su cabecera la villa de Tizimín. 

Forman los diez y seis Distritos fiscales los diez y seis partidos 
políticos, siendo cabecera de cada Distrito la misma población que 
es cabecera del partido. 

El Poder Ejecutivo reside en el Gobernador, electo popular- 
mente cada 4 años, y tiene para su despacho un Secretario general 
que autoriza las resoluciones del Gobierno, sin cuyo requisito no 
son obedecidas. 

El Poder Legislativo lo forma la reunión de 14 Diputados, 
electos popularmente cada 2 años. 

El Poder Judicial del Estado se confiere : 

I. Al Tribunal Superior de Justicia. II. A los Jueces de i* 
Instancia. III. A los Jueces de Paz. IV. A los Tribunales Mili- 
tares. 

El Tribunal Superior de Justicia reside en Mérida, y se com- 
pone de 6 Magistrados electos popularmente para un período de 



Estadística, 257 

seis años. Las funciones del Ministerio Público están á cargo de 
un Fiscal y de un Procurador General del Estado. 

Los Jueces de Primera Instancia son nombrados por el Ejecu- 
tivo, á propuesta en terna del Tribulnal Superior, durando en su 
encargo seis años. 

Los Jueces de Paz son nombrados en la misma forma, y duran 
en su encargo sólo dos años. 

En el Departamento Judicial de Mérida hay 3 Jueces de i* 
Instancia para los ramos civil, mercantil y de hacienda, y otros 
3 para los asuntos del ramo penal. Todos residen en la Capital 
del Estado. Además hay 5 Jueces de Paz. 

En la cabecera de cada uno de los otros partidos judiciales hay 
un Juez de I» Instancia para todos los ramos de la Administración 
de Justicia. El número de los Jueces de Paz es de 4 en los Muni- 
cipios donde hay 8 ó más Regidores del Ayuntamiento ; de 3 donde 
no llegan á 8 los Regidores ; y de 2 donde sólo hubiere Junta de 
Comisaria Municipal. 

En cada cabecera de partido hay un Jefe Político, nombrado y 
removido libremente por el Gobernador, de quien es agente; en 
las ciudades y villas hay Ayuntamientos, compuestos de uno ó 
más síndicos y cierto número de regidores, conforme al censo de 
la población ; en los demás pueblos hay Juntas ó Comisarios muni- 
cipales ó Alcaldes auxiliares, según su importancia. 

El Censo. — Los datos que vamos á presentar en seguida, rela- 
tivos al censo del Estado de Yucatán, aunque son oficiales, no 
tienen exactitud rigurosa. 

Antaño la formación de los padrones estaba cometida á los Jefes 
Políticos de los partidos, y estos, á su vez, valíanse de personas 
incompetentes y de poca voluntad, que desempeñaban las funciones 
de empadronadores sin preocuparse de los resultados. 

Esto aconteció hasta 1894 en que se estableció la Dirección 
General de Estadística, oficina que registra con más rigor la alta 
y baja que ocurren mensualmente, valiéndose de los datos que le 
ministra la Dirección General del Registro Civil, según los cuadros 
de movimiento de pobalción. Por desgracia esos datos, que son 
exactos en lo que se refiere á los defunciones, pues no hay más 
remedio que registrarlas en la oficina correspondiente, para poder 
enterrar el cadáver, son sólo aproximativos por lo que respecta 
á nacimientos, pues no todos se hacen registrar, conforme lo or- 



358 El Estado de Yucatán. 

dena la ley. Por otro lado, tampoco se lleva cuenta pormenorizada 
de la emigración y de la inmigración. 

En 1895 se hizo empadronamiento más cuidadoso, observándose 
las formalidades posibles, con motivo de la formación del Censo 
de la República ; y en el mes de Octubre de 1900 se repitió el em- 
padronamiento, procediéndose con mayor escrúpulo. 

El censo general de la Península en 1845 y ^^^^ sucesivos, hasta 
la erección del Estado de Campeche, seg^n las Memorias respec- 
tivas de la Secretaria de Gobierno, arroja los siguientes datos: 

En 1845 641,705 habitantes. 

En 1846 504.635 

En 1851 299455 

En 1857 256,381 



Desde luego llama la atención ese descenso constante en el 
período de doce años. De 1845 ^ ^846 tuvo una baja la población 
de 137,070, lo que es asombroso, y á ese paso en cinco años hubiese 
quedado desierta la Península. En los cinco años siguientes la 
población disminuyó en 205,190 habitantes ó sea más de un 40%. 
Es incuestionable que esa baja no se debe á defunciones naturales, 
pues aunque hubo una epidemia de cólera durante ese período, la 
mortalidad no fué alarmante. A mi juicio hay que considerar en 
este caso, como factores principales, las guerras de casta, que, 
además de que exterminaron algunas regiones, fueron causa de 
gran emigración; aumento de mortalidad, por enfermedades 
comunes, exacerbadas por el malestar general y por epidemias; y» 
por último, las inexactitudes de los padrones. 

Los censos posteriores que tengo á la vista, son los siguientes, 
que arrancan de 1862 y corresponden al Estado de Yucatán 
después de la segregación de Campeche: 

1862 248,156 habitantes. 

1869 282,934 

1878 240,524 

1884 260,832 

1886 280425 

1892 3^7,379 

1893 297,329 

1894 279,280 

1895 297,088 

1896 304475 



tt 

n 
« 
ti 
tt 
tt 
tt 
tí 



Estadística. 



2S9 



1897 303451 habitantes. 

1898 306,381 

1899 308,816 " 

1900 309,652 " 

1905 339,117 



(aproximadamente) , 



No encuentro explicación á las oscilaciones que se notan hasta 
1895, y las atribuyo á falta de exactitud de los padrones. Desde 
ese año se ve un movimiento fácil de comprender, y desde 1897 
se ve un ascenso constante, aunque lento, que hizo ascender la 
población en 1905 á 339,117 habitantes, muy aproximadamente. 

Para los datos subsiguientes voy á referirme al censo de 1900, 
que es el más detallado que se ha hecho. 

La población, dividida por sexos, era la siguiente : 



Partidos. 



Municipalidad. 



Mérída. 
Ticul . . 



ValladoHd 



Acanceh 



^«ainal 



«kax 



Mérída 

Kanasin. 

Ticul.: 

Muña 

Tekit 

Maní 

Chapab 

Santa Elena.. 

Sacalum 

Mama 

Valladolid . . . . 
Chichimilá . . . 

Uayma 

Tinun 

Tizcacalcupul 

Tecob 

Abala 

Acanceh 

Homún 

Scyé 

Timicuv 

Cuzamá 

Izamal . 

Hoctún 

Tunkás 

Tekantó 

Tahmek .... 

Kantunil 

Xouchel 

Tepakan . . . . . 

Sitilpcch 

Tckax 

Teabo 

Ozkutzcab. . . . 
Tizmanac . . . . 



• 1 • 




Mujeres. 



26,654 
1,489 

4,250 

2.398 
1.232! 

M77 
1,053; 

986 

766 

644 

7,916 

1.460 

1.092 
891 
8171 
2,461! 
1,961 
1.752 
1.492 
1,479! 
I.178I 

849 
3*692: 

1.301: 

1.305 
1,082 

723 
680 

654 
619 

497 
5,251 
2,325 
1,589: 

764Í 



Toul 
Hombres. Mujeres. 



30,508 

1,505 

4,313 

2,313 
1.279 

1,203 

1.063 

930 

779 

671 

8,501 

1,489 

1,060 

844 
670 

2.538 
1.928 

1,849 

1,578; 

1,546 

I.i8i¡ 

8851 

3,904 
1,344 
1,244 
1,109 

7191 
710' 
669 

577 

439 

5.074 

2,429 

1.528 

797 



28.143 



12,506 



12,176 



11,172 



10,643 



9,929 



32,013 



12.551 



12,564 



11.505 



10,715 



9.828 



Toul 
General. 



60,156 



25,057 



24,740 



22.677 



21,358 



19.757 



a6o 



El Estado de Yucatán, 



Partidos. 



Maxcanú. 



Hunucmá 



Temax , 



Tixkokob 



Peto. 



Municipalidad. 



Motul 

^ Baca 

Oémul 

Cacalchén 

Tclchac 

Sinanché 

Bokobá 

, Hunucmá 

Umán 

Kinchil 

, Tetiz 

, Tcmax 

Cansahcab 

' 3isantún 

Tekal 

Teyá 

Buctzotz 

I 3ilam González. . . 

Yobain 

, 3oncauich 

Suma 

3ilam Bravo 

• Tixkokob 

Conkal 

í Chicxulub 

! Mocochá 

¡ Yaxkukul 

ilxil 

! Peto 

! Tzucacab 



Hom- 
bres. 



Mujeres. 



Espita, 



Sotuta . 
Tizimin, 



Progreso , 
Las Islas, 



ToUldelEsUdo. 



Chacsinkin 

Espita 

Cenotillo 

Ditas 

Sucilá:. 

Sotuta 

Hocabá 

Huhí 

Tizimin. 

Calotmul 

Panabá 

Río Lagartos. . . 

Progreso 

Islas de Mujeres. 
Cozumel 



4,427; 
1. 214 

900 
869 
746 

725 

447 

4,333¡ 
3,010 

1,477 
669 

1,604 

1,337 
1,201 

812 

673 

711 

585 
584 

497 

389 

230 

3»4i3 
1,112 

991 

652 

397 

397 
2,826 

570 

379 
2,984 

1,087 

831 

355 

2,754 

1,525 

573 

2,400 
1,328 

606 

229 

5,071 

529 
510 



4.635 
1,176 

919 

835 
702 

693 
468 

4,147 
2,892 

1,487 
641 

1,655 

1.309 

1,115 

748 

755 
612 

631 

562 

461 

388 
199 

3,452 

1,129 

1,018 

642 

462 

407 
2,644 

540 
376 

3»049 
984 

828 

371 
2,707 

1,737 

559 
2,410 

1,366 
627 
208 

3,761 

507 
461 



Toul ' Toul 

Hombres. Mujeres. " General. 



9.328 



9,489 



8,623 



6,962 
3.775 

5,257 

4,852 



9,428 18,756 



9,167, 1S.656 



8,435 17,058 



7,110 14.072 



3.560 



7,335 



5,232 10,489 

! 

i 

5.003 9.855 



4,563, 4,6iii 9,174 
5.071 3,071 8,832 



1,039 



968, 2.007 



— 1" 



153,381' 156,271 309,65» 



Según este censo, es casi igual el niimero de habitantes de cada 
sexo, pues la diferencia de 2,890 á favor del femenino es de poca 
monta. 



Estadística. 261 

La importancia de los partidos, por el censo, está en el orden 
siguiente : 

1° el de Mérida con 60,156 habitantes. 

2** " Ticul " 25,057 

3° " Valladolid " 24,740 

4** " Acanceh " 22,677 

5** " Izamal " 21,358 

6** " Tekax " 19.757 

7° " Maxcanú " 18,756 

8** " Hunucmá " 18,656 

9° *' Temax " 17,058 

10^ " Tixkokob " 14,072 

11° " Espita " 10,489 

12** " Sotuta " 9,855 

U** " Tizimín " 9,174 

M** " Progreso " 8,832 

15' " Peto " 7,335 

16*' " Las Islas " 2,007 " 309,652 

El estado civil de esa población es el siguiente : 

Menores de edad, 50,729 hombres, 47,5o8 mujeres, 98,237 

Solteros, 41,883 " 39,941 " 81,829 

Casados, 51,666 " 5i»372 " 103,038 

Viudos, 8,820 " 17,187 " 26,007 

Se ignora, 278 " 263 " 541 

309,652 

De esa población 302,207 son hijos del Estado ; 4,984 proceden 
de diferentes Estados de la Federación; 2,459 son extranjeros 
residentes. 

La procedencia de los mexicanos residentes en el Estado es la 
siguiente : 

De Aguascalientes 110 hombres 87 mujeres 197 

" Baja California 7 ** -.■ " 7 

"Campeche 477 " 428 " 905 

" Coahuila 2 " ... " 2 

" Colima I " ... " I 

" Chiapas 10 " i " li 

•* Chihuahua 5 " i " 6 

" Distrito Federal 45 " 23 " 68 

*' Durango 16 " 2 " 18 

" Guanajuato 100 " 29 " 129 



362 El Estado de Yucatán. 



De Guerrero 4 hombres I mujeres 5 

"Hidalgo 31 " 5 " 36 

"Jalisco 162 " 54 " 216 

" México 339 " 140 " 479 

" Michoacán 34 " 3 " 37 

" Morelos 7 " 2 " 9 

" Nuevo León 117 " 81 " 198 

" Oaxaca 18 " i " 19 

" Puebla 64 " 23 " 87 

" Querétaro 16 " 4 " 20 

" San Luis Potosí 416 " 238 " 654 

" Sinaloa 2 " 2 " 4 

" Sonora 12 " 73 " 85 

" Tabasco 160 " 124 " 284 

" Tamaulipas 159 " 87 " 246 

" Tepic 2 " ... " 2 

" Tlaxcala 2 " ... " 2 

" Veracruz 821 " 163 " 984 

" Zacatecas 58 " 23 " 81 

Se ignora 80 " 114 " 194 

4,984 

La población extranjera se descompone de la manera siguiente : 



De Alemania 81 hombres 13 mujeres 94 

"Arabia 4» " 25 " 73 

" Argentina i " ... " i 

"Australia 2 " ... " 2 

" Austria-Hungría i " ... " i 

"Brasil 3 " i " 4 

"Colombia I " ... " I 

" Costa Rica 16 " i " 17 

"Cuba 406 " 391 " 797 

" Chile " I " I 

"China 153 " 9 " 162 

" Dinamarca 9 " ... " 9 

" España 500 " 221 " 721 

"E.Unidos 37 " I4 " 5i 

" Francia 28 " 7 " 35 

" Grecia 3 " ... " 3 

" Guatemala i " ... " I 

"Haití 3 " I " 4 

" Holanda 4 " ... " 4 

" Honduras 5 " ... " 5 

" Reino Unido 135 " 68 " 203 

"Italia 57 " i " 5» 

" Japón 5 " ... " 5 



Estadística, 



263 



De Nicaragua 2 hombres 

" Portugal 8 

" Rusia 3 

" San Salvador i 

" Suiza 2 

" Turquía 117 

*' Venezuela 2 " 



1,634 



2 


mujeres 


10 




• • • 




• • • 








67 




2 





825 



18 

3 
I 

2 

184 

4 



2^59 



De ellos 28 cubanos y 18 españoles se han naturalizado mexi- 
canos. 

Resumiendo, resulta: 

Población nativa 302,209 

Id. mexicana forastera 4*984 

Id. extranjera 2417 

Id. extranjera nacionalizada 42 



Total 309,652 



Las ocupaciones principales son las siguientes: 



Agricultores 1,186 

Peones del campo 80,311 

Comerciantes 5*239 

Dependientes de comercio.. 365 

Profesores de instrucción.. 455 

Marinos 848 

Estudiantes 2,077 

Escolares 6,602 

Propietarios 335 

Albañilcs 1,792 

Alfareros 118 

Cesteros 260 

Cigarreros 166 

Costureras i,937 

Curtidores 239 

Filarmónicos 328 

Herreros 633 



Hojalateros 214 

Lavanderos 2,885 

Modistas 348 

Panaderos 1,064 

Peluqueros 431 

Pescadores 127 

Plateros 380 

Sombrereros 579 

Carniceros 483 

Talabarteros 250 

Tipógrafos 113 

Zapateros 949 

Sirvientes 1,815 

Empleados particulares. . . . 330 

Molenderas 236 

Quehaceres de la casa 99,347 



Se calcula en 90,182 las personas sin ocupación, por ser menores 
de edad, y en 120 los mayores sin ocupación conocida. 

La densidad de la población es de 3.44 habitantes por kilómetro 
cuadrado, lo que coloca á Yucatán en el 19** lugar entre los 
Estados de la República, en ese respecto. 



204 El Estado de Yucató 

Demografía. — Voy á presentar los datos de las defundonc 
de los nacimientos registrados en el Estado durante los años 
1901 y 1902, haciendo el cómputo por trimestres: 

Afto. Trimestre. Partido. Defunciones. Nacimientos, en +*ó*ení 

1901. i««" Acanceh 237 286 

2** " 226 448 

3' " 567 397 

4* " 328 333 

Total 1.358 1464+ 106 



I" Espita 114 121 

2^ " 137 124 

3* " 130 120 

4* " 91 1 10 

Total 472 475+ 3 



icr Hunucmá 202 266 

2** " 265 337 

3** " 551 282 

4° " 220 252 

Total 1,238 1,137 — loi 



i« Izamal 205 242 

2** " 250 302 

3* " 539 285 

4"* " 225 254 

Total 1,219 i»o83 — 136 



I" Las Islas 37 37 

2* " " 20 32 

3* " " 15 20 

4" " " 37 15 

Total 109 104 — £ 



I"" Maxcanú 154 231 

2* " 159 289 

3** " 322 287 

4** '* 231 240 

Total 866 1.047 -r 285 



s t a d ís ti c a. 265 

Año. Trimestre. Partido. Defunciones. Nacimientos. c^*i%^Jn*í.. 

1901. I" Mérida 1,147 680 

2*» " 836 776 

3** " 1,202 725 

4' " J^ _757 

Total 3,818 2,938 —880 

I" Motul 257 220 

2° " 181 297 

3' " 558 262 

4** " 207 246 

Total 1,203 1,025 —178 

i«r Peto 137 90 

2** " 187 90 

3' " 450 87 

4* " .j440 _73 

Total 1,214 340 — 874 

i«r Progreso 81 76 

2** " 82 86 

3** " 116 87 

4** " 69 69 

Total 348 318 —30 

i^r Sotuta 75 120 

2° " 63 134 

3** " 151 125 

4** " .93 J07 

Total 382 486+ 104 

icr Tekax 157 255 

2** ** 221 ' 322 

3' " 426 255 

4° " ._343 205 

Total 1,147 i»037 —lio 

i^r Temax 156 179 

2® '* 196 250 

3* " 372 219 

4* " .^3 _233 

Total 907 881 —26 



266 El Estado de Yucatán. 

Afto. Trimestre. Partido. Defunciones. Nadmientoft. J?*í*A^f** 

en ^ oen — . 

I90I. I^r Ticul 154 279 

2° " 386 317 

3" " 461 351 

4* " .^53 256 

Total 1,154 1,203+ 49 

!«• Tixkokob 210 188 

2* " 211 286 

3** " 519 229 

4® " 214 202 

Total 1,154 905 —249 

I"" Tizimín 83 120 

2° " 58 104 

3" " 72 116 

4" " _50 _^ 

Total 263 438+175 

icr Valladolid 221 325 

2° " 197 312 

3' " 3^ 248 

4** " 333 253 

Total 1,117 IJ38+ 21 

+ 568 - 2,589 

568 

Diferencia en contra de la población 2,021 

En otra estadística, también oficial, que tengo á la vista, aparece 
que la baja es un poco mayor. He aquí sus datos, por meses : 

Meses. Alta. Baja. Diferencia. 

Enero 140 

Febrero 15 

Marzo 37 

Abril 152 

Mayo 370 

Junio 399 

Julio 91 

Agosto 1,554 

Septiembre 1,212 

Octubre 272 

Noviembre 51 

Diciembre 76 

1,137 3,232 — 2,095 



Estadística. 267 

Esta baja es anormal. Cierto es que el mes de Agosto propor- 
ciona mayor contingente á la mortalidad que cualquiera de los 
otros, pero nunca, con excepción de 1898, se había registrado uno 
tan cruel en los anales de Yucatán, desde mediados del siglo 
pasado. En ese año de 1901 el mes de Septiembre resultó casi 
tan mortífero como el de Agosto. Además de la exacervación 
del paludismo y de los estragos que hizo la viruela, hay que añadir 
el contingente de mortalidad entre los guardia nacionales que 
estuvieron en la campaña contra los mayas, en la que contrajeron 
muchas enfermedades. 

El año de 1898 fué, de seguro, uno de los peores para Yucatán, 
pues lo hace aparecer en la estadística general de la República en 
primer lugar por las defunciones, sobrepasando al Distrito Federal, 
que es el que tiene el triste privilegio de supremacía en este res- 
pecto. Así es que, mientras en el Distrito la mortalidad fué de 51 
por mil, en Yucatán pasó de 52. En el año siguiente ( 1899) Yuca- 
tán aparece ocupando el sexto lugar con 45.90 defunciones por mil 
habitantes, superándole Hidalgo (46.07), Aguascalientes (49.11), 
Zacatecas (49.17), Coahuila (49.71), y el Distrito Federal (56.27). 
El año de 1901, que acabamos de examinar, es peor aún que el de 
1898, pues aparece Yucatán con una mortalidad de cerca de 55 
por mil (54.99), pero en el año siguiente bajó á 42.85 por mil, 
como vamos á ver. 

Afto. Trimestre. Partido. Defunciones. Nacimientos. .?*íf!ifrí** 

en + o en — . 

1902. i^r Acanceh 236 319 

2® " 192 :í22 

3"* " 505 403 

4" " 266 333 

Total 1,199 1,377+ 178 

i«r Espita 86 91 

2** " 77 132 

3"* " 79 137 

4* " 71 118 

Total 313 478+165 

l«r Hunucmá 166 241 

2^ " 142 269 

3' " 276 301 

4"* " 177 252 

Total 761 1,063-1-302 



ayo El Estado de Yucatán, 

El año de 1902 aparece como un año normal. 

Dije que por los datos oficiales se calcula que el censo en 1905 
asciende, muy aproximadamente, á 339,117 habitantes, lo que sig- 
nifica un aumento de 20,465 en los cinco años, á saber : 

Censo de 1900 309,652 

Id. de 1905 3J9»II7 

Diferencia a/f del último 29^5 

Esa alza se descompone de la manera siguiente: 

Diferencias entre inmigrantes y emigrantes á favor de la población. 8430 
Diferencias entre nacimientos y defunciones 21,035 

Aumento en cinco años 29,4^ 

Examinando la natalidad de varios años, se ve que Yucatám 
es uno de los Estados más prolíficos de la República, con m^ 
promedio de 52 nacimientos, por cada mil habitantes, siendo sobr"^' 
pasado solamente por Tabasco (116.93) y ^1 Distrito Fedei'^* 

(87.57). 
De los nacidos en los años de 1901 y 1902 aparece: 

1901. Hijos legítimos 13,166; no legítimos 2,853 

1902. Hijos legítimos 13,184; no legítimos 2,939 

de modo que los hijos naturales están en proporción de 21.^ ^' 
22.3% respectivamente con los hijos legítimos. A este respe^:^"*^^ 
Yucatán es uno de los Estados más favorecidos, pues sólo hB> 
ocho que presenten menor número proporcional de hij 
ilegítimos. 

Matrimonios. — El Estado de Yucatán figura en primera lí 
en el registro de matrimonios, con una proporción media de 9^ 
por cada mil habitantes, siguiéndole en orden el Estado 
Coahuila (9.05). Michoacán es el último (1.91) ; verdad que 
también el que presenta menor número de hijos legítimos (6.^ 
por cada mil habitantes, é ilegítimos 21.15 por cada mil ha 
tantes). 

El mayor número de matrimonios precoces verificados en 
República, se registra en Yucatán. En los 5,675 matrimon 
celebrados en 1899, figuran 1,869 hombres de menos de 25 añ^ 
á saber: 

140 de 14 á 16 años. 
617 de 17 á 19 años y 
1412 de 20 á 25 años, 



V 




I 
e 

c 

h 



Estadística. 



971 



que es la época que da mayor contingente. En cuanto á las mu- 
jeres, el número es mayor, pues encontramos : 
1,189 <le 12 í 16 años 
650 de 17 i 19 años y 
661 de 20 á 25 

En ninguna parte de la República son les matrimonios en edad 
tan temprana. 

El movimiento de pasajeros habido en el puerto de Progreso, 
:ura del Estado, durante los ocho años comprendidos 
de 1893 á 1900, fué el siguiente : 



. 2,226 



■ 1.770 

10,484 
Diferencia i favor de la población.. 



i.SOí 
6ÍÍ3 



De los pasajeros entrados 1,863 son mexicanos y 8,621 extranje- 
ros. Entre estos últimos figuran en primer término los españoles 
(5,264) ; vienen después los cubanos (818), los chinos (690), los 
norteamericanos (667) y los turcos (437). 

Valor de la Propiedad Raíz. — El valor estimativo de la pro- 
piedad raíz del Estado de Yucatán, se calcula en $31.778,650, 
cálculo que me parece demasiado modesto. Esa suma se descom- 
pone de la manera siguiente : 



Propiedad rústica sujeta al pago de contribución. 
No sujeta al pago de contribución 



ÍI5088,S79 12 
151.354 86 



Propiedad urbana sujeta al pago de c 
No sujeta al pago de contribución 



. $15.616/184 8S 
922,631 15 



Valor de la propiedad rústica ¥15-239,933 98 

Valor de la propiedad urbana 16.538,716 03 



Valor total $31.778.650 or 



273 El Estado de Yucatán. 

He dicho que el cálculo me parece demasiado modesto, y lo es 
sin duda algfuna por lo que respecta al valor de la propiedad rús- 
tica, el que no debe bajar mucho de cien millones de pesos. 

Calculando la producción de esas propiedades en $36.000,000 
anuales, suma que como término medio es muy aceptable, y su- 
poniendo que de esa cantidad el 25% es utilidad neta, ó sea 
$9.000,000 tendremos que el valor estimativo que he fijado es 
bastante juicioso. Redúzcase la utilidad neta que he indicado, 
rebájese á seis millones, póngase en cinco, siempre tendremos qiac 
no es admisible la estimación de quince millones. 

La propiedad urbana tiene en realidad también un valor má-s 
elevado que el que se calcula, aunque la diferencia no es ta-ii 
exajerada como en lo relativo á la propiedad rústica. 

Los cálculos privados que parecen más aproximativos, qu' 
dando siempre inferiores al valor real, son los siguientes: 

Valor de la propiedad urbana $40.000,000 

Valor de la propiedad rústica : 80.000,000 

Total $120.000,000 



Vías de Comunicación. 273 



CAPITULO XVIII. 

VÍAS DE comunicación: ferrocarriles generales. — ^FERROCA- 
RILES URBANOS. — ^FERROCARRILES DE USO PARTICULAR. — ^FERRO- 
CARRILES PORTÁTILES. — RELACIÓN DE LAS CARRETERAS, CAMINOS 
COMUNES Y DE HERRADURA. — LÍNEAS TELEFÓNICAS. — LÍNEAS 
DE VAPORES. 

FerrocarriiJes. — He indicado ya que los ferrocarriles existentes 
en la Península de Yucatán han sido construidos por empresas 
locales, con capital local, siendo ese el único Estado que tal ha 
hecho hasta ahora en la República. 

Las vías férreas, en explotación, suman 770 kilómetros 587 
rnetros de extensión, distribuidos de la manera siguiente: 

Nombres. Fecha de la concesión. Anchura. Kilómetros. 

Arlérida á Progreso Enero 17 de 1874 i"435 36.456 

^térida á Peto y ramales Marzo 27 de 1878 o«9i4 189. — 

^^érida á Valladolid, con 

ramal á Progreso Dbre. 15 de 1880 o«9i4 193903 

^íérida á Campeche y Umán 

á Hunucmá Febrero 23 de 1881 o»n9i4 199.228 

diferida á Izamal Mayo 15 de 1884 i'"435 67.000 

Sud-Oriental, Peto hacia Ba- 
hía Espíritu Santo Junio 17 de 1897 ©«914 5. — 

'Mérida á Ticul Marzo 8 de 1900 on™9i4 80. 

770.587 

Las lineas urbanas miden una extensión de 107 kilómetros 312 
metros ; las líneas de uso particular, 49 kmos. 200 mts. y los ferro- 
carriles portátiles 77 kmos. como se verá por la siguiente relación. 

Ferrocarriles Urbanos. 

Partido. Municipio. Anchura de la vía. Kilómetros. 

Acanceh. Acanceh 50 ctms. 4 

Id. Timucuy 50 " 16 

Id. Homún 92 " 3.600 

Maxcanú. Chololá 50 " 4 

Id. Id 50 " 12 

Id. Id 50 *' 7 

Id. Halachó 50 " 4 



274 



El Estado de Yucatán. 



Partido. 

Mérida. 
Motul. 
Progreso. 
Tixkokob. 



Municipio. 



Anchura de la vía. Kilómetro! 



Mérida 914 ctms. 

Telchac y Dzemul 60 ** 

Progreso 50 

Tixkokob 50 



M 



M 



3S7I2 

4 

7 
10 



Total 107.312 



Mérida. 
Acanceh. 
Id. 
Id. 
Tekax. 
Temax. 

Id. 

Id. 
Temax. 

Id. 
Sotuta. 



Ferrocarriles de Uso Particular. 

Mérida 91.4 ctms. 

Cuzumá 50 

Abala 60 

Id 50 

Oxkutzcab 50 

Cansahcab 50 

Dzidzantún 50 

Temax 60 

Temax 60 

Id 50 

Huhí so 

Total 



« 



tí 



« 



« 



« 



(( 



« 



« 



« 



<i 



Skmts. 
I 

4.100 
12 
2.150 

3 

4-250 
10 

2 

4 
1.700 

49.200 



Partido. 

Acanceh. 

Id. 

Id. 

Id. 

Id. 

Id. 

Id. 
Mérida. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 
Izamal. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 

Id. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 



Ferrocarriles Portátiles. 

Municipio. Anchura de la vía. 

Seyé 50 ctms. 

Id 50 

Id 50 

Id 50 

Timucuy 50 

Id 50 

Abala 50 

Mérida 50 

Id 50 

Id 50 

Id 50 

Id 50 

Izamal 50 

Id 50 

Id 50 

Hoctún 50 



Id. 
Id. 
Id. 
Id. 
Id. 



50 
50 
50 
50 
50 



u 



t* 



« 



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Kantunil 50 



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Kilómetros 

2kmts. 

3 " 

2 " 

2 

8 

4 
10 

3 
i 

2 

4 
I 
i 

7 
I 

2 

4 
6 

4 

2 

6 

2 



Totales yj 



^ í as de Comunicación. 275 

DELACIÓN DE LAS CARRETERAS, CAMINOS COMUNES Y 
DE HERRADURA EXISTENTES EN EL ESTADO DE 
YUCATÁN. 

PARTIDO DE ACANCEH. 

Carreteras, 

^e la Cabecera de Acanceh á la de Mérida, pasando por las fincas de 
Petechinich y Tepich correspondientes á este Partido. Su estado 
es bueno, pudiéndose transitar durante todo el año; es de uso 
general y de bastante tráfico. 

Id. á la de Mérida, otra carretera que pasa por el pueblo de Timucuy. 
Su estado es malo por ser pedregoso. En tiempo de lluvias se 
hace difícil el tráfico. Se le han hecho últimamente algunas re- 
paraciones. Esta carretera es de uso general. 

Id. á la de Mérida, otra carretera que pasa por las fincas Cebceh, 
Canchakán y Subinkancab, limítrofe de este Partido. Su estado 
es regular y de uso general. Es poco su tráfico. Esta carretera 
se descompone en tiempo de lluvias. 

Id. á la de Ticul que pasa por el pueblo de Timucuy y las fincas 
Uayalcch, Temozón y el pueblo de Abala. Su estado es malo; 
de tráfico constante; no se le han hecho reparaciones. 

Id. á la de Ticul, pasando por la villa de Tecoh y el pueblo de Tcl- 
chaquillo limítrofe de este Partido. Su estado es malo, poco 
tráfico, dificultándose en tiempo de lluvias. 

Id. á la de Sotuta, pasando por Cuzumá, Homán y hacienda Polván 
limítrofe de este Partido. Se ha reparado últimamente hasta la 
villa de Homín. Está en buen estado, es de uso general y se 
trafica constantemente y en todas las épocas del año. 

Id. á la de Tixkokob, pasando por el pueblo de Seyé; su estado es 
regular, de uso general, tiene bastante tráfico. 

Id. á la de Sotuta, pasando por el pueblo de Seyé y hacienda Kukú, 
limítrofe de este Partido; su estado es regular, de uso general, 
se trafica constantemente y en todas las épocas del año. 

PARTIDO DE ESPITA. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Espita, á la de Tizimín, su estado es regular, de uso 

general, es de regular tráfico, dificultándose en tiempo de lluvias; 

está actualmente en reparación. 
Id. á la de Tizimín. pasa por el pueblo Calotmul, su estado es regular, 

de uso general, tiene bastante tráfico y no se interrumpe en tiempo 

de lluvias. 
Id. á la de Valladolid, en mal estado, poco tráfico. 



276 El Estado de Yucatán, 

Comunes. 

De la Cabecera de Espita al pueblo de Dzitás, en buen estado, redent^ 
mente reparada, lo usan los vecinos, es de bastante tráfico, d 
cual no se interrumpe en ninguna época del año. 
Id. á la villa de Cenotillo, en regular estado, poco tráfico, lo usan los 
vecinos, sufre deterioros en época de lluvias ; no se le han hecho 
reparaciones. 
Id. al pueblo de Sucilá, en regular estado, lo frecuentan los vecinos, 
tiene regular tráfico ; no se le han hecho reparaciones. 
De Cenotillo á Quintana Roo, en mal estado, regular tráfico, sólo lo usan 
los vecinos ; no se le han hecho reparaciones. 
Id. á los pueblos de Tunkás y Dzitás, en regular estado, poco tranco, 
lo usan los vecinos. 
De Tunkás á Izamal, en regular estado, poco tráfico, lo usan sus vecinos, 
no se interrumpe en tiempo de lluvias. 
Id. al pueblo de Dzitás, en regular estado, poco tráfico, lo usan sus 
vecinos. 
Del Pueblo de Dzitás á los pueblos de Tinun y Pisté, en mal estado y de 
poco tráfico, lo usan sus vecinos. 

De Herradura. 

De la Cabecera de Espita á la villa de Cenotillo, en mal estado y de poco 

tráfico. 
Del pueblo de Dzitás á la villa de Cenotillo, en buen estado y regular tranco. 

PARTIDO DE HUNUCMÁ. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Hunucmá á la de Mérida, su estado es regular, de uso 

general, poco tráfico, pasa por los pueblos de Ucú y Cancel; en 

el año de 1904 se le hicieron parciales reparaciones. 
Id. á la de Progreso, su estado es regular, de uso general, regular 

tráfico, pasa por las fincas de Yaxché, Kikteil y San Ignacio; no 

se le han hecho reparaciones. 
Id. á la de Mérida, en mal estado, de uso general, regular tráfico, 

pasa por los pueblos de Tetiz, Kinchil, Samahil, Batzam y Umán; 

no se le han hecho reparaciones. 
Id. á la de Mérida, en regular estado, de uso general, poco tráfico, 

pasa por los pueblos de Texán, Dzibikak y Umán; no se le han 

hecho reparaciones. 

Comunes. 

Id. al pueblo de Samahil, en mal. estado, poco tráfico, pasa por la 

finca de San Miguel, lo usan los vecinos. 
Id. á la villa de Sisal, en regular estado, poco tráfico. La creciente 

marítima ocasionada por los vientos del Xorte aniegan el camino 



y í as de Comunicación. 277 

en los meses de Octubre á Enero, interrumpiendo asi el tráfico. 

Lo usan sus vecinos. 
Del pueblo de Samahil al de Chochóla, en mal estado, poco tráfico, lo usan 

sus vecinos; no se le han hecho reparaciones. 
Del pueblo de Bolón al de Chochóla, en mal estado, poco tráfico, lo usan sus 

vecinos; no se le han hecho reparaciones. 

PARTIDO DE IZA MAL. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Izamal á la de Temax, en buen estado, de uso general, 
bastante tráfico, se trafica durante todo el año. Fué reparada en 
1904. 

Id. á la de Tixkokob, en buen estado, de uso general, de bastante 
tráfico durante todo el año. 

Id. á la de Valladolid y Espita, en mal estado, es de uso general y 
muy frecuentada ; no se le han hecho reparaciones. 

Id. á la de Sotuta, es carretera hasta los limites de ese Partido, con- 
tinuando de herradura hasta Sotuta. Está en mal estado, poco 
tráfico; no se le han hecho reparaciones. 

PARÍ IDO DE MAXCANÚ. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Maxcanú á la de Mérida, en regular estado, de uso 
general, poco traficada ; pasa por los pueblos de Kopomá, Chololá, 
Umán y por las Haciendas de Poxilá y Chacsinkin ; no se le han 
hecho reparaciones. 

Id. á la Cabecera de Ticul, en regular estado, de uso general, poco 
traficada, pasa por el pueblo de Opichén y por las haciendas de 
Galcentok, Santa Rita Xixim, San José y villa de Muña; no se 
le han hecho reparaciones. 

Id. á la Cabecera de Hunucmá, en mal estado, de uso general y poco 
traficada; no se le han hecho reparaciones. 

Todos estos caminos son poco traficados debido á los ferro- 
carriles que existen para dichos puntos. 

PARTIDO DE MÉRIDA. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Mérida á la de Progreso, de uso general, estado regular. 

Id. á la de Izamal, de uso general, en regular estado, de bastante 
tráfico, no se interrumpe en todo el año; no se le han hecho re- 
paraciones. 

Id. á la de Hunucmá, su estado es regular, de uso general, no se in- 
terrumpe en todo el año, muy traficada; se hicieron reparaciones 
en 1904. 



278 El Estado de Y uc atan. 

De la Cabecera de Mérida á la de Acanceh, en regular estado, muy fre- 
cuentada entre Mérida y Kanasin, de uso general, no se inte- 
rrumpe en todo el año, pero se diñculta su tranco en tiempo de 
lluvias. 

Id. á la de Ticul, su estado es regular, muy frecuentada, no se inter- 
rumpe durante el año. En tiempo de lluvias se dificulta el tráfico 
por ser terreno arcilloso. 

Id. á la de Motul, su estado es regular, no se interrumpe durante el 
año, de uso general. 

Id. á la de Maxcanú, en regular estado, muy frecuentada, no se in- 
terrumpe en todo el año, de uso general. 

Comunes, 

Id. á la villa de Umán, en regular estado, muy traficado, no se in- 
terrumpe en el año. 

Id. á la villa de Tecoh, en regular estado, muy traficado, no se in- 
terrumpe en todo el año. 

Id. al pueblo de Kinchil, en regular estado, muy frecuentado, de uso 
general, no se interrumpe en todo el año. 

PARTIDO DE MOTUL. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Motul á la de Mérida, de uso general, en regular estado^ 
bastante tráfico. Durante el tiempo de lluvias sufre algunos en- 
torpecimientos pero no se interrumpe el tráfico. 

Id. á la de Temax, de uso general, en regular estado, poco tráfico. 

Id. á la de Izamal, de uso general, en regular estado, algún tráfico ; no 
se le han hecho reparaciones. 

Id. á la de Tixkokob, de uso general, en regular estado y poco tráfico; 
no se le han hecho reparaciones. 

Comunes. 

Id. al pueblo de Kiní, en regular estado, algún tráfico, no se inter- 
rumpe en tiempo de lluvias ; se le están haciendo reparaciones. 

Id. al pueblo de Dzemul, en regular estado, algún tráfico, no se inter- 
rumpe en tiempo de lluvias ; actualmente se le hacen reparaciones. 

Id. al pueblo de Uci y Sinanché, en regular estado, algún tráfico; 
actualmente se está reparando. 

De Herradura. 

De la Cabecera de Motul á las rancherías de Tanyá, Kaxablah, Mesa- 
tunich y San Francisco, en buen estado. 

PARTIDO DE PETO. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Peto á la de Tekax, de uso general, en regular estado 
y muy poco tráfico. 



Vías de Comunicación. 279 

De la Cabecera de Peto al Territorio de Quintana Roo, i>asando por los 
pueblos de Progreso, Dzonotchel, y Cehmul hasta Santa Cruz de 
Bravo, su estado es regular, de algún tranco. Con motivo de la 
campaña contra los mayas se le hicieron reparaciones. 

Id. á los pueblos de Yaxkopil y Xpechil prolongándose hasta 40 
kilómetros de la Cabecera, está en regular estado y es bastante 
trancada. Todos los años se le hacen reparaciones. 

Id. al pueblo de Tahdziú, en regular estado y muy poco trancada. 

De Herradura, 

Del pueblo de Tahdziú á los de Nenelá, Cantamayec y Tixcacal del Par- 
tido de Sotuta, en mal estado. 

De esta Cabecera al pueblo de la Tixhualatún, en regular estado, se limpia 
anualmente. 

PARTIDO DE PROGRESa 

Carreteras, 

De la Cabecera de Progreso á la de Mérida, en regular estado, tráfico cons- 
tante, no se interrumpe á pesar de que en las épocas pluviales se 
aniega por el crecimiento de la ciénega; es de uso general; no 
se le han hecho reparaciones. 
Id. á la de Hunucmá, su estado es regular, es de uso general y de 
poco tráfico ; no se le han hecho reparaciones. 

Comunes. 

Id. al pueblo de Telchac, en regular estado, de poco tráfico, se inte- 
rrumpe por el crecimiento de la ciénega, de Octubre á Enero; no 
se le han hecho reparaciones. 



PARTIDO DE SOTUTA. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Sotuta á la de Acanceh, pasando por el pueblo de Huhi, 
en regular estado, de uso general, poco tráfico; se le están ha- 
ciendo algunas reparaciones. 

De Herradura, 

Id. al pueblo de Yaxcabá. 
Id. al pueblo de Tixcacaltuyú. 
Id. á la ciudad de Izamal. 
Id. á la ciudad de Tekax. 
Id. á la ciudad de Ticul. 

Las vías de Acanceh é Izamal son de uso general, y las de 
Ticul, Tekax y Peto son de uso exclusivo de los vecinos. 



28o El Estado de Yucatán. 



PARTIDO DE TEMAX. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Temax á la de Izamal. Esta carretera ha sido objeto 
de trabajos de terracería y excavación, de reparaciones de mucha 
importancia, encontrándose en buen estado, es de uso general, 
bastante tranco y no se interrumpe en ninguna época del año. 
Id. á la de Motul, se encuentra en regulares condiciones, necesi- 
tándose algunas reparaciones para que quede en buen estado, es 
de uso general y de regular tráfico. 

Comunes. 

Id. al pueblo de Dzilam Bravo, en mal estado, es de uso general, poco 

tráfico, sufre entorpecimientos en épocas de lluvias; no se le han 

hecho reparaciones. 
Id. al pueblo de Buctzotz, en mal estado, de uso general, poco 

tráfico; no se le han hecho reparaciones. 
Id. al pueblo de Teya, en regular estado, de uso general, poco 

tráfico. 

De Herradura. 

De la Cabecera de Temax al pueblo de Tunkás, en buen estado, de poco 
uso desde que la linea del ferrocarril unió Temax con Espita. 
Id. al pueblo de Dzidzantún, en regular estado. 



PARTIDO DE TEKAX. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Tekax á la de Peto, en regular estado, poco tranco, á 
pesar de las lluvias no se interrumpe el tráfico. 

Comunes. 

Id. al pueblo de Akil, en regular estado, poco tráfico, no se inter- 
rumpe en tiempo de lluvias. 

Id. á los pueblos de Tixtuytún, Tixmenuac y Cacsinkin, en regular 
estado, bastante traficado por carros y arrias. 

Id. á los pueblos de Pencuyut, Teabo y Chumayel y Mama, en 
regular estado, es traficado en todo tiempo. 

Id. al pueblo de Xaya, en regular estado y bastante tráfico. 

Id. al pueblo de Becanchén, de bastante tráfico; en la actualidad se 
está reparando. 

Id. al pueblo Xul, en regular estado, su tráfico es constante. 

De Herradura. 

Id. al pueblo de Pencuyut. 
Id. al pueblo de San José. 



Vías de Comunicación. 281 

PARTIDO DE TIZIMÍN. 

De la Cabecera de Tizimín á la de Espita, pasando por el pueblo de Calot- 

mul, en regular estado, de uso general y frecuente. 
Id. á la de Espita, directo, actualmente en reparación, en regular 

estado y de uso general, algún tráfico. 
Id. á la de Valladolid, pasando por el pueblo de Calotmul, en mal 

estado, se trafica durante todo el año, haciéndose difícil en tiempo 

de lluvias ; no se le han hecho reparaciones. 

PARTIDO DE TICUL. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Ticul á la de Mérida, en regular estado, poco tráfico, 
no se le hacen reparaciones. 
Id. á la Cabecera de Tekax, en regular estado, de poco tráfico, no se 
le hacen reparaciones. 

Comunes, 

Id. al pueblo Dzún, en mal estado, poco tráfico, lo usan sus vecinos. 
Id. al pueblo de Bolonchenticul, en buen estado y de bastante tráfico. 
Id. al pueblo de Santa Elena, en regular estado y de bastante tráfico. 
Id. á los pueblos de Muña, Abala y Opichén, en regular estado y de 

mucho tráfico. En tiempo de lluvias se hace penoso el tráfico, 

pero no se interrumpe. 
Id. á los pueblos de Chapab, Mama, Mani y Tekit, en regular estado 

y muy traficados. 

PARTIDO DE TIXKOKOB. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Tixkokob á la de Mérida, en buen estado, de uso general 

y de bastante tráfico. 
Id. á la de Motul, en buen estado, de uso general, de bastante tráfico, 

no se interrumpe en ninguna época del año. 
Id. á la de Izamal, en regular estado, de uso general, de regular 

tráfico, haciéndose algo difícil en tiempo de lluvias. 
Id. á la de Acanceh, en mal estado, de uso general, de regular tráfico 

el cual se dificulta en tiempo de aguas. 

PARTIDO DE VALLADOLID. 

Carreteras. 

De la Cabecera de Valladolid á la de Espita, en regular estado, regular 
tráfico; no se le han hecho reparaciones. 
Id. á la de Tizimín, en mal estado, de bastante tráfico; no se le han 
hecho reparaciones. 



282 El Estado de Yucatán. 

Comunes. 

De la Cabecera de Valladolid á los pueblos de Chichimilá, Tekon y Tixca- 

calcupul. 
Id. á los pueblos de Tikuch y Chemax. 
Id. al pueblo de Temozón. 
Id. á los pueblos de Dzitnup y Edtún. 
Id. á los pueblos de Tixuahlatún y Kanxoc Todas estas \ías, 

aunque necesitan algunas reparaciones, pueden trancarse sin 

grandes dificultades durante todo el año. 

De Herradura. 

Id. al pueblo de Calotmul, poco frecuentado por ser muy pedregoso. 
Id. á los pueblos de Yalcón, Xocén, Tahmuy y Tesoco, en regular 
estado, nunca se interrumpe en ellos el trinco. 

LÍNEAS Telefónicas. — Las lineas telefónicas que hay en el 
Estado miden en junto 3,626 kilómetros, y quizás ningún otro 
Estado de la Federación cuenta con una red telefónica tan vasta. 

Las lineas están distribuidas del modo siguiente: 

De Mérida á Peto 153 kilómetros con 16 aparatos. 

Ramal á Sotuta, de Mérida á Huhí 61 " " 6 " 

Líneas telefónicas de los Ferrocarriles 

Unidos de Yucatán S. A... 635 " " 96 

Compañía Telefónica y Telegráfica Yu- 

cateca S. A 190 " " 459 

Compañía Telefónica Mexicana 152 " " 312 

Teléfonos. particulares de Mérida á ha- 
ciendas 444 ** " 79 

Id. del Partido de Motul 200 " " 40 

Id. Id. de Tekax 139 " " i? 

Id. Id. de Hunucmá 218 " ** 44 

Id. Id. de Sotuta 32 " " 5 

Id. Id. de Ticul 84 " " 10 

Id. Id. de Tizimín 128 " " 14 

Id. Id. de Maxcanú .... 184 ** " 33 

Id. Id. de Temax 132 " " 24 

Id. Id. de Valladolid ... 123 " " 21 

Id. Id. de Espita 54 " " 12 

Id. Id. de Peto 69 " " 11 

Id. Id. de Tixkokob .... 199 " ** 47 

Id. Id. de Acanceh 23 " " 7 

Id. Id. de Izamal 406 " "86 



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3,626 kilómetros con 1,339 aparatos. 



Vías de Comunicación. 283; 

LÍNEAS DE Vapores. — Progreso es el único puerto de altura 
con que cuenta el Estado de Yucatán, y por él se hace, no sólo el 
comercio con el extranjero, sino también el movimiento de cabo- 
taje, por medio de lineas de vapores que hacen viajes periódicos, 
por otros vapores que hacen viajes extraordinarios, y por buques 
de vela nacionales y extranjeros. 

Las líneas regulares son : 

La Ward Line, americana, cuyos vapores hacen un viaje semanario- 
entre N. York y Veracruz y entre Veracruz y N. York, tocando á la ida 
y á la vuelta en Progreso y en Habana (Cuba). 

La Compañía Mexicana de Navegación, que hace el tranco de cabotaje 
desde Tampico á Progreso. 

La West India & Paciñc, que hace dos viajes al mes de Veracruz, por 
Tampico y Progreso para N. Orleans y Liverpool. 

La Línea Harrison, que hace dos viajes mensuales de Liverpool á Colón,. 
Progreso, Veracruz, Tampico y N. Orleans, de donde regresa á Liverpool. 

La Leyland Line, vapores dedicados al trasporte de carga; hacen un 
viaje mensual de Liverpool á Colón, Kingston, Veracruz, Tampico, Pro- 
greso, y N. Orleans, de donde regresan á Liverpool. 

La Línea Directa, de £. Escalante é hijo, vapores dedicados al trans- 
porte directo de carga de Progreso á N. York. 

La Compañía de Navegación Austro-Americana, vapores de carga ; hacea 
un viaje mensual, partiendo de Trieste, para Tampico, Veracruz y Pro- 
greso. 

La Hamburg Amerika Linie, vapores mensuales. Salen de Hamburgo 
para Tampico, Veracruz y Progreso. 

La Atlantic & Mexican Gulf S. S. Line, vapores que hacen el servicio 
directo entre Mobila y Progreso, cada quince días. 

La Benemelis S. S. Line, vapores de carga, hacen un viaje mensual de 
Mobila á N. Orleans, Gálveston, Tampico, Veracruz, Coatzacoalcos y 
Progreso. 

La Bacon S. S. Line, vapores de carga, un viaje mensual entre N. 
York, puertos del Atlántico y del Golfo de México. 




Parque Hidalgo, Mérida. 



CAPITULO XIX. 

comercio: comercio de importación, — COMERCIO DE EXPORTA- 
CIÓN. — LOS BANCOS. 

Puede asegurarse, sin temor de caer en la exageración, que el 
Estado de Yucatán es el que tiene mayor movimiento mercantil 
de todos los de la República, tanto por lo que respecta á la im- 
portación como á la exportación, sobre todo á la última. Cierto 
es que alguno, como Veracruz, figura en primer lugar y término 
en lo relativo á la importación, pero esto consiste en que el puerto 
de Veracruz es el principal de la República y por él se hace el 
tranco de una vasta región nacional, mientras que el movimiento 
de Yucatán es propio y exclusivo de su territorio. 

Para dar una idea de dicho movimiento, voy á presentar los 
datos que poseo de los años de 1902 y 1903, únicos completos que 
he podido adquirir ; y advierto desde luego que el movimiento que 
ellos acusan, ha ido en aumento en los años siguientes. Estos 
datos se refieren á años naturales y no fiscales. 

IMI 



$5<W.7M 
i.oag472 



Iml'orlarión Extranjera. 

Materias animales $596,276 

ídem vegetales 671,164 



Comercio. 



285 



Clase de Mercancías. 1902. 

Materias minerales $2,074,484 

Tejidos y sus manufacturas 617,832 

Productos químicos y farmacéuticos 123,908 

Bebidas espirituosas, fermentadas y naturales. . 319,266 

Papel y sus aplicaciones 109^328 

Máquinas y aparatos 847,969 

Vehículos I73»i69 

Armas y explosivos 107,352 

Diversos 219463 

Totales, valor oro $5.860,211 

Valor en plata, al 225 $13.185474 

Importación nacional 16.874,197 

Totales, valor plata $30.059,671 



190V 
$2.550,082 

689371 
150,235 
428.062 

99*641 
807,754 
304^93 

82343 
274,366 

$7.011,553 

$15.775,994 
l&729,644 

$34.505,638 



Exportación. 



Año dé 1902, 

Mercancías. Valores. 

Bagazo de henequén $721 

Bayas de saúco 61 

Cerdas 5,120 

Conchas de carey 5,050 

Costales de henequén 1,100 

Cuernos 11 

Chicle 798,798 

Esponjas 155 

Hamacas de henequén 270 

Henequén en rama 36.432,786 

Hilo de henequén 925,954 

Lana de carnero 26 

Madera de cedro y caoba 20,000 

Miraguano 150 

Moneda de plata 1.110,000 

Naranjas 30 

Palo de tinte 52^64 

Pencas de henequén 325 

Pieles de res 306,345 

Pieles de venado 67,587 

Retazos de sogas de henequén 140 

Concha de cahuamo 300 

Fruta fresca 30 

Jarcia de henequén 2,540 

Hule 73 

Totales $39730,436 



286 El Estado de Y ucatán. 

Año de IQ03, 

Mercancías. Valores. 

Concha de tortuga. $385 

Concha de carey 300 

Cerda 2^33 

Caballos castrados 300 

Chicle 5I5»396 

Henequén en rama 33.33i»i57 

Henequén, hilo de '. . . 1^7,080 

Henequén, plantas de 80 

Mercandas extranjeras 583 

Maderas de caoba. 8,130 

Moneda de plata mexicana 1.100,000 

Pieles de res 386^09 

Pieles de venado 52,457 

Palo de tinte 44«3i8 

Sal marina 200 

Sacos de henequén 375 

Tabaco elaborado del país 150 

Varios efectos 607,216 

Totales $37497»i69 

De los anteriores datos resulta que la Exportación en los doi 
años mencionados ascendió á — 

1902 $39.730436 

1903 37.497,169 

$77.227.605 

y la Importación — 

1902 $30.059,671 

1903 34.505*638 

$64.565,309 

Diferencia á favor de la primera. .$12.662,296 

Como queda demostrado, el henequén es el principal product 
de exportación de Yucatán, y de año en año va aumentando i 
volumen de la producción y el de la exportación, como se ve po 
la siguiente tabla: 

Años. Pacas. Peso en kilos. 

1900 509AU 81.093418 

i9or 5^7.519 83.191,007 

1902 528.246 83.993,076 

1903 590.430 93.058.666 

1904 606,008 97.205,649 



Comercio, 287 

Los Estados Unidos absorben casi por completo la producción 
del henequén. La Exportación del textil en 1904 tuvo los sigui- 
entes destinos: 

E. Unidos 596,672 pacas, con 95723,5o8 kilos. 

Isla de Cuba 8,008 ídem 1.263,024 " 

Europa 1,328 ídem 219,117 " 



606,008 pacas, con 97.205,649 kilos. 

Bancos. — Existen en el Estado de Yucatán dos bancos locales 
y una sucursal del " Banco Nacional " de México. Los locales 
son: 

El Banco Yucateco, en Mérída, con sucursal en Campeche. Se dedica 
á toda clase de negocios bancarios. Es Presidente el Sr. Lie Dn. Rodulfo 
Cantón, y Gerente Don Luis S. Carranza. 

El Banco Mercantil de Yucatán, en Mérida. Se dedica á todo género 
de operaciones bancarias. 

Además figuran como casas bancarias las siguientes : 

Avelino Montes, S. en C. sucesores de O. Molina y Compañía; Agustín 
Vales Castillo é hijos; J. Crasemann Sucesores; £. Escalante é hijos; 
Haro y Compañía Sucesores. 

El balance y estado general del Banco Mercantil de Yucatán, 
el 31 de Diciembre de 1906, fué el siguiente: 

ACTIVO. 

Existencia en Caja, en moneda de plata $33»354 26 

Id. id. en oro $1.362,500 00 

Certificados de la Comisión de 

Cambios y Moneda 50,000 00 1.412,500 00 



En billetes de otros Bancos 36,541 00 $1.482,395 26 



Monto de los valores en Cartera 8478479 62 

Monto de los préstamos sobre prendas 2445465 34 

Inversiones en fondos públicos y acciones 6 bonos inmedia- 
tamente realizables 641,935 00 

Bienes inmuebles 259,260 56 

Saldo de las cuentas corrientes deudoras 2.340,324 34 



$15.647,860 12 



388 El Estado de Yucatán. 

PASIVO. 

Capital Social $6.ooo/)00 oo 

Billetes en circulación 2.437,083 00 

Depósitos reembolsables á la vista ó con aviso previo, de tres 

días ó menos 5,000 00 

Depósitos á más de tres (tías vista 7iir447 41 

Saldos de las cuentas corrientes acreedoras 4-657,157 58 

Fondo de Previsión 733,284 93 

Fondo de Reserva 1.103,887 20 



$15,647^60 12 



El balance y estado general del Banco Yucateco, en 31 de 
Diciembre de 1906, fué el siguiente : 

^ ACTIVO. 

Caja. 

Existencia en Central y Sucursal en : 

Oro $395»ooo 00 

Certificados por oro 610,000 00 

Pesos fuertes 651,138 00 

Moneda fraccionaria 37,149 34 

Billetes de otros Bancos 455,36600 $2,148,65334 

Cartera : Pagarés existentes 1 1.002,089 82 

Préstamos sobre Prendas 3-999,2o8 12 

Préstamos sobre Hipoteca 508,714 3^ 

Cuentas deudoras 8.458,539 ^ 

Inmuebles 100,000 00 

Valores de inmediata realización 1.231340 ^ 



$27,449.044 91 



PASIVO. 

Capital social exhibido $12.000,000 00 

Billetes en circulación 2.803,965 00 

Cuentas acreedoras 8.217,982 4^ 

Depósitos confidenciales 9,106 9^ 

Depósitos á la vista 480,255 33 

Fondo de Reserva 1.923,169 oí 

Fondo de Previsión 2.014,566 I3 

$27449,044 91 



Instrucción. 289 



CAPITULO XX. 

INSTRUCCIÓN : ESFUERZOS QUE SE HAN HECHO EN SU FAVOR EN 

LOS ÚLTIMOS ANOS. — ESTABLECIMIENTOS DE INSTRUCCIÓN. 

POBLACIÓN QUE SABE LEER. POBLACIÓN QUE SABE LEER Y 

ESCRIBIR. BIBLIOTECAS. MUSEO. ASOCIACIONES. OBSER- 
VATORIO. — LA PRENSA. 

El Sr. Lie. Don Olegario Molina es un ferviente apóstol de 
la instrucción pública, y desde antes de hacerse cargo del Go- 
bierno del Estado le dispensó sus beneficios, bajo diferentes 
formas, y, como dije en otro lugar, en una época se consagró al 
alto magisterio. 

Como era de esperarse, al tomar las riendas del Estado fijó 
de un modo preferente su atención en ese ramo, y dictó las me- 
didas conducentes para su mejoramiento. 

El credo del Sr. Molina, en lo que respecta á la instrucción 
del pueblo, se encuentra sintetizado en lo que dijo en el Mensaje 
al Congreso del Estado, de i** de Enero del presente año (1906) : 

" La instrucción del pueblo es base fundamental de la grandeza 
de las naciones, fuente de todo civismo, origen del progreso ver- 
dadero y palanca poderosa con que los Gobiernos fomentan en 
sus gobernados las grandes aspiraciones que conducen al per- 
feccionamiento de la humanidad. Procurar que la instrucción 
se difunda hasta en las regiones más apartadas; evitar su confi- 
namiento en los centros principales; generalizar el convenci- 
miento de que la instrucción es el bien más apetecible y de que 
es deber capital de todo ciudadano contribuir á que compenetre 
en las masas populares; inculcar y arraigar la creencia de que 
no es buen ciudadano el que no instruye ni educa á sus hijos, he 
aquí la labor ineludible de todo gobernante que ame sinceramente 
á su patria y que aspire al título de progresista y civilizado. 
Penetrado de esta verdad, todos los esfuerzos del Ejecutivo se 
han dirigido á mejorar incesantemente las condiciones de la 
instrucción pública, no sólo en la enseñanza primaria, sino tam- 
bién en la secundaria y en la profesional." 

Además de las escuelas existentes el primero de Febrero dr 



290 El Estado de Y u c atan. 

1902, se han creado posteriormente, en trece Partidos del Estado, 
doce nuevas escuelas para varones y veinte y cuatro para niñas, 
con una asignación mensual de $1,145.00 que paga el Estado y 
de $95.00 los municipios á que corresponden. El número de 
matriculados en estas escuelas es de 335 alumnos y 721 alumnas. 

La totalidad de escuelas existentes en el Estado es de 175 para 
niñas y 263 para varones, con una asistencia media de 13,134 
alumnos, siendo los matriculados 26,134. Esta diferencia tan 
grande entre la asistencia media y el número de matriculados, 
proviene de las dificultades con que se tropieza en las poblaciones 
de indígenas y en los centros rurales para la asistencia de los 
niños, los que con frecuencia acompañan á sus padres en sus 
faenas agrícolas. A fin de remediar este inconveniente, el Go- 
bierno se propone someter á la Legislatura una nueva ley de 
instrucción pública en que se tomen en cuenta las diferentes zonas 
del territorio, y se haga una clasificación determinada para los 
programas de enseñanza con relación á las condiciones especiales 
de cada localidad. Esto contribuirá á que los agricultores, sin 
privarse del servicio de sus hijos, puedan permitirles el tiempo 
necesario para adquirir siquiera los elementos rudimentales de la 
instrucción primaria. En el proyecto de ley referido se pro- 
curará también establecer prescripciones encaminadas á llevar 
la enseñanza á las haciendas y ranchos, en donde hasta hoy no se 
han podido crear escuelas públicas. 

Todos los establecimientos docentes oficiales están abiertos á 
la niñez y á la juventud, con excepción del Liceo de niñas y 
escuelas de niños de Ucú y del Liceo de niñas de Acanceh, tem- 
poralmente clausurados. 

La principal aspiración del Ejecutivo en este importante rama 
ha sido la de dotar á todas las poblaciones de edificios adecuados, 
que reúnan las condiciones científicas requeridas por la instruc- 
ción pública. Bastante se ha adelantado en este sentido, y segu- 
ramente en los años sucesivos se verá satisfecha esta necesidad, 
base indispensable de la buena organización de la enseñanza. 

Deseando organizar convenientemente el servicio de los nuevos 
hospitales que se inauguraron en Febrero (1906) el Ejecutivo, 
por iniciativa del Director de la Escuela de Medicina y Cirugía 
del Estado, promovió la creación de una escuela especial para 
señoras y señoritas que se consagrasen, con el carácter de en- 
fermeras, al servicio de la humanidad doliente. La iniciativa 



nstrticción. 291 

lé votada por el Congreso en 30 de Enero de 1903, y desde el 
■¡mero de Septiembre del mismo año se abrió el primer curso, 
in doce aspirantes, de las cuales siete únicamente continuaron 
is estudios y están ya en el último año de su instrucción. Con- 
irren at segundo curso, establecido en primero de Septiembre 
; 1904, diez alumnas, y al tercer curso, abierto en primero de 
eptiembre último, veinticinco. Resulta un éxito satisfactorio, 
íes de las 42 alumnas que comprenden los tres cursos, cuarenta 
-están ya sus servicios en el Hospital O'Horán, Para la crea- 
ón de esta Escuela ha sido indispensable asignar á las alumnas, 
irante la enseñanza técnica, una pensión de veinte y cinco pesos 
ensuales, la cual se aumenta hasta cincuenta pesos cuando 
isan al desempeño de los cargos á que están obligadas en los 
ispitales. Aunque esto ha recargado los gastos del tesoro pú- 
ico, semejante aumento no puede menos que estar plenamente 
istifícado, si se toman en consideración las tristísimas condi- 
ones y sensibles deficiencias que se han venido notando en el 
Tvicio del Hospital O'Horán, por la absoluta dificultad de en- 
>ntrar enfermeros para el cuidado de los asilados en aquel 
imanitario establecimiento. Como al inaugurar los nuevos 
lificios destinados al Hospital O'Horán y al Asilo Ayala, todas 
s enfermeras que concurren á la Escuela serán empleadas en 
los, ha sido indispensable elevar el presupuesto de ese servicio, 
ira el año de 1906, á la cantidad de $25,200,00. 

Uno de los factores esenciales para impulsar la instrucción 
iblica es el personal necesario, y éste no puede obtenerse si no 
; proporciona á los que se consagran al noble ejercicio del 
agisterio los emolumentos indispensables que aseguren el sus- 
iito de sus familias y una vida tranquila en la ancianidad. A 
;te fin han tendido los esfuerzos del Gobierno, que á medida que 

Tesoro lo ha permitido, ha venido promoviendo el aumento de 
s dotaciones asignadas en los presupuestos generales. Contri- 
aye al mismo resultado la ley sobre pensiones, decretada por el 
ongreso en 26 de Septiembre de 1902, y que define el porvenir 
E los servidores del Estado, para cuando hayan perdido sus 
lergias en el ejercicio de sus funciones oficiales. 

La importancia de las cantidades que sucesivamente se han 
iignado con destino á la instrucción pública, revela por sí sola 
I especial empeño con que el Ejecutivo se ha propuesto desa- 
'ollarla y fomentarla. En la ley de presupuestos del presente 



iu que se consagró casi por completo, prestándole 

"*» í servicios; Colegio de Enseñanza Primaria y Secun- 

^^- i.bdo y dirigido hasta hoy por el laborioso pedagogo 

~ i )n. Benito Ruz y Ruz ; Seminario Conciliar ; Colegio de 

li' la Señorita Otilia López, fundado y dirigido hasta hoy 

.1 misma ; Colegio de Niños y Niñas, de Santa Teresa de 

'-. Í,as demás son casi todas escuelas de instrucción prima- 

mi(;rior. establecidas en los Partidos del Estado, inclusive 

dt la Capital, y sostenidas por particulares, por sus mismos 

in-f^liietarios ó por corporaciones. La Sociedad " La Obra de la 

Enseñanza " tiene en Mérida cinco escuelas católicas. 

Además de las escuelas oficiales enumeradas anteriormente, 
existen: el Instituto de Niñas, que cuenta con seiscientas alumnas, 
y el Instituto Literario del Estado, para varones, que tiene un 
mil quinientos alumnos, aproximadamente. Existe también una 
Escuela Normal, perfectamente organizada, dirigida por el Sr, 
Dn. Rodolfo Menéndez, á la que concurren 17 alumnos de beca, 
sostenidos por los Municipios de los Partidos, uno por cada uno 
de dicbos Partidos, con excepción del de Mérida, que sostiene dos, 
Concnrren además 12 alumnos que no tienen beca alguna y se cos- 
tean por su propia cuenta. 

Censo de YvcatAn en 1895. 
Hombres. Mujeres. Total. 

Habitantes en general US-^TÓ 151,812 297fl88 

Saben leer y escribir 22,708 18,504 41.213 

No saben leer ni escribir 255,876 

Total ■. 297.088 

Censo de YucatAn en 1900. 
Hombres. Mujeres. Total. 
Habitantes en general 153.381 156,271 309.652 

Hombres. Mujeres. Total. 

Saben leer y escribir 26.982 24,405 S1.387 

Sólo saben leer 151 348 499 

Mayores de 12 años que no saben leer 

ni escribir. 86„i69 93-741 180,110 

Menores de 12 años 39^79 37.777 77.6s6 

Total 309-652 

Aumento de personas que saben leer y escribir 10,175 



294 El Estado de Yucatán, 

Bibliotecas. — Existen en el Estado cinco bibliotecas públicas, 
distribuidas en la forma siguiente: una en la citidad de Pro- 
greso ; una en la ciudad de Ticul ; y tres en Mérida, que son la del 
Instituto Literario, la del Instituto de Niñas y la Biblioteca 
Cepeda. El Ejecutivo les ha prestado especial atención, procu- 
rando dotarlas con nuevas obras. La Biblioteca Cepeda se ha 
enriquecido considerablemente en los últimos años con intere- 
santes libros, unos procedentes de donaciones particulares y otros 
comprados con fondos públicos. Los trabajos que se están ha- 
ciendo en ella para proveerla de nuevo mobiliario y para la re- 
paración de su local, han obligado á clausúrala por algún tiempo ; 
pero el Gobierno se interesa en que la clausura no se prolongue 
demasiado, á fin de que el establecimiento se vuelva á abrir pronto 
en las mejores condiciones para el objeto de su institución. 

Hay otra biblioteca, que se llama del " Apostolado de la 
Prensa," situada en la planta baja del Palacio Episcopal, y que 
pertenece al clero. Está abierta al público de 7 á lo a.m. y de 
12 á 4 p.M. diariamente. 

El Museo Yucateco. — Está en vía de formación. Hay en él 
valiosos autógrafos y algunas antigüedades curiosas. 

Sociedades Científicas, Artísticas y Literarias. — Las 
principales son : 

La Bohemia de Mérida (Literaria). 

La Arcadia (Literaria). 

Progreso y Recreo (Literaria y artística; representaciones tea- 
trales) en Espita. 

Loka grupo de la Societo Meksika por propangandi Espe- 
ranton (Propagación del idioma universal "Esperanto"). 

Las dos primeras mencionadas reúnen en su seno á todos los 
literatos, poetas y demás amigos de las letras del Estado y aún 
de Campeche. He concurrido á las reuniones de ambos grupos 
y en ellas, más que en ninguna otra parte, se puede medir la alta 
cultura intelectual de Yucatán. 

Observatorio. — Existe únicamente el Observatorio Meteoro- 
lógico, recientemente fundado por el Gobierno del Estado, con 
todos los adelantos modernos, y del cual dependen cinco esta- 
ciones meteorológicas y once termopluviométricas que constitu- 



Instrucción. 395 

jen la red meteorológica del Estado. Se espera dotar pronto al 
Observatorio de Mérida con instrumentos para la obtención de 
las coordenadas geográficas y para la observación del cielo. 

La Prensa. — Se publican en Mérida los siguientes periódicos: 
" Diario oficial," órgano del Gobierno ; " La Revista de Mérida," 
periódico de información, literatura, política y anuncios, y que 
sale á la luz todos los dias, menos los Domingos y algunos días 
feriados ; " El Peninsular," periódico igual en condiciones al 
anterior; "El Eco del Comercio," igual en condiciones á los 
dos anteriores ; " Boletín de Estadística," órgano del ramo de 
su nombre en el Gobierno del Estado, se publica quincenalmente, 
repartiéndose gratis entre las autoridades y corporaciones y peri- 
ódicos análogos ó científicos nacionales y extranjeros, y entre 
los particulares que lo solicitan ;, actualmente publica el tomo XIL ; 
" La Escuela Primaria," periódico pedagógico y uno de los más 
reputados del país, en su clase, se publica quincenalmente, y está 
en el XIX. tomo de su publicación ; " Boletín eclesiástico," órgano 
del Obispado de Yucatán. 

Existen además otros periódicos que sólo son de ocasión ; pu- 
blicaciones que salen á luz únicamente cuando las circunstancias 
políticas lo exigen, y desaparecen luego que pasan esas circuns- 
tancias que los crearon, no teniendo, por lo tanto, estabilidad. 

La prensa diaria de Yucatán se distingue por su caballerosidad 
y buen juicio. Las pasiones políticas que á las veces ha enarde- 
cido á los periodistas de uno y de otro bando, han sido casi siempre 
templadas por el respeto propio y el que se debe al público, y 
puede ponerse esa prensa como modelo digno de que imitado 
sea por toda la de la República y muy principalmente por la de 
la Capital. 



Criminología. 297 

Notable es también la frecuencia de las causas por adulterio, 
que ascendieron á 13 en el primer año, y á 18 en el segundo. 

Estos datos no pueden dar una idea exacta de la criminalidad, 
toda vez que se refieren á las causas iniciadas y no á las falladas 
y que han causado ejecutoria, y bien sabido es que el número de 
las causas iniciadas no representa el de los delincuentes, porque 
hay procesos en que se investiga la responsabilidad criminal de 
varias personas, sin embaVgo de no ser más que uno el expediente, 
y, además, no todos los que son procesados resultan delincuentes, 
pues gran número de juicios terminan por sobreseimiento ó por 
absolución. 

El Partido judicial de Mérida es el que da el mayor contin- 
gente, lo que es fácil de explicarse, por ser el que comprende 
mayor número de habitantes." Sigue inmediatamente Valladolid, 
aunque la desproporción es notable (526 Mérida por 90 Valla- 
dolid). El minimun corresponde á Tekax, 8 causas, de las cuales 
7 son por lesiones y i por robo. 

El robo es casi excepcional en Yucatán, pues que se registran 
setenta, ochenta ó cien casos en un año, en una población de más 
de 320.000 habitantes, lo que es digno de llamar la atención. En 
la ciudad de México se perpetra mayor número en una semana 
que en Yucatán en doce meses. 

Y la explicación es sencilla: la lucha por la existencia es más 
fácil en Yucatán que en México, prescindiendo de otras condi- 
ciones, como es la del carácter, la de la idiosincrasia étnica. 

Para dar á esa estadística valor científico, es necesario estable- 
cer el origen de los delincuentes, y al hacerlo se verá que la 
mayoría de los ofensores procede de fuera del Estado, estando 
en una proporción de 34%, en números redondos, los yucatecos 
con los forasteros y extranjeros; y en lo que respecta á los de- 
litos contra la propiedad, los yucatecos están en una proporción 
de 8.08%. En efecto de los 7,546 individuos detenidos en la 
Comisaria Central en 1905, por distintas faltas y delitos, 2,825 
fueron naturales de los otros Estados de la República, 2,559 
yucatecos, 747 españoles, 576 cubanos, 137 ingleses, 114 italianos, 
3 franceses, 2 alemanes, 126 portorriqueños, 56 coreanos, 2 guate- 
maltecos, 185 turcos, 3 americanos, i hondureno y i venezolano. 
De los 433 consignados por robos y raterías, 251 fueron de los 
otros Estados de la República, 73 españoles, 66 cubanos, 35 yuca- 
tecos, 6 italianos y 2 ingleses. En los casos de robo, la Policía 



290 El Estado de Y u c atan. 

1902, se han creado posteriormente, en trece Partidos del Estado, 
doce nuevas escuelas para varones y veinte y cuatro para niñas, 
con una asignación mensual de $1,145.00 que paga el Estado y 
de $95.00 los municipios á que corresponden. El número de 
matriculados en estas escuelas es de 335 alumnos y 721 alumnas. 

La totalidad de escuelas existentes en el Estado es de 175 para 
niñas y 263 para varones, con una asistencia media de 13,134 
alumnos, siendo los matriculados 26,134. E^ta diferencia tan 
grande entre la asistencia media y el número de matriculados, 
proviene de las dificultades con que se tropieza en las poblaciones 
de indígenas y en los centros rurales para la asistencia de los 
niños, los que con frecuencia acompañan á sus padres en sus 
faenas agrícolas. A fin de remediar este inconveniente, el Go- 
bierno se propone someter á la Legislatura una nueva ley de 
instrucción pública en que se tomen en cuenta las diferentes zonas 
del territorio, y se haga una clasificación determinada para los 
programas de enseñanza con relación á las condiciones especiales 
de cada localidad. Esto contribuirá á que los agricultores, sin 
privarse del servicio de sus hijos, puedan permitirles el tiempo 
necesario para adquirir siquiera los elementos rudimentales de la 
instrucción primaria. En el proyecto de ley referido se pro- 
curará también establecer prescripciones encaminadas á llevar 
la enseñanza á las haciendas y ranchos, en donde hasta hoy no se 
han podido crear escuelas públicas. 

Todos los establecimientos docentes oficiales están abiertos á 
la niñez y á la juventud, con excepción del Liceo de niñas y 
escuelas de niños de Ucú y del Liceo de niñas de Acanceh, tem- 
poralmente clausurados. 

La principal aspiración del Ejecutivo en este importante ramo 
ha sido la de dotar á todas las poblaciones de edificios adecuados, 
que reúnan las condiciones científicas requeridas por la instruc- 
ción pública. Bastante se ha adelantado en este sentido, y segu- 
ramente en los años sucesivos se verá satisfecha esta necesidad, 
base indispensable de la buena organización de la enseñanza. 

Deseando organizar convenientemente el servicio de los nuevos 
hospitales que se inauguraron en Febrero (1906) el Ejecutivo, 
por iniciativa del Director de la Escuela de Medicina y Cirugía 
del Estado, promovió la creación de una escuela especial para 
señoras y señoritas que se consagrasen, con el carácter de en- 
fermeras, al servicio de la humanidad doliente. La iniciativa^ 



Instrucción. 291 

fué votada por el Congreso en 30 de Enero de 1903, y desde el 
primero de Septiembre del mismo año se abrió el primer curso, 
con doce aspirantes, de las cuales siete únicamente continuaron 
sus estudios y están ya en el último año de su instrucción. Con- 
curren al segundo curso, establecido en primero de Septiembre 
de 1904, diez alumnas, y al tercer curso, abierto en primero de 
Septiembre último, veinticinco. Resulta un éxito satisfactorio, 
pues de las 42 alumnas que comprenden los tres cursos, cuarenta 
prestan ya sus servicios en el Hospital O'Horán. Para la crea- 
ción de esta Escuela ha sido indispensable asignar á las alumnas, 
durante la enseñanza técnica, una pensión de veinte y cinco pesos 
mensuales, la cual se aumenta hasta cincuenta pesos cuando 
pasan al desempeño de los cargos á que están obligadas en los 
hospitales. Aunque esto ha recargado los gastos del tesoro pú- 
blico, semejante aumento no puede menos que estar plenamente 
justificado, si se toman en consideración las tristísimas condi- 
ciones y sensibles deficiencias que se han venido notando en el 
servicio del Hospital O'Horán, por la absoluta dificultad de en- 
contrar enfermeros para el cuidado de los asilados en aquel 
humanitario establecimiento. Como al inaugurar los nuevos 
edificios destinados al Hospital O'Horán y al Asilo Ayala, todas 
las enfermeras que concurren á la Escuela serán empleadas en 
ellos, ha sido indispensable elevar el presupuesto de ese servicio, 
para el año de 1906, á la cantidad de $25,200.00. 

Uno de los factores esenciales para impulsar la instrucción 
pública es el personal necesario, y éste no puede obtenerse si no 
se proporciona á los que se consagran al noble ejercicio del 
magisterio los emolumentos indispensables que aseguren el sus- 
tento de sus familias y una vida tranquila en la ancianidad. A 
este fin han tendido los esfuerzos del Gobierno, que á medida que 
el Tesoro lo ha permitido, ha venido promoviendo el aumento de 
las dotaciones asignadas en los presupuestos generales. Contri- 
buye al mismo resultado la ley sobre pensiones, decretada por el 
Congreso en 26 de Septiembre de 1902, y que define el porvenir 
de los servidores del Estado, para cuando hayan perdido sus 
energías en el ejercicio de sus funciones oficiales. 

La importancia de las cantidades que sucesivamente se han 
asignado con destino á la instrucción pública, revela por sí sola 
el especial empeño con que el Ejecutivo se ha propuesto desa- 
rrollarla y fomentarla. En la ley de presupuestos del presente 



292 El Estado de Y u c atan, 

año el Congreso local consignó la cantidad de $342^92 para ese 
ramo ; y los Municipios todos, con un celo laudable, han aplicado 
al aumento de las dotaciones de los profesores $155,098.21, sin 
incluir en esta suma la que corresponde al sostenimiento de la 
Escuela Normal, de conformidad con las leyes vigentes. Desde 
el curso del último año se ha venido dotando de nuevo mobiliario 
y material escolar más adecuado al Instituto Literario del Estado, 
al Instituto de Niñas, á la Escuela Normal para Profesores y á 
la Escuela modelo de Santiago, habiéndose hecho hasta hoy 
adquisiciones por valor de más de $20,000. A las cantidades 
asignadas en los presupuestos de 1906, deben agregarse las que 
se invierten en la enseñanza preparatoria y profesional, proce- 
dentes de fondos especiales y que representan la suma de $65,- 
513.06, de suerte que, tomando en consideración estas partidas, 
resulta un total de $563,005.87 consagrados á la instrucción 
pública. Si se comparan estas cifras con las del presupuesto 
general de 1902, se verá cuan justamente debemos envanecemos 
de los adelantos que el Estado ha obtenido en el servicio de este 
importante ramo. No debemos dudar que la marcha hacia el 
perfeccionamiento de nuestras escuelas no se detendrá un punto, 
y que continuaremos en progreso incesante hasta alcanzar la meta 
de nuestras justas aspiraciones. 

La base de este ideal es la ampliación y perfeccionamiento de 
nuestra Escuela Normal, que hasta hoy ha estado circunscrita á 
límites muy estrechos, tanto por la falta de local apropiado para 
su ensanchamiento, como por los escasos elementos pecuniarios 
con que ha sido dotada. En cumplimiento de la autorización del 
Congreso, el Ejecutivo ha provisto á dicha Escuela de un edificio 
con las condiciones que exige un establecimiento de esta natu- 
raleza, y próximamente se someterá á vuestro estudio un proyecto 
de ley para su reorganización. (Mensaje referido.) 

Escuelas Particulares. — Existen unos cuarenta v ocho 6 
cincuenta Colegios y Escuelas particulares en el Estado, que 
cuentan con tres mil quinientos alumnos, aproximadamente. La 
mayor parte de estos establecimientos son católicos y pueden 
contarse, como los principales, los siguientes : " Colegio Católico 
de San Ildefonso," fundado por Monseñor Domínguez, quien ser 
hizo estimar de la ciudad yucateca por su honradez y la firmeza^ 
de su carácter y por su abnegación en pro de la causa de la Ins^ 



Instrucción. 293 



^ 



trucción, á la que se consagró casi por completo, prestándole 
importantes servicios; Colegio de Enseñanza Primaria y Secun- 
daria, fundado y dirigido hasta hoy por el laborioso pedagogo 
Sr. Lie. Dn. Benito Ruz y Ruz; Seminario Conciliar; Colegio de 
Niñas de la Señorita Otilia López, fundado y dirigido hasta hoy 
por la misma; Colegio de Niños y Niñas, de Santa Teresa de 
Jesús. Las demás son casi todas escuelas de instrucción prima- 
ria inferior, establecidas en los Partidos del Estado, inclusive 
el de la Capital, y sostenidas por particulares, por sus mismos 
propietarios ó por corporaciones. La Sociedad " La Obra de la 
Enseñanza '* tiene en Mérida cinco escuelas católicas. 

Además de las escuelas oficiales enumeradas anteriormente, 
íxisten : el Instituto de Niñas, que cuenta con seiscientas alumnas, 
r el Instituto Literario del Estado, para varones, que tiene un 
nil quinientos alumnos, aproximadamente. Existe también una 
escuela Normal, perfectamente organizada, dirigida por el Sr. 
Dn. Ro<lolfo Menéndez, á la que concurren 17 alumnos de beca, 
K)stenidos por los Municipios de los Partidos, uno por cada uno 
le dichos Partidos, con excepción del de Mérida, que sostiene dos. 
Toncurren además 12 alumnos que no tienen beca alguna y se cos- 
ean por su propia cuenta. 

Censo de Yucatán en 1895. 

Hombres. Mujeres. Total, 

habitantes en general 14S.276 151^12 297,088 

Saben leer y escribir 22.708 18,504 41^12 

>»o saben leer ni escribir 255,876 

Total •. 297,088 

Censo de Yucatán en 1900. 

Hombres. Mujeres. Total. 
Habitantes en general 153.381 156,271 309,652 



^ 



Hombres. Mujeres. Total. 

Saben leer y escribir 26,982 24,405 51.387 

Sólo saben leer 151 348 499 

Mayores de 12 años que no saben leer 

ni escribir 86.369 93741 l8o,i 10 

Menores de 12 años 39.879 37J77 77.656 

Total 309.652 

Aumento de personas que saben leer y escribir 10,175 



294 El Estado de Yucatán, 

Bibliotecas. — Existen en el Estado cinco bibliotecas públicas, 
distribuidas en la forma siguiente: una en la ciudad de Pro- 
greso ; una en la ciudad de Ticul ; y tres en Mérida, que son la del 
Instituto Literario, la del Instituto de Niñas y la Biblioteca 
Cepeda. El Ejecutivo les ha prestado especial atención, procu- 
rando dotarlas con nuevas obras. La Biblioteca Cepeda se ha 
enriquecido considerablemente en los últimos años con intere- 
santes libros, unos procedentes de donaciones particulares y otros 
comprados con fondos públicos. Los trabajos que se están ha- 
ciendo en ella para proveerla de nuevo mobiliario y para la re- 
paración de su local, han obligado á clausúrala por algún tiempo; 
pero el Gobierno se interesa en que la clausura no se prolongue 
demasiado, á fin de que el establecimiento se vuelva á abrir pronto 
en las mejores condiciones para el objeto de su institución. 

Hay otra biblioteca, que se llama del " Apostolado de la 
Prensa," situada en la planta baja del Palacio Episcopal, y que 
pertenece al clero. Está abierta al público de 7 á lo a.m. y de 
12 á 4 p.M. diariamente. 

El Museo Yucateco. — Está en vía de formación. Hav en él 
valiosos autógrafos y algunas antigüedades curiosas. 

Sociedades Científicas, Artísticas y Literarias. — Las 
principales son : 

La Bohemia de Mérida (Literaria). 

La Arcadia (Literaria). 

Progreso y Recreo ( Literaria y artística ; representaciones tea- 
trales) en Espita. 

Loka grupo de la Societo Meksika por propangandi Espe- 
ranton (Propagación del idioma universal "Esperanto"). 

Las dos primeras mencionadas reúnen en su seno á todos los 
literatos, poetas y demás amigos de las letras del Estado y aún 
de Campeche. He concurrido á las reuniones de ambos grupos 
y en ellas, más que en ninguna otra parte, se puede medir la alta 
cultura intelectual de Yucatán. 

Observatorio. — Existe únicamente el Observatorio Meteoro- 
lógico, recientemente fundado por el Gobierno del Estado, con 
todos los adelantos modernos, y del cual dependen cinco esta- 
ciones meteorológicas y once termopluviométricas que constitu- 



Instrucción. 295 

yen la red meteorológica del Estado. Se espera dotar pronto al 
Observatorio de Mérida con instrumentos para la obtención de 
las coordenadas geográficas y para la observación del cielo. 

La Prensa. — Se publican en Mérida los siguientes periódicos : 
" Diario oficial," órgano del Gobierno ; " La Revista de Mérida," 
periódico de información, literatura, política y anuncios, y que 
sale á la luz todos los dias, menos los Domingos y algunos días 
feriados ; " El Peninsular," periódico igual en condiciones al 
anterior ; " El Eco del Comercio," igual en condiciones á los 
dos anteriores ; " Boletín de Estadística," órgano del ramo de 
su nombre en el Gobierno del Estado, se publica quincenalmente, 
repartiéndose gratis entre las autoridades y corporaciones y peri- 
ódicos análogos ó científicos nacionales y extranjeros, y entre 
los particulares que lo solicitan ;,actualmente publica el tomo XIL ; 
** La Escuela Primaria," periódico pedagógico y uno de los más 
reputados del país, en su clase, se publica quincenalmente, y está 
en el XIX. tomo de su publicación ; " Boletín eclesiástico," órgano 
del Obispado de Yucatán. 

Existen además otros periódicos que sólo son de ocasión; pu- 
blicaciones que salen á luz únicamente cuando las circunstancias 
políticas lo exigen, y desaparecen luego que pasan esas circuns- 
tancias que los crearon, no teniendo, por lo tanto, estabilidad. 

La prensa diaria de Yucatán se distingue por su caballerosidad 
y buen juicio. Las pasiones políticas que á las veces ha enarde- 
cido á los periodistas de uno y de otro bando, han sido casi siempre 
templadas por el respeto propio y el que se debe al público, y 
puede ponerse esa prensa como modelo digno de que imitado 
sea por toda la de la República y muy principalmente por la de 
la Capital. 



296 El Estado de Y uc atan. 



CAPITULO XXI. 

criminología: estadística criminal. — ^DELITOS MÁS FRECUEN- 
TES. LA POLICÍA Y LA SEGURIDAD PÚBLICA. LA PENITENCI-\RÍA. 

La estadistica del crimen demuestra que el Estado de Yucatán 
es uno de los más morigerados de la República, así como que de 
año en año, á partir del de 1902, la criminalidad ha venido dismi- 
nuyendo. Ese año de 1902 es el que arroja el máximum de de- 
litos en los siete años de que tengo noticias ciertas, siendo de 
llamar la atención una diferencia tan grande como la que se nota 
entre la delincuencia de los tres años anteriores y la de 1902. 
En efecto vemos que se instruyeron 

En 1899 837 causas. 

1900 856 

1901 768 

1902 1.531 

1903 i»394 

1904 1,357 

1905 1,215 



¿Es posible que en ese año de 1902 se duplicase casi exacta- 
mente el número de delitos, con relación al año de 1901? Más 
adelante encontraremos la explicación de este fenómeno. 

Sólo tengo pormenores respecto á los años de 1900 y de 1901, 
y por ellos veo que los delitos más frecuentes son los de lesiones, 
siguiendo el robo, el homicidio, el abuso de confianza y el de 
injurias. Así se ve que de los 856 procesos iniciados en 1900, 
correspondieron : 

A lesiones 220 

A robo 82 

A homicidio 39 

A abusos de confianza 31 — yj2 

De las 768 causas iniciadas en 1901, corresponden: 

A lesiones 223 

A robo 67 

A homicidio 24 

A abusos de confianza 17 — 331 



Criminología. 297 

Notable es también la frecuencia de las causas por adulterio, 
que ascendieron á 13 en el primer año, y á 18 en el segundo. 

Estos datos no pueden dar una idea exacta de la criminalidad, 
toda vez que se refieren á las causas iniciadas y no á las falladas 
y que han causado ejecutoria, y bien sabido es que el número de 
las causas iniciadas no representa el de los delincuentes, porque 
hay procesos en que se investiga la responsabilidad criminal de 
varias personas, sin embargo de no ser más que uno el expediente, 
y, además, no todos los que son procesados resultan delincuentes, 
pues gran número de juicios terminan por sobreseimiento ó por 
absolución. 

El Partido judicial de Mérida es el que da el mayor contin- 
gente, lo que es fácil de explicarse, por ser el que comprende 
mayor número de habitantes.* Sigue inmediatamente Valladolid, 
aunque la desproporción es notable (526 Mérida por 90 Valla- 
dolid). El minimun corresponde á Tekax, 8 causas, de las cuales 
7 son por lesiones y i por robo. 

El robo es casi excepcional en Yucatán, pues que se registran 
setenta, ochenta ó cien casos en un año, en una población de más 
de 320,000 habitantes, lo que es digno de llamar la atención. En 
la ciudad de México se perpetra mayor número en una semana 
que en Yucatán en doce meses. 

Y la explicación es sencilla: la lucha por la existencia es más 
fácil en Yucatán que en México, prescindiendo de otras condi- 
ciones, como es la del carácter, la de la idiosincrasia étnica. 

Para dar á esa estadística valor científico, es necesario estable- 
cer el origen de los delincuentes, y al hacerlo se verá que la 
mayoría de los ofensores procede de fuera del Estado, estando 
en una proporción de 34%, en números redondos, los yucatecos 
con los forasteros y extranjeros ; y en lo que respecta á los de- 
litos contra la propiedad, los yucatecos están en una proporción 
de 8.08%. En efecto de los 7,546 individuos detenidos en la 
Comisaria Central en 1905, por distintas faltas y delitos, 2,825 
fueron naturales de los otros Estados de la República, 2,559 
yucatecos, 747 españoles, 576 cubanos, 137 ingleses, 114 italianos, 
3 franceses, 2 alemanes, 126 portorriqueños, 56 coreanos, 2 guate- 
maltecos, 185 turcos, 3 americanos, i hondureno y i venezolano. 
De los 433 consignados por robos y raterías, 251 fueron de los 
otros Estados de la República, 73 españoles, 66 cubanos, 35 yuca- 
tecos, 6 italianos y 2 ingleses. En los casos de robo, la Policía 



298 El Estado de Y u c atan, 

ha conseguido recuperar casi todas las prendas y objetos tobados. 
En el Mensaje del Sr. Gobernador, de que ya he hecho refe- 
rencia, informa ese alto funcionario sobre la organización de la 
Policía y de la Seguridad pública, y dice que desde los comienzos 
del período constitucional que estaba á punto de terminar, el 
Ejecutivo se posesionó de la necesidad urgente de organizar un 
Cuerpo de Seguridad Pública que, por su moralidad y disciplina, 
fuese una garantía para las personas y los bienes de los ciuada- 
danos. Esta necesidad se hizo más apremiante por la inmigra- 
ción excepcional que se inició desde el año de 1902, con motivo 
de las obras emprendidas en Mérida. Si bien entre los inmi- 
grantes venían elementos sanos á ofrecer el contingente de su 
laboriosidad y servicios, también llegaban los deshechos de otras 
sociedades, que huyendo de la justicia, buscaban aquí nuevo 
campo á sus depredaciones y crímenes. Debido á esta causa 
notóse un aumento en la criminalidad, especialmente en la comi- 
sión de delitos por su naturaleza misma extraordinariamente 
inauditos entre nosotros y á que nuestra sociedad no estaba acos- 
tumbrada. Con la cooperación eficaz de la Jefatura Política de 
Mérida, pudo organizarse un Cuerpo de Seguridad Pública com- 
puesto de cien gendarmes de á pié y cincuenta montados, con un 
Teniente Coronel, dos Capitanes, cuatro Tenientes, seis Subte- 
nientes y cinco Comisarios. Este Cuerpo ha prestado servicios 
valiosísimos, según he expuesto en mis diferentes mensajes. 
Durante el año 1905 la acción de la Policía llevó á la Estación 
Central del Cuerpo, por distintas faltas y delitos, á 6,609 
hombres y 937 mujeres, que hacen un total de 7.546. Este 
número demuestra disminución comparado con el año anterior 
en que fué de 9,895 individuos. Para juzgar de la influencia 
del servicio de Policía en la restricción de la criminalidad en 
esta Capital, será bueno conocer los siguientes datos del número 
de aprendidos durante los años 1904 y 1905. 

,««. .««.. Diferencia en 

1904. 1905. f^^^r j^ ^^^ 

Por robos y raterías 607 433 175 

Por lesiones 185 98 gó 

Abusos de confianza 9 7 2 

Agresión á la policía 26 21 5 

Por homicidio 19 2 17 

Falsificación 3 o 3 

Infanticidio o 2 o 

Abandono de infante 010 



Criminología. 299 

,««. »««r Diferencia en 

1904. «905- favor de 1905- 

Corrupción de menores o 2 o 

Incendios 2 o 2 

Juegos prohibidos 86 27 59 

Allanamiento de morada 4 i 3 

Por vagos 236 218 18 

Lesiones accidentales 69 66 3 

Para llegar á los resultados obtenidos, ha contribuido mucho 
el servicio de parejas montadas encargadas de recorrer, durante 
las mañanas y las noches, los suburbios de la capital. Próxima- 
mente se establecerá un servicio de bisicletistas que vigile el 
centro de la ciudad, á fin de hacer más efectiva la vigilancia de 
los suburbios, extendiéndola hasta los alrededores. 

Con motivo de las infracciones á los ordenamientos de policía, 
la autoridad administrativa, de conformidad con las leyes vi- 
gentes, ha impuesto á los infractores, multas que ascendieron: 

En 1902 á $23,519 46 
En 1903 á 31,092 00 
En 1904 á 23,650 80 
En 1905 á 20,237 00 

El total de estas cantidades, ascendente á $98,499.26 ha in- 
gresado oportunamente en la Tesorería de la Escuela Correc- 
cional, con arreglo al decreto de 13 de Septiembre de 1895. 

La Penitenciaría Juárez. — Este magnífico edificio fué em- 
pezado á construir el 6 de Enero de 1897, siendo gobernador 
del Estado el Sr. General Don Guillermo Palomino. Durante 
ese período administrativo levantóse el muro de circunvalación, 
se construyeron 15 piezas y el departamento de administración, 
y se inició la galería número 3. En el primer año de la gestión 
gobernativa del Sr. General Don Daniel Traconis, se prosiguie- 
ron las obras iniciadas, pero quedaron suspendidas en los años 
siguientes, por dificultades del erario público. Siendo goberna- 
dor el Sr. Lie. Don Carlos Peón, se concluyó la galería número 
3 y se construyeron las galerías i y 5, habiéndose empleado hasta 
esa época la cantidad de $185,613.91. Durante el Gobierno del 
Sr. General Cantón se invirtieron también $1,798.18, lo que da 
un total, gastado hasta entonces, de $187412.09. 

La Penitenciaría Juárez, sin embargo de no estar terminada. 



300 El Estado de Y uc atan, 

fué puesta. al servicio público por el gobierno del Sr. Lie. Don 
Carlos Peón, trasladándose á ella todos los sentenciados y pro- 
cesados que estaban recluidos en el local que actualmente ocupa 
la Escuela Correccional de Artes y Oficios, que no ofrecia los 
elementos necesarios para la guarda y seguridad de los presos. 
Las deficiencias de la Penitenciaría indujeron al Sr. Gobernador 
Molina á promover su conclusión y mejoramiento, á fin de colo- 
carla en condiciones de llenar su objeto debidamente, habiendo 
terminado la contrucción de las galerías 2 y 4, con sus celdas 
correspondientes, y ampliado el área del edificio, levantándose un 
nuevo muro de circunvalación para aprovechar el anterior y el 
espacio que se destinaba al servicio de ronda, y construido talleres 
y otras obras inferiores. Se han construido, además, un departa- 
mento de dos pisos para enfermería, nuevos departamentos para 
los tribunales del ramo penal, el departamento de dos pisos para 
la administración, excusados, lavaderos, baño, depósitos de agua, 
obras para el saneamiento interior, talleres provisionales, y la 
fachada. Todas estas mejoras representan erogaciones para el 
Tesoro que ascienden á la suma de $359,771.82. 



Beneficencia Pública. 301 



CAPITULO XXII. 

BENEFICENCIA PÚBLICA. — MEJORAS MATERIALES. 

Me veo obligado á recurrir de nuevo al Mensaje tantas veces 
citado del Sr. Gobernador Molina, para dar á conocer á mis lecto- 
res los dos puntos tan interesantes que abraza el presente capítulo. 

Beneficencia Pública. — Los establecimientos de Beneficencia 
que están bajo la inmediata sobrevigilancia del Ejecutivo, son 
el Hospital O'Horán y la Casa de Beneficencia Brunet de esta 
Capital, y el Hospital Porfirio Díaz, de Valladolid. 

El Hospital O'Horán ocupa el antiguo convento de la Mejo- 
rada, donado al Estado durante la administración del Sr. Presi- 
dente D. Benito Juárez. Utilizar en un objeto edificios cons- 
truidos para otro, siempre ofrece dificultades é inconvenientes, 
origina gastos excesivos, y al fin no se obtiene el resultado que 
se deseaba. Así ha sucedido con el ex-convento de la Mejorada 
que, en la actualidad, no tiene la amplitud necesaria ni las condi- 
ciones higiénicas más indispensables que requieren los asilados, 
cuyo número ha crecido cada año hasta alcanzar el movimiento 
siguiente : 

Hombres. Mujeres. Hombres. Mujeres. 
Existencia el i® de Enero de 1905 250 144 

Entraron el mismo año 3.349 811 3.579 955 

Salieron durante el año 2,027 683 

Fallecieron en el año 328 120 3.355 803 

Existencia el 30 de Diciembre último 224 152 

De estos asilados, 72 hombres y 44 mujeres son dementes. 

La tristísima condición en que se hallan estos desgraciados era 
notoria, y por eso la iniciativa del Gobierno, dirigida á construir 
nuevos edificios que reuniesen mejores condiciones para el 
servicio de la humanidad doliente, fué acogida con aplauso y 
vióse con cuánta generosidad correspondió la mayor parte de los 
invitados á contribuir á la ejecución de obras tan importantes 
como costosas. Mediante esta cooperación veremos pronto in- 



304 El Estado de Y uc atan. 

de la Cabecera, en el Partido de Maxcanú ; salón-mercado, rastro 
público y reparación del local de la Jefatura en la Cabecera, repa- 
ración de la casa municipal de Calotmul, terminación de la casa 
municipal de Río Lagartos y reparaciones de la casa municipal 
de Panabá, en el Partido de Tizimín; casas-escuelas de Kantunil, 
Izamal y Tekantó, y terreno para la casa-escuela de Tepakam, 
en el Partido de Izamal ; lazareto de la Cabecera, en el Partido 
de Progreso; casas-escuelas de Cuzumá y Tecoh y reparaciones 
de la casa-escuela de la Cabecera, en el Partido de Acanceh; 
cuartel del pueblo de Dzan y reparaciones de la casa municipal 
de Sacalum, en el Partido de Ticul; casa-escuela de la Cabecera 
y rastro de Dzidzantun, en el partido de Temax; casa-escuela, 
reparaciones al local del Juzgado de primera instancia y rastro 
público de la Cabecera, en el Partido de Tekax ; edificios para la 
escuela y los Juzgados, reparaciones y adaptación de los mismos 
locales y reparaciones de la casa municipal de la Cabecera, y casa- 
escuela de Cuncunul, en el Partido de Valladolid ; casa municipal 
de Kinchil y bazar-mercado de Umán, en el partido de Hunucmá ; 
cuartel de Guardia Nacional de Tzucacab, y reparaciones en 
el cuartel y en la casa municipal de la Cabecera, en el Partido 
de Peto; casa municipal y casa-escuela del pueblo de Muxupip, 
en el Partido de Motul ; mercado y casa-escuela de Kanasín. casa 
municipal y casa-escuela de Chuburná, en el Partido de Mérida; 
y en esta Capital, las reparaciones del lazareto, de la Contaduría 
Mayor de Hacienda, del Palacio de Justicia, del Museo Yucateco, 
de la Escuela de Medicina, del Cuartel de la Policía Montada, de 
la Estación Central de Policía, del Instituto de niñas, del Instituto 
Literario del Estado, de la Comisaría de Santa-Ana, del Palacio 
del Ejecutivo y del local de la Junta Superior de Sanidad ; cons- 
trucción de la Comisaría del Suburbio de Santiago, del Observa- 
torio Meteorológico y del Cuartel de Guardia Nacional de San 
Sebastián ; Paseo Montejo, Nuevo Hospital, Asilo Ayala, Escuela 
Normal para Profesores, Penitenciaría Juárez y local de la Direc- 
ción General del Registro Civil. 

También se han reparado algunas carreteras que ponen en 
comunicación las diferentes poblaciones del Estado. Estas repa- 
raciones hasta hov han sido en las carreteras de Valladolid á 
Popóla, de Izamal á Temax, de Tizimín á Calotmul, de Tizimín 
á Espita, de Sotuta á Huhí, de Maxcanú á Celestún, de Espita á 
Dzitás, de Acanceh á Homún y de Oxkutzcab á Teabo, represen- 



Beneficencia Pública. 305 

tando, las sumas invertidas en estas obras, la cifra de $40,948.00. 
Se invirtieron asimismo, en las Estaciones Meteorológicas y 
Termo-pluviométricas, $26,397.96. 

Además de las mejoras materiales realizadas con fondos pú- 
blicos, se han construido una casa-escuela en Teya y otra en 
Bokobá, con donativos privados, y se prosiguen activamente los 
trabajos de un magnífico edificio en la ciudad de Motul, con 
fondos dejados al efecto por la respetable Sra. Doña Benita 
Palma de Campos, el cual terminado, se entregará por sus here- 
deros á la representación municipal, para un colegio de niñas, 
según las instrucciones de esta distinguida benefactotora de la 
humanidad, cuyo recuerdo permanecerá indeleble en el corazón 
de los motuleños. 

De las principales obras ejecutadas en esta capital, debo hacer 
constar que en el Asilo Ayala se han erogado hasta hoy, sin 
incluir el valor de los terrenos que cedió la Compañía de Tran- 
vías, $871,150.00 entregados á la Junta Directiva bajo cuya 
vigilancia é inspección se hizo el edificio, y cuya Tesorería ren- 
dirá oportunamente las cuentas respectivas. De esta cantidad, 
proceden de la testamentaría Ayala y de donaciones particulares 
$376,150.00, y los $495,000.00 restantes han sido pagados por la 
Tesorería General del Estado. 

El nuevo edificio destinado al Hospital 0*Horán tiene un 
costo, hasta el día de hoy, de $1.397,111.85 que también ha 
percibido la Junta respectiva, cuyo Tesorero oportunamente 
producirá las cuentas de su inversión. De dicha cantidad, el 
Tesoro del Estado ha pagado $574,350.00, y los restantes $822,- 
761.85 provienen de los donativos con que generosamente con- 
tribuyeron numerosas personas de esta Capital y del interior del 
Estado. Las sumas expresadas no representan todo lo que cos- 
tarán el Hospital O'Horán y el Asilo Ayala, pues quedan pen- 
dientes pagos por razón de mobiliario, útiles, pavimentación de 
avenidas y construcción de banquetas. 

En los trabajos de preparación del Paseo Montejo se han 
invertido, durante el curso de los últimos cuatro años, $78420.80, 
entregados para estas obras á la Comisión presidida por el hono- 
rable Sr. Don Eulalio Casares. 

(En otro lugar he hablado ya de la Penitenciaría Juárez.) 

La Escuela Modelo construida en la plaza de Santiago, fué 
costeada con fondos municipales, y en ella se invirtieron $104,- 



3o6 El Estado de Yucatán. 

583.57, sin incluir en esta suma el valor del terreno, que per- 
tenece al H. Ayuntamiento. 

El Edificio destinado á la Dirección General del Registro 
Civil, fué comprado en la suma de $90,000.00; pero con las 
adaptaciones que en él se hicieron y con los gastos de útiles y 
mobiliario, el costo general ascendió á $139437.92, 

En la Comisaría del suburbio de Santiago se invirtieron 
$13,051.66, suministrados por la Tesorería del Estado en con- 
formidad con las autorizaciones del Congreso. 

De todas las obras emprendidas en esta Capital, las que pueden 
considerarse de más trascendencia con relación á la salubridad 
pública, son las del desagüe y pavimentación. Por su impor- 
tancia material, por su elevado costo, por las condiciones espe- 
ciales de la locación de la ciudad, por las obstrucciones consi- 
guientes á las diversas opiniones de los que habían estudiado 
el asunto y por las resistencias naturales que se encuentran 
siempre en esta clase de mejoras, fué en realidad de difícil solu- 
ción el problema propuesto de determinar qué sistema podría 
adoptarse en el desagüe y pavimentación de las calles de Mérida. 
Resuelto este problema en el sentido de aprovechar las corrientes 
I>ermanentes de agua que existen en nuestro subsuelo y que des- 
embocan en nuestras costas inmediatas, se emprendieron las 
obras desde el primero de Octubre de 1902, y se han proseguido 
activamente, debiendo quedar terminadas en el curso del año 
actual (1906). 

Hasta hoy se han pavimentado las siguientes : 

Pavimento de asfalto M2 $140,489 8S 

Pavimento de ladrillo vitrificado M2 59>564 Í3 

Pavimento de concreto sencillo M2 139*400 36 

Pavimento de concreto doble M2 69,746 36 

Total M2 l^i^sTÍló 

Banquetas. Se han construido con guarnición de hierro.Ma $51*5^ 35 

Y sin guarnición de hierro M2 112,562 00 

Total M2 $i64/)84 35 

Para el desagüe se han perforado 292 pozos absorventes y 949 
receptores. Estos fueron conectados con aquellos por medio de 
tubos de barro vitrificado de veinte cmts. de diámetro, formándose 
cuatro conecciones en cada crucero de calle. De los pozos ab- 



Beneficencia Pública. 307 

serventes 59 fueron costeados por particulares, y de los recep- 
tores 187, habiéndolo sido los demás por el erario público. 

Se han empleado en los pozos receptores 793 rejillas de hierro 
colado para evitar su obstrucción, y 1,241 brocales del mismo 
material. 

Se han importado para las obras hechas por administración, 
122,012 sacos de asfalto y 25,533 barriles de cemento, que, con 
4,879 comprados en este mismo mercado á los Sres Guerra y C*, 
Quintero y Marín, forman en junto un total de 30412 barriles 
de dicho material; 1.957,011 ladrillos vitrificados, 198 barriles 
de chapapote, 60 barriles de asfalto liquido, 59 barriles de pe- 
tróleo crudo y 4,828 tubos de barro vitrificado. De estos mate- 
riales importados existen 576 barriles de cemento, 13,294 sacos 
de asfalto para reparaciones, 50 barriles de petróleo, 12 barriles 
de chapapote y 44,000 ladrillos vitrificados. 

El costo de las obras de pavimentación y desagüe, incluso el 
valor de los materiales importados, asciende, hasta el 31 de Di- 
ciembre ( 1905), á la cantidad de $4,350,384.98, que se han pagado 
con los fondos especiales creados por el decreto de 22 de Agosto 
de 1902. 

Como se ve por las obras enumeradas, el Gobierno se ha 
afanado en fomentar el espíritu público, estimulando la inicia- 
tiva particular y excitando el celo de las autoridades políticas y 
municipales para cooperar á la realización de todas las mejoras 
que reclama el adelanto de las poblaciones, á condición de que 
los vecinos que hubieren de recibir sus beneficios inmediatos, 
contribuvesen también con su óbolo á esa realización. La acción 
del Ejecutivo no ha resultado infructuosa, pues si bien es cierto 
que del Tesoro se han destinado sumas importantes para tales 
mejoras, también es verdad que en la mayor parte de los casos 
los particulares han sabido corresponder á las insinuaciones y 
excitativas de las autoridades de los Partidos y Municipios. Así, 
al propio tiempo que la Capital ha progresado de un modo 
sensible, se ve que por todo el Estado se levantan escuelas y edi- 
ficios municipales, se tienden líneas telefónicas, se construyen 
rastros y mercados, se mejora el servicio de los cementerios, se 
fabrican edificios modernos para las diversas oficinas públicas, se 
aumentan y reparan las vías carreteras, se construyen tranvías 
vecinales y se edifican, en fin, merced al estímulo oficial, moradas 
espléndidas para particulares. 



3o8 El Estado de Yucatán, 



CAPITULO XXIII. 

industrias: la agricultura. — consideraciones generales.— 
cultivos útiles. — henequén. — caiía de azúcar. — maíz.— 
algodón. — chicle. — maderas. — frutas tropicales. — ^apicul- 
tura. ganadería. — industrias fabriles. 

La agricultura ha tropezado siempre en Yucatán con dos 
grandes obstáculos: la falta de agua y la falta de brazos. Por 
fortuna la naturaleza dotó á esa Península con una planta que 
resiste á la sequía y que constituye la gran riqueza de aquella 
región : la del henequén. 

El Sr. Molina, desde que se encargó del Gobierno del Estado, 
ha procurado estimular la agricultura y las demás industrias, 
suprimiendo los impuestos que las gravaban; pero los resultados 
de esta protección indirecta no pueden sentirse inmediatamente. 

La cría del ganado vacuno y caballar, el cultivo del maíz en 
gran escala, el de la yuca, del tabaco y del algodón, pudieran 
ser elementos que contribuyesen á la mayor riqueza del país. 
Desgraciadamente la generalidad de sus agricultores, atraída por 
el éxito del cultivo de los textiles, abandona los otros y consagra 
sus esfuerzos á la exclusiva explotación de la industria hene- 
quenera. Este mal reconoce como principal causa la limitada 
oferta de brazos para el cultivo de sus campos, circunstancias que 
debe inducir al Gobierno á provocar la inmigración de elementos 
sanos que pudieran dar vida y animación á los terrenos fértiles 
que se extienden cerca de la frontera. " Se han hecho ensayos 
individuales trayendo inmigrantes de Corea, y en estos momentos 
está al llegar la segunda expedición procedente directamente de 
aquel reino. Hasta hoy estos ensayos inducen á creer que la 
inmigración coreana será la más propicia, y si los resultados con- 
firmasen esta creencia, sería entonces oportuna la intervención 
oficial para apoyar y favorecer esa inmigración." (Mensaje 
citado.) 

Es natural la preferencia que se da al cultivo del henequén, 

I vez que en la actualidad es el producto más noble del país, 

% adecuado á la zona yucateca, el que menos riesgo ofrece, 



Industrias. 309 

pues quizás el único que lo amenaza es el de la fluctuación del 
precio, sin que haya el temor de que este llegue á ser tan bajo 
que deje de ser remunerador. 

El henequén requiere muy pocos gastos para su cultivo: el de 
la plantación, el de la limpia de yerbas, el del corte de las pencas. 
El beneficio se hace por medio de máquinas raspadoras, movidas 
por vapor, y á la dos horas de haber pasado la penca por la má- 
quina y de haber sido la fibra expuesta al sol para que se seque, 
se puede empacar y llevar al mercado. 

De la pulpa que queda como residuo después de desfibrar la 
penca, y que hasta ahora se consideraba como un desperdicio, se 
dice que puede fabricarse un buen alcohol industrial, y se están 
haciendo serios estudios por personas competentes, á fin de re- 
solver el problema; y en caso de que resulte negocio, desde el 
punto de vista mercantil, á los grandes rendimientos que ya se 
obtienen de la planta providencial, habrá que aumentar las utili- 
dades del alcohol, y el negocio será pingüe. Siendo esto así, es 
difícil que el hacendado yucateco se lance en aventuras agrícolas, 
procurando aclimatar industrias y cultivos exóticos, cuando cree 
tener favorablemente resuelto el problema con el henequén. 

Es posible que se encuentre alguna vez un textil igual ó supe- 
rior en cualidades al henequén, y que venga á substituirlo con 
ventaja, ya en virtud de las cualidades, ya á causa del precio en 
igualdad de circunstancias; posible es también que se aclimate 
en otras regiones y se produzca tan bien como en Yucatán y á 
menos precio; pero esas posibilidades no se consideran como 
inmediatas, y en caso de realizarse Yucatán se encuentra ya en 
posición de poder luchar ventajosamente contra cualquier com- 
petidor. Esto no obstante, los peligros de cultivar un solo pro- 
ducto son evidentes, y de ello me ocuparé más adelante. 

Para que el lector tenga una idea de lo que es el henequén 
para Yucatán, fíjese en el siguiente cuadro: 

Henequén exportado desde 1880 hasta 1904. 

Aftos. Pacas. Peso en küóff ramos. '^tl'*^ Jfl^Jj'íí ** 

** exportación. 

1880 112.911 1.817,694 %i. 777 ^577 ^2 

1881 154730 24.91 1,587 2.726,565 88 

1882 150.585 24.244,174 2.736,55607 

1883 202,805 32.651,597 3 537.507 18 

1884 261,137 42.043,070 3471,646 57 



310 



El Estado de Yucatán 



Años. Pacas. 

1885 267478 

1886 242.791 

1887 224.865 

1888 218,129 

1889 252,432 

1890 279,906 

1891 323.585 

1892 363,881 

1893 360,857 

1894 373,883 

1895 383413 

1896 397,163 

1897 419,975 

1898 418,972 

1899 445.978 

1900 499,634 

1901 517,519 

1902 528,246 

1903 590430 

1904 606,008 



Peso en kilogramos. 

43.063,891 

39089463 

36.283.351 

35.118,767 

40.641,521 

45.079,423 

52.065,024 

58.584,813 

58.097,929 
61.605.695 

61.729.584 

65.762,907 

70.545,153 
68.834,268 

73.190,896 
81.093418 
83.191,007 
83993.076 
93.058,666 
97.205.649 



Valor total de la 
exportacitSn. 

$3.334,811 8r 

3.929.727 16 
5.894,429 84 
6.641^57 69 

10.243,693 78 
5.230.306 38 

6.571,683 49 

8.399,947 20 
8.467,134 00 

6.848,173 96 

6.112,198 59 

7.264,238 56 

8.218.697 74 \ 

18.918,074 27 

20.211,241 $7 ' 

22.616,032 71 

22.783453 73 
32.120,312 99 

33.481,603 51 

32.022,563 45 



8.599,113 274.257,391 $283.562435 55 

La industria azucarera ofrece también grandes alicientes, á 
juzgar por los datos que he podido recoger. Hay en el Estado 
6 grandes ingenios y unas ico fincas de menor importancia dedi- 
cados á esta industria. La mayor parte de las pequeñas fincas 
usan todavía sistemas primitivos, que resultan poco económicos. 

La producción anual se calcula en 3.653,689 kilogramos de 
azúcar y 3.549,137 de mieles, como se ve por el siguiente cuadro: 



Partidos. 



Totales. 



'Nüm. de fincas 
I productoras. 



Espita . . . 

Peto 

Tekax . . . 
Ticul .... 
Tizimín . . 
Valladolid 



35 
2 

9 
2 

5 
56 



log 



Maquinaria en 
Uso. 


1 
Total, i 

,i 


De vapor. 


De otras 
clases. 


19 
2 

9 

2 

5 
II 

48 

1 

1 


16 

45 


35 

2 1 

9 
2 

1 


61 


1 

109 , 

1 



Producción Anual 
EN Kilos. 



Mieles. 



385,833 
3I2,CXX) 

1.960,000 

223404 
307,000 
360.900 



i3. 549» 137 



Total de 

producción 

al año. 



Azúcar. 



109.689 
596,000 
2.020,000 
700,000 
127,000 
101,000 



495,522 

908,000 

3.980,000 

923*404 
434.000 
461,900 



3.653,68917.202,826 



Industrias. 311 

Esa producción no basta para el consumo, y Yucatán tiene que 
importar anualmente más de tres millones de kilogramos para 
satisfacer la demanda local: 

Importación de azúcar nacional 3.228,351 kgmos. 

Idm. de idm. extranjera 9.200 " 



Kilogramos 3.227,551 

Producción local " 3.653,689 

Consumo anual " 6.891,240 

Resulta de esta noticia que el Estado de Yucatán es un gran 
consumidor de azticar, pues mientras que en el consumo general 
de nuestro país, aparece este á razón de 9 kilogramos por habi- 
tante, en Yucatán se eleva á 22 kilogramos, y sólo encuentro dos 
pueblos que le superen en ese particular, que son el de la Gran 
Bretaña, en el que el promedio es de 41 kilogramos per cápite, y 
el norteamericano, 32 kilogramos por habitante. 

El valor de la producción local se calcula en $800,000 y el del 
azúcar importado en $865,674. Hay pues una buena perspec- 
tiva para la industria azucarera en Yucatán, ateniéndose nada 
más al consumo del Estado. 

El maíz es la base de la alimentación del pueblo yucateco, asi 
como la de todo el mexicano; pero no se cosecha en el Estado 
el suficiente para sus necesidades y, para cubrir el deficiente, hay 
que importarlo de otras partes de la República y aún de los Es- 
tados Unidos. 

Esas importaciones en los años de 1890 á 1895 ascendieron á 
$5.759,750. En el año de 1901 la importación fue: 

De maíz nacional kilogramos 2.834,151 

De maíz extranjero " 42.290409 



Kilogramos 45.124,560 

El algodón se produce desde tiempo immemorial en le Penín- 
sula; pero el cultivo fué abandonado, y últimamente se ha en- 
sayado de nuevo, en pequeña escala y con excelente resultado, 
lo que tal vez anime á los agricultores para ensanchar su campo 
de operaciones. 

El chicle es uno de los productos naturales de la región, y se 
beneficia en gran escala. 



314 El Estado de Yucatán. 

FÁBRICA YucATECA DE CHOCOLATES (S. A.). — Esta negocia- 
ción cuenta con un capital social de $200,000. Anualmente fa- 
brica 800,000 paquetes de diversas clases, con un peso d^ 300,000 
kilos, y valor de $480,000. Trabajan en ella 50 obreros ; la mayor 
parte de su maquinaria es francesa y de excelente calidad. El 
edificio de la fábrica, propiedad de la Compañía, costó $63,000» 
sin incluir el terreno, que vale á lo menos $15,000. EhÜMMA 
además diversos polvos de café, pinole (maíz torrefacto 
ciado con otras substancias aromáticas), &. Tiene 
bodegas en las que hay almacenadas constantemente grandes 
cantidades de cacao, canela, café, azúcar, &., existencias que al- 
canzan en algunas ocasiones á varios centenares de miles de pesos. 

FÁBRICA DE Hielo. — Hay una anexa á la Cervecería Yucateca. 
Produce cada año 8,250 toneladas de hielo, con valor de $385,000. 
Produce además para el consumo propio, es decir, para la elabo- 
ración de su cerveza, como cinco toneladas diarias, lo que equi- 
vale á unas 1,800 toneladas más al año, ó sea un total general de 
10,000 toneladas, en números redondos. Tiene dos máquinas 
" Arctic " y una " Linde " de 40, 10 y 20 toneladas respectiva- 
mente, de capacidad. Importa anualmente 60 tambores de á 42 
kilos de amoniaco. 

La Industrial (S. A.) Cabullería. — Sus productos*: hilo de 
engavillar y jarcia de diversas clases, que en gran parte se ex- 
portan y en parte se consumen en el país, ya bajo la forma de 
trincas para empacar henequén, ya bajo la de sogas. 

Existen, además, en el Estado pequeñas industrias fabriles como 
la de sombreros hechos con plantas del país, la alfarería, la de 
hamacas, en la que no tiene rival esta región. Estas industrias 
constituyen el modo de vivir de innumerables familias, principal* 
mente en las regiones Sur y Oriental del Estado. 



Palacio del Sr, General Cantón, Mérída. 



CAPITULO XXIV. 

HERIDA, CAPITAL DEL ESTADO: DESCRIPCIÓN. — EDIFICIOS NOTABLES. 
— PASEOS. — TEATROS. — CASINOS, — POBLACIONES SUBURBANAS, — 
LA SOCIEDAD. — REFINAMIENTO SOCIAL. — SEBVICIOS DE COCHES,. 
AUTOMÓVILES Y TRANVÍAS. — LAS FIESTAS DE MÉRIDA. 



Bien puede llamarse, sin hipérbole, á la ciudad de Mérida " La 
Perla del Oriente," nombre que hace algunos años hubiese pare- 
cido exagerado y quizás extravagante, pero que hoy se encuen- 
tra plenamente justificado, merced á las mejoras materiales que 
en tan poco tiempo la han transformado hasta el punto de con- 
vertir una de las ciudades más incómodas y peor acondicionadas 
de la República, en un centro donde todo respira aseo, comodidad, 
bienestar, la alegría de la vida y cierta suntuosidad que ¡lama la 
atención del viajero. 

La ciudad fundada por el Adelantado Montejo, hijo, el 6 de 
Enero de 1542, se encuentra á 33 kilómetros de las playas del 
Golfo, en una inmensa llanura de esmeralda, pues por donde 
quiera que se dirijan los ojos encuentran el verde manto que 
forman los jardines, las huertas y los magníficos plantíos de 
henequén, planta que si de cerca parece agria, rígida, y poco sim- 
pática, á la distancia y en conjunto da carácter al suelo, alegrando 
la vista, enriqueciendo el paisaje, aunque sin hacerle perder por 
completo su monotonía. 



3i6 El Estado de Yucatán, 

La ciudad está dividida en 9 cuarteles y 652 manzanas. Casi 
todas sus calles están tiradas á cordel, de Oriente á Poniente y 
de Norte á Sur, con una longitud de 120 á 130 metros, general- 
mente, y la mayor parte de las vías tienen 8 metros de anchura, 
con buen embaquetado y perfectamente pavimentadas. 

Los merídanos se enorgullecen de esas obras de pavimenta- 
ción, y á f e que les sobra motivo, tanto por la excelencia de la 
construcción, por lo que embellece y ennoblece á la ciudad, como 
por lo que contribuye á la higiene y porque se ha llevado á cabo 
con recursos propios. Las calles de Mérida eran en tiempo de 
lluvias lodazales inmundos, pues por la falta de pendientes y de 
porosidad del suelo se estancaban durante meses enteros. Como 
complemento de la pavimentación de las calles, se advierte en 
todos sus cruceros pozos absorventes que llegan á la capa acuí- 
fera (8 metros de profundidad) para recibir, previa decantación 
en pozos situados en las esquinas de las calles, el agua pluvial 
recogida por estas. La experiencia de tres años ha demostrado 
la perfecta eficacia del sistema. 

Cuando se hizo el último censo oficial, 28 de Octubre de 1900, 
contaba Mérida con 11,764 casas, habitadas por 11,197 familias. 
Este dato parece de escasa importancia, pero la tiene grande en 
realidad, pues viene á demostrar la holgura con que viven no sólo 
las clases pudientes, sino también las trabajadoras, sin que se en- 
cuentre en Mérida ese hacinamiento de seres humanos en habi- 
taciones estrechas, sin luz ni ventilación, como se ve aún en algu- 
nas poblaciones de la tierra caliente de nuestro mismo país. 

En Mérida, como en todas partes, hay gente pobre, pero no se 
encuentra miseria, y menos aún esa prole desarrapada, sucia, 
hambrienta, que es el padrón de ignominia de toda sociedad culta. 
El pueblo es de un aseo que no puede ser superado. Mujeres y 
hombres acostumbran á vestirse de blanco, y sus trajes albean, 
no sólo en los días de fiesta, sino también en los de trabajo. Aquel 
es un pueblo donde no se siente el olor humano, que es el más 
detestable de los malos olores. 

Es una nota muy simpática para el viajero la que constituye 
aquel pueblo con su indumentaria, que si no es elegante sí es 
pintoresca y alegre, moviéndose en calles y plazas que inunda el 
torrente de luz tropical; gentes de andar un tanto lento, sin ser 
perezoso, con cierta dignidad sin orgullo, y respeto sin bajeza. 
Las mestizas con sus hipiles y fustanes bordados, sus largas ca- 



Mérida. 317 

denas de oro realzadas con monedas del mismo metal, sus arra- 
cadas, sus tápalos de brillantes colores, sus chapines orientales, 
recogida su larga y azulosa cabellera en un moño característico, 
bien modelado el escultórico busto, su andar airoso, sus ojos 
negros de mirar franco y reposado, parecen enjambres de mari- 
posas blancas flotando en una atmósfera de oro en sublimación. 

No tiene Mérida ese estruendoso bullicio de las grandes ciu- 
dades mercantiles, que ensordece y abruma el cerebro; sino ese 
movimiento, esa animación que bastan para revelar que hay vida, 
y vida intensa, que se trabaja y se disfruta, que el día de hoy está 
asegurado, que el de mañana no ofrece ningiin problema difícil, 
pues se mira lo porvenir como una consecuencia lógica de lo 
presente, y si lo porvenir es una esperanza, lo presente es una 
realidad y una promesa solemne al mismo tiempo. 

No hagamos comparaciones con países extraños, porque las 
diferencias resultan forzosamente mayores en número que las 
semejanzas. Comparemos á Mérida con las otras grandes po- 
blaciones de la República, y aquellos que, como yo, las conozcan, 
tendrán que convenir que no hay una sola que presente conjunto 
tan homogéneo de bienestar, de alegría, de aseo y de ríqueza ; sin 
esos contrastes tan chocantes como tristes que en otras partes 
ofrece una clase extremadamente rica al lado de otra clase extre- 
madamente miserable, y entre ambas una clase media con todas 
las necesidades y los apetitos de la primera y una carencia de 
medios rayana en la de la segunda. 

Mérida tiene un aspecto especial. Nada hay actualmente que 
recuerde en ella la antigua T-Hó de la provincia de Cch-pcch, 
fastuosa capital de una de las familias mayas, y sólo el pueblo 
que ha resultado de la mezcla de conquistados y conquistadores, 
y algunos girones de indígenas de sangre pura, traen á la me- 
moria el recuerdo de los tiempos precolombinos. Pero el trazo 
de la ciudad, algunos monumentos que quedan, muchas de las 
antiguas casas que están aún en pie, ciertas costumbres entre 
señoriales y patriarcales que perduran, hacen resurgir la época 
colonial y dan un aspecto curioso á la ciudad, en que lo medio- 
eval y lo contemporáneo se van confundiendo por medio de ma- 
tices y gradaciones imperceptibles pero no interrumpidas. 

Si se contempla la ciudad desde una altura, el aspecto que 
presenta es de lo más sorprendente por los miles de aereo-motores 
que con sus erguidas silhuetas y sus grandes aspas cortan el azul 



320 .£/ Estado de Y uc atan. 

Adornan la ciudad varios pequeños parques, cuidados con 
esmero, siendo el principal de ellos el de la Plaza de la Indepen- 
dencia, con sus frondosos laureles de la India. El de Hidalgo, 
ubicado en la calle 59 esquina á la 60, tiene en el centro una esta- 
tua de bronce que representa al General Cepeda Peraza, sobre un 
pedestal de cantería. 

El Parque Benito Juárez, el Parque de la Unión, el Parque 
Quintana Roo, el Parque Eulogio Rosado están diseminados por 
los distintos rumbos, y con los que existen en las plazas de Ve- 
lázquez, de la Libertad y de D^ollado forman los " pulmones 
de la ciudad," segiin la gráfica frase de los norteamericanos, que 
de tal manera califican esos jardines. 

El paseo principal de Mérida es el llamado de Monte jo, avenida 
que tiene un kilómetro de extensión por 30 metros de ancho. 
A cada lado del paseo están fabricando quintas suntuosas, y 
dentro de pocos años aquel será el centro aristocrático de la ciu- 
dad. Al fin del paseo se encuentra la estatua del Dr. Dn. Justo 
Sierra, que fué descubierta con gran solemnidad el 15 de Enero 
del presente año (1906). Por el mismo rumbo, es decir en 
el suburbio de Santa Ana, se encuentra el paseo de " La Re- 
forma." 

Pobre se muestra Mérida en materia de teatros, pues en reali- 
dad sólo hay un local que merece hasta cierto punto el nombre 
que lleva de Circo-Teatro Yucatcco, que sirve para corridas de 
toros, funciones de acróbatas, representaciones dramáticas y para 
conciertos, zarzuelas y óperas, según las circunstancias, lo que 
quiere decir que no sirve para nada, propiamente hablando, y 
desdice mucho de la cultura meridana. 

Verdad es que desde hace muchos años se trabaja en la cons- 
trucción de un gran teatro, que lleva el nombre de ** Peón Con- 
treras," en honor del distinguido poeta y dramaturgo yucateco; 
pero agotaron los recursos pecuniarios varias veces, lo que obligó 
á suspender los trabajos. Últimamente se han proseguido con 
actividad y es seguro que en 1907 estará concluido, y sera digno 
de la ciudad. 

Hay varios centros de reunión y de recreo, siendo los princi- 
pales La Lonja Meridana, el Casino y el Centro Español. 

La ciudad está dotada de un excelente servicio de alumbrado 
eléctrico, con 320 focos de arco de 800 bujías cada uno. conve- 
nientemente distribuidos, y 459 faroles con luz de petróleo, en los 



Mérida. 321 

barrios. Para el alumbrado privado ministra la Compañía po- 
tencia para unas 13,000 lámparas incandescentes. 

Itzimná, pequeña población, hoy verdaderamente un suburbio 
de Mérida, es un lugar pintoresco. La calzada que la une con la 
ciudad tiene de lado y lado bonitas casas campestres y rientes 
chalets, y tanto en el camino como en Itzimná se ven frondosas 
arboledas, hermosas huertas y jardines cubiertos de plantas raras 
y de exquisitas flores. Además hay allí un parque que sirve de 
centro de recreo, con variedad de aparatos, montañas rusas, &. &., 
muy concurrido los domingos, sobre todo en la época de los 
calores. 

Chuminopolis es otro lugar suburbano por el estilo, más alegre 
tal vez que Itzimná, pero de menor importancia. Su caserío es, 
por lo general, de madera, al estilo norteamericano, y algunas de 
sus quintas tienen hermoso aspecto. 

Tanto Itzimná como Chuminopolis están unidos á Mérida por 
tranvías. 

Las casas de la ciudad son generalmente de un piso, pero altas 
de puntal, con grandes puertas y ventanas voladas, ya en forma 
de balcón, ya con rejas de hierro. Son de cantería y están estu- 
cadas ; por lo común las fachadas están pintadas de aceite. Pero 
si el exterior tiene poco atractivo, por ser la arquitectura sencilla 
por demás, al estilo antiguo español, el interior en cambio llama 
la atención por la manera con que está distribuido, y por el con- 
fort y el lujo. 

Las casas antiguas son más amplias que las de moderna cons- 
trucción, y algunas contienen dos y tres grandes patios. En todas 
hay extensos corredores, y el indispensable patio, que sirve de 
respiradero, convertido en jardín, ó por lo menos adornado con 
macetas de vistosas flores. El aspecto del interior recuerda el de 
las casas de Sevilla ó de Granada. 

La sociedad meridana es de una cultura exquisita, sin que por 
eso haya perdido el tinte local que la caracteriza. Toda persona 
acomodada, y aún las de modesta fortuna, han viajado por el 
país y por el extranjero. Muchas se han educado en los grandes 
centros de Europa y de los Estados Unidos, y han adquirido esas 
buenas maneras que distinguen á las gentes de la alta sociedad de 
las grandes capitales. 

Las señoras han sabido aunar el lujo con la elegancia, dando 
más atención á la segunda que á la primera. 



322 El Estado de Yucatán. 

Se cultivan mucho las relaciones sociales; todas las familias 
reciben con frecuencia, y las tertulias son animadas y cordiales. 
En ellas se da lugar preferente á la literatura y á la música, y 
llama la atención el tacto y buen gusto que revelan las meridanas 
en su conversación y en sus maneras. 

Mérida es una de las ciudades que cuenta con mayor número 
de carruajes y automóviles, con relación á su censo. Al servicio 
público hay cerca de 600 coches de alquiler, y unos 300 particu- 
lares. Entre estos últimos se ven trenes tan ricos y de tanto 
gusto como los que circulan en los grandes paseos de N. York, 
Londres ó Paris. Se calcula en 2,400 el número total de los vehí- 
culos que circulan en la ciudad, fuera de los carros y plataformas 
de la Empresa de Tranvías. 

La pasión por los automóviles constituye hoy una especie de 
fiebre en la capital yucateca, que es la primera de la República, 
mejor dicho, la única que ha establecido un servicio público de 
esos vehículos, en competencia con los coches de sitio. 

Mérida ha conquistado gran fama por la suntuosidad con que 
celebra las fiestas del carnaval, á las que concurren gentes de todo 
el Estado y aún de lugares distantes de la República. Esas fiestas 
son un verdadero derroche de ingenio, de dinero, de lujo, de ani- 
mación y de alegría, que no encuentran en América nada que se 
le asemeje, fuera de las fiestas análogas de Nueva Orleans. 

A todo esto añádese que en pocas partes se practica la hospi- 
talidad como en Yucatán, tan amplia, tan sincera, tan caballerosa 
y' noble, sin hacerla pesada por la ostentación desmedida ni por 
las atenciones demasiado prolijas. El yucateco hace que desde 
el primer momento el huésped se crea en su propia casa, con la 
más amplia libertad, y aparenta que no se preocupa absoluta- 
mente de él, sin que deje por eso de estar pendiente de todas sus 
necesidades, de todos sus deseos, para prevenirlos y satisfacerlos, 
sin que el agraciado note el esfuerzo ni advierta la atención, como 
si se quisiera evitar la gratitud, como si el favorecido fuese aquel 
que hace la merced y no el que la recibe. 

Y esto se ve en las gentes acomodadas, en la clase media y 
aún en las más modestas, cumpliendo cada una de ellas se^pin su 
condición y sus recursos. 

Otro rasgo característico del pueblo de Mérida es su honradez 
ejemplar. Yo he visto en una casa de comercio dar á un mestizo, 
un cargador, un cheque por valor de muchos miles de pesos, para 



M ér i d a, 323 

que fuese á cobrarlo á un banco, y llevase después el dinero á una 
hacienda lejana. 

Un día me detuve á ver salir los alumnos del Instituto. Entre 
aquella muchedumbre de niños y de jóvenes, se destacaron cua- 
tro ó cinco, que sacaron de los bolsillos paquetes de billetes de 
lotería, y empezaron á pregonarlos. Llamé á uno de ellos, rapaz 
de once ó doce años, y le compré un billete para tener pretexto 
de entrar en conversación con él. Le pagué con un billete de 
$20; el chico sacó el dinero que guardaba en una bolsita, y vio 
que le faltaban ocho pesos para completar lo que tenía que de- 
volverme. Llamó á uno de sus camaradas, y con la mayor natu- 
ralidad del mundo le dijo que le prestara los ocho pesos, y el 
requerido, sin vacilar, sin preguntar nada, sacó el dinero, lo en- 
tregó á su camarada, y echó á correr pregonando sus billetes. 

Pregunté á mi billetero si el otro era su hermano 6 su pariente, 
y me contestó que no, que eran amigos y compañeros de escuela. 
Le pregunté que si no tenía temor de que sus condiscípulos, por 
travesura, le escamoteasen el dinero ó los billetes. El billetero 
me miró con cierta sorpresa y me dijo: " ¿ Y para qué? " 

No me atreví á hacerle nuevas preguntas. 




CAPITULO XXV. 

LA VISITA PRES11)EXC1AL: el motivo de la visita. LA R.\Z6S DEL 

E.NTCSL\SMO QÍV. DF.Sl'EHTÓ E.N EL l'L-El;U> VCCATECO. — PRE- 
PARATIVOS PARA LA RECEPCIÓN'. EL VIAJE. RECEPCIÓN E.V- 

Tl'SI ASTA.— LAS FIESTAS DEL DÍA $■ — LAS FIESTAS DEL DÍA 6. — 
INAL-GCRACIÓN DEL HOSPITAL O'llOR.^X Y DEL ASILO AVALA. — 

BANQUETE EN CASA DEL SR. GOBERNADOR. LA RETRETA. EL 

B.VILE OFICIAL.— FIESTA RELIGIOSA EN HO.N'OR DE LA SEÑOR.\ 
ROMERO RUBIO DE DÍAZ. 



Yucatán no había sido visitado jamás por ninguno de los Jefes 
de la Xación, y sólo se recuerda la visita que en Noviembre de 
18G5 hizo la Emperatriz Carlota á la Península, cual aconieci- 
mieiiti) {|iie pudiera tomarse como excepción á lo que asentado 
dejo, sin tener en cuenta que en ningún caso es posible considerar 



La Visita Presidencial. 325 

á la esposa del desdichado Maximiliano como Jefe de la Nación 
Mexicana. 

El admirable desarrollo que ha tenido Yucatán en los últimos 
años, la próxima inauguración de varias obras de singular im- 
portancia, el deseo del Sr. Gobernador Molina de que el Sr. 
Presidente presenciase esa inauguración, fueron los pretextos 
para que aquel funcionario invitase privadamente al principio, y 
de un modo oficial después, al Primer Magistrado de la Nación 
á hacer una visita á la Península, que debía ser una verdadera 
marcha triunfal y tener caracteres de apoteosis. 

El Sr. General Díaz aceptó la invitación. Siempre se le ha 
visto concurrir con la mejor voluntad donde quiera que se le ha 
llamado para solemnizar uno de esos actos que significan pro- 
greso, y con mayor motivo debió aceptar la atenta y entusiasta 
invitación que le hacía la sociedad yucateca, por conducto de su 
digno Gobernador, porque la visita presidencial venía á destruir 
la excepción que por circunstancias especiales se había hecho de 
la Península, porque esa visita vendría á robustecer más aún, si 
fusible era, los vínculos fraternales que la unen con los demás 
Estados ; y digo que " si posible era " porque tengo la profunda 
convicción de que Yucatán se encuentra, desde hace años, tan 
identificado con la República como lo está el Distrito Federal, que 
es el centro y, en cierto modo, el alma del país entero. 

Ya pasaron para siempre los vientos levantiscos. Las genera- 
ciones que intentaron la segregación del territorio, han desapa- 
recido arrebatadas por el tiempo ; el contacto más frecuente y más 
íntimo ha ido creando simpatías recíprocas muy profundas; las 
desgracias y los triunfos han sido comunes; los yucatecos han 
visto (jue en todo tiempo y cualesquiera que fuesen las circuns- 
tancias, siempre han sido considerados en México como her- 
manos y han ocupado altos puestos públicos al par de los demás 
hijos del país. Nos hemos conocido mejor unos á otros, y nos 
hemos amado con mayor intensidad. Lo repito y no me cansaré 
de repetirlo : en Yucatán no se hace hoy distinción entre los hijos 
del Estado y los hijos del resto del país, y, en caso de hacer al- 
guna, es en obsequio de los últimos, por espíritu de galantería y 
de hospitalidad. 

No es esta la ocasión oportuna para hacer una reseña de los ser- 
vicios prestados á la Patria por el Sr. General Díaz en su doble 
carácter de militar y de estadista. Pero sí es este el lugar á pro- 



326 El Estado de Yucatán. 

pósito para mencionar el gran servicio hecho por el Sr. General 
Díaz al Estado de Yucatán. Aludo á sus esfuerzos para terminar 
la guerra de castas, á que me he referido en más de una de las 
páginas de este libro. 

En el número del periódico yucateco intitulado " La Demo- 
cracia," correspondiente al 15 de Junio de 1905, encuentro un 
artículo encaminado á prestigiar la candidatura del Sr. Lie. Don 
Olegario Molina, para la reelección, y de él tomaré algunos pá- 
rrafos que se relacionan con la última campaña contra los indios 
rebeldes, ese terrible azote de la Península Yucateca. 

" El Gobierno federal acordó la terminación de la guerra de 
castas, como imperiosa necesidad impuesta por el decoro y el 
honor de la Nación. Habiendo alcanzado el país, debido á la 
fructuosa era de paz iniciada y sostenida por el ilustre Caudillo 
actual de la República, un grado considerable de adelantos en el 
orden de todos los progresos, era llegado el momento histórico 
de hacer efectiva su soberanía interior en todas las zonas v con- 
fines de su vasto territorio. La sustracción semisecular de las 
tribus mavas á la obediencia de los Poderes locales v federales 
era una nota oprobiosa para la nación mexicana, un fenómeno 
político social que comprometía la buena opinión á que tiene 
derecho en lo que toca á su fuerza y su cultura. Convencido de 
esta verdad, el Supremo Gobierno de la Nación abrió la nueva 
campaña contra los mayas rebeldes, con el propósito firme de no 
darla por concluida sino con la reducción y sometimiento del 
salvaje. Si por tratarse de un empeño en que se interesaba el 
buen nombre nacional, todas las unidades federales estaban 
estrictamente ceñidas á contribuir con el contingente de tropas 
que les fuese señalado, esta obligación, impuesta por el patrio- 
tismo y el decoro, constreñía más inmediata y directamente, por 
razones de tradición v de orden histórico, á nuestro Estado de 
Yucatán. Por eso es que en las penalidades y glorias de la re- 
ciente campaña, que tan feliz desenlace obtuvo, cupo en brillante 
proporción un lugar distinguido al esfuerzo yucateco. La par- 
ticipación de Yucatán consistió en fuertes erogaciones que pe- 
saron sobre su Erario y dificultaron la satisfacción de apremi- 
antes necesidades del servicio público y en un contingente de 
sangre que se destinó á trabajos de reapertura y construcción de 
caminos y á engrosar las tropas que sostuvieron la lucha armada. 
Menos que las balas y el machete del salvaje, indomeñable y feroz, 



La Visita Presidencial, 327 

causaron estragos en las filas de los soldados de la buena causa, 
las inclemencias de nuestro tórrido clima, mortífero para los 
soldados del Ejercito nacional, y las condiciones insalubres de 
aquellos pantanosos terrenos en que los gérmenes del paludismo 
y los mil achaques que de él se derivan, sembraron el luto en los 
hogares de nuestros modestos guardias nacionales." 

Si grandes fueron los estragos que causaron el clima, las en- 
fermedades y las balas del enemigo en el contingente yucateco, 
mayor fué en las tropas federales, que no estaban aclimatadas y 
que tuvieron que soportar el peso de esa campaña, la que no hu- 
biera sido posible llevar á feliz término, como lo demuestra una 
larga y dolorosa experiencia, sino en las condiciones que lo veri- 
ficó el Gobierno federal, y contando con los cuantiosos recursos 
de la nación. 

Tal campaña no fué improvisada, sino preparada con habilidad 
diplomática y estratégica. Necesario se hizo deslindar primero 
nuestras fronteras con la colonia británica de Belice, tanto para 
impedir que siguieran los mañosos avances de nuestros vecinos, en 
el territorio nacional, cuanto para poner coto á la protección di- 
recta que daban á los indios rebeldes, comerciando con ellos, y 
proveyéndolos con armas y municiones de guerra, y aun ampa- 
rándolos en sus dominios cuando, acosados por nuestras fuerzas, 
trasponían la frontera. 

Ese acto encontró alguna oposición aún entre varios yucatecos 
prominentes, que no vieron en él sino el vicio de origen de la po- 
sesión británica, atendiendo más al derecho que al hecho indis- 
cutible, y que no comprendían que en ciertas circunstancias es 
mejor decidirse á sacrificar lo menos para conservar lo más de 
una manera firme y segura, y este fué uno de los casos en que 
tuvo exacta y juiciosa aplicación la sentencia de que es preferible 
mala transacción á buen pleito. 

I.a larga y penosa campaña originó sacrificios de sangre y de 
dinero al Estado de Yucatán, pero fueron mayores los que oca- 
sionó á la Federación, y los que sigue ocasionando, pues el Go- 
bierno no puede conformarse con lo hasta aquí obtenido, sino 
que está obligado á poblar, civilizar y fomentar el Territorio de 
Quintana-Roo, creado en virtud de las necesidades imperiosas de 
esa guerra, para que no resulten estériles los sacrificios consu- 
mados y los que habrá que hacer aún. 

Esto lo ve hoy el pueblo yucateco con más claridad que nin- 



328 El Estado de Yucatán. 

guno otro, y de allí ha nacido su gratitud hacia el Presidente 
Díaz. 

Cuando se hicieron públicas la invitación y la aceptación, se 
despertó gran entusiasmo entre todas las clases de la sociedad 
yucateca, y cada una, á porfía, quiso concurrir con cuantos ele- 
mentos tenía para que las fiestas que se celebrasen con tal motivo 
fuesen de una grandiosidad no vista hasta entonces en nuestro 
país, y que pudiesen rivalizar en magnificencia con las más so- 
berbias que se registran en otros pueblos, con la sola diferencia 
del medio, v sin atender á los medios. 

Aquella visita era excepcional, excepcional el número y la 
calidad de los huéspedes y excepcional también tenía que ser el 
recibimiento y las fiestas con que se obsequiase á quienes, desa- 
fiando el clima, los rumores de enfermedades reinantes (rumores 
que eran falsos y tenían más bien el carácter de aprehenciones) 
concurrían al llamamiento galante que les hacía la sociedad 
yucateca. 

Desde luego se nombró una Gran Comisión para organizar 
dignamente las fiestas, presidiéndola el acaudalado Sr. Dn. Au- 
gusto Peón, Presidente del Ayuntamiento, acompañado por los 
Señores Don Agustín Vales Castillo, Dn. Pedro M. Peón de 
Regil, Dn. Eulalio Casares, Lie. Dn. Hernando Ancona Pérez, Lie. 
Dn. José L Novelo, Lie. Dn. Marcelino Canto Pérez, Dn. Roberto 
Rivas y Dn. Antonio Mediz Bolio, todas personas de las más 
conspicuas del Estado, y, en su mayor parte, hombres de gran 
fortuna. Fungió de Secretario el Sr. Dn. Manuel Sierra Méndez. 

La Gran Comisión nombró una junta Directiva de las fiestas, 
presidida por el Sr. Dn. Agustín \'ales Castillo, á quien acom- 
pañaron los Sres Manuel Zapata Martínez, Avelino Montes, Lo- 
renzo Ancona, Lie. Juan Francisco Molina Solís, Eulalio Casares, 
Rafael Peón, Antonio Bolio, Pedro Leal y Vicente Solís León. 

Al mismo tiempo se nombró una Gran Comisión compuesta 
de las principales damas de la localidad para recibir, acompañar 
y obsequiar á la esposa del Sr. Presidente, figurando en dicha 
Comisión las Señoras Dolores Figueroá de Molina, Josefa Arana 
de Peón. Jacinta Bolio de Peón, Cristina Millet de Vales, Adela 
Ermida de Palomeque, Dolores Molina de Suárez, Hortencia 
Rendón de García, Adriana Laviada de Cámara, Barbasiana 
Barbachano de Evia, Guadalu])e Martínez de Arredondo de Ca- 
sares. Mercedes Cantón de García, Camila Fernández de Aznar, 



La Visita Presidencial. 329 

Mercedes Castellanos de Zapata; y las Señoritas Teresa Molina 
Figneroa, Graciella Vales Millet, Sahra y Alicia Molina, Ana y 
Margarita Palomeque, Flora y Julia Espinosa, María García, Pilar 
Ancona, Celia Peraza, Josefina Espinosa, Amira Evia, Genoveva 
Fernández y María Rendón Yrabien. 

Estas comisiones trabajaron con ardoroso empeño en allegar 
recursos, en hacer el programa de la fiesta y en organizarlo todo 
de manera que fuese excepcional por su grandiosidad y por su 
originalidad, haciendo tomar parte en las manifestaciones á todas 
las clases sociales, á fin de que resultase algo eminentemente re- 
gional, la expresión del sentimiento público ; y á f e que lo logra» 
ron en toda la plenitud del término. 

El primer obstáculo con que se tropezó fué el del transporte 
marítimo. 

Sabíase que el Sr. Presidente no podía embarcarse en buque 
que llevase insignia extranjera; pero si esa dificultad quedaba 
salvada, por lo que á su persona respecta, utilizando alguna de 
las naves de guerra nacionales, no así por lo que tocaba á la 
comitiva, tan numerosa que no podía encontrar acomodo con- 
fortable en dichos buques. Por otro lado, las embarcaciones 
nacionales mercantes carecen no sólo del lujo, sino hasta de las 
comodidades indispensables para un pasaje escogido. 

Pensóse entonces en fletar uno de los mejores vapores de la 
Compañía Americana de Ward, y se entró en tratos con ella, 
llegando hasta ofrecer $30,000 en oro por el servicio del vapor 
Esperanza, para los viajes de ida y de regreso de la comitiva. 
Pero la compañía tuvo dificultades al parecer insuperables, y la 
situación se complicaba cada vez más, viniendo á salvarla la Com- 
pañía de la Hamburg-Amerika Linie, la que puso á la disposición 
del Gobierno, de un modo gratuito é incondicional, una de sus 
buenas naves, el vapor Fürst Bismarck, de 8,500 toneladas de 
registro y 6,100 caballos de fuerza. 

Las demás dificultades fueron conjuradas y vencidas á fuerza 
de talento y de dinero. Se trataba del prestigio de Yucatán, y la 
idea de sacrificio se impuso como un principio, y la palabra im- 
posible quedó borrada del léxico, como vacía de sentido. 

Se puso á contribución á sastres y modistas de la capital y del 
extranjero; se gastó una fortuna en joyas, en carruajes y en 
troncos de caballos de pura sangre; todas las fachadas de las 
casas y edificios públicos, no diré de Mérida y Progreso, sino del 



330 El Estado de Yucatán, 

Estado, fueron pintadas, y debe haber ascendido á millones de 
pesos lo gastado en tantos preparativos, teniendo en cuenta que 
hasta las gentes más humildes hicieron gastos para poder presen- 
tarse con decoro en las fiestas que se preparaban, y que fué 
enorme el gentío que de todos los Partidos convergió hacia Mé- 
rida, hasta el punto de que no era ya posible alojarse en esa ciu- 
dad y en la de Progreso, la que quedó convertida en una sucursal 
de la otra. 

En lá mañana del 3 de Febrero de 1906 salió de la capital el 
Sr. Presidente, acompañado con su esposa, su Estado Mayor, el 
Vicepresidente de la República, el Ministro de Comunicaciones, 
los Ministros de Alemania y de Italia, y un numeroso séquito de 
funcionarios, empleados y de damas distinguidas. 

En Veracruz se embarcó la tarde de ese mismo día el Sr. Pre- 
sidente, en el cañonero Bravo y los demás invitados fueron re- 
cibidos á bordo del Filrst Bismarck, llegando á Progreso en la 
mañana del 5. 

Cuando el vigía anunció que estaba ya á la vista el buque pre- 
sidencial, una ola de entusiasmo, algo así como una corriente eléc- 
trica, se sintió sacudiendo á la inmensa multitud que llenaba los 
muelles. 

En un remolcador fueron á bordo á ofrecer sus respetos al 
Señor Presidente, el Señor Gobernador del Estado ; los Lies. Don 
Agustín Monsreal Gómez, Don Julián Aznar y Don Gonzalo Cá- 
mara, en representación del Tribunal Superior de Justicia ; los 
Doctores Don Augusto Molina, Don Luis F. Urcelay y Don José 
Patrón Correa, en representación del Poder Legislativo : el Jefe 
de las armas. Señor General Don Ignacio A. Bravo, y otros altos 
funcionarios y particulares. 

En el muelle fué recibido el Sr. Presidente en medio de una 
aclamación general y estruendosa. 

Una comisión especial de Señoras y Señoritas concurrió á Pro- 
greso á saludar á la honorable Señora esposa del Señor General 
Díaz. 

Inmediatamente que pisó el muelle el Señor Presidente, pasó á 
la estación del ferrocarril de vía ancha, espléndidamente ador- 
nada, y se embarcó para Mérida. 

Aquí un inmenso gentío se aglomeraba en el Paseo Montejo, 
la Plaza de la Independencia, Parque Hidalgo, de Santa Lucía, de 



La Visita Presidencial. 331 

Santa Ana, y toda la parte de la calle 60 que debía recorrer la 
comitiva. 

El Señor Presidente fué recibido en la estación del ferrocarril, 
situada al norte del Paseo Monte jo, por el Presidente del Ayun- 
tamiento, los miembros del Consejo Municipal, los de la Junta 
Directiva de las fiestas, empleados de las oficinas públicas, tanto 
locales como federales, las comisiones de los Gremios y Corpo- 
raciones, y los invitados para el acto. El Presidente del Ayunta- 
miento ofreció de una manera solemne la hospitalidad de la ciu- 
dad al Primer Magistrado de la Nación. 

La ciudad de Mérida estaba regiamente engalanada. Todas las 
casas ostentaban adornos vistosos, las calles y avenidas estaban 
adornadas con trofeos, banderolas, &. Pero lo que más llamaba la 
atención era la serie de arcos triunfales, erigidos en el paseo de 
Montejo, por el Ayuntamiento; en Santa Ana, por la colonia 
italiana ; en la calle 60, por la colonia china ; en el parque Hidalgo, 
por la colonia cubana; en la plaza mayor, por el Gobierno del 
Estado, y otro por los hacendados y comerciantes ; en la calle 64, 
por la Cervecería ^loctezuma; y otros por las colonias turca, 
americana, española, alemana, el pueblo yucateco, y por el Sr. 
Barallotre. 

En el programa de las fiestas del día 5 figuraba un gran ban- 
quete ofrecido por el Sr. Gobernador del Estado, en el Palacio de 
Gobierno. 

Inmediatamente después del banquete los invitados ocuparon 
los balcones de Palacio para ver desfilar el " Paseo de las An- 
torchas," que resultó muy lucido. 

Siguiendo el programa de las fiestas, el día 6 tuvo lugar la so- 
lemne inauguración del " Hospital O'Horán y del " Asilo Ayala," 
edificios situados en el extremo poniente de la ciudad. 

A las 9 A.M. llegó el Sr. Presidente con su comitiva, y una vez 
que ocuparon sus asientos en el estrado de la galería, comenzó el 
acto con la lectura que dio el Sr. Dr. Don Luis F. Urcelay, Mee- 
presidente de la junta del Hospital O'Horán, á un bien redac- 
tado informe. 

Bajó de la tribuna el Sr. Dr. Urcelay entre los estruendosos 
aplausos de la concurrencia, y lo sucedió en aquel pedestal del 
triunfo el joven poeta Don Luis Rosado \'^ega, quien tantos lau- 
reles tiene ya conquistados, augurios de mayores glorias, que le 



332 El Estado de Yucatán, 

reserva lo porvenir. El Sr. Rosado Vega recitó una inspirada 
poesía, que le valió ruidosa y merecida ovación. 

Eíi seguida el Sr. General Díaz declaró inaugurados loi efr 
ficios, y el Señor Don Fernando Casares dio lectura al Acti .de 
Inauguración, la que fué fírniada por las damas y caballeras, qne 
estaban presentes, inclusives el señor Presidente y su 
Después de esta ceremonia, se repartió entre la concurrencia 
álbum con numerosas vistas de los edificios inaugurados. Didio 
álbum contiene retratos del General Díaz y del señor Gobernador 
del Estado y vistas de algunas calles de Merida. También ie 
repartió un cuaderno con el discurso del Doctor Urcelay, la podia 
de Don Luis Rosado \'ega y el Acta de Inauguración. 

Acto seguido, la Comitiva paseó por los diversos departamentfii 
del Hospital. 

r*ara que tengan mis lectores una idea del dicho Hospíül 
O'Horán, les presentaré los breves datos siguientes: Ocupandb 
una área de lo hectáreas se levanta este Hospital mixto, y difí- 
dido en dos departamentos (el de hombres y el de mujeres 41 
Norte) por una ancha avenida de aislamiento, y después ca^* 
hospital, por medio de otra calle de Norte á Sur, en hospitales de 
no infecciosos y de infecciosos : de manera que el cuadrado locd 
está dividido en cuatro rectángulos desiguales para ** hombres no 
infecciosos," "hombres infecciosos," "mujeres no infecciosas" 
y ** mujeres infecciosas." 

En el centro del Establecimiento y sobre la fachada principal» 
se levanata el edificio de la administración, que comprende ofi- 
cinas, consulta externa, farmacia, habitación del Administrador, 
&. Los demás edificios de servicios generales son un pabellón 
mortuorio, lavandería, cocina, balneario general, &. 

Cada departamente tiene una dirección, una sala de operaciones 
y los pabellones de enfermos, todos ligados entre sí por medio de 
galerías cubiertas, y para los servicios de ropa, comida, &., por 
una vía férrea de om. 6o. 

Los pabellones son de diferentes tipos. El que llamamos 
** pabellón grande " fdel cual existen 13 construidos y se cons- 
truirán otros más adelante si se juzga necesario) tiene una sala 
ojival para 20 camas, 2 cuartos de distinción, uno para enfermos, 
ti>anería, toilettes y baños de tina, comedor de convalecientes, 
cuartos de agonizantes, de ropa limpia y de sucia, y constituye 
inia unidad completa. 




Dr. J. Peón CoiiiriTJts. 
Sr. Don AiiBiisto I,. I'ti'm. 
Sr. Un. Lili- Rosado Vi^tiii. 



l>r. Luis i-". L'rti-lay. 
Dr. JoiO Patrón Crn 



334 E i Estado de Yucatán. 

La iluminación de las salas es bilateral, los muros y pisos im- 
permeables, y la ventilación se gradúa á voluntad, por ventanillas 
bajo las ventanas ó por los antepechos de éstos y de las puertas, 
evacuándose el aire viciado por el vértice de la ojiva. 

Los techos son de doble capa de cemento armado, con un cojín 
de aire intermedio. 

Otros tipos de pabellones son los de fiebre amarilla, sarampión, 
&., y los de " dudosos." En los últimos cada enfermo tiene su 
cuarto aislado. 

El Hospital tiene en total 35 pabellones y ha costado $1.400,000 
en números redondos. 

El temor de alargar demasiado estas líneas nos impide dar 
mayores detalles y solamente mencionaremos, para terminar la 
descripción del Hospital, que está provisto abundantemente de 
agua que una bomba de gasolina extrae de un pozo para elevarla 
á un estanque de cemento armado de 250,000 litros de capacidad, 
del que parten las caiierías para el riego de los jardines y ser- 
vicio de los pabellones. El agua potable se toma de los algibes 
de 200,000 litros. 

El programa para el edificio fué principalmente obra del Sr. Dr. 
Ürcelay, habiendo sido elegidos en concurso público convocado al 
efecto, los planos del Ingeniero Salvador Echagaray, con quien 
se contrató la construcción del edificio. 

La administración de fondos, y en general todo lo relativo al 
Establecimiento, estuvo á cargo de una junta compuesta de los 
Sres. D. Pedro Peón de Regil, Presidente; Dr. Luis Urcelay, 
Vice-presidente ; Enrique Muñoz Arístegui, Tesorero; Fernando 
Casares, Secretario; y Vocales, los Sres. Alvaro Peón de Regil, 
Augusto L. Peón, Eulalio Casares, Rafael Peón, Pedro Leal, 
Rogelio V. Suárez, Emilio García Fajardo, Manuel Pasos Gu- 
tiérrez, Manuel Zapata Martínez, Agustín Vales Castillo, Enrique 
Cámara y Armando G. Cantón. 

Estos señores, así como los Miembros de la Junta del Asilo 
Ayala, no economizaron esfuerzo alguno para alcanzar el éxito 
y contribuyeron generosamente con su peculio para la construc- 
ción de los Hospitales. 

Después pasó la Comitiva á la Penitenciaria, " Juárez," y de 
allí al " Asilo Ayala." donde obsequiaron con un lunch á los hués- 
pedes y demás concurrentes. 



La V isit a Presidencial . 335 

Sobre este Hospital para dementes, que lleva el nombre del 
filántropo Don Leandro León Ayala, daré los siguientes datos. 
Se levanta en el lado Sur de una gran plaza, cuyos lados Norte 
y Poniente se hallan ocupados respectivamente por el ya descrito 
" Hospital O'Horán " y la " Penitenciaría Juárez/' 

El Asilo es mixto, es decir, para hombres y mujeres, y está 
construido según el sistema fragmentario ó de pabellones aislados, 
levantándose al centro de la fachada principal el de la adminis- 
tración, y luego en el eje del edificio los pabellones de la cocina, 
talleres. &. 

Cada departamento (hombres y mujeres) constituye un con- 
junto completo, desde su pabellón de observación, para clasificar 
debidamente al paciente que ingresa, hasta los de tranquilos, semi- 
agitados, epilépticos, agitados y celular. La ventilación é ilu- 
minación, cubo de aire, &., se ajustan á las reglas de la higiene 
hospitalaria, y el reparto de las varias dependencias de cada 
pabellón ha sido objeto de minucioso estudio. Cada departa- 
mento se completa con pabellón de Fisicoterapia (baños, gim- 
nasia, &.) y con comedores y escuela, estando dispuesto el con- 
junto en vista de futuras ampliaciones, hasta poder contar con 
capacidad efectiva para 650 asilados. 

El Establecimiento ha sido construido con un cuantioso dona- 
tivo del Sr. Ayala, con los de varios generosos donadores y con 
la ayuda del Gobierno del Estado. Ha estado gobernado por una 
Junta compuesta de los Sres. Eulalio Casares, Presidente ; Manuel 
Pasos Gutiérrez, Tesorero; Dr. Fernando Casares, Secretario; y 
Vocales, Dr. Luis Urcelay y Agustin Vales Castillo. 

Los planos del edificio son obra del Sr. Ingeniero Salvador 
Echagaray, según el programa preparado por el Sr. Dr. Luis E. 
Urcelay Martínez, habiéndose ejectuado los trabajos bajo la di- 
rección del Ingeniero Jesús Padilla, con un costo hasta hoy de 
$87 1 , 1 50.00. 

En la noche tuvo lugar el suntuoso banquete con que el Sr. 
Gobernador obsequió al ilustre huésped, en su casa particular. 

A la hora del Champagne ofreció el banquete el Lie. D. Juan 
F. Molina, expresando la simpatía y el cariño de la familia 
Molina por el Sr. Presidente, cuyas dotes ensalzó, principalmente 
en lo relativo á su conducta individual é intachable vida privada. 
Entre otras cosas dijo el Lie. Molina que la pureza del hogar del 



336 El Estado de Yucatán. 

Gral. Díaz es alto ejemplo para las familias mexicanas, y lo com- 
paró con un espléndido joyel de oro que prodigara su fulgor 
desde la cúspide de una montaña, envuelta en luz. 

Vivamente emocionado el Sr. Gral. Díaz contestó al brindis, 
diciendo que siempre había considerado como el primer deber el 
todo mexicano el conservar una conducta privada irreprochable, 
y que la manera mejor de servir á la patria era procurar ser una 
unidad digna de ella; y que así, no se limitaba á felicitar á los 
yucatecos por sus riquezas industriales, sino que, sobre todo, se 
congratulaba de que la mujer yucateca fuese un tesoro de inteli- 
gencia, de virtud y de belleza, admirándola por su encantador 
recato y absoluta dedicación al hogar. 

El gran baile oficial en la Lonja Meridana, en honor de la 
Señora Romero Rubio de Díaz, fué verdaderamente suntuoso. 
Un periódico local dice, con mucha exactitud, que en el adorno 
de los salones predominaron las flores en tal cantidad, que parecía 
haber volcado en ellos la Primavera todas sus galas: ¡qué de 
flores ! 

Ese adorno floral constituye un lujo extraordinario en Mérida, 
donde las flores escasean y se pagan, por lo tanto, á precios 
enormes. Gran parte de ellas fueron importadas de México y 
del Estado de Veracruz. 

Poco después de las once llegó el Sr. General Díaz con su 
esposa, y comenzó la fiesta. 

La concurrencia era inmensa, tanto que no se cabía en los di- 
latados salones. 

El lujo y la elegancia de las damas, la cintilación de las magní- 
ficas joyas, el aroma de las flores, las armonías de la música, la 
intensidad de la luz, formaban un conjunto verdaderamente 
maravilloso. 

La fiesta, pues, tuvo un éxito completo. 

En la mañana de ese día se celebró en Catedral una misa so- 
lemne en honor de la Virgen del Carmen, para la que fué atenta- 
mente invitada la Señora Romero Rubio de Díaz. 



Las Fiestas Presidenciales. 337 



CAPITULO XXVI. 

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES (contiflúa) I LAS FIESTAS DEL DÍA 7. — 

EN LA HACIENDA DE CHUNCHUCMIL. LA INAUGURACIÓN EN 

SAN COSME. — EL PASEO HISTÓRICO. — EL BANQUETE. 

El día de campo ofrecido por el hacendado Don Rafael Peón 
al Sr. Presidente de la República, fué sin duda alguna la fiesta 
más típica y más. atractiva de cuantas van reseñadas hasta aquí, 
y sirvió para demostrar una vez más la esplendidez yucateca, la 
manera con que saben los acaudalados del próspero Estado gastar 
el dinero, no derrochándolo á manos llenas y sin discernimiento, 
sino con asiento y buen juicio, haciendo que el buen gusto supere 
al lujo y oculte lo que de ostentación pudiera tacharse y des- 
vanezca cualquier cargo de vanidad que la maledicencia intentase 
formular. 

La fiesta verdaderamente comenzó en Mérida, pues desde allí 
y en todo el trayecto hasta Chunchucmil se veían adornos, gentes 
que esperaban el tren presidencial, manifestaciones de entusiasmo 
hacia el Primer Magistrado de la República. 

A las 7.15 A.M. llegó el Sr. Presidente á la Estación del Ferro- 
carril de Campeche, acompañado con el Sr. Vicepresidente Corral 
y el Sr. General Bravo, y poco después partió el tren. 

A las 1 1. 15 A.M. llegamos á la casa de la hacienda de Chun- 
chucmil, siendo saludado el Sr. Presidente con el Himno Na- 
cional, ejecutado por la Banda de Artillería. 

La casa principal es un verdadero palacio, tanto por su fachada 
y sus proporciones, como por su disposición interior y su deco- 
rado. Sobre el pórtico se veía esta inscripción en mármol : ** AL 
HÉROE DE LA PAZ SR. GENERAL D. PORFIRIO DÍAZ, 
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. Se dignó honrar con 
su visita esta hacienda. Chunchucmil, Febrero 7 de 1906." 

El Sr. Presidente, seguido de todos los concurrentes, pasó á la 
casa principal. Después se dirigió la comitiva á la casa de 
máquinas, en la que hay dos magníficas desfibradoras ** \'ence- 
dora Prieto," las que se pusieron en nioviemiento inmediata- 
mente. De aquí pasó el Sr. Presidente con su comitiva al lugar de 



Las Fiestas Presidenciales, 339 

empacar, al tendedero y al departamento de calderas y luego 
fué á visitar el hospital, la botica, la tienda y ocho casas de los 
sirvientes, habiendo manifestado la satisfacción que le producía 
el trato que recibían éstos y las condiciones higiénicas en que 
estaban sus habitaciones. Luego se dirigió la comitiva á la her- 
mosa huerta y de aquí al gran salón destinado al banquete, y el 
cual estaba adornado con macetas, ramos y guías de flores. 

Dos cientas personas tomaron asiento en ese banquete, que 
comenzó poco después de la i y terminó á las 3.30 p.m. 

A la hora del champagne, el señor don Joaquín Peón, en 
nombre de su primo don Rafael Peón y Losa, propietario de la 
hacienda, ofreció la fiesta al Señor Presidente de la República. 

Después de hablar de las relaciones de recíproca conveniencia 
y utilidad que hay entre el propietario y el jornalero, dijo que: 
** algunos escritores nacionales que no conocen nuestro Estado, 
nos han tildado de esclavistas; y como esto alude á nuestras re- 
laciones con los jornaleros-añadió-y estamos aquí hablando de 
nuestras fincas, creo oportuno aducir ante el ilustrado criterio de 
Vd. Señor Presidente, esta simple consideración que tiene el 
carácter de un principio universalmente reconocido, á saber: la 
influencia de los tiempos y de las épocas en que se vive, es irre- 
sistible y se impone necesariamente. Y en nuestra época, cuando 
menos en América, se impone el jornalero libre y bien retribuido 
y no pueden existir esclavos jornaleros. Esto está en la con- 
ciencia de todos, pues no podríamos impedir, aunque lo quisi- 
ésemos, que penetrasen en el ambiente de nuestras fincas la 
libertad y el progreso de los tiempos." 

El señor Peón fué ruidosamente aplaudido. En seguida el 
Señor General Díaz levantó la copa para brindar, virtiendo, poco 
más ó menos, los siguientes conceptos, en correctas frases que 
deploramos no poder transcribir tales como las expresó con 
memorables palabras. Dijo que era natural que después de haber 
visitado las magníficas mejoras materiales de la gran ciudad de 
Mérida. obras tan útiles para lo presente como para lo porvenir, 
visitara también una 'finca de campo ; que este número del pro- 
grama le había sido altamente satisfactorio, porque de este modo 
había visto con sus propios ojos, no solamente la manera con que 
el henequén, como materia prima, se convierte en el preciado 
artículo que constituye la principal riqueza de Yucatán, sino 
también el estado que guarda su población rural, sus jornaleros 



340 El Estado de Yucatán. 

de campo. Que aquellas manifestaciones de cariño de que habia 
sido objeto, le revelaban un pueblo contento; que en los lugares 
en donde la población es oprimida, se producen huelgas, y que 
aquí no hay huelgas ; que era verdad que hasta él habían llegado 
las versiones de los calumniadores de Yucatán, acerca de la es- 
clavitud, y que aunque él desde hace tiempo abriga el convenci- 
miento de la falsedad de esas especies, ahora más que nunca está 
convencido de que tales especies no son más que calumnias. 

Una salva de aplausos interrumpió aquí al Señor General Díaz. 

Dio después las gracias á D. Rafael Peón, " tipo del verdadero 
caballero, añadió, que por fortuna abunda en Yucatán " ; y con- 
cluyó expresando que la lejanía en que este Estado se encuentra 
respecto del centro, en nada disminuye el cariño y la estimación 
que por él experimenta. 

Toda la concurrencia aplaudió entusiasmada y conmovida las 
palabras del Sr. Presidente. 

Resonaban aún los aplausos cuando aparecieron dos viejos sir- 
vientes de la finca, llevando uno de ellos un gran ramo de flores 
y otro un cuaderno con unas vistas de la finca y una dedicatoria 
escrita en maya y en español. 

El del cuaderno, después de hacer algunas reverencias, se 
dirigió al Primer Magistrado de la Nación y en lengua maya le 
ofreció el cuaderno y el ramo de flores, diciéndole : 

" Infinitamente agradecemos, nosotros, los vecinos de la ha- 
cienda " Tronco del Chucum," habernos honrado recibiendo á tu 
grandeza. 

** Siempre recordaremos este beneficio, por el cual ¡ oh gran 
Señor ! llenos de satisfacción referiremos á nuestros descendientes 
cómo se dignó tu excelencia hacernos ver su rostro respetable 
aquí, en este rincón de la antigua tierra Maya. 

'* Para que recuerdes, alguna vez, esta nuestra alegría, señor 
muy digno de respeto, te rogamos te sirvas unirla á un acto 
de bondad : (jue consienta tu grandeza en recibirnos estas foto- 
grafías, recuerdos de Chunchucmil, para depositar en las bellas 
manos de tu esposa, la bondadosa Señora Doña Camien Romero 
Rubio de Díaz. 

** ¡ Ojalá hubiéramos conocido su admirable belleza ! 

" Pues que no hemos sido dignos de tanto bien, díla á nuestro 
nombre, tú, el más grande de los Ciobernadores, estandarte de 
esta nuestra patria conn'm. Señor Presidente, que besamos sus 



Las Fiestas Presidenciales. 341 

manos: que esperamos que viva muchos años para endulzar tu 
existencia, para tu bien y el de la tierra mexicana, entre la cual 
se cuenta el antiguo é indómito Maya, hoy sumiso y fiel Yucatán." 

El joven Enrique Castillo tradujo al Sr. Presidente las pala- 
bras del viejo Maya, y á éste las del General Díaz, quien emo- 
cionado grandemente le manifestó su satisfacción por el presente, 
diciéndole que no sólo sería portador de él y de su encargo para 
su señora esposa, sino que aquel cuaderno lo conservaría como un 
recuerdo de una de las notas más simpáticas de su visita á Yu- 
catán V también como un recuerdo de la raza mava. 

El indígena le contestó que sentían gran satisfacción al escu- 
char su ofrecimiento, y que esto es lo que deseaban que hiciera. 

Se retiraron los viejos sirvientes, y el General Díaz dirigió al 
hijo del Sr. D. Rafael Peón, que está estudiando en Londres y 
que tiene el mismo nombre que su padre, el siguiente telegrama : 

** Los comensales del padre de Vd. en Chunchucmil, admirados 
y encantados de su espléndida hospitalidad, enviamos á Vd. un 
afectuoso saludo. — Porfirio Díaz. — Ramón Corral. — O. Molina. 
— Justo Sierra. — M. Uger. — G. de Landa y E. — Conde de Novili. 
— General González. — Ignacio A. Bravo. — iL de Perigny." 

Se pasó en seguida á la Vaquería, que fué el clon de la fiesta, 
el ramillete final. Con el nombre de vaqxicria se conoce en Yu- 
catán un baile popular, de la gente del campo, que es lo que la 
Zamacueca en Chile y Perú, el Zapateado en Cuba, y los " bailes 
de sones " entre los jarochos veracruzanos. En la vaquería de 
Chunchucmil figuraron unas veinte mestizas, jóvenes y guapas, 
que prueban de una manera irrefutable la conveniencia del cruza- 
miento de las razas. Vestidas con sus albos trajes, ricamente 
bordados y llenos de encajes, con sus largas cadenas de oro y 
sus ligeros sombreros de Panamá, rebosando gracia, juventud, 
vida, salud y gentileza se lanzaron al baile á los bulliciosos acordes 
de una música extraña, mezcla de árabe, africano y maya, que 
aturde y excita y arrebata y que nos entusiasmó á todos los 
presentes. 

Existe en Yucatán, lo mismo que en la costa veracruzana, la 
tradicional costumbre de que los concurrentes pongan su som- 
brero á la bailadora que les simpatice, teniendo que redimirlo 
luego con el obsequio de una moneda, lo que llamó la atención 
del señor Presidente, quien se manifestó deseoso de tener una 
explicación, la que le fué dada. Entonces puso su sombrero á 



342 El Estado de Yucatán. 

la primera bailadora, á quien obsequió con una moneda de oro 
que ella se resistía á recibir; pero que aceptó al fin, manifestando 
que 4a conservaría siempre como un recuerdo suyo, y por lo tanto, 
de inapreciable valor. 

Se organizó la partida á las 4 y 10 minutos, siendo muy vic- 
toreado el señor Presidente, v habiéndose indicado su salida con 
la explosión de veinte y una bombas. 

En todas las estaciones fué saludado y aclamado el insigne 
huésped, con música y cohetes. De Granada salió á las 6 y cuarto. 

En todo el travecto del tren, en los lados de la vía i* de kilo- 

«r ** » 

metro en kilómetro, se veía á un hombre con una antorcha en la 
mano. En todas las estaciones fué ovacionado v recibido con 
música y disparos de cohetes, desde Granada á Mérida, en donde 
fué recibido con las demostraciones de costmnbre y una salva de 
21 disparos, á las 7 y tres cuartos de la noche. 

Tal fué, á grandes rasgos, la soberbia fiesta campestre ofre- 
cida por el Sr. Dn. Rafael Peón, en la que no hubo nada que no 
fuese grato, espléndido y digno de recordación. 

Mientras tanto en Mérida se celebraba la fiesta de la coloca- 
ción de la primera piedra del templo que se va á levantar en 
honor de la Virgen del Carmen, acto que verificó el Sr. Obispo 
de la Diócesis y apadrinó la Sra. Dña. Carmen Romero Rubio de 
Díaz, y en el que pronunció el poeta Dn. José Peón Contreras 
una hermosa composición alusiva á la fiesta. 

Para esa noche estaba anunciado el Paseo Histórico. 

La Plaza de Armas ofrecía un aspecto bellísimo con su ilumi- 
nación, y á tal grado estaba henchida de espectadores, que no 
había materialmente dónde dar un paso. Se calcula que sólo en 
la plaza y calles adyacentes habías más de 10,000 personas, y en 
40 ó 50,000 el número de las que presenciaron el paseo en las di- 
versas calles del largo trayecto recorrido. 

El aspecto general de la capital yucateca era muy hermoso. 
Por todas partes se veían adornos, iluminaciones y movimiento 
general de gentes, vehículos, cabalgadores, &. &. 

Momentos después de las nueve comenzó el desfile en la forma 
siguiente : 

Descubierta de caballería al mando del Teniente D. Marcos 
Duarte Villamil. 



Las Fiestas Presidenciales, 343 

Sección maya, compuesta de un grupo de honderos, un Xacón 
ó Capitán, un Chac ó Gran Jefe, flecheros, lanceros, la imagen de 
Kukulccin sostenida en angarillas por cuatro esclavos y turifera- 
rios. Grandes sacerdotes, danzantes, bufones y sacrificadores. 
El Gran cacique ó Halach Uinic, conducido en angarillas por 
esclavos, detrás un Jefe Maya, guerreros de Hum Pic-Tok y 
músicos de la época. Todos vestidos con plumas, penachos, co- 
razas, y con el rostro, brazos y piernas con signos pintados de 
rojo y azul. 

El Gran Jefe ó Halach Uinic, estaba representado por el joven 
Narciso Souza. 

Terminaba esta sección, con un carro representando la tradi- 
ción vucateca. Formaba una ruina mava, en él iban las señoritas 
Leonor Cámara \'ales y Josefina Troncoso, representando la 
tradición. 

Por donde pasaba este carro se escuchaban salvas de aplausos. 

Seguía luego la sección de la conquista. 

El adelantado Montejo (D. Mariano de las Cuevas García) á 
caballo, precedido de dos clarines, también á caballo, y cuidado 
por dos escuderos. 

Los jóvenes Primitivo Casares, José Xavailas y Diego Her- 
nández, á caballo, representando á los conquistadores Gómez del 
Castrillo, Alonso de Avila y Francisco de Montejo (sobrino), 
con sus respectivos escuderos, á pié. 

Seguían los conquistadores Alonso de Reynoso, P>las Gon- 
zález y Reltrán de Cetina (Antonio López de Haro, José A. Cano 
y Manuel Casares). 

D. Isidro Padrón, á caballo venía después representando un 
alférez porta-estandarte. 

Luego iban, el Capitán Alonso de Rosado (actor Sr. P>ravo), 
á caballo, dirigiendo una sección de fuerza de nueve caballos, 
sección de soldados arcabuceros, mandados por im capitán ; 
ballesteros, al mando de un capitán ; pecheros conduciendo im 
cañón de la época; dos capellanes y un grupo de frailes francis- 
canos. 

Terminaba esta sección con el carro de la conquista, repre- 
sentando una construcción española sobre una base de construc- 
ción mava. 

La señorita Pilar Espinosa representaba á la ciudad de Mérida, 
y los Sres. Enrique Espinosa y Alberto \^ales iban vestidos de 




CAPITULO XX\'1I. 

LAS FIESTAS l'RESIDKXt 1 AI.ES ( COIlclliyc) I LAS FIESTAS I>EL llÍA 8. 
— KL IIA.SOL'ETK t)EKECll>0 lOR LTJS HACEMIAIKIS Y LOS COMK^CI- 
ANTlíS. — EL ÜKIKIIE HE OKd! LA \ELAI)A 1>E DZODZIL. — ÜI..<PE- 
líIHA. LA l'LAtA ((IN MEMDKATIVA. EL REGRESO. 



Suntuoso fué i-l baii(|iictc con que los liacendados y comer- 
cianU-s ohsciniiaron al Sr. Presidente, y al que concurrieron niás 
de doscientas personas. 

Poro en realidad nada igualó á la velada de Dzodzil, broche de 
oro de tan magnificas fiestas. 

Con el modesto nombre de iv/in/a se annnció la soberbia fiesta 



Las Fiestas Presidenciales, 347 

que, en su Hacienda de Dsodzil, ofreció al Señor Presidente de 
la República y á su digna esposa, el progresista Gobernador de 
Yucatán, Lie. Don Olegario Molina, el 8 de Febrero. 

Mucho hemos viajado, mucho hemos visto, la suerte nos ha 
favorecido llevándonos á magníficas reuniones públicas y pri- 
vadas, en Europa y en los Estados Unidos, y sinceramente de- 
claramos que ninguna de ellas dejó impresión tan profunda ni 
tan grata en nuestro espíritu, como esta que constituyó el broche 
de oro con que se cerró la suntuosa serie de fiestas verificadas en 
obsequio del hombre que figura en nuestra historia con el envi- 
diable título del Héroe de la Paz. 

Proverbiales son en nuestro país la riqueza de los yucatecos, 
su cultura, su hospitalidad y su munificencia; y como si se hu- 
biese querido dar prueba completa de todas esas valiosas con- 
diciones, se reunieron en la velada de Dzodzil, armonizándose de 
tal manera que no se sabía qué admirar más, si lo grandioso del 
conjunto, ó la exquisitez de cada uno de los detalles; el lujo ó la 
elegancia ; si el pintoresco parque ó la mansión señorial ; si la 
numerosa concurrencia, tan ricamente ataviada, ó la naturaleza 
que se presentaba tan opulenta y ostentosa ; si el derroche de luz 
vertida por millares de focos, ó el derroche de ingenio de poetas, 
oradores y artistas que fueron el alma pensante de aquel cuerpo. 

Se nos dirá que caemos en la hipérbole ; pero téngase en cuenta 
que aquella velada fué la hipérbole absoluta, como vamos á pro- 
curar demostrarlo, aunque con la convicción de que no lo con- 
seguiremos, por que hay descripciones imposibles, por más que la 
pluma y el pincel se asocien en la artística empresa. 

A unos catorce kilómetros de Mérida se encuentra la Ha- 
cienda de Dzodzil, gran finca de producción, como se ve desde 
luego por los inmensos plantíos de henequén, de esa planta que, 
con perdón de los botánicos, nos atrevemos á llamar Agave au- 
rífera, y á la que debe el Estado de Yucatán su riqueza actual. 
Pero al mismo tiempo aquella hacienda es una especie de Buen 
Retiro, un refugio para el espíritu cansado por las enervantes 
fatigas de la vida pública, y donde el alma encuentra motivos para 
dulces expansiones, en la contemplación de la naturaleza, en 
cuanto ha hecho para el hombre, y en la admiración de cuanto el 
hombre ha hecho para hermosear á esa naturaleza. 

Aquel suelo es pobre, pero no ingrato. La roca caliza se ex- 
tiende por toda la Península, la capa de humus es, por lo general, 



348 



El Estado de Yucalá 



escasa, y el agua es más escasa aún. Todos esos inconveniemes 
constituyen ventajas para el cultivo del henequén, como si la 
Providencia hubiese querido demostrar que atiende á todo y pro- 
cura para todos. Asi en la agria piedra calcárea de Yucatán 
hizo brotar una planta poto ávida de humedad y que no pide al 
suelo más sustento que el necesario para afianzar sus raíces. 
El Sr. Lie. Don Olegario Molina, quien á más de ser abogado 




La Velada de Diodzi 



y estadista, es hombre que ha viajado, observado, estudiado, y 
aprendido, supo aprovechar las condiciones del medio para la ex- 
plotación de la riqueza regional, y la ciencia y la experiencia 
para formar esa hacienda " Dzodzil," siendo un perfecto Cetttie- 
man farmer, como en la aristocrática Inglaterra se dice. 

El extenso edificio principal, con sus grandes salones, amplias 
habitaciones, magnificas escalinatas y grandes terrazas, está ro- 
deado de un parque inglés, cortado en todas direcciones por 
largas avenidas sombreadas por arboledas, en que figuran prin- 
cipalmente los naranjos con su ramaje de un verde obscuro, sus 



Las Fiestas Presidenciales. 349 

pomas de oro y la aromosa florescencia de niveos azahares, que, 
cuando la fiesta, vestian, y los misteriosos laureles indios, opu- 
lentos en frondas, invitando á la siesta ó á la meditación. 

Cerca de esa casa principal se levanta magestuosa, en una de 
las grandes glorietas del parque, una feliz reproducción de las 
clásicas ruinas del Parthenón,' de bien labrada piedra, á la que 
se ha logrado dar ese tinte y ese carácter de antigüedad, que no 
de vetustez, con que los siglos consagran los grandes monumentos 
del arte humano. Bajo el pórtico queda en pie el fuste de una 
columna: esa será la tribuna para los oradores de la fiesta; tri- 
buna imponente, que parece decir á quien á ella se atreve : ** ¡ Sé 
ático, ó retírate ! " 

Entre la mansión y las ruinas se levanta un templete en forma 
circular, con una balaustrada forrada de peluche rojo y ador- 
nada con guirnaldas de flores naturales y foquillos de luz incan- 
descente. Ese fué el lugar destinado al Señor Presidente, á su 
distinguida esposa, á los miembros del cuerpo diplomático, á los 
Ministros de Estado y demás personas que formaban la comitiva 
presidencial. 

A la izquierda de esa tribuna se veía una gran fuente, de ru- 
morosas agitas, artísticamente iluminada con focos eléctricos en 
el fondo del agua y en los bordes del tazón ; y en las grandes 
avenidas y en la inmensa glorieta se hallaban colocadas millares 
de sillas para la concurrencia. 

La fachada de la mansión resplandecía con los focos eléctricos, 
de colores, que en el centro formaban el Escudo nacional. 

Al fin de una de las espaciosas avenidas, se encuentra un cenote, 
en el fondo de una gruta, y del que supieron sacar excelente par- 
tido los decoradores. En efecto, las aguas límpidas del cenote 
servían de mágico espejo que reflejaba las múltiples luces incan- 
descentes, devolviendo á la roca los fulgores que de ella recibían. 
De un lugar de la gruta se desprendía luia pequeña cascada que 
quebraba sus aguas contra la roca, y las espumas parecían iri- 
sadas piedras preciosas que lanzaban deslumbrantes destellos. 
Ese fué uno de los atractivos más fantásticos de aquella fiesta 
que parecía la realización de un cuento de hadas. 

Una de las vías férreas í\\\q unen á Mérida con Progreso, pasa 
por los terrenos de Dsodzil, y para hacer más fácil y cómodo el 
acceso á la hacienda, el Sr. Molina hizo construir un ramal que, 
entroncando con la linea principal, llega hasta la puerta de Dso- 



35© El Estado de Yucatán. 

dzil, donde se construyó un largo y cómodo andén, desde el 
cual hasta el fondo de la gran avenida donde se levanta la man- 
sión, se tendió una alfombra de vute. 

Añadid á estos ligeros apuntes, que apenas constituyen un im- 
perfecto esbozo, millares de focos eléctricos, unos de arco y otros 
incandescentes, muchos millares más de farolillos venecianos, 
colgados de la rama de los árboles ; miles de damas ataviadas con 
la mayor elegancia y luciendo valiosas joyas; miles de caballeros 
vestidos de rigurosa etiqueta; las bandas de música de Artillería 
y de la Gendarmería, haciendo oir, entre los bosquecillos, armo- 
niosas sinfonías ; una orquesta numerosa hábilmente dirigida, 
que ocupaba las ruinas del Parthenón ; una noche tropical, tibia, 
en el plenilunio, perfumada con las emanaciones de las flores; y 
sobre todo eso haced flotar la satisfacción, la cordialidad, la ale- 
gría de vivir, el encanto de tomar parte en aquellas velada, y 
tendréis una idea que se acerque á la realidad de la suntuosa 
fiesta que reseñando venimos. 

A las seis y media de la tarde partió de Mérida el primer tren, 
conduciendo á los invitados, los que veinte minutos después de- 
sembarcaban en el andén de Dsodzil, á cuya hacienda habían 
llegado ya otros muchos concurrentes, en coches y en automó- 
viles. A las ocho llegó el tren Presidencial, conduciendo al 
Primer Magistrado de la Nación, á su señora y á otras muchas 
personas invitadas especialmente para dicho tren, siendo recibido 
^1 huésped de honor con los honores militares debidos á su alto 
rango. 

El Sr. D. Olegario Molina, quien daba el brazo á la señora 
Romero Rubio de Díaz, abrió la marcha, seguido por el Sr. Pre- 
sidente, quien servía de caballero á la Señora Figueroa de Mo- 
lina, y tras ellos iban damas y caballeros, formando larga y vis- 
tosa comitiva. Pasaron por la inmensa valla los convidados, y 
fueron á tomar asiento á la tribuna que antes describimos, entre 
los aplausos y vítores de la concurrencia, el repique de las cam- 
panas, el estallido de los cohetes, el estampido del cañón y los 
acordes del Himno Nacional. 

El Sr. Presidente y su esposa ocuparon los asientos centrales, 
teniendo á su derecha al Sr. Gobernador, al Sr. Vicepresidente de 
la República, y á la señorita Pilar Ancona Cámara ; y á su izqui- 
erda á las señoras Figueroa de Molina, Osio de Landa y Es- 
candón, y Romero Rubio de Elizaga. En la misma tribuna to- 



Las Fiestas Presidenciales, 351 

marón asiento los señores Ministros de Alemania v de Italia, el 
Sr. Ministro de Instrucción v Bellas Artes, el Señor Gobernador 
del Distrito, el Sr. Gobernador del Estado de México, y otros 
personajes. 

La velada comenzó con la obertura de ** Rosmunda." una de 
las más brillantes producciones de Schubert, hábilmente inter- 
pretada por la orquesta que dirigía el maestro don José Cuevas. 

En seguida fué conducido el Sr. Dr. Dn. José Patrón Correa al 
jKÍrtico del Parthenón, y se detuvo junto al fuste de columna 
truncada que debía servirle de tribuna. 

Hubo un momento de silencio profundo. Para aquellos que 
conocían al orador, significaba aquel silencio la seguridad de un 
triunfo; para los muchos que no lo conocíamos, la curiosidad; 
para algunos, quizás la duda, aunque era de suponerse que cuando 
se le había escogido entre tantos hombres de gran talento como 
hay en Yucatán, tenía que estar muy por encima del nivel de la 
medianía. 

El Dr. Patrón Correa empezó por agradar por su correcta 
actitud en la tribuna, se ganó al auditorio con su brillante ex- 
ordio que tanto prometía, y arrebató en el cuerpo del discurso, 
dándonos más, mucho más de lo prometido. Su entonación fué 
buena ; su acción sobria y elegante. Con frecuencia fué inter- 
rumpido por los aplausos, y sus últimas palabras ahogáronse en 
una estruendosa ovación. 

( )cupó después la tribuna el Dr. D. José Peón y Contreras, el 
decano, quizás, de nuestros grandes poetas en servicio activo, una 
de las glorias literarias más legítimas de nuestra patria. En 
Peón Contreras hay tal ingenuidad, tal sinceridad en su modo de 
decir, mide tan bien los versos, y hay tanta donosura en los que 
escribe, que se empieza escuchándole con agrado, y se acaba por 
someterse á su dominio. Sus estrofas, levantadas y hermosas, en 
las que i)alpita el alma yucatcca, fueron recibidas con aplausos; 
aplausos que resonaron hasta que el ilustre bardo volvió á ocupar 
su asiento. 

Tocó el turno á otro poeta de altos vuelos y que también goza 
de merecida fama, al Lie. Don José I. Novelo 

¿ Xo era nuicha audacia atreverse á levantar la voz bajo esas 
ruinas clásicas, donde resonaban aún los acentos de sus prede- 
cesores? Así lo creía el poeta, modesto, casi tímido, que parecía 
un tanto cohibido y un mucho desconfiado, cuando empezó á 



352 El Estado de Y ucatán, 

recitar sus alejandrinos; pero á influjos del interés que iba des- 
pertando en el auditorio, interés que ascendió hasta el entusi- 
asmo, fué creciendo, se afirmó, tuvo una entonación robusta, y 
compartió los honores del triunfo con sus ilustrados compañeros. 

Cerró la parte literaria el Señor Lie. Dn. Justo Sierra, actual 
Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Habló en prosa; 
lo que dijo no fué un discurso, sino una causerie, una charla ligera, 
llena de recuerdos personales vinculados en la península Yuca- 
teca ; charla en la que, á las veces, surgían frases elocuentes, y á 
las veces expresiones de ternura. 

Los intermedios de los discursos fueron cubiertos por la parte 
musical. En ella figuraron los esposos Uribe de una menera tan 
brillante que recibieron calurosas manifestaciones de entusiasmo. 
Primero ejecutaron la " Friere " de Hasselman, Doña Mercedes 
Burgos de Uribe en el harpa, y Don Justo Uribe en el violín. 
Aquel fué el concierto de dos almas, más bien que de dos instru- 
mentos musicales. Después el Sr. Uribe ejecutó el primer tiempo 
del segundo concierto de Wienausky, con acompañamiento de 
orquesta, que fué escuchado con delectación y aplaudido, al final, 
con frenesí. 

La Señorita Elena Marín, bella joven que estaba de paso en 
Mérida, de regreso de Italia, donde residió varios años, pensio- 
nada por nuestro Gobierno, apareció entre las columnas griegas, 
vestida de blanco, como una vestal, alumbrada por el resplandor 
de la luna llena, y cantó con delicadeza y buena ejecución un valse 
^ de Arditi y otro de Pérez Cabrero, acompañada por la orquesta, 
arrobando á la concurrencia, y demostrando que no se pierde aún 
la hermosa escuela del canto bello, 

Y la orquesta y las bandas amenizaron también el acto con pie- 
zas de alto mérito, ejecutadas con inspiración. 

Y cuando callaba la orquesta, serpenteaban en el espacio bri- 
llantes cohetes, que dejaban, al subir, ancha cauda de luz, y que, 
al estallar, lanzaban innúmeras estrellas de múltiples colores, y 
tal lluvia de oro que parecía que Jove repetía una de sus más 
hermosas metamorfosis. Los juegos pirotécnicos resultaron, en 
su género, tan dignos de aplausos como las otras manifestaciones 
dol arte que llevamos referidas. 

Concluida la velada artística, se derramó la concurrencia por 
las arl)oledas, excursionando alegremente, admirando todas las 
bellezas allí acumuladas, visitando el cenote encantado v dando 



Las Fiestas Presidenciales. 353 

cada cual sus impresiones sobre la fiesta, y tras ese paseo se diri- 
gieron al ambigú, para gustar del lunch-champagne. 

A las doce y media de la noche resonaron consecutivamente 
veinte y un estampidos en el espacio, inundándolo con millares 
de estrellas multicolores. Era señal de que el Señor Presidente 
se retiraba, y con él su numerosa comitiva. Volvieron las bandas 
á dejar oir los acordes del Himno Nacional; la concurrencia 
ocupó los coches de los dos largos trenes, y terminó la fiesta. 

¿Qué impresión dejó esa velada en el Sr. Presidente? La 
conocemos: es la misma que hemos expuesto en estas líneas; es 
la misma que tuvimos todos cuantos concurrimos á esa fiesta 
maravillosa, sin precedente en nuestro país. 

Ignoramos á cuánto ascienden las sumas que alli se erogaron; 
pero por grandes que sean, mayor fué el buen gusto que se notó, 
y lo exquisito del trato. No basta ser millonario para organizar 
una fiesta semejante, ni en cualquier lugar puede darse, por más 
que sobre el dinero. Se necesita que concurran también la cul- 
tura, el gusto artístico, el savoir vivre y el savoir faire y la caba- 
llerosidad que distinguen al Sr. Lie. Don Olegario Molina, y que 
se cuente con un centro social en el que abunden damas y caba- 
lleros como las que allí vimos, tan ¡lustrados, tan amables y dis- 
cretos, y oradores y poetas como los que allí aplaudimos, y ar- 
tistas como los que allí nos deleitaron. 

Fué una resurrección de las noches áticas; estábamos en el 
Acrópolis, bajo el límpido cielo de la Grecia, entre su atmósfera 
tibia y embalsamada por las brisas del Himeto. 

Fué una noche de vida; de vida intensa para el espíritu. L'na 
de aquellas horas en que se convence el hombre de que hay algo 
de bueno y de hermoso en la existencia, y de que vale la pena 
vivir. 

Bien haya quien gasta así su dinero, para hacemos creer en un 
momento dado, aún á los mismos desheredados de la fortuna, que 
surcamos alegres las áureas ondas del Pactólo, en nuestra propia 
barca. 

Esa noche hubo un eclipse total de luna. Parecía que el astro 
de la noche ascendía con pereza en el espacio, queriendo retardar 
el momento en que debía sumergirse en la penumbra. 

Diana resistía al reclamo de Endimión, embelesada con la fiesta 
que presenciaba; y sólo cuando la concurrencia se disolvió, mu- 



354 El Estado de Yucatán. 

rieron en el espacio los ecos del himno, y se apagaron las luces 
del festival, dejó que la envolviera el velo de sombras. 

Hasta los astros tomaron parte en aquellas ñesta de los 
hombres. ( i ) 

• 

A las 8 A.M. del día 9 salió el Sr. Presidente de la casa en que 
se alojaba, para dirigirse á la estación y tomar el tren que debia 
conducirlo á Progreso. 

Gentío inmenso llenaba las calles. 

Al pasar frente al Palacio, á los acordes del Himno nacional, 
fué descubierta por el Sr. Michele Giacomino una lápida con- 
memorativa de la visita presidencial. La placa, que mide, aproxi- 
madamente, un metro de largo por ochento centímetros de ancho, 
apareció sujeta por cuatro clavos angulares. Es de bronce y tiene 
la siguiente inscripción : 

" En memoria de la visita que hizo á esta ciudad el General 
Presidente don Porfirio Díaz, siendo gobernador de Yucatán el 
Lie. D. Olegario Molina. Febrero de 1906." 

En la estación de Montejo esperaban al Sr. Presidente, para 
darle la despedida, numerosas personas, las comisiones de dele- 
gados de ios Partidos, las altas autoridades federales y locales y 
toda la oficialidad de los Batallones que hacían la guardia de 
honor en el Pabellón de la Estación. 

Inmediatamente después de llegar á Progreso, se embarcó el 
Sr. Presidente, pasando á bordo del Fürst Bismarck, donde se le 
obsequió con un banquete, presidido por el Señor Ministro del 
Imperio Alemán. 

Concluido el banquete, se dirigió el Sr. Presidente al cañonero 
Bravo, acompañado con el Sr. \'icepresidente y otras personas de 
su séquito oficial, y partió rumbo á Veracruz. al mismo tiempo 
que el resto de la comitiva zarpaba en el vapor alemán. 

Así terminaron las magníficas fiestas. 

Tengo motivos para asegurar que si profunda y. grata es la 
impresión que dejó el Sr. Presidente en la sociedad yucateca, más 
profunda y grata es la que quedó en el ánimo del Sr. General 
Díaz, quien ha sabido apreciar en todo lo que vale las espon- 
táneas manifestaciones de cariño y de entusiasmo que le prodi- 

( I ) Escribí este artículo para ** El Álbum de las Fiestas Presidenciales," 
y, para no tener que repetirme, lo incluyo en este mi libro. 



Las Fiestas Presidenciales. 355 

garon á porfía todas las clases sociales del progresista Estado; 
que por más acostumbrado que esté un hombre á recibir ovaciones 
íy á nadie en nuestro país se han tributado tantas y de tal mag- 
nitud como al Sr. General Díaz) siempre dejan honda huella en 
la memoria cuando se ve en ellas un desbordamiento de cariño y 
de adhesión proviniente de un pueblo sincero y altivo como lo es 
el vucateco. 

He dado tanta extensión á esta parte de mi libro, porque las 
fiestas que acabo de reseñar, y de las que fui testigo, son la mejor 
prueba de cuanto llevo asentado sobre la riqueza pictórica de 
Yucatán, la cultura de sus habitantes, su fausto y su identifica- 
ción con la Patria grande. 



356 El Estado de Yucatán. 



CAPITULO XXVIII. 

EL PORVENIR DE YL'CATÁX : LOS GRANDES PROBLEMAS. — LA PRE- 
TENDIDA ESCLAVITUD DEL PÉON. — YUCATÁN DESTINADO Á SER 
UN CENTRO PRINCIPAL. — EL EST.\DO DE CAMPECHE, COMO GRA- 
NERO DE YUCATÁN. — EL TERRITORIO DE QUINTANA ROO. — CON- 
CLUSIÓN. 

Tengo la firme convicción de que el Estado de Yucatán, lejos 
de haber alcanzado su máximo desarrollo, como algunos creen, se 
encuentra apenas en los albores de la época de su grandeza, y 
fundóme para emitir tal parecer, en los recursos latentes del 
Estado, en el carácter emprendedor y progresista de sus habi- 
tantes, en el ahinco con que se estudian los problemas que afec- 
tan lo porvenir y en el afán constante é inquebrantable de resol- 
verlos prácticamente, como se han resuelto ya tantos de verdadera 
importancia. 

De esos problemas que acaban de ser planteados, considero dos 
como capitales: el de la inmigración, y el de fomentar nuevos 
cultivos. 

Ambos están íntimamente ligados, y puede decirse que la reso- 
lución del segundo depende de la del primero. 

El Sr. Gobernador Molina, que como nadie conoce las necesi- 
dades del Estado cuyos destinos rige, en el discurso que pro- 
nunció ante el Congreso del mismo, el 1° de Febrero del presente 
año, al inaugurar su segundo período gubernativo, vertió los 
siguientes conceptos : 

" La agricultura y la industria solicitan especial atención de 
parte de los poderes públicos, principalmente en estos rpómentos 
en que el desequilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo 
presentan graves dificultades para el ensanchamiento de nuestra 
producción agrícola é industrial. A medida que el desarrollo del 
cultivo del henequén se ha venido extendiendo, al amparo de los 
precios remuneradores que obtiene el agricultor, el número de 
jornaleros no corresponde á la cantidad de trabajo que ofrecen 
la actividad y aspiraciones de nuestras empresas agrícolas. Estas 
diferencias han venido acusando un sensible malestar producido 



£ I Porvenir de Yucatán. 357 

por la ansiedad misma de nuestros agricultores para proporcio- 
narse los brazos que necesitan. El conflicto, si bien resulta en 
favor del jornalero, hace desaparecer, en cambio, la tranquilidad 
y confianza de aquellos que consagran sus energías y su capital 
á extraer de las entrañas de nuestras rocas calcáreas, la vida y 
la riqueza que constituyen actualmente la prosperidad de Yu- 
catán. Con el fin de remediar estos males, la iniciativa privada 
ha procurado, á costa de grandes sacrificios, introducir jornaleros 
procedentes de Italia, España, Estados Unidos, Jamaica, Cuba, 
China y de Corea. Solo de los de estos dos últimos países han 
podido obtenerse resultados halagadoras. Pero la iniciativa pri- 
vada no basta por sí sola para desarrollar una corriente de inmi- 
gración que satisfaga las necesidades crecientes de nuestra agri- 
cultura y de nuestra industria, y es indispensable, si se quiere 
alcanzar resultados benéficos en este ramo, que la acción oficial 
preste su apoyo decidido para traer una población sana que 
ofrezca los elementos de su buena voluntad y de su honradez y 
contribuya eficazmente al acrecentamiento de nuestra producción 
agrícola é industrial. En vano se clama por la necesidad de pre- 
venir las consecuencias peligrosas para nuestro Estado, de con- 
sagrar todas sus energías á un ramo único de agricultura que 
pudiera, en un momento determinado, desaparecer ante la com- 
petencia, que ya se percibe en nuestros horizontes económicos. 
Mientras el Estado no posea otros elementos de trabajo, natural 
es que los agricultores dediquen sus esfuerzos á la explotación 
del henequén, único artículo que en la actualidad puede recom- 
pensar sus vigilias y labores. Para crear nuevas industrias y 
atender nuevos ramos agrícolas, se requiere un exceso de pobla- 
ción que no encontrando en los campos henequeneros oferta 
bastante á su actividad, fuese impulsada á abrir nuevos hori- 
zontes al desarrollo de otros artículos que pudieran dar mayor 
vida á nuestro comercio y á nuestra exportación nacional. Con- 
vencido el Ejecutivo de estas necesidades apremiantes, se pro- 
pone aprovechar las franquicias que en materia de inmigración 
conceden las leyes generales de la República, y desde luego so- 
licita el concurso del Poder Legislativo para hacer efectiva la 
inmigración de familias coreanas en nuestro Estado." 

El peligro que ofrece el cultivo único, y de que ya se ha ha- 
blado antes, no tiene carácter de inminente, pues bien sabido es 
que la demanda de henequén, lejos de decaer, va en aumento, y 



358 El Estado de Yucatán, 

las probabilidades son de que la necesidad crezca en los próximos 
años ; y aunque se está ensayando el cultivo de tan renumeradora 
planta en varias regiones del mundo, muchos años han de pasar 
antes que la competencia sea efectiva, por la cantidad y la calidad 
del producto. 

Pero ¡desgraciados de los pueblos que se duermen en la con- 
fianza! Es preciso vivir siempre alerta y prepararse para todo 
evento. La amenaza existe, y el riesgo puede convertirse en 
peligro y el peligro en catástrofe. 

Yucatán- está en plena prosperidad ; ya hemos visto que la 
balanza de su comercio se salda anualmente con una utilidad de 
muchos millones. ¿No sería juicioso invertir una parte de esas 
utilidades en industrias de fácil aclimatación, que sirviesen de 
paracaída en caso de depreciación del henequén? 

Allí surge de nuevo el problema de los brazos. 

Las condiciones climatológicas son desfavorables para la inmi- 
gración blanca, y no hay que pensar en ella. Se necesita al 
hombre tropical, al que pueda desafiar impunemente los ardores 
del sol de estío aumentados por la refracción de un suelo de roca 
caliza. 

Por desgracia el hombre tropical no constituye la inmigración 
más codiciada. La naturaleza lo ha hecho perezoso y de poca 
ambición, y cualquiera que sea el trabajador de regiones cálidas, 
resulta inferior al indio yucateco para las labores agrícolas de la 
Península, que es el más vigoroso y sano de los indios tropicales ; 
bien desarrollado físicamente y aclimatado de un modo tan abso- 
luto que trabaja horas enteras expuesto al sol del medio día, 
desnudo v á veces hasta sin sombrero. 

El mal de Yucatán es que á medida que ha ido creciendo su 
industria agrícola han ido disminuyendo los trabajadores, á 
causa de epidemias y, sobre todo, por las guerras de castas, que 
han pesado sobre la Península como una maldición bíblica. A 
causa de esas guerras muchos indios perecieron, y la mayor 
parte ha tenido que irse retirando, primero al oriente y de allí 
hacia al Sur, para perderse en los espesos bosques de Centro 
América. Se calcula que la última campaña ha hecho desapa- 
recer de la Península un número de indios que algunos elevan 
hasta 25,000. 

El indio yucateco trabaja bien, pero no va más allá de lo 
necesario. Si en cuatro horas de labor gana lo suficiente para 



El Porvenir de Yucatán, 359 

el día, no trabaja más, por grande que sea el precio que se le 
ofrezca. 

Dadas estas circunstancias, se comprende todo el afán del 
terrateniente para aquerenciar al peón en la finca, para evitar 
que emigre, y para ello tiene que pasar á menudo por todas las 
exigencias y caprichos del indio, dándose muchos casos en que 
el millonario hacendado es el esclavo de sus peones. 

Y bueno es tratar aqui, aunque sea de paso, la cuestión de la 
esclavitud en Yucatán, punto que estudié detenidamente en mis 
viajes por la Península. 

A raíz de la conquista el Gobierno de la colonia obligó á los 
indios á vivir en comunidades para poder vigilarlos y domi- 
narlos con mayor facilidad. Ciertas porciones de terrenos per- 
tenecían á la comunidad, v se cultivaban en común. De esa 
práctica, arraigada* por la consuetud durante varios siglos, se 
originó el sistema de labor que existe aún en Yucatán. Hoy 
mismo casi todos los pueblos poseen una extensión de tierra, en 
la que cada jefe de familia tiene el derecho de hacer sus siem- 
bras. Muchos indios viven en sus pueblos y cultivan los cam- 
pos en comunidad, además de hacer otra clase de trabajos en 
lugares cercanos al mismo pueblo. 

Estos indios que viven en poblados, están obligados á prestar 
sus servicios en la guardia nacional, tocando á cada hombre 
mayor de edad, hasta la de cuarenta años, prestar ese servicio 
una vez por semana. Como los trabajadores del campo están 
libres de tal servicio, la mayoría de los indios prefiere trabajar 
como peón en las haciendas. 

Una hacienda consta de la casa principal á cuyo rededor se 
levantan los bohíos de los peones, cada cual construye el suyo, 
y recuerda los antiguos castillos feudales á cuyo amparo hacían 
sus casas los pecheros. Cada hacienda resulta, pues, una aldea 
más ó menos grande. 

El indio yucateco tiene el amor al terruño más arraigado que 
ninguna otra tribu indígena. No es el cariño al Estado, sino al 
lugar en que está su choza, en la que ha nacido y donde se ha 
criado y donde quiere vivir y morir, como sus antepasados. Le 
importa poco que haya algo mejor : prefiere siempre lo suyo, que 
es lo conocido, y detesta por instinto todo lo que es nuevo y ex- 
traño. Está arraigado al suelo, no por la ley, no por la despótica 
voluntad del amo, sino por idiosincrasia. 



360 El Estado de Yucatán. 

En la hacienda se le da casa, ó lugar y materiales para cons- 
truirla con la amplitud y comodidades que desee. Tiene asis- 
tencia médica para sí y su familia; trabajo tan abundante como 
pueda desempeñar, retribuido por tarea, es decir, se le paga por 
lo que hace, á tanto fijo, el que varía según las localidades y la 
clase de la labor. Trabaja corto número de horas, las suficientes 
para subvenir con el producto á sus necesidades, y el resto del 
día lo emplea en trabajos propios en terrenos que se le concede 
gratuitamente, y en el que siembra maíz, frijol, &. En com- 
pensación de estas concesiones queda obligado, en algunas ha- 
ciendas, á la prestación de ciertos trabajos, que no le toma más 
de una hora al día. 

Todo hacendado procura que el peón se case y funde una 
familia, y contribuye para ello con su peculio, pues así acaba de 
arraigar al trabajador y evita que, arrastrado por la pasión, se 
vaya á otra hacienda á buscar mujer. Además, la mujer y la 
prole también son elementos de trabajo, que aprovecha el hacen- 
dado, retribuyéndolos convenientemente. 

Cuando un indio se quiere casar, pide dinero prestado al patrón. 
Eso del préstamo es un eufemismo, pues jamás se ocupa el indio 
en saldar su cuenta, sino más bien en aumentarla. Cuando llega 
la fiesta del santo patrono del lugar, ó la feria de una población 
cercana, ú otra solemnidad por el estilo, pide el indio dinero, 
siempre á título de préstamo, y siempre con la persuación de que 
no ha de pagarlo nunca. 

Y no se crea que se trata en cada caso de cuatro ó de diez 
pesos, sino que á veces los préstamos ascienden á ciento y más 
pesos. 

El patrón tiene que pasar por esas horcas candínas, porque si 
él se niega á dar el dinero, el hacendado vecino está dispuesto, 
no sólo á hacer el préstamo, sino á pagar toda la deuda del peón 
para que pase á su hacienda con su familia. 

El administrador de la hacienda representa para el indio la 
suprema autoridad, no porque él crea que en ese administrador, 
ni en el propietario, resida el poder supremo, ni porque ninguno 
de estos asuma tal carácter; sino porque el indio mismo así lo 
quiere, así lo exije, así lo impone. Toda queja, toda diferencia 
entre los trabajadores, entre marido y mujer, entre padres é hijos 
van al jefe de la hacienda, quien tiene que oír todo, hasta lo más 



El Porvenir de Yucatán. 361 

nimio, y fallar patriarcalmente, sometiéndose las partes á ese fallo 
que tienen por inapeleble é ineludible. 

¿Es esto por bajeza de espíritu, por servilismo inveterado? 
No; es simplemente el resultado de la reflexión que les de- 
muestra que vale más someterse á un arbitro que ir á la justicia 
ordinaria, pues á nada teme el indio tanto como á los tribunales, 
jueces y abogados. 

Cuando el indio es acusado de alguna falta, empieza neg^- 
dola, pero se le convence y la conñesa, y él mismo dice : " Me- 
rezco el castigo." 

El trabajador del campo está en Yucatán mejor retribuido, 
mejor tratado, mejor considerado que el de cualquiera otra parte 
de la República. Dejemos á un lado las consideraciones de al- 
truismo y de filantropía, para tomar en cuenta tan sólo el ego- 
ismo, la conveniencia bien entendida, y se comprenderá que, 
vista la capital importancia que tiene para el hacendado cada 
peón, está obligado, por ese egoísmo, á cuidarlo, á mantenerlo 
sano y satisfecho, para que no emigre, ni se enferme ni perezca. 

En algunas haciendas, cuando muere el jefe de la familia, la 
viuda y los hijos continúan viviendo en el bohío, cultivando, si 
quieren, el mismo espacio de terreno concedido á aquel, y apro- 
vechándose de sus productos, y aún se ministra á la viuda, du- 
rante toda su vida y mientras no se vuelve á casar, una ración 
de maíz que basta para su manutención. 

Casi todas las grandes haciendas tienen sus hospitales y es- 
cuelas primarias á las que obligan á concurrir á los niños. 

Que en los lugares lejanos, fuera de la acción directa del Go- 
bierno, haya algunos terratenientes despiadados y peones que no 
tengan posibilidad de libertarse de ellos, es admisible. Mis estu- 
dios no se han extendido hasta esos lugares. Hablo de lo que he 
podido ver. de lo que me consta, y no niego el potes, 

Y esto justifica las palabras que pronunció el Señor Presidente 
en la fiesta campestre de Chunchucmil, cuando dijo que estaba 
convencido de que era una calumnia cuanto se refería sobre la 
esclavitud en Yucatán. 

Cerremos el paréntesis. 

La necesidad urgentísima del Estado es la inmigración de 
gente que pueda soportar el clima. En el año próximo pasado 
fueron importados algo más de mil coreanos, hombres, mujeres 



362 El Estado de Yucatán. 

y niños, pues con sobrado buen juicio la comisión de inmig^- 
ción ha querido que los colonos vengan con sus familias para 
evitar la nostalgia, hasta donde sea posible, y para arraigar á los 
inmigrantes. Algunos consideran que ese ensayo ha resultado 
costoso, pues representa un gasto de doscientos pesos por per- 
sona, en virtud de lo largo del trayecto que separa el punto de 
partida de Yucatán. A mi juicio no es asi, pues dadas las con- 
diciones de la Península, poco importa á los explotadores de la 
rica fibra que se emplee hasta el diez por ciento de sus utilidades 
netas en subvenir á la urgentísima necesidad de brazos, y poco 
importa también al próspero Estado emplear una parte de sus 
cuantiosas rentas en traer esa inmigración, con la seguridad de 
que el dinero empleado en ella retomará acrecido á sus arcas 
en un tiempo no lejano. 

Resuelto ese problema, queda resuelto el de abrir nuevos hori- 
zontes á la agricultura y á la industria, desde el momento en que 
abunda el capital y que este no puede ni debe quedar ocioso é 
improductivo. Hay terrenos propicios para la industria azuca- 
rera y para la pecuaria, y haciendo gastos de cierta considera- 
ción, pero no exajerados, se puede procurar agua suficiente, 
extrayéndola del subsuelo, para fertilizar vastas praderas y ha- 
cerlas propicias á la ganadería. Esas dos industrias tienen buen 
porvenir y desde luego cuentan con un mercado seg^iro: el del 
propio Estado. 

Si, además de esto, dan buenos resultados los experimentos 
que se están haciendo para utilizar los residuos de las pencas de 
los magueyes, después de extraída la fibra, para la fabricación de 
alcohol, se dotará á Yucatán de una nueva y riquísima industria, 
tanto más pingüe cuanto que puede decirse que la materia prima 

I 

resulta gratis, puesto que es un desperdicio de otra industria. 
Estos desperdicios constituyen algo más del 60% de la penca. 
Esos residuos asienden á muchos miles de toneladas. 

Otras de las necesidades de Yucatán es la construcción de un 
puerto amplio y seguro, pues Progreso, único que tiene de altura, 
es un playazo en un mar abierto, con muy poco fondo y ninguna 
seguridad. Este mal será remediado dentro de poco, según en- 
tiendo, por el Gobierno Federal. 

Considero que si la segregación de Campeche del Estado de 
Yucatán fué una necesidad política, dados los odios que de 



El P orvenir de Yucatán. 363 

tiempo atrás habían surgido por causas que en otro lugar he 
explicado, y que fueron fomentados por las circunstancias de 
ambas entidades, esa segregación ha sido muy desfavorable para 
Campeche, desde el punto de vista de su prosperidad, que ha ido 
á menos de día en día, hasta el punto de que formen un triste 
contraste los dos Estados que constituyen la Península Yucateca. 

En gran parte tienen la culpa los mismos Campechanos, que 
no han sabido aprovechar las condiciones de su suelo, para 
obtener una parte de los beneficios que acumulan sus vecinos. 

Declaro que, por muchos motivos, tengo grandes simpatías por 
Campeche, y, á más de simpatías, inmensa gratitud y que me 
intereso tanto por su suerte como si hubiese yo nacido en medip 
de aquella sociedad tan franca y generosa, tan hospitalaria como 
culta, y por eso duéleme ver el estado de abatimiento en que ha 
caído, merced á las vicisitudes porque ha atravesado. 

Campeche debió haberse constituido en el granero provisor de 
Yucatán, desde que comenzó el auge del último. Sus terrenos 
son más fértiles y, por lo tanto más propicios para la agricultura 
y la ganadería. Campeche puede producir el maíz necesario 
para el consumo de los dos Estados, y azúcar suficiente para 
llenar el déficit que en otro lugar señalé que existe en la produc- 
ción yucateca. Con esos dos renglones tendría lo bastante para 
mejorar su situación. Agregúese á esto lo que ganaría como 
productor de carne de res, que es otro de los artículos de impor- 
tación en Yucatán, que asciende á fuerte suma; la avicultura, 
para la que tan propicio es aquel terreno, industria que requiere 
poco dinero relativamente, y que resultaría altamente renume- 
radora con un mercado tan cerca v de tanto interés como el de 
Yucatán, que importa anualmente de los Estados Unidos huevos 
por valor de más de $300,000: la horticultura, de la que puede 
decirse lo que de la anterior industria ; y la pescadería, que es pro- 
digiosa por la cantidad, la variedad y la excelencia de peces 
y toda clase de mariscos que se cogen en las costas campechanas. 

El transporte de todos esos productos se puede hacer de un 
modo rápido y barato por la vía férrea (jue une á las dos capi- 
tales, con un provecho recípnKo, pues en Yucatán bajarían los 
precios exagerados de todos los artículos de consumo, y en Cam- 
peche circularía buena parte de la riqueza de los yucatecos. 

Esa confederación fundada en el interés mutuo, legítimo y 
bien comprendido, daría mejores resultados que una rivalidad 



1 



364 El Estado de Yucatán. 

que hoy no tiene razón de ser, mejor dicho, que ya no existe sino 
como recuerdo agrio en algunos, y como un pesar en otros. Las 
nuevas generaciones siguen por distinta senda: nacieron sin 
odios y viven sin envidias, pero con noble emulación. 

Campeche quedó inactivo, abandonado, casi cataléptico desde 
hace años. Aquella gente enérgica, atrevida, emprendedora, se 
entregó á la política personalista local, que es la peor de todas, y 
en ella consumió toda su fuerza. Pero la catalepsia no es la 
muerte. Campeche puede recobrar todo lo perdido y progresar 
grandemente si toma nuevos rumbos: no tiene más medio de re- 
dención, á mi juicio, que el que acabo de indicar. Ojalá no me 
•equivoque, y ojalá mis palabras encuentren eco entre quienes 
pueden llevar á la práctica mi consejo. 

La creación del Territorio Federal de Quintana Roo ha sido 
sumamente ventajosa para Yucatán, ya porque con ese motivo 
se puso término á la feroz guerra promovida por los salvajes, ya 
porque no tiene que preocuparse de mantener la paz y el orden 
«n una vasta extensión de terrenos despoblados, lo cual importa 
■economía de sangre y de dinero. 

Hoy lo que importa á Yucatán, como á toda la nación, es que 
el nuevo Territorio Federal sea colonizado y prospere. 

Verdad que el clima es ardiente, que la región es malsana; 
pero también es verdad que la región es mucho más fértil que el 
resto de la Península, y el clima resulta algo más benigno. 
Además, sabido es que el hombre tiene la facultad de sanear el 
medio en que vive. Basta desecar los pantanos y observar las 
reglas más elementales de la higiene para que los terrenos de 
Quintana Roo sean tan habitables como los de cualquiera otra 
sección de nuestra tierra caliente. 

En ese Territorio se está operando una verdadera transforma- 
ción, hasta el punto de sorprender á quienes lo conocieron hace 
cinco años y lo visitan hoy. 

Los capitalistas yucatecos, confiados en que la pacificación es 
definitiva, han fijado sus ojos en aquella región, y empiezan á 
acometer en ella empresas de cuantía. En estos momentos una 
Compañía agrícola ha comprado en Yucatán 6.000,000 de hijos 
de henequén para trasplantarlos en el Territorio, y es seguro que 
se aprovecharán las condiciones del terreno y la liberalidad del 
Gobierno Federal para establecer otras industrias agrícolas de 



El Porvenir de Yucatán. 365 

importancia, utilizando siempre el mercado de Yucatán, que tan 
favorables condiciones ofrece. 

Lo que ante todo se necesita para el fomento de Quintana Roo, 
es la construcción de una vía férrea que partiendo de la Bahía de 
la Ascención, y, si es posible, de la de Chetumal, entronque en 
Valladolid con la red ferroviaria de la Península. Cierto es que 
ese ferrocarril atravesará por un desierto ; pero la experiencia ha 
demostrado en México que nada es tan propicio para poblar las 
soledades, como la construcción de esta clase de obras, pues á lo 
largo de la vía se improvisan rancherías, que poco á poco se van 
convirtiendo en poblaciones. Si se llega á construir la línea, que 
sí se llegará, veremos acudir gentes aun de fuera de Yucatán 
para poblar el Territorio, pues de seguro constituirá el mejor 
aliciente para la inmigración. 

Llego al fin de mi labor. Tal vez esta no satisfaga á mis 
lectores, por las muchas deficiencias que hay en ella, lo que no 
ha sido posible evitar toda vez que esas deficiencias, más que en 
el libro, están en el autor. Además, téngase en cuenta que no he 
intentado hacer un estudio profundo y circunstanciado del Es- 
tado de Yucatán, sino consignar aquí las impresiones que recibí 
durante mi permanencia en la Península, y presentar una serie 
de datos que no carecen de interés. Para lo primero confieso 
que me han faltado y me faltan facultades, estudios y tiempos; 
para lo segundo me basta con el pobre caudal que poseo. 

Una de mis intenciones al escribir este libro, ha sido llamar la 
atención de mis compatriotas sobre el Yucatán Moderno, des- 
truir prevenciones añejas, y presentar los hombres y las cosas de 
la Península bajo su verdadero aspecto, aunque el cuadro no sea 
más que un esbozo. Al hablarse de Yucatán en el extranjero, 
sólo se ve lo que presenta de monumental, por sus ruinas, de in- 
teresante por sus tradiciones, de horroroso por sus guerras de 
castas y de importante por su henequén. Pero yo creo firme- 
mente que el Yucatán moderno es mucho más interesante que el 
antiguo; que deben visitarse sus ruinas por lo que tienen de 
curiosas y de grandiosas ; que debe leerse su historia por lo que 
cautiva y lo que instruye : que deben conocerse los pormenores 
de sus guerras de castas para procurar á todo trance, y cueste lo 
que cueste, que no se vuelvan á iniciar ; y estudiarse el desarrollo 
de su industria henequenera para aprender lo que vale el tesón 



366 El Estado de Yucatán. 

de un pueblo que ha luchado heroicamente para salvarse de la 
miseria, aprovechando de un modo inteligente el único elemento 
de que podía disponer. 

Pero al mismo tiempo necesario es que se comprenda que en 
Yucatán hay algo más que ruinas, y que ese algo vale más que 
sus admirables y admiradas ruinas; que su historia política y 
administrativa contemporánea constituye una enseñanza obje- 
tiva más eficaz y más pasmosa que las leyendas de otros tiempos ; 
que en esa Península, de donde han desaparecido las hordas 
salvajes, existe un pueblo eminentemente culto y progresista, una 
sociedad refinada de todo refinamiento, un espíritu de empresa 
no igualado en ninguna otra parte de nuestro país; una adminis- 
tración que puede servir de modelo á la de cualquiera parte del 
mundo, y un patriotismo, del verdadero, del genuino, del noble y 
levantado, que en nada cede al que caracteriza á las demás en- 
tidades componentes de la federación. 

No me he atrevido á decir todo lo bueno que pienso de algunas 
de las personalidades á las que debe Yucatán su apogeo, ya por 
que vinieron preparándolo, ya porque lo han realizado, ya porque 
han coadyuvado á conseguirlo ; y si no lo he hecho es para evitar 
que se tenga mi labor como inspirada en móviles que están muy 
lejos de mi espíritu, y se achaque á adulación interesada lo que 
no es más que entusiasmo espontáneo y legítimo. 

Puedo haberme equivocado en mis juicios, tal vez algunas oca- 
siones mi entusiasmo haya ido demasiado lejos, en concepto de 
alguno de mis lectores; pero protesto que he procurado la tem- 
planza y la sinceridad, que son la base de la honradez del escritor. 

Y allá va mi libro por lo que valga ó pueda valer, y con él la 
expresión de mi cariño hacia la tierra hospitalaria donde pasé 
días cortos pero felices, y hacia aquellas sociedad que siempre re- 
cordaré con amor y gratitud por las afectuosas atenciones con 
que me favoreció. 

MÉXICO, Septiembre de 1906. 



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